LA REVOLUCION EN LOS ASUNTOS MILITARES: LA DIMENSION DE LA
INFORMACION
Michael L. Brown
Cuando los
historiadores militares analicen los últimos cien años, una de las características
principales que podrán observar será la continuidad de cambios. Con el adelanto casi
constante de las tecnologías de fondo, los tanques, los fusiles, los aviones y los barcos
han evolucionado continuamente de una generación a la otra. En algunos casos aumentaron
su tamaño, en otros lo disminuyeron, pero siempre han resultado ser más eficaces. A
medida que los soldados, marineros, aviadores y "marines" han intentado
aprovechar las características de su nuevo armamento a fin de alcanzar los máximos
resultados en el campo de batalla, la doctrina y la organización han seguido este hecho
muy de cerca.
Sin embargo, esta
evolución ha demostrado ser cualquier cosa menos uniforme, ya que periódicamente durante
el siglo pasado, los saltos en la tecnología condujeron al desarrollo de capacidades
militares completamente nuevas, o a modificaciones espectaculares en las características
de los sistemas existentes. Cuando se implementa un solo sistema armamentista,
generalmente se modifica la doctrina existente para aprovechar la nueva tecnología. Sin
embargo, cuando varios sistemas cambian de manera simultánea, el ambiente mismo comienza
a transformarse y los cambios revolucionarios, más que evolutivos, se convierten en
moneda corriente.
Durante las dos
últimas décadas, se produjo claramente una explosión de tecnologías, y con esas
tecnologías se generaron cambios radicales en la naturaleza de los sistemas militares.
Los sistemas espaciales de reconocimiento y vigilancia, los vehículos aéreos no
tripulados y miríadas de sistemas de sensores terrestres condujeron al desarrollo de
capacidades de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (IVR) que no hubieran podido
imaginarse una década atrás. Los sistemas de comunicaciones digitales que pueden
extenderse a todo el mundo y retransmitir información de ancho de banda amplio en tiempo
casi real están cambiando la naturaleza misma del comando y el control (C2). El armamento
"inteligente" -que se manifiesta en bombas, misiles, proyectiles de artillería
e incluso sistemas de armas de infantería- han dado origen a una nueva categoría de
armas denominada municiones de precisión teledirigidas (PGMs-sus siglas en inglés) y han
creado un ámbito donde "todo lo que puede verse puede alcanzarse, y todo lo que
puede alcanzarse puede destruirse". Estas tecnologías están sentando las bases de
uno de los cambios más dramáticos en la historia militar del último siglo. Están
sentando las bases de una Revolución en los Asuntos Militares (RAM).
Muchos autores
hablan sobre la llegada de la revolución en los asuntos militares como LA RAM, como si
"El Fin de la Historia Militar" estuviera cerca. Nada más alejado de la
realidad. Los adelantos tecnológicos en campos que, en la actualidad, apenas sabemos que
existen, conducirán probablemente en el futuro a mayores cambios en el arte de la guerra.
Lo singular es que la próxima RAM derivará de tecnologías existentes y de armas ya
construidas o que todavía están siendo diseñadas. Además, no sorprende que estos
cambios en los sistemas militares sean impulsados principalmente por la explosión de las
tecnologías de información. Es el incremento de la capacidad para recabar información,
la capacidad de almacenaje y el poder de procesamiento, por ejemplo, lo que ha conducido
al desarrollo del sistema IVR emergente; los adelantos en las tecnologías de las
comunicaciones digitales que posibilitaron que el ancho de banda aumentara aproximadamente
mil millones de veces, están modificando profundamente la manera en que los comandantes
dirigen y controlan sus fuerzas; y los adelantos en el poder de procesamiento y en la
capacidad para almacenar información han mejorado la exactitud de las municiones de
precisión teledirigidas. Lo que estamos observando es el surgimiento de una RAM basada en
la Información.
Pero la
incorporación de nuevas tecnologías a las fuerzas armadas -o a cualquier otro aspecto de
la vida- difícilmente constituya la base de una revolución. Mientras que las
tecnologías por sí solas pueden aumentar la eficiencia, para que constituyan la base de
una revolución deben estar acompañadas de nuevas maneras de hacer las cosas y cambios en
las estructuras organizativas. Por ejemplo, cuando se introdujeron por primera vez las
redes informáticas y las computadoras de escritorio al lugar de trabajo, la eficiencia se
incrementó a menudo notablemente. Los procesadores de texto permitieron que los
ejecutivos y directores escribieran sus propias cartas, suprimiendo la necesidad de que
las secretarias tuvieran que volverlas a tipear infinidad de veces; el correo electrónico
(e-mail) permitió a los gerentes comunicarse más eficientemente tanto con sus superiores
como con sus subordinados; y en los casos en que existen varios sectores los sistemas en
red ahorraron tiempo y disminuyeron los costos de las operaciones. Sin embargo, como lo
señalan Arquilla y Ronfeldt, "el incremento de la eficiencia no es el único ni aún
el mejor de los posibles resultados" de los cambios tecnológicos. No fue sino hasta
que las empresas comenzaron a reorganizarse y a redistribuir el trabajo -a
reestructurarse-, que los negocios empezaron a sentir todo el impacto de la revolución de
la información.
Lo mismo sucede
en el ambiente militar. La simple modificación de la doctrina con el objeto de adaptarse
a las tecnologías no genera una revolución. Una RAM ocurre en cambio cuando:
"... la aplicación de nuevas tecnologías en una significativa cantidad de
sistemas militares se combina con conceptos operacionales innovadores y con una
adaptación organizativa de manera tal que altera fundamentalmente el carácter y la
conducción de un conflicto. Se produce un dramático incremento -a menudo de enorme
magnitud- en la eficacia potencial y militar de combate de las fuerzas armadas".
Por lo tanto, la
base de una verdadera revolución en los asuntos militares es un cambio radical en los
conceptos operacionales y en las estructuras organizativas. Podemos citar un caso puntual:
en 1916, los principales países Aliados de la Primera Guerra Mundial poseían todos
tanques, aviones, y radios, y, en efecto, los utilizaron durante la Batalla de Cambrai.
Los tanques, sin embargo, se utilizaron principalmente como armamento de "apoyo a la
infantería", los radios se usaron para comando y control de alto nivel, y los
aviones cumplieron misiones de reconocimiento y de interdicción. Tomaría 20 años antes
de que los soldados y los aviadores comprendieran cabalmente el potencial revolucionario
de estos sistemas, y elaboraran conceptos operacionales y estructuras organizativas en
base a ellos. En la actualidad, denominamos ese concepto operacional con el término
"Blitzkrieg", y la organización más notable que generó fue la "Punzar
Division". El resultado fue "un dramático aumento...en la eficacia potencial y
militar de combate" de una fuerza armada. De manera similar, la Marina de los Estados
Unidos poseía portaaviones, destructores y cruceros antes de ingresar a la Primera Guerra
Mundial, pero todos sabían que los portaaviones se usaban principalmente para
reconocimiento, y que los barcos de guerra eran la columna vertebral de la flota. Llevó
20 años reconocer la importancia que tenían los aviones y los portaaviones para las
fuerzas navales, desarrollar nuevos enfoques conceptuales, construir portaaviones más
grandes, organizarlos en Grupos de Portaaviones de Guerra, y modificar por lo tanto el
"carácter y la conducción" de la guerra en el mar.
Para comprender
la naturaleza y las implicancias de la venidera RAM basada en la Información, este
capítulo analizará el impacto de las nuevas tecnologías de información -y los sistemas
militares que han generado- sobre las operaciones militares. En este contexto, en la
primera sección describiremos de qué manera las tecnologías de información han
modificado -y continúan modificando aún más radicalmente- la naturaleza del espacio de
guerra. En la siguiente sección discutiremos la importancia de los sistemas de
información y de los flujos de información en los conceptos operacionales emergentes.
Tomando en cuenta todos estos cambios en la naturaleza y la conducción de la guerra, y el
hecho de que las fuerzas militares modernas dependen cada vez más y más de los flujos de
información, en la tercera sección se señala que algo denominado el "espacio de
información" se transformará en una nueva competencia de las operaciones militares,
y que la guerra de información se convertirá en una nueva dimensión de los conflictos
interestaduales con grandes implicancias para el futuro de los conflictos militares en
particular, y la seguridad nacional en general.
LA MODIFICACION DEL ESPACIO DE GUERRA
La modificación
de las tecnologías de información está afectando significativamente la naturaleza del
espacio de guerra. El espacio de guerra puede observarse a través de las lentes del
tiempo, de la fuerza y del espacio. Utilizando esta técnica, descubrimos que las nociones
tradicionales de tiempo, espacio y fuerza han cambiado para siempre. El tiempo se ha
comprimido; el espacio se ha distorsionado y expandido; y nuestras nociones de fuerza
deberán modificarse.
TIEMPO
Los cambios en el
ámbito de la información han comprimido el tiempo en el espacio de guerra. Durante la
Batalla de Gran Bretaña, por ejemplo, la Fuerza Aérea Británica (RAF) desarrolló
procedimientos para poder identificar la llegada de aviones enemigos con sus nuevos
radares. Luego enviaban a los combatientes al lugar donde se encontraba el enemigo. Si
todo iba bien, los pilotos de la RAF interceptaban al enemigo, lo derribaban y regresaban
a la base. Aún hoy en la actualidad, y cada vez más en el futuro, el desarrollo de la
guerra aérea es mucho más veloz gracias a este antiguo procedimiento. Las decisiones de
identificación, notificación y acción deben tomarse más rápidamente de lo que la
fisiología y capacidad de decisión humanas lo permitan. Como resultado de ello, los
cruceros Aegis y las baterías de misiles Patriot poseen ambos una modalidad
"automática", que se libera completamente del lento proceso humano de toma de
decisiones. El objetivo es localizado, perseguido, identificado y atacado en forma
automática sin intervención humana. En el futuro, esto también se llevará a cabo en
los combates por tierra y por mar. Probablemente la conexión de disparadores a través de
un sistema de sensores será cada vez más automática, reduciendo el tiempo que se demora
entre la identificación de un objetivo y el lanzamiento de un arma para alcanzarlo. Los
sistemas de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento identificarán objetivos múltiples
en tiempo casi real y la información se retransmitirá a sistemas de decisión
computarizados. De esta forma, en base a la programación humana, se decidirá si debe o
no efectuarse el ataque, qué sistemas se utilizarán, y si se reiterará o no el ataque.
La guerra en su totalidad se desarrollará demasiado rápido como para que los hombres
puedan ocuparse de todas y cada una de las decisiones de acción que deban ser tomadas.
Lo mismo
ocurrirá a nivel operacional de la guerra. En un artículo de la revista "Military
Review", el ex Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Gordon R. Sullivan,
incluyó un cuadro que muestra cómo ha cambiado la importancia del tiempo en el espacio
de guerra. Utilizando el modelo del Ciclo de Observación-Orientación-Decisión-Acción
(OODA Loop) perteneciente a John Boyd's, Sullivan ilustró de qué manera habían cambiado
los métodos de observación desde la Guerra Revolucionaria, y cómo se había reducido en
consecuencia el tiempo destinado a la orientación, decisión y acción. Por ejemplo,
basándose en sus observaciones de la Guerra del Golfo, consideró que las antiguas
nociones de una "temporada" de campaña se había reducido a un "día"
de campaña. Extrapolando hacia el futuro, Sullivan señaló que las campañas
posiblemente se decidirían en una hora o menos a partir del comienzo de las hostilidades.
Las operaciones,
además, serán continuas -durante el día y la noche- sin importar la visibilidad. En la
Tormenta del Desierto, por ejemplo, durante 90 horas de desplazamiento y enfrentamiento
continuo, el VII Cuerpo del Ejército de los Estados Unidos "...reportó haber
destruido más de una docena de divisiones iraquíes; alrededor de 1300 tanques, 1200
vehículos de guerra y APCs (vehículos blindados para el transporte de tropas); 285
piezas de artillería y 100 sistemas aéreos de defensa; y capturado cerca de 22.000
soldados enemigos." De manera similar, las fuerzas de los Aliados pudieron efectuar
ataques precisos en la capital enemiga inclusive durante la noche, puesto que los misiles
de crucero y otras municiones de precisión teledirigidas podían localizar sus objetivos
independientemente de la visibilidad. Los sistemas de visión nocturna, el radar de onda
milimétrica y muchísimas otras tecnologías hicieron que la resistencia humana fuera el
principal factor limitante en la continuidad de las operaciones.
Es muy claro que
en un ámbito rico en información, las tradicionales nociones militares de tiempo
deberán cambiar. Lo que en la Segunda Guerra Mundial tomaba días, en el futuro demorará
horas; lo que solía demorar horas tomará minutos, y lo que tomaba minutos se realizará
en segundos. Las implicaciones en los conceptos operacionales y en la organización
militar son enormes.
ESPACIO
El espacio de
guerra se ha expandido en las tres dimensiones espaciales. Con respecto al combate en
tierra, el General Sullivan documentó este cambio de manera gráfica en su boletín
titulado "La guerra terrestre en el Siglo XXI". Desde la Guerra de Octubre de
1973, por ejemplo, el área del espacio de guerra que ocupara una fuerza desplegada de
100.000 soldados se ha expandido enormemente tanto en profundidad como en anchura. Esta
extraordinaria expansión ha sido, en parte, el resultado -directa o indirectamente- del
incremento de los flujos de información. En el tiempo en que los comandantes debían
utilizar banderas de señalización, todas las unidades subordinadas debían permanecer
dentro del campo visual del lugar de las señales. A medida que los radios portátiles se
hicieron confiables, el campo de batalla se expandió hasta donde el comandante pudiera
comunicarse adecuadamente. Pero con la llegada de los satélites y la moderna tecnología
de las comunicaciones digitales, un comandante puede comunicarse con fuerzas cada vez más
dispersas. La distancia en el espacio de guerra ya no está limitada por la tecnología de
las comunicaciones. De hecho, al concentrarse en el poderío en tierra, el General
Sullivan puede haber subestimado en gran medida la expansión del espacio de guerra. Los
misiles disparados desde mar adentro y los aviones lanzados desde la zona continental de
los Estados Unidos también tienen efectos a nivel táctico y operacional.
El espacio de
guerra también ha crecido verticalmente. Por supuesto, antes de la Primera Guerra Mundial
el campo de batalla tenía esencialmente dos dimensiones. Sin embargo, con la
introducción de los aviones en el espacio de guerra comenzó a surgir una tercera
dimensión, que en los últimos años ha crecido considerablemente. En la actualidad, los
satélites de comunicaciones e inteligencia han expandido la tercera dimensión al espacio
exterior.
El control de la
tercera dimensión tuvo un gran impacto en la Guerra del Golfo. Gracias al control que
tenían sobre el espacio exterior durante la Guerra del Golfo, las fuerzas de los Estados
Unidos podían ver mejor que el enemigo, navegar mejor que el enemigo, y comunicarse
mejor. Mediante el control del espacio, las Fuerzas Aliadas contaban con información e
imágenes satelitales y un sistema robusto de comando, control y comunicaciones; Saddam
Hussein no. Los Estados Unidos tenían acceso al Sistema de Posicionamiento Mundial o GPS;
Saddam no. De tal manera, los estadounidenses podían localizar sus objetivos y
dispararles con puntualidad y precisión. Saddam no. Debido a que en la actualidad el
espacio exterior juega un rol tan importante en la guerra -que en el futuro será aún
más importante- el volumen del espacio de guerra del que tienen que ocuparse los
comandantes ha aumentado miles de millas cúbicas. En todos los niveles, los comandantes
deben conocer la trayectoria orbital de los satélites enemigos de reconocimiento. Los
comandantes del teatro de operaciones deben conocer las capacidades de comunicación y
navegación del adversario y su potencial antisatelital. Lógicamente, al mismo tiempo los
comandantes deben poseer la misma información acerca de sus propios sistemas. El espacio
de guerra ya no se limita al alcance de la atmósfera, sino que se extiende en el espacio
exterior.
FUERZA
En el pasado, era
posible contar el número de soldados, miembros de caballería y armas que poseía cada
bando, y tener una idea razonable sobre quién ganaría una determinada guerra. Sin
embargo, como la sofisticación tecnológica y los niveles de modernización de las
plataformas se hicieron cada vez más importantes, se utilizaron para tal fin complejos
modelos computarizados. Pero estamos ingresando a una era en la que es más probable que
una sola munición "inteligente" lanzada desde un simple avión, barco, o aún
posiblemente desde la zona continental de los Estados Unidos, pueda cumplir ciertas
misiones, que un escuadrón de bombarderos de la Segunda Guerra Mundial; una era en la que
el avance de las columnas armadas puede identificarse desde el espacio, hacer blanco en
tiempo casi real utilizando computadoras de gran velocidad y efectuar el ataque con unos
pocos misiles modernos que transportan cientos de submuniciones; una era en la que puede
identificarse el sistema de comando y control del enemigo y atacarlo, con un impacto
extraordinario en toda su estructura de fuerza. Tal como lo señala el General Sullivan,
"se está desarrollando un cambio de paradigma. Ya se han destruido muchas de las
antiguas reglas de la guerra terrestre concernientes al cálculo del poderío de
combate". Estamos ingresando a una era en la que debe analizarse nuevamente la
antigua noción de "fuerza".
Para abordar este
problema, los analistas han comenzado a hablar de "fuerzas multiplicadoras".
Pero este concepto no representa fielmente el impacto de las numerosas capacidades
militares y técnicas operacionales nuevas. Más que "multiplicar" el valor de
los elementos de fuerza tradicionales, algunas de las nuevas tecnologías lo incrementan
de un modo exponencial. Otras aumentan las nociones de "fuerza" tradicionales de
una manera fundamentalmente no-lineal que aún no podemos comprender. Otras inclusive
-como cierta clase de capacidades de información- pueden resultar valiosas en sí mismas
como sistemas de armas en paradigmas operacionales alternativos. En una era de tales
características, ¿cómo deben considerarse la fuerza y las relaciones de fuerza? ¿Cómo
puede compararse una fuerza con otra? ¿Cómo se calcula el poder de combate?.
Un manera de
analizar los efectos de la información y los sistemas de información sobre la guerra es
analizando de qué modo han cambiado las funciones tradicionales del espacio de guerra.
Mientras que sería útil tener un listado completo de las diversas funciones de las
Fuerzas Armadas, cada una de ellas ha elegido mecanismos diferentes para analizar su
segmento particular del espacio de guerra. El Ejército ha identificado siete
"Sistemas Operacionales en el Campo de Batalla". Cuatro de ellos se
implementaron directa y profundamente mediante la información y los sistemas de
información:
* Inteligencia
* Logística
* Comando y Control
* Apoyo de fuego
La naturaleza de
la inteligencia militar está siendo modificada fundamentalmente por las nuevas
tecnologías de recopilación, procesamiento, almacenamiento y difusión de información.
La extraordinaria resolución de las plataformas satelitales modernas ha cambiado el modo
en que los comandantes observan el espacio de guerra. El Estado Mayor Conjunto ya está
analizando los efectos sobre la estructura doctrinal y de fuerza de la "Conciencia
dominante del Espacio de Guerra", definida por su partidario más ardiente, ex
Subjefe del Estado Mayor Conjunto Almirante Owens, como el conocimiento de todos los
objetos enemigos visibles en un espacio de guerra de 200km x 200km. Con los adelantos en
IMINT, SIGINT, ELINT, COMINT, MASINT y muchísimos otros "INTs", las fuerzas
armadas de Estados Unidos ya pueden obtener una visión bastante exhaustiva de la
estructura de fuerza de un enemigo; con AWACS y JSTARS, las tropas aliadas pueden
desarrollar una imagen de radar precisa del desplazamiento de las fuerzas enemigas tanto
aéreas como terrestres; y, con las plataformas espaciales existentes y UAV's de primera
generación, se pueden "ver" literalmente cientos de miles de millas en el área
de retaguardia del enemigo. Sin embargo estas capacidades, basadas en sistemas todavía en
desarrollo, representan sólo la punta del iceberg.
Los desarrollos
tecnológicos relativamente nuevos producirán UAV's de larga duración con una
sofisticada serie de sensores. Estos sistemas difíciles de detectar permanecerán
suspendidos en el aire sobre el espacio de guerra identificando las actividades del
enemigo y su localización. Cuando sean utilizados junto con las plataformas espaciales, y
los sistemas JSTARS y AWACS, los comandantes podrán obtener una imagen exhaustiva del
espacio de guerra en tiempo casi real. Teniendo toda esta información proveniente de
estas y otras fuentes, la clave será procesar la información y presentarla de tal manera
que los comandantes no se sientan abrumados. También aquí ayudarán las tecnologías de
información. Posiblemente la información procesada en forma digital utilizando
computadoras mucho más veloces que las actuales, junto con "mecanismos de
búsqueda" inteligentes -cuyos antecesores de primera generación todavía se
utilizan ampliamente en la Internet- brindarán al menos parte de la solución.
Como resultado de
estos cambios previstos, el Almirante Owens estima que:
"Durante la Tormenta del Desierto, recibíamos en todo momento información casi
continua y en tiempo real sobre no más del 15% de este relevante fenómeno militar acerca
del cual queríamos interiorizarnos. Si libráramos una guerra similar en la actualidad
(1995), esa cifra oscilaría aproximadamente entre un 20 y un 30 por ciento. En cinco
años, existirá más del doble de la capacidad actual".
Para el año
2005, las fuerzas armadas de Estados Unidos tendrían que poder identificar en el campo de
batalla el 90% de los objetivos de importancia militar. La naturaleza misma de la
inteligencia militar se encuentra atravesando un proceso de intensos cambios.
No es suficiente
recabar y procesar información; debe estar al alcance de quienes la necesitan. Para
lograr que la información esté al alcance de la persona indicada en el momento indicado,
el Ejército prevé un "carrrusel" de información con datos referentes a su
área de operaciones accesible a cualquier comandante que lo solicite. La Fuerza Aerea
intenta brindar información actualizada al piloto que se encuentra en la cabina
directamente desde los sensores. En síntesis, los sistemas de información están
modificando la naturaleza misma de la inteligencia militar y brindando a los comandantes productos de extraordinaria
precisión.
La tecnología
necesaria para modificar el sistema militar logístico se encuentra también al alcance de
la mano. Mientras las peculiaridades de las operaciones militares hacen imposible que
puedan copiar las técnicas utilizadas por corporaciones tales como Federal Express y
Wal-Mart, los principios en los que se basan sus operaciones, así como los que sirven de
base para técnicas tales como la "entrega justo a tiempo" y la
"visibilidad del total del activo", son tan importantes en el mundo militar como
en el sector privado. Las fuerzas militares están adaptándose lentamente a las
capacidades inherentes a los sistemas logísticos basados en la información. A medida que
se desarrolle este proceso se observará que la era de los inmensos depósitos de
logística dentro del teatro de operaciones o las enormes bases aéreas -que el enemigo
conocerá como "objetivos"- ha llegado a su fin; que los batallones, las
brigadas, las divisiones, los cuerpos y aún los ejércitos pueden desplazarse
rápidamente sin el impedimento de cientos de miles de toneladas de provisiones.
Podrá apreciarse
que disminuye significativamente el tiempo de inactividad de los vehículos terrestres de
combate, como así también de los barcos y aviones, y que cumplirán sus misiones más
eficientemente, permitiendo que los soldados, marineros, marines y aviadores se dediquen a
otras tareas. Un sistema logístico basado en la información transporta el potencial
necesario para modificar la naturaleza de las operaciones militares, de la misma forma que
la reestructuración ha modificado la naturaleza de muchas organizaciones comerciales.
No será de
utilidad contar con información en tiempo casi real y con enormes depósitos de
información a menos que los comandantes puedan influenciar en las acciones con métodos
de comando y control. El aumento del ancho de banda y de la velocidad de procesamiento
están permitiendo que los comandantes tengan justamente esta capacidad. En lugar de
construir tableros en la arena o utilizar modelos portátiles para describir sus planes,
los comandantes podrán utilizar simulaciones para explicar sus propósitos y ensayar las
operaciones incluso antes de que éstas comiencen. Asimismo, durante el proceso de
planificación podrán utilizar conocimientos técnicos a cientos de kilómetros de
distancia, reduciendo la necesidad de contar con gran cantidad de personal simplemente
para planear y seguir el curso de las operaciones. Tal como lo señaló un observador a
raíz de la Guerra del Golfo: "La diferencia no sólo consiste en dirigir las
operaciones con mayor eficacia. La capacidad informática y de comunicaciones permitió
que las cosas se hicieran de manera muy innovadora. Por ejemplo, provisiones que se
encontraban a 7.000 millas del campo de batalla fueron utilizadas para asistir a los
comandantes y al personal".
El surgimiento de
estas nuevas capacidades tendrá consecuencias muchísimo más importantes en el futuro,
pues estará cambiando la naturaleza misma del comando. Las implicaciones que presenta
para los comandantes de todo nivel la conciencia situacional en tiempo casi real, han
generado que los analistas comiencen a cuestionarse las bases jerárquicas de las
organizaciones militares. Tal como lo señala un boletín del Ejército:
"La futura tecnología necesitará que el Ejército efectúe una revalorización
de los medios clásicos del comando de la guerra, para reconocer que en el futuro, las
operaciones militares implicarán la coexistencia de los procesos jerárquicos y la red de
procesos no jerárquicos. Se impondrá el orden a partir del conocimiento más que de
manera física."
Cuando la Guerra
del Golfo demostró el valor de las "armas inteligentes" -incluso a quienes lo
dudaban-, la noción de apoyo de fuego preciso se quitó del tablero de prueba y se
introdujo al espacio de guerra. Por cierto, algunos sistemas no funcionaron tan bien en el
campo de batalla como en el laboratorio, pero a medida que los técnicos utilicen las
tecnologías existentes es probable que observen que el armamento inteligente se torna
aún más inteligente, y que, en el proceso, los sistemas pasan a ser más baratos y más
confiables. Algunos señalan que estas armas, al introducir la noción de ataque preciso
en el arsenal de los planificadores militares, ya han revolucionado el arte de la guerra.
Aunque esto no sea tan cierto, han demostrado que la guerra será diferente en la era de
las armas económicas inteligentes de lo que lo fue anteriormente.
Algunas de las
implicaciones de la utilización de armas de ataque preciso son sorprendentes. Durante las
24 primeras horas de la Guerra del Golfo, por ejemplo, las fuerzas de la Coalición
derribaron el triple de objetivos estratégicos en Iraq de los que destruyó la Octava
Fuerza Aérea en Alemania durante 1943, con muy pocos daños paralelos. Como resultado de
ello, industrias enteras quedaron inhabilitadas. Al mismo tiempo, prácticamente toda la
Fuerza Aérea Iraquí fue destruida en tierra. En los niveles táctico y operacional, los
fuegos de precisión de gran alcance permitieron a los Aliados atacar las fuerzas
iraquíes desde el aire y desde tierra aún antes de que el enemigo supiera que había
fuerzas de la Coalición en la zona. Este hecho no sólo disminuyó significativamente el
número total de los vehículos blindados de combate iraquíes sino que, lo que es aún
más importante, el impacto psicológico que les provocaba observar que sus tanques
explotaran sin saber cómo, resultó devastador para los soldados de Bagdad. Unidades
enteras se desintegraron sin disparar un sólo tiro o aún sin ver siquiera a las fuerzas
de tierra aliadas.
Los sistemas de
información han tenido un gran impacto en éstas y otras tantas áreas militares
funcionales; pero estos efectos tampoco han podido capturar la esencia de la guerra en la
era de la información, puesto que es la sinergia de cada uno de estos efectos en
particular lo que crea el potencial para revolucionar el arte de la guerra. Mejores
sistemas de información permitirán identificar más y mejores objetivos para las PGMs.
Una mejor información reducirá también la necesidad de efectuar bombardeos por
saturación o atacar los objetivos con grandes cantidades de municiones. La disminución
en la cantidad de municiones necesarias reducirá significativamente la tensión en los
sistemas logísticos, permitiendo a las fuerzas armadas de Estados Unidos desplegarse en
el teatro de operaciones con mayor velocidad. Asimismo, los adelantos en los sistemas
logísticos permitirán que las fuerzas de tierra sean mucho más reducidas y puedan
desplazarse más rápidamente. Aprovechando una mejor información, estas fuerzas de
tierra podrán atacar precisamente allí donde sus capacidades tengan mayor efecto.
CONCEPTOS OPERACIONALES EMERGENTES
Sin embargo, tal
como se señalara anteriormente, la nueva tecnología y los nuevos sistemas de armas no
generan una revolución. Antes de que una fuerza armada aproveche en su totalidad las
implicaciones de la nueva tecnología, deben adoptarse nuevos conceptos operacionales e
implementarse nuevas organizaciones. Ya se han propuesto varios conceptos operacionales
diferentes. Aunque sería imposible desarrollar cada uno de estos enfoques en detalle, sí
es posible identificar los más representativos. Estas nociones pueden agruparse en dos
categorías. Una, el "Paradigma Estratégico de Ataque", señala que los cambios
en el ámbito tecnológico suprimen la necesidad de luchar mediante las fuerzas armadas de
una nación para ganar guerras. En cambio, los sistemas más esenciales del adversario
pueden atacarse tanto mediante la utilización de misiles y bombas inteligentes, como a
través de la aplicación de nuevas clases de "armas de información", tales
como técnicas de piratería de sistemas o códigos maliciosos. Un segundo tipo de apoyo
operacional podría denominarse el "Paradigma Operacional de Ataque". Quienes
proponen este enfoque argumentan que las fuerzas armadas de una nación representan
todavía el centro de gravedad de un país; y, hasta que el ejército no es derrotado, no
se puede obtener la victoria. El problema que se les presenta a los partidarios de este
paradigma es de qué manera desarrollar y utilizar nuevos conceptos operacionales que
aprovechen las nuevas tecnologías a fin de derrotar a las fuerzas armadas de un
adversario.
EL PARADIGMA ESTRATEGICO DE ATAQUE
El Coronel John
Warden, uno de los principales planificadores de la campaña aérea de la Guerra del Golfo
y uno de los mejores pensadores estratégicos de la Fuerza Aérea, considera que todas las
organizaciones, incluyendo la nación-estado moderna, se componen de cinco sistemas
interdependientes. Warden los ordena en un modelo que consiste de aros concéntricos, con
el liderazgo del círculo del centro seguido, en orden, por "elementos esenciales del
sistema" (por ejemplo, comunicaciones), infraestructura, población y fuerzas de
campaña. Asimismo, Warden señala que cada uno de estos sistemas posee cinco subsistemas
similares, y a su vez cada uno de ellos tiene cinco subsistemas. Por lo tanto, dentro del
círculo que incluye a las "fuerzas de campaña" se encuentran: mando
subordinado, elementos esenciales del sistema, infraestructura, población y círculos
correspondientes a las fuerzas de campaña.
Históricamente,
la única forma de derrotar a un adversario era enfrentando en primer lugar el círculo
externo: su ejército. Sólo cuando era derrotado este círculo podían atacarse o
amenazar con atacar los diversos sistemas internos. Esto no sólo significaba enfrentar la
fuerza del enemigo y no su debilidad, sino también atacar los sistemas mediante una
estrategia secuencial, o como la denomina Warden una estrategia "serial". Por
otra parte, Warden manifiesta que el poderío aéreo moderno -combinado con sistemas de
información- permite a las fuerzas militares ignorar el poderoso círculo exterior del
enemigo y atacar en primer lugar los sistemas internos más vulnerables. De esta forma,
por ejemplo, en lugar de luchar a través del círculo militar de un adversario, el
atacante puede enfrentar directamente el sistema de mando. Warden sostiene además que
estos ataques pueden efectuarse casi simultáneamente, o en "paralelo", en lugar
de manera serial. El resultado de un ataque de este tipo sería "paralizar" al
enemigo.
"La idea de
una paralización es bastante simple. El enemigo es considerado como un sistema,
necesitamos identificar aquellas partes del sistema que podamos afectar de tal manera que
evitemos que el sistema haga lo que nosotros no queremos. Normalmente, el mejor lugar para
comenzar es el centro, pues si podemos evitar que la dirección del sistema recaude,
procese y utilice información que no deseamos que posea, habremos paralizado
efectivamente el sistema a nivel estratégico".
Debemos destacar
que el concepto operacional de Warden depende totalmente de la existencia de sistemas
modernos de información. Su modelo de círculos concéntricos se basa en el flujo de
información entre los diversos aros. Si una nación no pudiera comunicarse con sus
fuerzas de campaña, por ejemplo, no serviría de nada como adversario. Pero el concepto
operacional en sí mismo también depende de la información. El atacante debe poseer
información precisa y puntual sobre la posición de los objetivos dentro de los
círculos; los objetivos deben designarse con precisión; los ataques pueden efectuarse
sólo con municiones "inteligentes", etc. Si no se tiene la precisión que
deriva de los sistemas modernos de información, el enfoque de Warden en relación con la
guerra aérea en el siglo XXI sería imposible de implementar.
Un segundo
concepto operacional en apoyo al Paradigma Estratégico de Ataque es lo que podría
denominarse una "guerra estratégica de información". Quienes proponen este
concepto consideran que todas las naciones modernas dependen en gran medida de los flujos
de información, y por lo tanto de sus infraestructuras nacionales de información. Los
sistemas financieros, comerciales, industriales, militares, de transporte, de
telecomunicaciones y de generación de energía de un país dependen todos del flujo de
información puntual y eficiente. Asimismo, cada uno de estos sistemas depende de los
demás. Por ejemplo, el colapso de la red energética nacional provocaría la
interrupción de las redes de transporte (el petróleo generalmente es transportado a
largo de cañerías por medio de bombas eléctricas), la distribución de los alimentos se
hace problemática, los bancos quiebran, las industrias no producen, las ciudades se
tornan inhabitables, etc. De manera similar, si fuera atacado el sistema de
telecomunicaciones de una nación los sistemas financieros, comerciales, industriales y
militares no podrían funcionar eficientemente. La red energética también podría verse
afectada, ya que los componentes del sistema no podrían seguir trasladando energía desde
las áreas que poseen un exceso de energía hacia aquellas que lo necesitan. Atacar la
infraestructura de información de una nación, y a través de ello a la red energética,
podría provocar una devastación incalculable.
No es necesario
que estos ataques se efectúen con bombas, misiles o cualquier otro mecanismo mortal. Por
el contrario, la mayoría de los partidarios de la guerra estratégica de información
consideran que el ataque se lleva a cabo en el espacio cibernético con técnicas de
piratería de sistemas, caballos de Troya "computarizados", gusanos y virus,
además de los ataques terroristas ocasionales. Aunque pocos creen que en la actualidad un
ataque estratégico de información podría ser decisivo, hay quienes consideran que
poseen el potencial necesario para desempeñar un papel fundamental en conflictos futuros.
Puede apreciarse
claramente que el éxito de un ataque estratégico de información estará relacionado
directamente con la dependencia de un adversario en los flujos de información.
Posiblemente haber atacado al sistema financiero de Iraq durante la Guerra del Golfo no
hubiese sido decisivo; sin embargo, un ataque bien planeado, bien ejecutado y exitoso al
sistema financiero de los Estados Unidos podría haber cambiado el curso de la guerra.
Pero no es suficiente con que un adversario dependa de los flujos de información. Las
fuerzas aliadas deben tener información precisa, acceso al sistema, y la tecnología
necesaria para efectuar el ataque.
EL PARADIGMA OPERACIONAL DE ATAQUE
Por otro lado,
los partidarios del Paradigma Operacional de Ataque argumentan que la destrucción de las
fuerzas armadas del adversario continúa siendo la clave de la victoria estratégica.
Sostienen que si en algo fallaron los Aliados durante la Guerra del Golfo fue en no acabar
con el ejército iraquí. Existen al menos tres conceptos operacionales emergentes que
apoyen este Paradigma Operacional de Ataque.
El primero de
ellos podría denominarse "Desgaste de Precisión". Si mediante la utilización
de sofisticadas tecnologías de recopilación y procesamiento de información, las fuerzas
armadas de Estados Unidos pueden localizar e identificar todos los objetivos de
importancia militar en el campo de batalla, entonces lo único que importa es saber si el
comandante del teatro de operaciones cuenta con sistemas adecuados de ataque de
precisión, y si podría destruir los objetivos con la suficiente rapidez. Si el
comandante conociera la ubicación de cada combatiente, cada bombardero y cada avión de
apoyo logístico, si conociera la posición de cada tanque, cada vehículo de combate de
la infantería y cada pieza de artillería, y si pudiera localizar cada plataforma naval
terrestre, sumergida o aerotransportada, ¿por qué entonces una nación no podría
desarrollar la capacidad de destruirlos a todos mediante un solo ataque de precisión
integrado? Mientras que la noción de "guerra de desgaste" pueda no agradar
estéticamente a los profesionales militares, resulta atractiva para quienes consideran
que en la actualidad los estadounidenses están mucho menos dispuestos que en tiempos
pasados a arriesgarse a tener bajas. Asimismo, algunos historiadores argumentan que esto
concuerda con la predilección que tiene Estados Unidos por la guerra de desgaste.
Una perspectiva
operacional contrastante podría denominarse "La Guerra OODA-Loop". Defendida
principalmente por aquellos que consideran que la habilidad para utilizar el tiempo de
manera eficiente es tan importante en la Era de la Información como lo fue el empleo de
la masa en la Era Industrial, los partidarios de la Guerra "OODA-Loop" sostienen
que el comandante que pueda observar la situación, orientar su pensamiento y sus fuerzas,
decidir qué hacer, y actuar con sus fuerzas disponibles con mayor rapidez que su
adversario será el vencedor. Será capaz de atacar y destruir completamente cada uno de
los elementos subordinados antes de que el comandante enemigo pueda coordinar una
respuesta.
Para desarrollar
este tipo de capacidad se necesitaría, sin dudas, una conciencia situacional compartida
basada en información puntual y precisa sobre las fuerzas tanto aliadas como enemigas,
suministrada a la persona indicada en el momento indicado. Es aquí, por supuesto, donde
hacen su aparición los sistemas modernos de información. Los mecanismos de recopilación
de información permitirían al comandante observar y orientar las acciones con mayor
velocidad que su adversario; el poder de procesamiento lo ayudará a elegir uno de los
diversos cursos de acción posibles; los sistemas de difusión asegurarán que su visión
sea compartida por sus subordinados y que esté preparado para actuar en el momento
necesario. En síntesis, la Guerra OODA-Loop es, en varios sentidos, una competencia entre
sistemas de información.
Y existe todavía
un tercer método operacional de ataque denominado por su creador Jeffrey Cooper con el
nombre de "Operaciones Coherentes". Cooper señala que las tecnologías de
información permitieron efectivamente eliminar la "bruma de la guerra" que
tanto ha obstaculizado los intentos por coordinar las operaciones militares, y que
asimismo permiten a los comandantes comunicar sus propósitos con mayor eficiencia. Cooper
manifiesta que:
"La Revolución de la Información facilita o permite que se lleve a cabo una
Revolución Cognoscitiva; la verdadera revolución de la información no se basa en el
volumen de información accesible, sino en permitir los procesos cognoscitivos superiores
de un mejor conocimiento y un mejor entendimiento al mismo tiempo, los mismos adelantos
técnicos del tipo de las tecnologías también permiten flujos de información en tiempo
real significativamente superiores, que brindan una conciencia situacional a todos los elementos de la fuerza y proveen los medios
necesarios para comunicarse con todos los elementos de la fuerza y coordinarlos. La
combinación de la cognición y la coordinación puede proporcionar la coherencia que ha
faltado hasta el presente en la conducción de las operaciones militares".
Estos dos
paradigmas y todos los conceptos operacionales emergentes basados en ellos poseen una
serie de singulares ventajas y desventajas. Sin embargo, resulta más sorprendente que
todos posean dos cosas en común. En primer lugar, todos dependen de los flujos de
información. Si no tuvieran la habilidad para utilizar la información libremente,
ninguno de los conceptos operacionales descriptos funcionaría. Como las fuerzas de
Estados Unidos sustituyen el flujo de información por el flujo de tropas, deben estar
creando un "centro de gravedad" para las fuerzas armadas de Estados Unidos.
En relación a
ello, todos estos conceptos operacionales describen diversas maneras en que un poder de la
Era de la Información puede derrotar una nación que se encuentra todavía en la Era
Industrial. El modelo de Warden es útil para describir un ataque contra Iraq, pero
¿cómo funcionaría contra países de la Era de la Información como China, Rusia, Japón
o inclusive un país como los Estados Unidos? E1 concepto de la Guerra Estratégica de
Información no sólo ignora la vulnerabilidad extrema de los Estados Unidos hacia una
contraofensiva, sino también, más importante aún, las implicancias de la
globalización. ¿Cómo podría atacarse el sistema financiero de una potencia de la Era
de la Información sin atacar al mismo tiempo el sistema financiero mundial como un todo?.
El paradigma
operacional de ataque posee defectos similares. Aunque el "Desgaste de
Precisión", la "Guerra OODALoop" y las "Operaciones Coherentes"
puedan funcionar bien contra los ejércitos emergentes de segunda ola, ¿qué pasaría si
Estados Unidos se enfrentara con un "par de la información"? Si un adversario
tuviera una conciencia del espacio de batalla tan perfecta como la que poseen las fuerzas
de Estados Unidos, ¿qué pasaría con la noción de "Desgaste de Precisión"?
¿E1 vencedor sería aquél que haya atacado primero? ¿O aquél que haya tenido mayor
cantidad de armas? Si un par de la información de Estados Unidos fuera experto en la
"Guerra OODA-Loop" y estuviera tan resuelto a retrasar el círculo de decisión
de Estados Unidos como éstos a atacar el de aquél, ¿quién vencería? Si un enemigo
organizara un ejército con las suficientes capacidades cognoscitivas y de comunicación
como para desarrollar Operaciones Coherentes, ¿qué bando estaría en posición de
ventaja? Si sus partidarios están en lo cierto, y el "Desgaste de Precisión",
la "Guerra OODA-Loop" y las "Operaciones Coherentes" son distintos
enfoques potencialmente revolucionarios del conflicto militar y constituyen una
herramienta para vencer en la guerra, ¿es posible que Estados Unidos sean derrotados en
el futuro por un par competidor de la información?
Quienes han
analizado las respuestas a esta pregunta consideran que en el futuro previsible ninguna
nación podría desarrollar una fuerza armada tan eficaz como el ejército de Estados
Unidos. Posiblemente, pero teniendo en cuenta su dependencia en la tecnología existente,
¿puede Estados Unidos estar seguro de que sus armas serán superiores a las de un
adversario que quizá esté adquiriendo la misma tecnología?. Debemos considerar
específicamente:
* El acceso universal al Sistema de Posicionamiento Mundial (GPS)
* La resolución menor de lm de las imágenes satelitales comerciales.
* El alcance universal con ancho de banda alto de las nuevas constelaciones de
comunicación satelital.
* La mayor disponibilidad de tecnología de supercomputadoras.
* La voluntad de Rusia, China y otros tantos países de vender armamento de alta
tecnología en el mercado mundial de armas.
* Los escasos recursos que se necesitan para producir armas biológicas, químicas y de
información en la era moderna. Después de todo, un vendedor de computadoras de Pakistán
fue quien diseñó el primer virus de computadoras "liberado al ambiente".
* Los trabajos iniciales referidos al impacto potencialmente revolucionario de la nueva
tecnología sobre la guerra se realizaron en la Unión Soviética a comienzos de los años
ochenta, no en Estados Unidos.
Algunas
autoridades han sugerido que probablemente el enfrentamiento entre pares de la Era de la
Información -donde los dos bandos poseen fuerzas iguales y un conocimiento exhaustivo del
espacio de guerra- tenga algunas de las características de una partida de ajedrez. En
este juego, normalmente quien gana es el mejor jugador. La implicación que tiene esta
línea de pensamiento es clara: debemos entrenar a nuestros líderes en todos los niveles
a fin de que comprendan el combate en la Era de la Información mejor que sus oponentes.
Mientras que algunos cuestionarían la importancia de entrenar y educar más y mejor a
nuestros líderes militares, la analogía con el ajedrez tiene un defecto, ya que en la
guerra "vale todo", y en el ajedrez se deben obedecer las reglas. ¿Qué
sucedería si fuera posible colocar una pantalla entre su oponente y el tablero de tal
manera que le impida ver determinadas casillas? Si usted pudiera hacerlo, podría ganar
cómodamente y con muchas menos piezas. ¿Qué sucedería si fuera posible hacer que las
piezas del tablero parecieran estar en diferentes posiciones de las que ocupan realmente,
de tal forma que su oponente tenga una visión errónea de la situación e intensidad de
la partida? ¿Qué pasaría si un jugador pudiera mover las piezas lo más rápido
posible, sin esperar la respuesta de su oponente? Más allá de que vayan claramente en
contra de las reglas del ajedrez, estos esfuerzos por impedir o distorsionar la visión
que tiene el adversario del espacio de guerra son flechas en el carcaj del guerrero de la
Era de la Información.
GUERRA DE INFORMACION
Como resultado,
una de las cuestiones principales de la guerra en la Era de la Información será el
intento por controlar, quizá incluso por dominar, el ámbito de la información. Ambas
partes intentarán reducir al adversario al equivalente de un poder de la Era Industrial,
eliminando su habilidad para recabar, procesar, almacenar y difundir la información.
Tratarán de impedir que el enemigo goce de las ventajas de fuerza, tiempo y espacio que
se generan con la utilización de las modernas tecnologías de información. Haciendo esto
estarán intentando reducir el espacio de guerra para que el oponente no pueda utilizar
sus sistemas de ataque de precisión de gran alcance; tratarán de aumentar la cantidad de
tiempo que tarda el enemigo en tomar decisiones y ejecutar las operaciones; e intentarán
impedirle la utilización de misiles de crucero y municiones inteligentes que se apoyan en
los flujos de información, forzando al enemigo a depender sólo de sus tanques, barcos y
aviones, que son todos vulnerables al ataque.
En el espacio
físico la lucha por obtener una ventaja de información se librará con bombas y
municiones, en el espacio cibernético con piratas informáticos, y en el "espacio
mental" con operaciones engañosas y sicológicas. Ambas partes tratarán de privar a
sus oponentes de los recursos necesarios para implementar el "Desgaste de
Precisión", la "Guerra OODA-Loop", las "Operaciones Coherentes",
el modelo bélico de Carden de adentro hacia afuera, o aún los frutos de la guerra
estratégica de información. El conflicto en el espacio de la información requerirá que
las fuerzas aliadas no sólo sean capaces de atacar los sistemas de información del
enemigo, sino también de defender sus propios sistemas.
Algunos sostienen
que en la guerra siempre ha sido importante la lucha por obtener el mayor terreno de
información y que atacar el sistema de información de un enemigo no es nada nuevo. Pero
tal argumento es como sugerir que las armas nucleares no son más que grandes explosivos,
que los misiles teledirigidos no son más que simples aviones no piloteados, o que los
aeronautas de la Guerra Civil conocían los principios y las implicaciones del control del
espacio aéreo sobre el campo de batalla. Aunque a un cierto nivel de abstracción estos
argumentos pueden ser correctos, son también irrelevantes. La utilización, confianza y
consecuente dependencia de la información y sistemas de información en los conflictos
militares modernos ha generado un nuevo ámbito para la competencia: el ámbito de la
información. En este contexto, la Guerra de Información está convirtiéndose
rápidamente en un nuevo método de conflicto, en un medio nuevo con implicaciones
revolucionarias.
Soldados,
marineros y aviadores responsables han reconocido la naturaleza crítica del nuevo espacio
de información. El Almirante David E. Jeremiah, ex Subjefe del Estado Mayor Conjunto, ha
señalado que en el futuro "la Dominación Mundial la alcanzarán aquellos que
comprendan con mayor claridad la función de la información y del poder de conocimiento
que fluye a partir de ella." El Coronel James McLendon de la Fuerza Aérea escribió
que "la Guerra de Información agrega una cuarta dimensión de guerra a las de aire,
tierra y mar. En esta nueva dimensión, debemos ocupar la delantera." Y el General
Ronald Fogleman, Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, ha sugerido que:
"...esta explosión de información... señala que estamos atravesando una nueva
frontera. La información tiene una influencia ascendente y trascendente, para nuestra
sociedad y nuestras fuerzas militares. De tal manera, considero que es apropiado denominar
a las operaciones de información como la quinta dimensión de la guerra. Dominar este
espectro de la información será crítico para obtener el éxito militar en el
futuro."
Por lo tanto en
el futuro, sin dudas las fuerzas militares dependerán de la información mucho más que
en el pasado. También es evidente que en el futuro el conflicto en el espacio de
información -que los analistas han denominado "Guerra de Información"- será
un elemento fundamental en los conflictos militares. Pero ¿qué es exactamente la Guerra
de Información? ¿Qué implica? ¿Qué debemos pensar al respecto?.
Al tratar de
comprender la Guerra de Información uno de los tantos problemas que se nos presenta es la
ausencia de una definición de aceptación generalizada. Mientras que algunos sostienen
que no se necesita una definición exacta, Martin Libicki de la Universidad de Defensa
Nacional está en desacuerdo.
"Clarificar
las cuestiones es más que una sutileza académica. Un aspecto de la guerra de
información, defendido quizá por un solo grupo, asume la función de todo el concepto,
por lo que su importancia pasa a ser demasiado exagerada.
Además, una
definición demasiado amplia hace imposible descubrir cualquier otro tipo de hilo
conceptual más que el obvio (que la guerra de información implica información y
guerra), mientras que una definición más acotada podría revelar algún otro. Asimismo,
la inferencia poco confiable que deriva de un conjunto inexacto lleva a la conclusión de
que Estados Unidos puede y debe asegurar su dominación en la guerra de información, que
goza actualmente en la guerra aérea, como si estos dos ámbitos pudieran
compararse."
La Guerra de
Información se ha convertido en víctima de cada uno de los peligros que Libicki ha
identificado. En el Ministerio de Defensa hay quienes consideran que la Guerra de
Información no es más que lo que Libicki denomina "la guerra de la piratería
informática" y otros creen que es sólo "una nueva forma de guerra
psicológica." Asimismo, algunos han señalado que debido a que la información y las
percepciones se encuentran en el corazón mismo del conflicto militar, la guerra de
información abarca todo. Como resultado de ello, casi no tiene significado. Finalmente,
aunque existen algunas analogías útiles entre la guerra aérea y la Guerra de
Información, en ciertas áreas la analogía no es aplicable. Los espacios cibernético y
perceptual no son iguales al espacio aéreo; mientras que la "dominación" puede
tener sentido en uno de ellos, en el otro puede que no resulte ser un objetivo factible o
inclusive útil.
La clave para
comprender la Guerra de Información implica darse cuenta de que la gente analiza el
término "información" de manera diferente. Para un comandante, la información
es aquello que le da el personal; para un ingeniero en sistemas, la información es
aquello que fluye dentro de los sistemas informáticos; para un analista de la
información, es el acceso al proceso de información. Si no se tiene una comprensión
generalizada del término "información", la Guerra de Información no significa
más que lo que cada analista en particular quiera que signifique. En lo que se
transformará en una obra fundamental para la discusión sobre la relación existente
entre la información por un lado, y el poder por el otro, John Arquilla identifica varios
significados distintos asociados con la palabra "información", dos de los
cuales al menos, tienen sentido para los estudiantes de la RAM en general, y la Guerra de
Información en particular.
El significado
más antiguo y tradicional del término información lo identifica simplemente como un
mensaje. "Reducido a sus características esenciales, considera la información como
un mensaje o señal inmaterial con un significado (o al menos un contenido reconocible) y
que puede transmitirse desde un emisor a un receptor. Este tipo de información
considerada como mensaje es, por ejemplo, lo que los sensores transmiten a los operadores,
lo que el personal transmite a sus comandantes, o lo que los comandantes transmiten a sus
subordinados en términos de órdenes o instrucciones. En base a mensajes provenientes de
éstas y otras tantas fuentes, los comandantes y los operadores se formulan una visión de
la situación y actúan en consecuencia.
Al interferir en
estos mensajes, las fuerzas aliadas podrían influir en las percepciones, y por lo tanto
en las acciones de su adversario. Las operaciones engañosas son, por supuesto, tan
antiguas como la guerra misma. Pero en una era en la que los comandantes dependen tanto
del flujo de información para tomar decisiones, orientar sus armas, y comunicarse con sus
fuerzas, las operaciones engañosas podrían comenzar a ser mucho más importantes de lo
que lo fueron históricamente. La naturaleza de las operaciones engañosas también ha
cambiado en la Era de la Información. En el pasado, las fuerzas que intentaban engañar
al enemigo debían crear una realidad para que el enemigo la descubriera. Por ejemplo,
esto sucedió durante la Segunda Guerra Mundial cuando los Aliados construyeron un
ejército falso con tanques inflables y simularon un tráfico de comunicaciones radiales.
Sin embargo, el advenimiento de la Era de la Información presenta nuevas oportunidades.
En las bases de información del enemigo, o en el flujo de información entre un satélite
y su estación terrestre. Existen numerosos sitios que el talentoso guerrero de la
información podría agregar o quitar del sistema de información del enemigo con el
objeto de modificar la visión de la realidad del adversario.
En un ámbito
rico en información, los comandantes no son los únicos que toman decisiones. Los
soldados toman decisiones todos los días, por ejemplo, en cuanto a si deben permanecer en
el lugar y luchar o emprender la retirada. Lo hacen basados en sus percepciones:
percepciones sobre el mérito de su causa, la competencia de sus comandantes, las
actitudes de sus compañeros y otros cientos de factores. Por supuesto, el objetivo de las
operaciones psicológicas es influir en estas percepciones modificando la información que
reciben los soldados de primera línea. Como lo demostró la Guerra del Golfo, aún los
panfletos pueden resultar una valiosa fuente de operaciones psicológicas. Pero a medida
que los soldados de primera línea tengan acceso a más y más fuentes de información, y
a medida que esas fuentes sean cada vez más y más vulnerables a ser modificadas por el
enemigo, las operaciones psicológicas comenzarán a jugar un papel más importante en las
operaciones militares.
Un segundo
enfoque del término "información" se refiere no al mensaje en sí mismo, sino
al sistema a través del cual se envían los mensajes. En lo que se ha convertido en una
obra clásica sobre la teoría de la información, Norbert Weiner señala que "...la
cantidad de información de un sistema constituye la medida de su grado de
organización". Como lo señalan Arquilla y Ronfeldt, otros analistas han seguido
este enfoque comparando la "información con la organización, el orden, y la
estructura". De acuerdo con este punto de vista, el contenido de un determinado
mensaje es menos importante que el medio a través del cual se transmite el mensaje. Si
existe una estructura de información para que el mensaje pase a través de ella, entonces
existe una organización. Si no existe la estructura, no existe ninguna organización, y
en realidad reina la entropía.
Para demostrar
cómo se aplica este enfoque de la información a la Guerra de Información, imaginemos el
organigrama estándar de cualquier organización, ya sea una empresa comercial, una
burocracia civil o una fuerza militar. Las líneas que conectan los diferentes casilleros
representan los flujos de información. El personal utiliza estas líneas para comunicarse
con otras áreas de personal y con sus directores o comandantes; los líderes las utilizan
para comunicarse tanto con sus subordinados como con sus superiores, etc. Ahora imaginemos
por un instante que estas líneas -estos canales de comunicación- son interrumpidas. La
cohesión de la organización comienza a desgastarse y su habilidad para responder de
manera coordinada disminuye. En efecto, si uno pudiera detener el flujo de toda la
información, la organización como entidad dejaría de existir. Si dentro de una
suborganización nadie puede comunicarse con sus pares, superiores o subordinados,
reinará la confusión.
Al interferir
deliberadamente en los flujos de información, el guerrero de la información puede
degradar la cohesión de organizaciones enemigas e impedir que los comandantes enemigos
coordinen sus fuerzas. Las fuerzas aliadas pueden concentrarse en un elemento enemigo por
vez, sabiendo que el adversario no puede enviar refuerzos. En varios sentidos, esta fue la
técnica que las fuerzas de la Coalición utilizaron durante la Guerra del Golfo. Debido a
que los Aliados habían negado, degradado, destruido e interrumpido con éxito los canales
de información de Iraq, los comandantes enemigos no podían recibir informes o
instrucciones de los cuarteles superiores, no podían recibir informes de sus unidades de
primera línea, ni tampoco podían dirigir las acciones de sus fuerzas delanteras. En
síntesis, debido a la ausencia de flujos de información entre las unidades de Iraq, las
fuerzas de Bagdad de primera línea no constituían un ejército. Eran, por el contrario,
unidades individuales vulnerables a ser destruidas en su totalidad.
Para conocer a su
adversario, las organizaciones de inteligencia pueden utilizar tanto la noción de
información-mensaje como la de información-medio. Interceptando mensajes, la
inteligencia aliada puede aportar gran información acerca de las capacidades e
intenciones del enemigo. Reconociendo la importancia de la información como medio, las
organizaciones de inteligencia pueden identificar la posición de las fuerzas enemigas y
conocer los métodos de guerra del enemigo. Ambas funciones han jugado un significativo
papel en la guerra. En un ámbito rico en información, serán aún más importantes.
Mientras que la Comunidad de Inteligencia se opone generalmente a agrupar este tipo de
información bajo el nombre de "guerra de información", el aprovechamiento de
los flujos de información del enemigo debe ser parte integral de la Guerra de
Información por diversas razones prácticas.
En una guerra de
información no sería funcional atacar un cuartel cuyas frecuencias hayan sido
descubiertas, sus códigos descifrados, y sus líneas telefónicas intervenidas. Este fue
siempre un problema potencial en la guerra, pero con una campaña dirigida íntegramente a
influir en las capacidades de información del enemigo, el peligro es mucho mayor en un
ambiente en el cual se esté librando la Guerra de Información. Los operadores y
oficiales de inteligencia necesitan planear juntos la campaña. No sólo el oficial de
inteligencia debe intentar preservar sus fuentes más provechosas, sino que además el
operador debe ser capaz de ayudar a la fuerza de inteligencia, eliminando ciertos medios
de comunicación, forzando al enemigo a utilizar canales que las fuerzas aliadas puedan
monitorear con mayor facilidad. Durante la Guerra del Golfo, las fuerzas aliadas hicieron
todo lo posible para destruir las líneas terrestres que unían Bagdad con el frente de
batalla. El objetivo era forzar al Alto Mando iraquí a utilizar las ondas aéreas donde
Estados Unidos podía monitorear el tráfico de un lado a otro.
Por lo
tanto, en cierta medida existen tres tipos de Guerra de Información. La Guerra de
Información de Tipo I consiste en manejar las percepciones del enemigo mediante
operaciones engañosas, operaciones psicológicas, lo que el Estado Mayor Conjunto
denomina "Proyección de la Verdad", y diversas otras técnicas. Al mismo
tiempo, uno debe protegerse de los esfuerzos del enemigo por manejar las percepciones.
Incluso un adversario como Saddam Hussein consiguió efectuar algunos golpes maestros
engañosos contra las fuerzas de la Coalición durante la Tormenta del Desierto. La Guerra
de Información de Tipo II consiste en negar, destruir, degradar o distorsionar los flujos
de información del enemigo con el objeto de desbaratar sus organizaciones y limitar su
habilidad para coordinar las operaciones. Este tipo de guerra de información puede
librarse utilizando bombas y municiones para destruir los cuarteles y los centros de
comunicaciones, con perturbadores electrónicos y otros instrumentos de guerra
electrónicos que sirvan para interrumpir el flujo de información, con
"hackers" que puedan ingresar en los sistemas de información o insertar
códigos maliciosos en las redes, o cualquier otra clase de técnicas diseñadas con el
objeto de negar información o funciones de información a quienes lo necesiten. La Guerra
de Información de Tipo III reúne información aprovechando la utilización del enemigo
de sus sistemas de información. Sin embargo, proteger los sistemas de información de las
fuerzas aliadas del aprovechamiento de otras organizaciones de inteligencia puede ser un
desafío mucho mayor.
Aunque casi todas
las naciones poseen alguna capacidad para conducir la Guerra de Información, el
enfrentamiento con un "par de la información" emergente puede ser sumamente
complicado. En un ámbito en el que un adversario posea una capacidad de sensores,
procesamiento y comunicación similar a la de Estados Unidos, la habilidad para conducir
la Guerra de Información de Tipo I -manipular la percepción del espacio de guerra del
enemigo- será fundamentalmente crítica. El éxito en la Guerra de Información de Tipo I
permitirá que las fuerzas aliadas se movilicen en el espacio de guerra sin ser vistas,
posiblitando la conducción de operaciones engañosas, y sembrando confusión a nivel
general. Aunque las tecnologías y los nuevos sistemas militares serán importantes en
este esfuerzo, también pueden ser necesarios nuevos conceptos operacionales que permitan
una mayor dispersión y alienten medidas engañosas tanto a nivel táctico como
operacional y estratégico. Pero así como estas técnicas defensivas serán cada vez más
y más importantes, también lo será la habilidad para "ver a través" de los
esfuerzos engañosos del enemigo. Quien resulte vencedor en esta contienda entre
"quienes ocultan" y "quienes encuentran", adquirirá una
extraordinaria ventaja en el futuro espacio de guerra.
De manera
similar, en el ámbito de información emergente, probablemente los competidores
emprenderán operaciones psicológicas mucho más sofisticadas que en el pasado. Por
ejemplo, los oponentes de Estados Unidos podrán acceder, a través de la CNN y otras
organizaciones internacionales de noticias, a alguna de las tecnologías de comunicaciones
mejores del mundo. Podrán transmitir información y mensajes al frente civil
estadounidense, como así también a los soldados, marineros, aviadores y marines de
"primera línea" con la velocidad de la luz. Desprovistas de la habilidad para
responder a estos mensajes, o de algún tipo de "capacidad de operaciones
contra-psicológicas", las fuerzas de Estados Unidos pueden ser muy vulnerables a
esta clase de ataque. Aún cuando el adversario no pueda ejecutar una operación capaz de
influenciar a los combatientes de Estados Unidos, quizá pueda lograr todavía un mayor
impacto atacando las percepciones en el CONOS mismo. Por cierto, varios oponentes han
señalado que consideran que las percepciones públicas son el Talón de Aquiles de
Estados Unidos. La habilidad para ejecutar las operaciones de la Guerra de Información de
Tipo I -tanto de manera ofensiva como defensiva- será la clave fundamental de las
operaciones militares en el futuro.
Aunque el debate
entre los partidarios de la Guerra de Información se centra con frecuencia en el efecto
potencial que tienen sobre un adversario las capacidades ofensivas de Estados Unidos del
Tipo II, quizá sea más importante el impacto de los ataques enemigos en la
Infraestructura Defensiva de Información. A medida que las fuerzas militares de Estados
Unidos dependan más y más del flujo de información, las fuerzas aliadas serán cada vez
más vulnerables a un intento enemigo por interferir en ese flujo de información mediante
la negación, destrucción, degradación, o distensión de algunos de sus segmentos.
Teniendo en cuenta la existencia de una importante cantidad de información fluyendo a
través de redes no aseguradas, un armamento de avance cada vez más dependiente de los
flujos de información del CONOS, fuerzas que dependen de sistemas de recopilación de
información procesada y centralizada, y logísticas dependientes del funcionamiento
continuo de la Red Pública Civil, el Ministerio de Defensa debe controlar la
vulnerabilidad no sólo de las redes, sino también de la fuerza que se propone enviar en
caso de riesgo. Interrumpiendo estos flujos de información, un adversario podría poner
en peligro a las fuerzas de Estados Unidos antes de que éstas hayan podido siquiera
disparar.
En general, los
analistas consideran que la habilidad del enemigo para llevar adelante la Guerra de
Información de Tipo II a nivel táctico y operacional se basa en la utilización de
perturbadores u otras técnicas de guerra electrónica, y en la destrucción física de
cuarteles y otros centros de comunicaciones. Se han tenido muy poco en cuenta los efectos
que podría tener un intento por interrumpir los flujos de información a nivel
estratégico-militar. Sin embargo, no existe seguridad alguna de que un enemigo permita a
Estados Unidos mantener un "santuario de información" en la zona continental de
Estados Unidos. Ciertamente, algunos analistas han sugerido que, "Una clara
implicación de la guerra en el 2015 es que casi cualquier enemigo intentará degradar los
sistemas de información de Estados Unidos." Al atacar la Infraestructura Nacional de
Información, no sólo un enemigo podría privar al ejército de Estados Unidos de su
utilización, sino que además un ataque exitoso también podría dañar severamente la
economía de Estados Unidos y sacudir su organización politica.
En tiempos de
guerra, la Guerra de Información de Tipo III puede resultar crítica para el éxito, tal
como quedó demostrado durante la Guerra del Golfo. Diversos medios técnicos nacionales
de Estados Unidos para recabar información, el RC135 Rivet Joint, y varios otros sistemas
ELINT fueron cruciales para el éxito de los Aliados. Pero el aprovechamiento de los
flujos de información no se limita sólo a los tiempos de guerra. Esto sucede todos los
dias, ya que Estados Unidos y otros organismos de inteligencia extranjeros tratan de
conocer las capacidades militares de otros, su organización de guerra y sus propósitos.
Ni tampoco ocurre siempre dentro del dominio militar. La penetración extranjera en las
redes que contienen información sobre investigación y desarrollo de empresas
estadounidenses puede ser de estratégica utilidad para los adversarios, así como
también las bases de datos que contienen información sobre los esfuerzos en materia de
mercado internacional y planes futuros de fijación de precios de contratistas de defensa.
Aunque la Guerra
de Información de Tipo I, Tipo II y Tipo III es crítica para las fuerzas militares que
actúan en tiempos de conflicto en un ámbito rico en información, puede tener lugar a lo
largo del espectro de operaciones, que va desde la competencia diaria en tiempos de paz,
hasta todo tipo de operaciones excepto la guerra ("Operations Other Than War"
-OOTW-), o los conflictos militares propiamente dichos. En el dominio militar, puede
generar actividad en los tres niveles de guerra: táctico, operacional y estratégico. A
medida que Estados Unidos y otros ejércitos dependan más y más de los sistemas de
información, se volverán cada vez más vulnerables. Puede ser cierto que mientras en la
actualidad la guerra de información es un accesorio útil en la conducción de las
operaciones militares, en el futuro será condición sine gua non de la guerra: una
nación sin capacidad de Guerra de Información será una nación sin capacidad militar.
Por supuesto,
además de ello, la Guerra de Información puede apuntar también a sistemas a nivel
nacional que no estén conectados directamente con el ejército, tales como la opinión
pública, la infraestructura nacional de información, u organizaciones comerciales con
nuevas investigaciones de alta tecnología en sus bases de datos.
En primer lugar,
está claro que la Guerra de Información no se limitará al dominio militar. Asi como el
poderío aéreo sometió al territorio de los beligerantes a la destrucción desde el
aire, la Guerra de Información somete a paises al ataque a través del espacio perceptual
y el espacio cibernético. Los ataques al espacio nacional de información tendrán el
doble efecto de desgastar las capacidades militares y de atacar la voluntad nacional. Una
nación cuyo sistema bancario haya sido amenazado de manera creíble, o cuyo sistema
financiero se haya derrumbado, puede no estar dispuesta a perseguir objetivos
estratégicos en el exterior. Si el ejército es o no responsable de la defensa del
espacio nacional de información es motivo de debate, un debate que debe realizarse lo
antes posible. En este momento, nadie es responsable.
En segundo lugar,
respecto de la Guerra de Información, los analistas deben incluir en cada una de las
celdas individuales tanto las capacidades como las vuinerabilidades de una nación.
Mientras que puede ser más fácil y más consistente con el carácter militar organizar
la conducción de una Guerra de Información ofensiva, es mucho más importante tener la
capacidad para defender el espacio de información propio. En tanto que seria posible
encargar a las Fuerzas Armadas la protección de todos los nuevos sistemas de información
que están desarrollando, sería claramente imposible proteger, sin que ello demandara un
gasto de miles de millones de dólares, aquellos sistemas legales que tendrá la nación
durante los próximos treinta o cuarenta años. Como resultado, las fuerzas militares de
Estados Unidos deberán modificar su manera de negociar -sus conceptos operacionales- para
reducir las vulnerabilidades.
Tercero, aunque
se haga referencia únicamente a la Guerra de Información a nivel nacional, las fuerzas
subnacionales -incluyendo grupos terroristas- ya emplean técnicas ordinarias de la Guerra
de Información. Si desarrollaran un enfoque más sofisticado de la materia, su impacto
sobre la nación sería desproporcionado en relación con el número de hombres.
Por último, una
advertencia. Un sofisticado ataque de información de Tipo I contra la voluntad nacional
de Estados Unidos afectaría las percepciones dentro del ejército. Por lo tanto, la
matriz de la Guerra de Información no es una panacea. Está designada principalmente para
demostrar la extensión de la guerra de información como así también para suprimir las
zonas de combate que no correspondan.
CONCLUSIONES
Parece claro que
la combinación de nuevas tecnologías y los sistemas militares desarrollados a partir de
ellas han modificado profundamente el espacio de guerra. Reconociendo estos cambios, los
analistas han propuesto una cantidad de conceptos operacionales alternativos tanto a nivel
estratégico como a nivel operacional de la guerra. Sin embargo, cada uno de estos
conceptos operacionales y muchos otros que todavía no han sido analizados, dependen de la
posesión de una ventaja de información sobre el adversario. Creer que todos los futuros
adversarios de Estados Unidos les permitirán actuar sin problemas en el espacio de
información -que no desarrollarán sus propias capacidades de información, o que no
emplearán técnicas ofensivas para luchar por el control del espacio de información- es
un camino muy peligroso. No debería dudarse de que los futuros adversarios desarrollarán
capacidades militares de información y sistemas de sistemas que competirán con los de
Estados Unidos. No debería dudarse de que los componentes del sistema de sistemas
emergente serán objetivos de la Guerra de Información ofensiva. Los futuros adversarios
lucharán por obtener el control del espacio de información en el teatro de operaciones,
como así también en Estados Unidos. Este combate tendrá lugar en el espacio físico, en
el espacio cibernético y en el espacio perceptual. El objetivo de ambas partes será
obtener una ventaja de información que puedan utilizar como medio eficaz para lograr
beneficios estratégicos.
Asi como las
fuerzas armadas de Estados Unidos analizan las implicancias de la venidera RAM, es
importantísimo que reconozcan el papel que desempeñará la información en la guerra
futura. Las fuerzas armadas deben desarrollar conceptos operacionales y estructuras
organizativas que les permitan no sólo ser capaces de luchar a fin de obtener la
superioridad en este nuevo ámbito, sino también poseer la habilidad suficiente para
combatir en ese ámbito, tomando ventaja de los errores que el enemigo cometa en el
espacio de información y aprovechando las victorias de las fuerzas aliadas. Para alcanzar
este objetivo, deben buscar detenidamente métodos para librar la guerra de información,
pero también para aprovechar las ventajas obtenidas por los guerreros de información.
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