Conversión de la tecnología de la información pone en riesgos las
capacidades militares cediendo una ventaja estratégica a los adversarios de tecnología
inferior.
La guerra de información, una nueva estrategia revolucionaria, puede
fortalecer el aparato de seguridad nacional aumentando la eficacia de las fuerzas y armas
existentes. Sin embargo, un intento apresurado por abrazar una estrategia relativamente
nueva, escasamente entendida y controvertida es riesgoso. La guerra de información se
basa precariamente en la presunción de que, si fallara, convertiría una revolución
saludable de los asuntos militares en un juego riesgoso con respecto a la seguridad
militar.
Las fuerzas armadas de Estados Unidos, que pulieron su aparato bélico
para defender a Europa Central de las fuerzas destructivas soviéticas, están intentando
mantener su rol clave tradicional en los asuntos relacionados con la seguridad nacional
manejando la tecnología de la información. El objetivo es eliminar la brecha entre los
presupuestos de defensa y las incesantes demandas para asumir nuevas misiones en lugares
extraños, contra adversarios desconocidos e impredecibles.
Las recientes expediciones militares, incluyendo las de Somalía,
Bosnia y Haití, incluyeron operaciones diferentes a las de guerra, conflictos de poca
intensidad y aplacar la furia de guerras tribales, étnicas o religiosas. Estos conflictos
han enfatizado que las fuerzas armadas estadounidenses no sólo deben mantener la paz y
manejar las crisis del mundo, sino que, si no fuera posible, deben rápida y decisivamente
ganar guerras incruentas contra competidores pares como así también agresores en
posiciones convenientes.
El predominio del conocimiento como una estrategia para ganar guerras
tiene una profunda atracción. Es una forma económica, decisiva y relativamente incruenta
de impedir o minimizar los conflictos armados o de darles fin rápidamente. La creación
de una asimetría favorable en el proceso militar de adopción de decisiones en el campo
de batalla podría otorgar una supremacía instantánea a una fuerza militar que, de lo
contrario, sería inadecuada para la tarea.
Esta búsqueda de una nueva estrategia militar se dificulta por la
falta de precedentes históricos, definiciones comunes, doctrinas combinadas y principios
rectores. Missing es una política de nivel nacional que integra y sincroniza la
iniciativas militares con acciones complementarias de actividades que no son de defensa y
que también desempeñarían roles clave en la guerra de información.
Muchas autoridades consideran que la guerra de información es riesgosa
debido que depende alarmantemente del acceso libre al espacio exterior, del predominio
asegurado del espectro electromagnético y de la absoluta infalibilidad de nuestra
planificación militar intensiva por software y los asistentes de decisiones. Otras tienen
sus dudas con respecto a que la guerra de información sea relevante en los conflictos
dominados por disturbios regionales, étnicos o religiosos -confrontaciones en las cuales
la tecnología sofisticada puede ser desfavorable para el combatiente estadounidense.
La industria ha tenido que sufrir un achicamiento para captar los
aparentes beneficios de la automatización, pero no resulta claro si las fuerzas armadas
harán los mismos sacrificios con respecto a su doctrina, organización y procedimientos
para garantizar el flujo rápido de información desde los sensores a los disparadores.
Esta búsqueda urgente de relevancia en la guerra contemporánea parece fijarse en la
noción de que las fuerzas de Estados Unidos pueden librar una guerra de comando y control
(C2W) para ganar en lugar de abrumar a los opositores con fuerzas y recursos masivamente
superiores, como Estados Unidos lo ha hecho tan frecuentemente en el pasado.
Los Jefes de Estado Mayor Conjunto definen a la C2W como una estrategia
que implementa la guerra de información en el campo de batalla integrando la inteligencia
de respaldo con las operaciones de seguridad, las operaciones psicológicas, la guerra
electrónica y la destrucción física. El objetivo es decapitar la estructura de comando
del enemigo desde su cuerpo de fuerzas de combate protegiendo, al mismo tiempo, las
capacidades de comando y control de los aliados contra dichos ataques.
La guerra de información es una estrategia bilateral; una parte de la
misma quedó demostrada en forma convincente durante la Guerra del Golfo; la otra parte
-el sistema de protección- afortunadamente nunca entró en juego en dicho escenario
ideosincrático. Los expertos están preocupados por las incertidumbres en cuanto a la
comprensión de la parte defensiva de la guerra de información. Estos expertos igualan
las vulnerabilidades de los sistemas electrónicos de información con el potencial para
un "Pearl Harbor electrónico".
La estrategia de seguridad nacional para 1994 informa que "La
remarcable influencia obtenible a partir del reconocimiento moderno, la recopilación y
análisis de inteligencia y el procesamiento y transmisión de datos de alta velocidad
garantiza una fuerza especial... Si se desarrolla y emplea en forma adecuada, puede
proporcionar un medio para dominar la guerra."
Una estrategia fundada en información superior supone que Estados
Unidos puede dominar absolutamente tanto el espacio exterior como el espectro
electromagnético -el espacio cibernético de todo el campo de batalla de tercera onda de
Alvin Toffler- creando de esta manera un diferencial en materia de conocimiento, y
protegiendo sus mecanismos de control de una devastación similar. Sin embargo, como los
panelistas de la Conferencia de 1995 sobre la Guerra de Información aclararon, las
vulnerabilidades de los sistemas de comunicaciones y computación ampliamente
desprotegidos de la nación son muchas, y se está haciendo muy poco hincapié en la parte
defensiva de la batalla en el espacio cibernético. Un alto funcionario advirtió sobre la
imprudencia de suponer que cualquiera de las partes podría dominar por siempre todos los
aspectos del espacio cibernético. Manifestó la necesidad de poner más énfasis en
"reducir nuestras propias vulnerabilidades."
Ninguna nación es más vulnerable que Estados Unidos a los ataques
electrónicos ni, aparentemente, más reticente a enfrentar esta debilidad potencialmente
incapacitante. Un equipo de expertos sancionado ingresó en forma exitosa en más de 8.000
sistemas de información no clasificada de DOD. Estos ataques fueron detectados por menos
del 5 por ciento de los administradores del sistema, y menos del 4 por ciento de los
mismos incluso reportaron la intrusión.
Las mismas técnicas utilizadas para estos ingresos furtivos son
conocidas por (incluso tomadas de) anarquistas y agentes de espionaje. Las prácticas,
procedimientos y tecnologías que materialmente ayudarían a defendernos de dichos ataques
son conocidas pero generalmente ignoradas por apatía, temor, ignorancia y arrogancia.
Esto no es bueno para una estrategia de guerra que depende en forma tan absoluta de la
integridad de los sistemas de información.
Un resumen reciente de una conferencia del Instituto de Estudios
Estratégicos Nacionales expresa que Estados Unidos ya no tiene el monopolio de la
tecnología y las habilidades necesarias para "transformar la tecnología de la
información en una ventaja militar". Los instrumentos de la guerra de información
son actualmente económicos, relativamente simples de entender y emplear, y fácilmente
accesibles para todos.
En 1994, El Presidente de la Cámara de Diputados, Newt Gingerich,
advirtió en la conferencia de AFCEA sobre la guerra de información que: "El espacio
cibernético es una zona libre a la cual todas las personas tienen acceso, si tienen un
mínimo nivel de capital...y es mejor que estemos preparados para ver zonas de creatividad
en nuestros opositores que nunca soñamos." Martin van Creveld expresó la misma
advertencia en 1991 cuando escribió "Las herramientas de la guerra de información
son conocidas, económicas, y es poco probable que sean monopolizadas por alguna de las
partes."
En su informe anual al Presidente y el Congreso en marzo de 1996, el
ministro de defensa William J. Perry escribió, "La guerra de información se basa en
la necesidad de, y el uso de, información en todas las fases de la actividad nacional
-desde las operaciones en tiempos de paz hasta los conflictos... La enorme subordinación
de Estados Unidos a la información y su infraestructura de respaldo simultáneamente
posibilita el empleo eficaz de la primera fuerza militar del mundo, y crea significativas
vulnerabilidades de la IW para Estados Unidos, que las iniciativas de la IW de DoD están
abordando... Las vulnerabilidades inherentes a los sistemas y procesos de información de
DoD..." El ministro también informó que "DoD está estudiando el impacto de la
IW del sector comercial en las fuerzas armadas y viceversa, y está definiendo estrategias
para mejorar la relación."
La comercialización y el creciente mercado internacional de los
sistemas de telecomunicaciones, computadoras y encriptado ha eliminado irrevocablemente la
soberanía que Estados Unidos alguna vez pudo haber tenido sobre las preciadas
herramientas de la guerra de información. De hecho, la comparación de los 18 meses de la
tecnología de la información con nuestro proceso de adquisiciones de defensa de 15 años
implica la horrible posibilidad de que nuestras fuerzas puedan ser superadas
tecnológicamente con facilidad y -nuevamente- vencidas en la primera batalla.
"La guerra basada en la información requiere una comprensión de
los procesos de pensamiento y decisiones del enemigo," expresa un experto. Pero,
¿quiénes son los "enemigos" a los que nuestros guerreros probablemente se
enfrenten en la próxima década? La estrategia de la guerra de información
implícitamente supone la efectividad contra los terroristas, grupos étnicos y fanáticos
religiosos. Pero, esa nueva casta temible de adversarios de la post-Guerra Fría no está
cortada con el molde Occidental; posee poco "centros de gravedad" que son
blancos importantes para nuestros sensores sinópticos y excelentes armas; y no depende
tanto como Estados Unidos de los vulnerables mecanismos de control electrónico.
Van Creveld expresa la impotencia de las sociedades occidentales para
abordar las amenazas emergentes de guerreros que no aparecen como soldados ni reaccionan
como ellos: "Estamos ingresando en una era...de guerra entre grupos étnicos y
religiosos...la incapacidad de los países desarrollados de proteger sus intereses e
incluso las vidas de sus ciudadanos frente a las amenazas de menor grado queda
continuamente demostrada."
El cambio hacia una estrategia basada en el conocimiento significa
abandonar la estrategia probada -si bien costosa y sangrienta- de la guerra basada en los
recursos. Esta nueva fuerza militar propuesta ya no obtendrá sus capacidades superiores
de la ola de una base industrial que fue alguna vez incomparable. Por el contrario, su
eficacia dependerá únicamente de la agilidad y la potencia de fuego decisiva de una
fuerza más pequeña que ha sido facultada, dotada de poder y eficazmente extendida a
través de un conocimiento superior. O, como un experto advirtió, "de un pequeño
grupo de soldados que depende absolutamente de la información."
"¿Dónde," expresó un militar retirado, "se encuentra el sistema de
back-up cuando esto falle -como sucederá en algún lugar y momento inoportuno?"
La agilidad es uno de los principios rectores de la guerra de
información. Pero, la agilidad ahora significará mucho más que simplemente la habilidad
de desplegar fuerzas rápidamente por el campo de batalla. Ahora exige una comprobada
habilidad de pensar, planificar, comunicarse con más rapidez que el adversario -de operar
dentro del ciclo de decisiones del enemigo. Cada nueva generación de electrónica digital
implica importantes reducciones en el tiempo necesario para recopilar, procesar, y
diseminar información. Sin embargo, las computadores veloces como la luz y las
comunicaciones globales satelitales instantáneas no resolverán el problema
sensor-tirador si los datos deben continuar filtrándose a través del laberinto de los
diferentes niveles de las organizaciones militares. Detectar, apuntar y atacar blancos
móviles -la necesidad insatisfecha más apremiante de los militares- continuará en la
lista de deseos hasta que puedan implementarse funciones para trabajar en forma tan
rápida como las computadoras o las comunicaciones. Esto significa que las organizaciones
deben cambiar esos elementos que simplemente filtran y transmiten la información. Unas
fuerzas armadas concientes del proceso deben realizar cambios estructurales significativos
en su doctrina, organización y procedimientos y eliminar los escalafones que no aportan
ningún valor agregado al flujo de información.
Una estrategia de disponibilidad instantánea; de un rápido despliegue
global; y de victorias rápidas y decisivas, presupone que esta nación ahora está
dispuesta y es capaz de hacer lo que rara vez hizo antes. Es decir, articular una
política de seguridad nacional coherente; predecir con precisión la forma que las
fuerzas armadas deben ser abastecidas para asegurar dicha política; y equipar y entrenar
a sus guerreros -antes de que el primer proyectil haya sido disparado.
La estrategia de la guerra basada en los recursos que será suplantada
tuvo exigencias mínimas con respecto al intelecto y la previsión nacional. Fue
indulgente con respecto a un público apático, líderes políticos que obraban con
dilación, a la preparación deficiente de sus fuerzas armadas y a la frecuente ineptitud
en el campo de batalla. La nueva estrategia basada en la información exige
implícitamente que nuestros guerreros lleguen a los futuros campos de conflicto
preparados para pelear y ganar la primera batalla -algo que rara vez fueron capaces de
hacer en el pasado.
Como los autores de "Las Primeras Batallas de Estados Unidos,
1776-1965" expresaron "El registro de la capacidad de los estadounidenses de
predecir la naturaleza de la próxima guerra (sin mencionar sus causas, ubicación,
momento, adversario o adversarios, y aliados) ha sido uniformemente deficiente." El
profesor e historiador militar Roger Beaumont advierte, "el momento, la ubicación y
las condiciones de una guerra son siempre una sorpresa, y estas sorpresas serán cada vez
más frecuentes en un mundo de crecientes complejidades fomentadas por el aumento de
población y la intensificación del nacionalismo."
La nación que espere competir y ganar en la guerra de información
debe lograr el equilibrio justo entre sus capacidades ofensivas y defensivas. De no poder
hacerlo, se arriesga a la paradoja de poner en el campo a una fuerza ofensiva
espléndidamente equipada que sea, a la vez, la más vulnerable a las herramientas y
tácticas de la guerra de información.
Actualizado a partir de un artículo de la edición de julio de 1995 de SIGNAL.
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