Mayor YuLin Whitehead, USAF
No podemos esperar que el enemigo nos complazca planificando sus guerras para
que se adapten a nuestras armas; nosotros debemos planificar el empleo de nuestras armas
para desarrollar la guerra dónde, cuándo y cómo el enemigo elija
Vicealmirante Charles Turner Joy (1895-1956)
Los instrumentos de combate son valiosos sólo si se sabe cómo
utilizarlos.
Ardant du Picq, Battle Studies
EXISTEN muchos puntos de vista respecto a lo que efectivamente constituye la guerra de
información (IW). Las diferencias en la interpretación son comprensibles dadas las
sutiles (y a veces no tan sutiles) variaciones en las definiciones de IW. Además, los
numerosos términos usados como substitutos de IW contribuyen para las diferentes maneras
de ver el tema. Las diferencias en interpretación se han traducido en una explosión
virtual de literatura escrita por autores con sus propias definiciones de IW.
La literatura puede ser agrupada en dos amplias categorías, según el tratamiento
temático que los autores le dén a la IW. La primera categoría involucra un concepto que
discute la IW en términos de la noción más tradicional del uso de la guerra de
información para apoyar la toma de decisiones y ope-raciones de combate. En esta
categoría no se pronuncian frente a la interrogante de si la información es un arma y,
por lo tanto, es ina-propiada para este artículo. Por otro lado, la segunda categoría
presenta un enfoque totalmente distinto, en el cual se provee evidencia directa para
apoyar o refutar la pregunta de si la información es un arma. Los autores enmarcados en
esta categoría coinciden en considerar la información como un arma en la
guerra.
El Dr. George J. Stein, profesor de la Escuela de Guerra Aérea de la Fuerza Aérea de los
EE.UU., también ve una clara separación entre usar información en la guerra
y usar información como un arma o lo que él denomina guerra de información
o ataque de información.1 El cree que existe una diferencia significativa entre ambas
categorías. Especificamente, explica la guerra de información en la guerra como todos
aquellos artículos y exposiciones que comienzan con La información siempre ha sido
central para la guerra... y luego continúan señalando que nuestro nuevo
sistema de computación proveerá información directamente al combatiente de modo
que él pueda dominar la información en el campo de batalla y así demostrar
el dominio de nuestra Fuerza en el área de IW, confundir la información en la guerra con
la guerra de información. El que esté digitando una cabina de mando o digitando el campo
de batalla, eso no es IW.2
El documento de la Fuerza Aérea de los EE.UU., Cornerstones of Information Warfare, hace
una distinción similar, haciendo notar la diferencia entre guerra en la era de
información y guerra de información. En el documento se explica la primera como la
utilización de la tecnología de información como una herramienta para impartir nuestras
operaciones de combate con economías de tiempo y fuerza sin precedente,3 tales como
misiles de crucero explorando tecnologías de la era de información para colocar una
bomba en su objetivo. La guerra de información, sin embargo, visualiza la
información misma como un reino separado, arma potente y objetivo lucrativo4 y se
adecua a la categoría de utilizar la información como un arma.
Utilizando esta tipología, parece que muchos de aquellos que sostenían que la
Opera-ción Tormenta del Desierto fue una guerra de información están en realidad
describiendo el uso de la guerra de información o de la guerra en la Era de la
Información.5 Por ejemplo, Alan D. Campen, ex-Subsecretario de Defensa para políticas,
establece que esta guerra fue fundamentalmente diferente de cualquier conflicto
previo [y] el resultado dependió tanto del manejo superior del conocimiento, como del
desempeño de personas o armas.6 Más aún, utilizando esta definición, él y otros
discuten que la Operación Tormenta del Desierto no fue sólo una guerra de información,
sino que fue la primera en la historia. Este argumento sostiene poca credibilidad porque
no fue la primera vez que una fuerza armada dejó de lograr la victoria debido a falta de
conocimento.7
Las categorizaciones de la Fuerza Aérea estadounidense e del Dr. Stein respecto al uso de
la información como un arma y la información en la guerra
proveen un método lógico para separar los dos temas principales de la literatura sobre
la guerra de información. Sin embargo, no es el intento de la autora discutir los
méritos o fallas de sus deli-neaciones. Más bien, este artículo usa aque-llos escritos
que profesan el uso de información como un arma en lugar de aquellos que se jactan del
uso eficaz da la información en la guerra en apoyo a las operaciones de combate, ya que
en última instancia no es relevante a la pregunta de si la información es un arma.
El arma de información
Identificar la literatura que defiende la información como un arma es bastante elemental.
Los autores generalmente declaran sus creencias con afirmaciones tan definitivas como que
El electrón es el definitivo armamento guiado de precisión;8 La
información es tanto un objetivo como un arma;9 Bien puede llegar el día
cuando una mayor cantidad de soldados lleve computadoras que armas;10 Los
EE.UU. podrán pronto hacer la guerra con mouse, teclado y virus de computadora;11
La información puede ser el arma más temible en el emergente campo de batalla
tecnológico;12 La nueva arma más potente de los EE.UU., sin embargo, no es
una bomba, sino un foco de unos y ceros electrónicos;13 y En la Guerra de
Información el armamento de la Era de Información reemplazará a las bombas y
balas.14 Ciertamente ésta no es una lista amplia de escritos relacionados con la
guerra de información que proclaman la información como un arma, pero representa una
vasta sección de ideas que aparecen en publicaciones que van desde documentos oficiales
del gobierno a libros más populares y revistas destinadas a atraer al lector promedio.
Después que uno pasa las etapas de logro de atención de las declaraciones enérgicas que
proclaman la información como un arma y un objetivo, emerge un tema significativo.
Específicamente, los defensores del arma de información creen que la
guerra de información puede mejorar la proyección del poder disminuyendo la voluntad y
capacidad del enemigo de hacer la guerra.15 Vincular el arma de información a las
capacidades de combate del enemigo y su voluntad de combatir es significativo porque el
pensamiento militar estadounidense ha evolucionado para aceptar que disminuyendo estos dos
aspectos de un oponente conducirá nuestras fuerzas propias a la victoria.16 El manual de
campaña del Ejército de los EE.UU. sobre guerra de información explica el significado
de este vínculo, igualando el arma de información con el propósito del poder de fuego
en combate la generación de fuerza destructiva contra las capacidades y
voluntad de combatir de un enemigo.17
Del mismo modo, la literatura que no se encuentra bajo el control del Departamento de
Defensa tambén expone sobre la capacidad del arma de información para afectar la
voluntad y la capacidad del enemigo de hacer la guerra. La diferencia más evidente entre
las publicaciones oficiales del Departamento de Defensa y la literatura popular es que
esta última no emplea el lenguaje exacto de usar la información para afectar la
voluntad y la capacidad del adversario de hacer la guerra. Sin embargo, éste es un
concepto firmemente establecido que aparece frecuentemente en artículos acerca de Guerra
de Información. Por ejemplo, el Coronel Richard Szafranski, oficial en retiro de la
Fuerza Aérea y ex-profesor del Air War College que ha escrito extensamente acerca de
diversos temas relacionados con las fuerzas armadas, iguala el sometimiento de la voluntad
del enemigo a la guerra neocortical, la cual lucha por influenciar, aun
al punto de regular la conciencia, percepciones y voluntad del liderazgo del adversario:
el sistema neocortical del enemigo.18
Otros defensores del arma de información tratan especificamente de lo que constituye un
objetivo o tienden a estar de acuerdo, en principio, con la definición de la
Fuerza Aérea. Aunque el último grupo de defensores esté de acuerdo con que el objetivo
es información, su descripción del objetivo de información puede ser más
bien esotérico. Por ejemplo, Stein explica que el ataque de información, aunque
esté basado en una plataforma situada en el universo físico de materia y
energía, no es la única contraplataforma, y él cree que el pensamiento doctrinal
debe alejarse de la idea de que el ataque de información involucra sólo el uso de
computadoras y comunicaciones.19 El incorpora el ciclo
observación--orientación--decisión--acción (OODA) de John Boyd20 al
definir los objetivos del arma de información. Stein visualiza que los ataques de la
guerra de información indirecta afectan el nivel de observación del ciclo
OODA, donde la información debe ser percibida para que se pueda actuar basado en ella.21
Por otro lado, la guerra de información directa corrompe el nivel
orientación del ciclo OODA, afectando el análisis del adversario que
finalmente resulta en la decisión y acción.22 Así, para él, el arma de información
puede o no ser utilizada contra una contraplataforma. La cuestión principal para Stein es
que la información es tanto el objetivo como el arma: el efecto del arma es error
predecible.23 El efecto de las armas de error predecible resultante del
uso del arma de información es una noción increíble porque asume que uno puede
predeciblemente inducir los errores que hará el adversario en la observación
y la orientación de la información que finalmente resulte en decisión y
acción.
En otro ejemplo, Szafranski, en los términos más generales, parece estar de acuerdo en
que el arma de información afecta el objetivo de la información, pero quiere que sus
lectores se concentren en la mente del enemigo como un todo. Declara que el
sistema de objetivos de la guerra de información puede incluir cada elemento en la
epistemología de un adversario. Epistemología significa la completa organización,
métodos de estructura y validez del conocimiento. En términos de personas laicas,
significa todo lo que un organismo humano individuo o grupo sostiene como
verdadero o real, no importando si aquello que se sostiene como verdadero o real fue
adquirido como conocimento o como creencia.24
En el constructo de Szafranski, la cumbre de la destreza es emplear la
información como arma para hacer con que el enemigo elija no luchar por medio del
ejercicio de una influencia reflexiva, casi un control parasimpático, sobre los productos
del neocórtex del adversario.25
Así, el prototipo del defensor de usar la información como arma postula que el objetivo
de esas armas es influenciar la voluntad y la capacidad de un adversario de hacer guerra.
Más aún, con la información como arma, su objetivo, en el sentido más simple, es
también la información. Una definición más esotérica del objetivo es la mente del
enemigo o sus capacidades técnicas y cognitivas de usar la información. Finalmente, el
efecto explícitamente declarado y a veces admitido implícitamente del arma es el error
predecible. Específicamente, el uso de la información como arma permitirá predecir
cómo un enemigo errará en juicio, decisiones y acciones.
La voluntad y la capacidad de combatir del enemigo
Existe una escasa evidencia disponible para desarrollar un análisis que considere el
efecto del arma de la información sobre la voluntad y la capacidad de combatir del
adversario. La mayor parte de la literatura tiende a identificar ya sea la
información o la capacidad de la mente del enemigo de observar y
orientar como objetivos del arma de información. Lamentablemente, estos dos
conceptos pueden encerrar todos los objetivos o son tan esotéricos que es difícil
identificar objetivos específicos. El resto de esta parte del análisis considera primero
el objetivo de la información y luego aborda el objetivo de la
capacidad de la mente del enemigo de observar y orientar.
Parece ser que la Fuerza Aérea de los EE.UU. ha reconocido la dificultad de identificar
objetivos de información específicos y ha intentado tratar el tema a través de su
folleto Cornerstones of Information Warfare y de borradores de documentos doctrinales. Por
ejemplo, la Fuerza Aérea ha declarado que La guerra de información es cualquier
ataque contra una función de información sin importar el medio.26 Por lo tanto,
bombardear una dependencia de tableros telefónicos es guerra de información.
También lo es la destrucción del software que esa dependencia usa.27 Tipos
similares de objetivos pueden entonces incluir elementos del sistema integrado de defensa
aérea (IADS). Al definir el objetivo de información, la Fuerza Aérea estadounidense
está tratando de focalizar la guerra de información como un medio, no un fin,
precisamente la misma manera que la guerra aérea es un medio, no un fin.28 Sin
embargo, una consecuencia no intencional puede resultar de esta definición abrangente de
objetivo: si la guerra de información abarca casi cualquier objetivo, entonces el
concepto llega a ser meramente una nueva etiqueta para las operaciones militares
tradicionales (tales como operaciones psicológicas, medidas de decepción, destrucción
física, etc.) que las fuerzas armadas han conduzido por miles de años.
¿Los ataques del arma de información contra las comunicaciones y dependencias de
control, los IADS del enemigo y sus computadores disminuyen efectivamente la voluntad y la
capacidad de combatir del adversario? Bueno, sí y no. Ciertamente, los elementos de
destrucción pesada de las funciones de información del enemigo o los de
destrucción suave, a través de la introducción de virus y bombas lógicas
dentro de los sistemas computacionales del enemigo afectarían su capacidad de combatir.
La destrucción pesada resulta de la destrucción física de los sistemas de
información e interconexiones, mientras que la destrucción suave pone las
pantallas del computador en blanco o causa que los sistemas presenten
despliegues errados.
Dado que el arma de información podría afectar la capacidad de combatir del enemigo,
¿será capaz también de afectar su vo-luntad de combatir? Aunque el operador de terminal
de computador enemigo pueda sentir frustraciones y aún la disminuición de su moral
debido a la insatisfación de las demandas de los líderes por información que no está
disponible, la voluntad de combatir de este último puede o no ser afectada. En otras
palabras, ¿en que medida cegar los líderes enemigos afectará su voluntad de
combatir? ¿Efectivamente se rendirían, o las operaciones cegadoras de los Estados Unidos
de hecho fracasarían y forzarían a los líderes adversarios al pánico y a recurrir al
uso de armas de destrucción masiva? Por ejemplo, Rusia adoptó una doctrina militar en
noviembre de 1993 que indicaba la creencia que, durante un conflicto Este-Oeste, un ataque
al sistema de alarma anticipada de fuerzas nucleares estratégicas es posible.29 En tal
situación, los rusos pueden suponer lo peor en la invasión de su territorio por fuerzas
militares extranjeras. Con sus sensores cegados y sistemas de comando y control destruidos
por armas de información, los líderes rusos pueden no ser capaces de obtener
información y pueden recurrir a cualquier medio necesario para proteger su país. En
esencia, estarán ciegos, pero sus armas nucleares estratégicas aún estarán
intactas y operativas. ¿Cómo puede el defensor del arma de información estar seguro de
que Rusia no empleará las armas nucleares?
En vez de sólo contemplar si el arma de información afectará la voluntad de combatir
del enemigo, uno debería preguntarse ¿cómo reaccionarían los líderes militares de los
Estados Unidos si un adversario cegara los sistemas de comando y control amigos?
¿Perde-rían los líderes militares la voluntad de combatir si sus computadores se
apagaran? La voluntad de combatir es un objetivo esquivo y es difícil determinar si el
arma de información es capaz de afectarlo. Ciertamente, otros factores tales como
objetivos políticos y la pregunta de si el enemigo está comba-tiendo para su propia
sobrevivencia o para objetivos más limitados ciertamente deberían hacer parte de la
ecuación de voluntad de combatir.
A pesar del valor de la voluntad, algunos defensores del arma de información,
basados en el punto de vista acerca del enemigo como un sistema, del Coronel John Warden,
argumentan que la relación entre la voluntad (moral) y la capacidad de combatir (físico)
puede ser expresada en la siguiente ecuación:30
(Físico) x (Moral) = Resultado
Específicamente, creen que un arma no necesita afectar tanto la voluntad y la capacidad
de combatir para colocar al enemigo en tal condición que ya no pueda continuar en el
combate. De hecho, el Coronel Warden declara que la parte física de la ecuación es un
objetivo más fácil que la moral; por lo tanto, las fuerzas estadounidenses deberían
centrarse en lo físico. El asegura: si el lado físico de la ecuación puede ser
llevado a cerca de cero, la mejor moral del mundo no va a producir un alto número en el
lado del resultado de la ecuación.31 Clausewitz advirtió contra este tipo de
reduccionismo al escribir: si la teoría de guerra no hiciera nada más que
recordarnos de estos elementos, demostrar la necesidad de tener en cuenta y dar total
valor a las cualidades morales, expandiría sus horizontes, y simplemente al establecer
este punto de vista condenaría por adelantado a cualquiera que buscara basar un análisis
solamente en los factores materiales.32
De hecho, numerosos casos históricos apoyan la advertencia de Clausewitz de no subestimar
la importancia de la moral o de la voluntad de combatir. Uno de los ejemplos más claros
para los EEUU sigue siendo la Guerra de Vietnam, durante los años 60 y comienzos de los
años 70. A pesar de los esfuerzos de las Fuerzas Armadas de los EEUU en destruir los
recursos materiales de los comunistas vietnamitas y reducir significativamente el
movimiento de sus líneas de comunicación a lo largo del Camino de Ho Chi Minh, los
comunistas conservaron su voluntad de combatir.33 Finalmente, fue su enorme voluntad de
combatir y se puede argumentar la falta de voluntad de combatir de los
EE.UU. que permitió que Vietnam del Norte derrotara a los EEUU y al régimen de
Saigón.34
Sin embargo, defensores de la eficacia del arma de información utilizan las acciones de
guerra de información en la Operación Tormenta del Desierto para mostrar que
la des-trucción de la capacidad de combatir (físico) afectó la voluntad de combatir
(moral):
Las fuerzas de la coalición pasaron los primeros días de la Operación Tormenta del
Desierto arrancando los ojos de Iraq, interrumpiendo sus comunicaciones telefónicas,
antenas repetidoras de microondas, nódulos de fibra óptica y puentes sosteniendo cables
de comunicaciones coaxiales. Con los ataques a los centros de comando militar de Hussein,
la coalición cortó las comunicaciones entre los líderes militares iraquíes y sus
tropas. Con su visión del campo de batalla el conocimiento de la situación del
campo de batalla obstruida por la neblina, los iraquíes estaban paralizados.35
Se nota en el citado ejemplo la ausencia de la explicación de que después de la supuesta
parálisis de los iraquíes, las fuerzas de la coalición desplegadas llevaron
a efecto una guerra aérea y terrestre en Iraq. La combinación del ataque de las fuerzas
aéreas de la coalición, que bombardearon objetivos iraquíes desde el 17 de enero al 2
de marzo de 1991, con el ataque terrestre de la coalición, que comenzó el 24 de febrero
de 1991,36 finalmente obligó a que Iraq aceptara todos los términos de la resolución de
cese de fuego de las Naciones Unidas.37 En outras pa-labras, los esfuerzos para cegar y
paralizar a los iraquíes, aunque impresionantes e importantes, no disminuyeron por sí
mismos su capacidad o voluntad de combatir. Más bien, los esfuerzos cegadores hicieron a
los iraquíes más vulnerables a los ataques y operaciones militares convencionales de la
coalición.
El ejemplo referido a la Operación Tormenta del Desierto, además de ser un argumento
reduccionista que deformó la naturaleza y las causas de los éxitos de los EEUU y de la
coalición militar contra las fuerzas iraquíes, también ignoró otras realidades.
Primero, varios analistas de la Operación Tormenta del Desierto sospecharon que después
que las fuerzas de coalición destruyeron los más avanzados sistemas de
telecomunicaciones de Saddam Hussein (satélites, microondas y sistemas de cable), el
continuó impartiendo órdenes de lanzamiento a sus baterías de misiles Scud vía
mensajero.38 Segundo, el a menudo simplista método des-crito acerca de la facilidad con
la cual los EEUU desbarataron las redes de comando de Iraq puede haber sido exagerado.39
Específicamente, mientras el poder aéreo de la coalición redujo significativamente la
capacidad de enlace comunicacional entre Bagdad y su ejército de campaña en el teatro de
ope-raciones de Kuwait, Bagdad mantuvo co-nexión suficiente para ordenar una retirada
desde Kuwait, lo que incluyó algunos des-pliegues para proteger la retirada. Por lo
tanto, la ambiciosa esperanza de que bombardear objetivos de comunicaciones, comando y
control y del liderazgo conduciría al derrocamiento del régimen de Iraq y cortaría
completamente las comunicaciones entre el liderazgo, en Bagdad, y sus fuerzas militares,
claramente no fue concretada.40 Tercero, las fuerzas iraquíes, los Guardias
Republicanos, no obstante, estaban mal entrenados y motivados y carecían de una sólida
moral para afrontar cualquier ataque de información de la coalición. Por lo tanto, no
fue el efecto del arma de información, exclusivamente, el que debilitó la voluntad de
lucha del enemigo.
Hay otros ejemplos de fuerzas militares que continuaron combatiendo después de haber sido
aislados de sus cuarteles generales cuando sus comunicaciones se volvieron ino-perables.
Durante la campaña de Normandia, en 1944, las fuerzas alemanas a menudo combatieron en
situaciones de control de emisiones o de silencio de radio. Aún, su entrenamiento eficaz,
su sólido liderazgo táctico y doctrina, y adhesión a Aufstragtaktik, u órdenes de
misión, les permitió, por casi dos meses, combatir los Aliados numéricamente superiores
hasta paralizarlos, antes que el desgaste finalmente acabó su eficacia.41
Quizás aquellos que defienden el uso del arma de información contra el segundo tipo de
objetivo de información, la capacidad de la mente del enemigo de observar y
orientar, dan más importancia al factor moral que al físico. Los defensores del
ataque a este tipo de objetivo de información han acuñado esta forma de guerra de
información como manejo de la percepción,42 manejo de la
orientación,43 o guerra neocortical.44 Mientras que estos términos
podrían implicar algunos nuevos tipos de guerra, en realidad son términos
meramente amorfos para lo que había sido tradicionalmente llamado operaciones
psicológicas, propaganda y decepción militar. Con el propósito de discusión, este
artículo emplea este tipo de arma de información como manejo de la percepción.
La misma pregunta formulada acerca de la información como objetivo también se aplica al
segundo objetivo de información, la mente del enemigo. La pregunta clave es si la guerra
de información necesariamente reducirá la capacidad mental y voluntad de resistir.
Mientras lo cierto es que el manejo de la percepción puede engañar, sorprender, aumentar
la neblina y fricción del enemigo, y aún afectar la moral o su voluntad de combatir,
probablemente no producirá un error predecible, como lo supone el Dr.
Stein.45 El concepto de producir un error predecible implica que uno puede
predeciblemente inducir errores ventajosos en las acciones y toma de decisiones del
adversario. En esencia, supone que el comportamiento y las reacciones humanas son
totalmente predecibles y pueden ser precisamente manipuladas. Este concepto ignora la
filosofía de Clausewitz acerca de la impredecibilidad de los seres humanos y la guerra,
como es ilustrado a través del siguiente silogismo:
Si A B (Si los seres humanos no se comportan de acuerdo as las leyes)
Y C = A (Y la guerra es un evento humano)
Por lo tanto, C B (Por lo tanto, la guerra no sigue las leyes)
No sólo el concepto error predecible ignora la teoría de Clausewitz
concerniente a la naturaleza humana y a la guerra, sino que también parece desafiar el
sentido común. Por ejemplo, ¿es realmente posible predecir las acciones, intenciones y
la racionalización del proceso de toma de decisiones de tales mentes disparatadas como
las de Adolfo Hitler, Joseph Stalin, Ho Chi Minh, Ayatollah Ruhollah Jomeini, Muhamar el
Gaddafi, Saddam Hussein, Mohamed Aidid y Kim Jong Il? Hitler pensó que podría lograr un
resultado predecible cuando diseñó el plan de la Operación Barbarossa y creyó
nada menos que la Unión Soviética podría ser derrotada en cuatro meses.46 Aún,
en abril de 1945, los tanques soviéticos entraron en Berlín, casi cuatro años después
que las fuerzas alemanas invadieron la Unión Soviética en mayo de 1941. Un error
predecible puede ser extremadamente difícil de predecir, mucho menos de inducir.
Del mismo modo, el manejo de la percepción tendrá probablemente un impacto míni-mo
sobre la capacidad de combatir del enemigo, a menos que, por supuesto, el ataque de
información engañe al enemigo concerniente a la disposición y ubicación de las
fuerzas amigas. Como una ilustración, el plan de decepción de los Aliados en la II
Guerra Mundial, la Operación Fortitude, contribuyó a las ideas de Adolfo Hitler sobre la
ubicación de la inminente invasión de Francia. Consecuentemente, las fuerzas aliadas
invasoras en Normandía no enfrentaron al grueso de las tropas alemanas en Francia y
Bélgica que resguardaban el Paso de Calais en la línea costera de Bélgica y Holanda.47
Algo más incómodo es el punto de vista de muchos de estos defensores que creen que es
posible usar el arma de manejo de la percepción para hacer blanco en la mente del enemigo
con el objetivo de someter la voluntad hostil sin combatir.48 No están de
acuerdo al punto de vista de que este tipo de ataque debiera suplementar y mejorar formas
más convencionales de guerra. Nuevamente, la lite-ratura es parca en términos de
especificar sobre cómo el manejo de la percepción someterá la voluntad
hostil. Pero no le faltan promesas de acabar con una guerra antes que comience. Un
ejemplo sobre cómo este tipo de ataque se pudiera concentrar en la voluntad hostil fue
propuesto por Thomas Czerwinski, profesor de la Escuela de Guerra de Información y
Estrategia en la Universidad de Defensa Nacional. ¿Qué pasaría si tomaras la
imagen de Saddam Hussein, la alteraras y la proyectaras hacia Iraq mostrándolo
proclamando dudas sobre su propio Partido Baath? Aunque no sea posible declarar con
absoluta certeza las reacciones del Partido Baath, Saddam Hussein, o la comunidad mundial,
es poco probable que tales ataques de manejo de la percepción someterán completamente la
voluntad hostil del enemigo. Aquellos que predicen que es posible someter la voluntad del
enemigo con el manejo de la percepción parecen suponer, como en este ejemplo, que los
líderes enemigos no tendrán interacciones con sus seguidores.
Los líderes civiles y militares han utilizado el manejo de la percepción, o propaganda,
a lo largo de la historia de la guerra. La dife-rencia, actualmente, es lograda por la
llegada del microprocesador, el cual permite a otro medio, el espacio cibernético, para
que las fuerzas amigas propaguen el mensaje de manejo de la percepción al enemigo.
Desafortunadamente, la propaganda ha sido, en el mejor de los casos, de utilidad limitada.
Es poco realista elevar su estatura por sobre la de un papel suplementario en la guerra.
Es inconcebible esperar que sólo el manejo de la percepción someta a la voluntad de
lucha hostil, especialmente cuando la historia ha demostrado lo contrario. La idea de que
el manejo de la percepción ocultará al enemigo en la neblina y
fricción y subsecuentemente someterá su moral, supone que el enemigo
reaccionará exactamente como lo espera el plan de propaganda. Esta suposición desconoce
las experiencias históricas. Por ejemplo, durante la II Guerra Mundial, las Fuerzas
Armadas de los EE.UU., habiendo casi destruido la capacidad de combate de Japón, se
centraron en la voluntad de las personas a través de panfletos esparcidos y en los
bombardeos de ciudades con poblaciones sobre cien mil habitantes, junto con el lanzamiento
de dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. A pesar de la muerte y la destrucción
horrorosa, los comandantes mi-litares japoneses rehusaron rendirse y los japoneses estaban
desesperados luego de oír el decreto de su Emperador de rendirse.49 ¿Cuán realista,
entonces, es la visión de los defensores del arma de información, de que los enemigos se
rendirán a través de ataques de información enfocados hacia la mente del enemigo o su
sistema neocortical?¿Dejará de combatir el enemigo porque los Estados
Unidos, através de ataques de manejo de la percepción, le dice que se detenga?
Lamentablemente, puede que el enemigo no sea siempre tan cooperador.
El arma de información: use con cuidado
Al analizar si la información es un arma, este artículo examinó la capacidad de la
información misma como objetivo de información y la capacidad de la
mente del enemigo de observar y orientar con el propósito de destruir la voluntad y
la capacidad de combatir del enemigo. Los resultados indicaron que aunque la información
pueda ser considerada un arma, es un arma que debe ser utilizada con cuidado. Los
exponentes más entusiastas del arma de información tienden a sobrestimar su capacidad de
disminuir la capacidad y voluntad de combatir del enemigo.
La información no es una bala de plata tecnológica, capaz de someter al
enemigo sin combate. A diferencia de otras armas más convencionales, los efectos del arma
de información no son necesariamente predecibles porque a menudo ella selecciona como
blanco la mente y las emociones humanas. Así, al utilizar el arma de información, uno no
debe confiar solamente en su uso para alcanzar el éxito. Más bien, el estratega debe,
prudentemente, usar el arma de información para complementar las armas de guerra más
tradicionales o como un precursor de ataques y operaciones convencionales.
Aunque este artículo haya respondido la pregunta que se propuso investigar, otros
factores han surgido en el curso del presente análisis. Las demandas extremas de la
guerra de información, mismo cuando se emplea el arma de información en la línea
visualizada por sus defensores, son particularmente poco convincentes y aun
irresponsables. Los más entusiastas defensores de la guerra de información describen la
información como un arma de bajo costo con un alto rendimiento, un método para eliminar
la neblina y fricción de la guerra para las fuerzas amigas aún ocultar al enemigo en la
misma, y una he-rramienta que permite el logro de victorias rápidas e incruentas.
Respecto a la primera característica, un arma de bajo costo y alto rendimiento, el costo
dependerá del arma específica de información misma. Ciertamente, el introducir un virus
o bomba lógica en un sistema computacional puede ser una opción de bajo costo re-lativo,
mientras que la destrucción física del IADS del enemigo probablemente aumentará los
costos significativamente. La exigencia de un alto rendimiento es también discutible.
Como se analizó previamente, los errores predecibles pueden ser
extremadamente difíciles de anticipar e inducir ya que el arma de información a menudo
enfoca en las reacciones y emociones humanas.
En un mundo ideal, la neblina y la fricción serían eliminadas en
las fuerzas amigas y aún maximizadas en contra del enemigo. Sin embargo, las armas de
información exactas que tienen como objetivo aumentar la neblina de la
incertidumbre del enemigo pueden conducir a consecuencias totalmente no previsibles
que son inconsistentes con el propósito original del arma. Lo que es peor, el efecto de
orden superior puede probar ser en realidad contraproducente en relación a la intención
y al objetivo iniciales. En un complejo sistema de comando y control y jerárquico, la
destrucción de conexiones seleccionadas de comunicaciones pueden, en rea-lidad, derivar
en un sistema de comando y control más continuo y eficiente. Pueden resultar por lo menos
tres consecuencias no supuestas. Primero, el líder adversario, sin los pasos intermedio
de comando y control, es ahora capaz de enviar sus órdenes directamente a los escalones
más bajos. Por ejemplo, durante la Operación Tormenta del Desierto, después que las
fuerzas de la coalición des-truyeron las capacidades de telecomunicaciones más avanzadas
de Saddam Hussein, él continuó impartiendo órdenes directas de lanzamiento a sus
baterías de misiles Scud por medio de mensajeros.50 Segundo, si la cone-xión de las
comunicaciones es cortada, los escalones más bajos, probablemente, ope-rarán de manera
autónoma. Aunque les falte el cuadro situacional completo del campo de batalla que
normalmente los escalones superiores proveerían, los escalones más bajos se benefician
por no tener que esperar que las órdenes de lanzamiento fluyan de los superiores.
Tercero, la destrucción o degradación de los sistemas de comando y control del enemigo
puede negarles a las fuerzas amigas la capacidad de reunir comunicaciones y señales
enemigos vitales. Así, el uso del arma de información puede, en realidad, simplificar
operaciones adversarias y aumentar la neblina y fricción de las fuerzas amigas, ya que
nuestros recursos para obtener estos datos no serán capaces de obtenerlos en los sistemas
de emisión electrónica del enemigo.
Quizás la demanda más inquietante sea aquella de la capacidad del arma de información
de obtener victorias rápidas y sin de-rrame de sangre y su visión extrema de prevenir
una guerra antes que empieze. Mientras que el arma de información pueda ser capaz de
prevenir el derramamiento de sangre en un número limitado de escenarios, esperar que
finalice una guerra antes de que el primer tiro sea disparado es especulación pura. Una
consecuencia más realista resul-tante de la utilización del arma de información sería
un enemigo degradado, al cual le falte conocimiento situacional total del campo de batalla
porque los líderes están cegados y no se pueden comunicar con las tropas en el campo.
Hay una falta de evidencia histórica en apoyo a la idea de que un enemigo cegado
simplemente se rendiría sin combatir. Por el contrario, la historia muestra fuerzas
mi-litares aisladas de los cuarteles generales superiores continuando combatiendo. Como se
mencionó previamente, las Fuerzas Armadas alemanas, durante la II Guerra Mundial,
enfatizaron el Aufstragtaktik, que se apoyaba en la dirección general superior combinada
con la iniciativa del escalón inferior.51 Esta filosofía dio como resultado que las
fuerzas alemanas combatieron bajo silencio de radio, sin dirección del escalón superior,
tal como ocurrió durante la campaña aliada de Normandía.
Em Mayor General Michael V. Hayden, Comandante de la Air Intelligence Agency, lo resumió
de mejor forma cuando llamó fantasiosa la noción de una guerra sin derramamiento
de sangre jugada en computadores y dijo que no veía a los EE.UU. retirando del
servicio todo su arsenal de armas nucleares y convencionales en un futuro cercano. Más
aún, el declaró: ¿Puedo imaginar un período de tiempo en el cual no tendremos
guerra destructiva? No. Pero creo que es fácil imaginarse un tiempo cuando podamos usar
la información como una alternativa a la guerra tradicional. El General Hayden
difundió el siguiente incidente para describir el uso del arma de información para
ayudar a crear la zona de separación entre las facciones en guerra en Bosnia:
Algunas de las facciones no estaban cumpliendo completamente lo que debían. Pero la
Fuerza de Implementación (IFOR) las aguijoneaba, forzaba, adulava y presionaba para
hacerlo. Una de las cosas que hicieron fue tomar clara evidencia [e] información de que
no habían cumplido con el tratado. El comandante de la IFOR se volvió hacia el serbio,
el croata y el musulmán y les dijo, Muevan esos tanques. Sus respuestas
fueron ¿Cuáles tanques? El comandante dijo: Estos tanques,
señalando la evidencia concreta. Oh, esos tanques, exclamaron. Y entonces los
tanques fueron movidos. En Bosnia, creo que es justo decirlo, la información es el arma
de primera mano. Defender eso crea el potencial de calor, explosión y fragmentación.
Pero, en este caso, la información fue utilizada como una alternativa. Logramos un
objetivo sin movernos inmediatamente hacia una aproximación des-tructiva.52
Está claro que aunque la información pueda ser usada como un arma, los estrategas deben
usarla con cuidado y sentido común. No es un arma de bala de plata. Más bien, el
estratega debiera planificar el uso del arma de información en conjunto con las armas
más tradicionales y emplearla como un arma precursora para cegar al enemigo antes de
ataques y de las operaciones convencionales.
El arsenal militar de los EEUU incluye una variedad de armas, y el estratega debe asegurar
su uso más eficaz en guerras futuras. La estrategia del futuro, probablemente, incluirá
el uso del arma de información en conjunto con armas más convencionales. Al desarrollar
la planificación, el estratega debe darse cuenta de que el uso del arma de información
demandará prudencia y conllevará implicaciones que pueden impactar el empleo del arma.
La última sección advierte sobre los cuidados adicionales que un estratega, planificando
el uso del arma de información, debe considerar.
Implicaciones
Una característica de las Fuerzas Armadas de los EEUU y su manera de hacer la guerra es
su fascinación por la tecnología y la búsqueda, a ella asociada, de la bala de plata de
alta tecnología que permitirá rápidas victorias con mínimo de daño colateral.53 De
ahí, no es sorprendente que los extremistas hayan abrazado la guerra de información como
el arma mágica que permitirá a las Fuerzas Armadas estadounidenses alcanzar victorias
sin derramamiento de sangre y finalizar las guerras antes que la primera bala siquiera
haya sido disparada. El uso del arma de información demanda cuidado y su utilización
conlleva implicaciones que el estratega debe considerar.
Primero, quizás una razón para el amplio interés en la aplicación de guerra de
información es que los EEUU puedem ser los más vulnerables a sus efectos. Como lo
explicó el Teniente General Kenneth A. Minihan, Director de la Agencia de Seguridad
Nacional, La información es al mismo tiempo la ventaja más grande y, dada la
dependencia estadounidense de la información, la debilidad más grande de los Estados
Unidos.54 Considere la siguiente aseveración: Bajo IW el soldado adversario
ya no constituye un objetivo mayor. La IW se centrará en impedir que el soldado enemigo
se pueda comunicar con su comandante. Sin acción coordinada, una fuerza enemiga se
convierte en una multitud difícil de manejar y una batalla pasa a un tema de control de
muchedumbre.55 ¿Es esto, en realidad, un análisis de la vulnerabi-lidad de
nuestras propias Fuerzas Armadas estadounidenses a la guerra de información? Dado el
sistema norteamericano de asignar objetivos específicos a aviones individuales vía orden
de operaciones (ATO), la descripción de la vulnerabilidad del enemigo al arma de
información puede, en realidad, ser un reflejo respecto al proceso de campaña aérea
estadounidense. ¿Podría un arma de información traer el centro de operaciones aéreas
(AOC) a un status quo si destruyera computadores dentro del AOC, dejándolo sin
capacidades para elaborar y distribuir la ATO a los aviones?
Una segunda implicación está relacionada con la importancia de mantener la presteza de
combate estadounidense con fuerzas mi-litares convencionales. Eliot Cohen, destacado autor
y profesor en la Universidad Johns Hopkins, advirtió: La transformación en un
área de los asuntos militares no significa, sin embargo, la irrelevancia de todas las
otras. Tal como las armas nucleares no volvieron obsoleto el poder convencional, esta
revolución no volverá obsoletos la táctica de guerrilla, el terrorismo o las armas de
destrucción masiva.56 Las Fuerzas Armadas de los EEUU deben, por lo tanto, estar en
condiciones de combatir enemigos tecnológicamente menos avanzados así como competidores
del mismo nivel. La historia está llena de ejemplos de fuerzas armadas técnicamente
menos desarrolladas venciendo y derrocando enemigos más capaces. El ejemplo
más palmario para los EEUU siguen siendo los Vietcongs, los cuales fueron capaces de
vencer la tecnología con tácticas rudimentarias y una voluntad de sacrificar a sus
soldados. Al enfrentar a un adversario tipo Vietcong, ¿pueden los EE.UU., en realidad,
derrotar a un enemigo sin recurrir a destrucción pesada, o al menos tener en su lugar el
potencial para llevar a cabo tal des-trucción?57
Una tercera implicación que los líderes civiles y militares deben considerar seria-mente
es la legalidad de la guerra de información. Esta pregunta es especialmente importante
cuando uno considera los ataques de información preventivos. Una
característica observada de la guerra de información está relacionada con el uso del
arma de información para terminar una guerra antes que se dispare el primer tiro. ¿Cómo
reaccionará la comunidad internacional a este tipo de ataque preventivo por los EEUU, una
superpotencia, especialmente si es contra una potencia degenerada del Tercer Mundo?
¿Están los EEUU dispuestos a arriesgar un ataque de información que cegaría a un
competidor del mismo nivel y arriesgar escalar el conflicto por medio del uso de armas de
destrucción masiva? ¿Es un ataque de información un acto de guerra? Más aún, el uso
del manejo de la percepción, especialmente uno que altere la imagen del líder ene-migo
que le diga a su gente que se rinda, es comparable a falsificar la rendición con el uso
de la tradicional bandera blanca. Esta y otras acciones pueden violar el principio
de caballerosidad que consigna el uso de engaños, tanto ardiles permisibles y perfidias
impermisibles y traición.58
Obviamente, las consecuencias potenciales del uso del arma de información son nuevas y en
evolución, y las implicaciones de la guerra de información crean muchos temas que no
tienen un claro precedente legal.59
Conclusión
El arma de información puede ser una he-rramienta eficaz para suplementar el arsenal
militar de armas más tradicionales. Más aún, su uso como precursor puede mejorar los
ataques y operaciones convencionales contra un enemigo cegado y degradado, así
dismi-nuyendo la eficacia de la defensa del enemigo y su capacidad de contraataques. Sin
embargo, los EE.UU. no debieran considerar el arma de información como una bala de
plata que sometará completamente la voluntad y la capacidad de combatir del
enemigo. Más aún, los estrategas deben restringirse de suponer en forma poco crítica
que el arma de información es capaz de terminar guerras antes de que la primera bala sea
disparada.
Los líderes civiles y militares de los EEUU deberían esforzarse por entender por qué la
guerra de información parece tan atractiva, para que la dirección doctrinal realista y
útil pueda ser desarrollada para su utilización e incorporación a la total estrategia
de combate. Las consecuencias de no llevar a cabo este autoexamen podría resultar en que
las fuerzas armadas prometieran demasiado, muy rápido.
Notas
1. Dr. George J. Stein, Director, Núcleo de Estudios de Seguridad Internacional y
profesor de Estudios Europeos en el Air War College, Maxwell AFB, Alabama, entrevistado
por la autora, el 9 de octubre de 1966. El interés del Dr. Stein en la guerra de
información comenzó con su participación en el estudio SPACECAST 2020, determinado por
el Jefe de Estado Mayor de la USAF, en la Universidad del Aire, Base Aérea Maxwell,
Alabama, en el año académico 1994-1995.
2. Dr. George J. Stein, Information Attack: Information Warfare in 2025, en
2025 White Papers: Power and Influence, vol. 3, bk. 1 (Maxwell AFB, Ala.: Air University
Press, noviembre de 1996), 98.
3. USAF, Cornerstones of Information Warfare (Washington, D.C.: Department of the Air
Force, 1995), 2.
4. Ibid.
5. Después da la Operación Tormenta del Desierto, varios connotados autores sostuvieron
que la Operación Tormenta del Desierto fue la primera guerra de información.
Entre ellos es posible destacar a Alan D. Campen, ed., The First Information War (Fairfax,
Va.: AFCEA International Press, ocutbre de 1992); y Alvin Toffler y Heidi Toffler, War and
AntiWar: Survival at the Dawn of the 21st Century (New York: Little, Brown & Co.,
1993).
6. Campen, vii. Otros ejemplos incluyen Toffler y Toffler, 69. Los Toffler determinaron
que la Guerra del Golfo representó una nueva forma de guerra. Ellos
aseguraron que está teniendo lugar una revolución que coloca el conocimiento, en
varias formas, en el centro del poder militar. Tres analistas de la RAND aseguraron
que la Tormenta del Desierto representó la primera guerra de
información moderna, en que cada aspecto de las operaciones militares dependió
hasta cierto grado de la información provista por muchos sistemas que operaban en varios
medios y en todos los escalones. James A. Winnefeld, Preston Niblack, y Dana J.
Johnson, A League of Airmen: US Airpower in the Gulf War (Santa Mónica, Calif.: RAND,
1994), 182 y 219.
7. Coronel Edward C. Mann III, Thunder and Lightning: Desert Storm and the Airpower
Debates (Maxwell AFB, Ala.: Air University Press, abril de 1995), 146. El Coronel Mann
desafió directamente la demanda de Alan Campen de que la Operación Tormenta del Desierto
fue la primera guerra de información, señalando que Campen
tácitamente asegura la verdad sugerida por Sun Tzu, 2.500 años atrás, de que el
objetivo final de la lucha es dominar al enemigo en conocimiento y no en información. La
colección y análisis de información es, por supuesto, una parte, pero no el total del
tema.
8. Citado en Jon T. Correll, Warfare in the Information Age (editorial), Air
Force Magazine 79, no. 12 (diciembre de 1996): 3. John M. Deutch, ex-Director de la
Central Intelligence (DCI), testificó el 25 de junio de 1996, ante el Comité de Asuntos
Gubernamentales del Senado de los EE.UU., respecto al tema Programas y Capacidades
de la Guerra de Información Extranjera. Deutch había acumulado cargos como DCI y
Director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El National Security Act, de 1947,
designa el DCI como el consejero principal del Presidente y del National Security Council
en inteligencia extranjera. El DCI tiene la tarea de dirigir y conducir todas las
actividades de inteligencia y contrainteligencia para el extranjero a nivel nacional. Para
desempeñar estas obligaciones, el DCI ocupa el puesto de director de la CIA y de la
comunidad de Inteligencia de los EE.UU. Fue en su desempeño como DCI que Deutch
testificó ante el Senado. En los debates concernientes a las capacidades ofensivas de
guerra de información, Deutch afirmó en el Congreso que el electrón es el arma
guiada de precisión definitiva. Sus planteamientos iniciales, durante este
testimonio, están en el Internet, 17 de marzo de 1997, disponibles en
http://www.odci.gov/cia/public_affairs/speeches/ dci_testimony_062596.html
9. Cornerstones of Information Warfare, 23; y Stein, Information Attack,105.
10. Toffler y Toffler, 71.
11. Douglas Waller Washington, Onward Cyber Soldier, Time, 21 de agosto de
1995, n.p.; on-line, Internet, 26 de janeiro de 1997, disponible en
http://pathfinder.com/@@LL1c6QYAspdOHaCM/time/magazine/domestic/1995/95021.
12. Peter Grier, Information Warfare, Air Force Magazine 78, no. 3 (marzo de
1995): 34.
13. Richard J. Newman, Warfare 2020, U.S. News and World Report 121, no. 5 (5
de agosto de 1996): 35.
14. Winn Schwartau, Information Warfare: Chaos on the Electronic Superhighway (New York:
Thunders Mouth Press, 1994), 15.
15. US Air Force Doctrine Document (AFDD) 1, Air Force Basic Doctrine, 21 de
mayo de 1996 (segundo bo-rrador), 9.
16. Carl von Clausewitz, On War, ed. y trans. Michael Howard and Peter Paret (Princeton,
N.J.: Princeton University Press, 1976), 90. El concepto de vencer la voluntad y la
capacidad del adversario de hacer guerra puede ser encontrado desde los escritos de Carl
von Clausewitz, cuando el definía tres grandes objetivos de guerra que entre ellos
cubren todo: las fuerzas armadas, el país, y la voluntad del enemigo. Este concepto
ha traspasado el pensamiento militar de los EE.UU., como lo demuestra su inclusión en la
doctrina militar, inclusive en la Joint Pub 30, Doctrine for Joint Operations, 1 de
febrero de 1995; US Army Field Manual (FM) 100-5, Operations, junio de 1993; Air Force
Manual (AFM) 1-1, Basic Aerospace Doctrine of the United States Air Force, vol. 1, marzo
de 1992; y AFDD 1.
17. FM 100-6, Information Operations, agosto de 1996, 112.
18. Coronel Richard Szafranski, Neocortical Warfare? The Acme of Skill.
Military Review, noviembre de 1994, 42.
19. Stein, Information Attack, 114.
20. John R. Boyd, A Discourse on Winning and Losing, diapositivas de
instrucción, Air War College, Maxwell AFB, Ala., agosto de 1987. El ciclo
observación-orientación-decisión-acción (OODA) está basado en el concepto
de que cada individuo opera un ciclo OODA, que es único en rapidez y precisión. La
rapidez está basada en la capacidad mental del individuo y en su capacidad de tratar con
la información y de los cambios en el ambiente. John Boyd asegura que uno puede paralizar
al enemigo mediante la operación interna del ciclo OODA del oponente, significando que el
individuo está operando un ciclo más rápido que el enemigo. La precisión es
determinada durante la parte de orientación del ciclo, durante la cual la información es
filtrada y su forma de organización es determinada. Boyd considera la orientación como
la parte más importante del ciclo porque ella delinea la forma como interactuamos
con el ambiente; por lo tanto, la orientación da forma al modo como observamos, como
decidimos, como actuamos. Esta descripción del ciclo OODA de Boyd fue
extractada de Information Operations: A New Warfighting Capability, Tte Cnel
William Osborne et al, en 2025 White Papers: Power and Influence, vol. 3, bk. 1, 49.
21. Stein, Information Attack, 114. Stein explicó que en muchos casos,
la IW indirecta será de plataforma a plataforma. Por ejemplo: la guerra electrónica
ofensiva y defensiva, bloqueo electrónico u otros sistemas de interferencia, y
operaciones psicológicas vía sistemas sucesores del Comando Solo. Puede, sin embargo,
hacer uso de medidas de decepción militar no electrónicas, como en el pasado, y de
operaciones psicológicas.
22. Ibid. Stein describió la corrupción de la parte de la orientación del
ciclo OODA: el análisis del adversario, ya sea basada en la inteligencia artificial
o en la información tecnológica o, más importante, basada en la mente del personaje
encargado de la toma de decisiones, decide y actúa con total confianza ya sea en la
observación de la información o la integridad de sus procesos analíticos (humanos o
máquina).
23. Ibid.
24. Coronel Richard Szafranski, A Theory of Information Warfare: Peparing for
2020, Airpower Journal 9, no. 1 (Spring 1995): 60.
25. Ibid., 44.
26. Cornerstones of Information Warfare, 4.
27. Ibid.
28. Ibid.
29. Sumner Benson, How New the New Russia? Deep-Strike Weapons and Strategic
Stability. Orbis, Fall 1996, 509.
30. Coronel John A. Warden III, The Enemy as a System, Airpower Journal 9, no.
1 (Spring 1995): 43.
31. Ibid.
32. Clausewitz, 184.
33. Eduard Mark, Aerial Interdiction: Air Power and the Land Battle in Three American Wars
(Washington, D.C.: Center for Air Force History, 1994), 663. Mark explica que la
única ventaja más grande de los comunistas al resistir la interdicción, aparte de sus
bajos requisitos logísticos, fue que generalmente estaban libres para dar combate o
evitarlo a la voluntad.
34. Earl H. Tilford Jr., The Prolongation of the United States in Vietnam, en
Prolonged Wars: A Postnuclear Challenge, ed. Dr. Karl P. Magyar y Dr. Constantine P.
Danopoulos (Maxwell AFB, Ala.: Air University Press, 1994), 371 y 389. Tilford proclama
que Hanoi ganó la Guerra de Vietnam. Explica que Vietnam del Norte y las
fuerzas vietcongs mantuvieron su voluntad de combatir. Para los comunistas, su
combate con los EE.UU. y el régi-men de Saigón tuvo su propósito. Sus objetivos fueron
constantes, alcanzables y mejor definidos. Sus líderes políticos y militares, al
trabajar para lograr esos objetivos, demostraron estrategias superiores, las cuales,
finalmente, produjeron la victoria. Los comunistas quisieron que los norteamericanos
sufrieron por un periodo prolongado hasta que se rindieran.
35. TSgt Pat McKeena, Info Warriors: Battling for Data Dominance in the Fifth
Dimension, Airman Magazine, septiembre de 1997, disponible en http://
www.af.mil/pa/airman/0996/info.htm
36. Thomas A. Keaney y Eliot A. Cohen, Revolution in the Persian Gulf? Air Power in the
Persian Gulf (Annapolis, Md.: Naval Institute Press, 1995), 236-37.
37. James P. Coyne, Airpower in the Gulf (Arlington, Va.: Aerospace Education Foundation,
1992), 190.
38. Michael R. Gordon y General Bernard E. Trainor, The Generals War: Inside Story
of the Conflict in the Gulf (Boston, Mass.: Little, Brown and Co., 1995), 246-48; y
Stephen K. Black, Information Warfare in the PostCold War World (trabajo
presentado al Matthew Ridgway Center for International Security Studies, University of
Pittsburgh, 1966, como parte del Air Force Fellow Program), 16.
39. John R. Levine and Carol Baroudi, The Internet for Dummies, 2d ed. (San Mateo, Calif.:
IDG Books Worldwide, Inc., 1994), 12. Los autores preguntan: ¿Puede realmente Internet
resistir a un ataque? Y responden: Pareciera que sí. En 1991, durante la
Guerra del Golfo, las Fuerzas Armadas estadounidenses se encontraron con muchas
dificultades para neutralizar la red de comando iraquí. De ello se desprende que los
iraquíes estuvieron usando roteadores de las redes comerciales disponibles con
tecnología de roteamiento y recuperación de Internet. En otras palabras, el
redireccionamiento dinámico realmente funciona. Es bueno saber que el redireccionamiento
dinámico funciona, aunque quizás este no haya sido el momento más oportuno para
averiguar eso.
40. Keaney and Cohen, 60.
41. Coronel Trevor N. Dupuy, A Genius for War (Fairfax, Va.: Hero Books, 1984), 4.
También R. L. DiNardo y Daniel J. Hughes, Some Cautionary Thoughts on Information
Warfare, Airpower Journal 9, no. 4 (Winter 1995): 76.
42. Roger C. Molander, Andrew S. Riddle, and Peter A. Wilson, Strategic Information
Warfare: A New Face of War (Santa Mónica, Calif.: RAND, 1996), 2223. Manejo de la
percepción es manipular la información, que es fundamental para las percepciones.
43. Stein, Information Attack, 91, 114. El Dr. Stein declara: Un ataque
de información no es tanto manejo de la percepción pero manejo de la orientación. La
información es tanto el arma como el objetivo; el efecto del arma es error
predecible.
44. Szafranski, 45.
45. Stein, Information Attack, 91, 114.
46. Richard Overy, Why the Allies Won (New York: W. W. Norton & Co., 1995), 13.
47. Ibid., 151.
48. Szafranski, 42.
49. Thomas B. Allen y Norman Polmar, CodeName Downfall: The Secret Plan to Invade Japan
and Why Truman Dropped the Bomb (New York: Simon & Schuster, 1995), 25889.
50. Gordon and Trainor, 24648. También, Black, 16.
51. Depuy, 4. También, DiNardo y Hughes, 76.
52. McKeena, n.p.
53. Varios connotados autores han advertido acerca de este fenómeno concerniente a la
fascinación por la tecnología de los EE.UU y con la búsqueda de una bala de plata como
arma que permita una rápida victoria con el mínimo daño colateral. Entre ellos se
encuentran Earl H. Tilford Jr., The Revolution in Military Affairs: Prospects and
Cautions, report (Carlisle Barracks, Pa.: Strategic Studies Institute, US Army War
College, 23 de junio de 1995), 4; Charles J. Dunlap, How We Lost the HighTech War of
2007: A Warning from the Future, The Weekly Standard 1, no. 19 (29 de enero de
1996): passim; DiNardo y Hughes, 69; y Black, 1.
54. John A. Tirpak, Shifting Patterns of Air Warfare, Air Force Magazine 80,
no. 4 (abril de 1997): 26
55. Capitán George A. Crawford, Information Warfare: New Roles for Information
Systems in Military Operations, Air Chronicles: n.p.; on-line, http://
www.airpower.maxwell.af.mil/airchronicles/cc/crawford.html
56. Eliot A. Cohen, Revolution in Warfare, Foreign Affairs 75, no. 2
(marzo/abril de 1996): 51. Cohen es profesor de estudios estratégicos en la Paul H. Nitze
School of Advanced International Studies, Johns Hopkins University.
57. Frank C. Mahncke, Information Warriors, Naval War College Review 47, no. 3
(verano de 1994): 133. Este artículo aparece como crítica a War and Antiwar: Survival at
the Dawn of the 21st Century, de los Toffler.
58. Richard W. Aldrich, The International Legal Implications of Information
Warfare, INSS Occasional Paper 9 (US Air Force Academy, Colo.: Institute for
National Security Studies, abril de 1996), 1 y 16.
59. Ibid., vii.
La Mayor YuLin G. Whitehead (Academia de la USAF; Maestría, Webster University) es
oficial de inteligencia designada subcomandante del 607º Grupo de Inteligencia Aérea,
Base Aérea de Osan, Corea del Sur. Destinaciones previas incluyen las de jefe de la
sección de inteligencia de la 354ª Ala Táctica, Base Aérea de Myrtle Beach, Carolina
del Sur; inspectora de inteligencia, planes de operaciones y decepción táctica en el
Cuartel General del Comando Aerotáctico y, subsecuentemente, en la Oficina del Inspector
General del Comando de Combate Aéreo, Base Aérea de Langley, Virginia; y como asistente
ejecutiva del Asistente del Jefe de Estado Mayor para Inteligencia, en el Cuartel General
de la USAF. Fue uno de los cua-tro primeros oficiales de inteligencia en asistir a la USAF
Fighter Weapons School en la Base Aérea Nellis, en Nevada. Además, en 1987 fue honrada
por la Fuerza Aérea de EE.UU. como Oficial de Inteligencia del Año. Recientemente se
graduó de la Escuela de Estudios Avanzados del Poder Aéreo, Base Aérea Maxwell,
Alabama.
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