WIN SCHWARTAU, Estados Unidos
El modelo horizontal de las relaciones que se desencadenan en las autopistas informáticas
pone en cuestión la estructura jerárquica de los Estados-nación
En 1990, el entonces senador Albert Gore anunció que la Super-autopista de la
Información era el camino al futuro, lleno de increíbles oportunidades. Así surgió una
visión utópica que ignoraba los baches en el sistema mundial de autopistas denominado
Internet. Desde entonces la Red ha modificado imprevisiblemente nuestro clima político y
económico. Sin embargo, un buen número de estos cambios han sido desencadenados por el
comportamiento de los piratas informáticos, y de los criminales y terroristas
cibernéticos, que se han aprovechado de la vulnerabilidad de la nueva situación.
Hoy día, aún hablamos del futuro en términos de oportunidades, pero son muchos los
retos que acechan, amenazando con descarrilar este tren electrónico lanzado a toda
velocidad hacia el siglo XXI. ¿Por cuanto tiempo podremos seguir acelerando antes de que
se produzca una desestabilización paralizante?
1. El mundo es una esfera tridimensional, organizada jerárquicamente, y estructurada por
un grupo de ejecutivos, en la que los de la cúspide dirigen a los que ocupan las zonas
intermedia y baja de la pirámide. Internet, en cambio, es una sociedad plana, organizada
sin jerarquías, donde las posibilidades infinitas de conexión han hecho que todos seamos
iguales.
¿Cómo pueden coexistir estas dos concepciones sociales opuestas? Con gran dificultad. La
estructura militar es jerárquica, mientras que los grupos guerrilleros y terroristas son
sociedades planas con líderes a distancia. Sin embargo, la sociedad está siguiendo este
último camino, a medida que la industria y el Gobierno fomentan la distribución del
poder. Se precisan mayores cotas de introspección, de perspectiva histórica y de control
de poder para efectuar una transición gradual hacia una sociedad plana.
2. La mayor amenaza a la que nos enfrentamos hoy en Internet no es la violación de la
confidencialidad, ni tampoco la alteración intencionada o fortuita de datos, sino la
negación de los servicios, cuando, de pronto, los esenciales mecanismos de soporte
técnico no se hallan disponibles. ¿Qué le ocurriría a un ejército que no pudiera
luchar debido a una falta de aprovisionamiento de las tropas?
Los grupos bancarios se están pasando rápidamente al comercio electrónico al por menor.
Las oficinas bancarias tienden a desaparecer y, hacia el año 2002, el 50 % de nuestras
sucursales bancarias serán historia. El dinero en efectivo será algo chabacano y las
tarjetas de operaciones de valor acumulado implicarán un riesgo añadido. Cuanto más
dependemos de las infraestructuras electrónicas, más aumenta nuestra vulnerabilidad. La
negación de servicios nos afecta a todos, lo mismo en Nueva York, en Taipei, en Londres o
en Sao Paulo. Todos estamos en el mismo barco.
3. En 1869, los ferrocarriles norteamericanos enlazaron por fin las costas Este y Oeste.
Posteriormente, la Western Union instaló sus postes telegráficos junto a las vías
férreas. A su vez, la incipiente AT&T añadió su servicio telefónico, basándose en
las mismas rutas geográficas.
Todas las comunicaciones entre Nueva York e Israel se encaminan a través de una sola
localización física. ¿Dónde se encuentra ubicada? La respuesta es: en Palermo,
Sicilia. La explicación es que, por razones históricas y de topología, Palermo
constituye un nexo muy atractivo para los cables de comunicaciones submarinos. En Europa,
Francfort es el objetivo perfecto para un ataque cibernético, ya que se ha convertido en
el eje central de comunicaciones y transporte ferroviario y aéreo, así como de
intercambio financiero.
Las rutas decisivas del comercio electrónico siguen hoy las mismas trayectorias que los
romanos hace 2.500 años. El futuro del continente chino se basa en caminos establecidos
hace milenios. La banca norteamericana depende de unos cables de hilos de silicio sujetos
a un diminuto pueblo de Irlanda. Por consiguiente, podemos descubrir la trayectoria diaria
exacta de millones de millones de dólares en dinero electrónico.
4. La práctica pérdida de intimidad supone una realidad a la que muchos países todavía
han de plantar cara. El síndrome de pulsar un botón para obtener una respuesta deposita
una confianza ciega en la respuesta. No tardaremos en descubrir que la lenta invasión
tecnológica ha provocado un cortacircuito en nuestra capacidad para devolver la intimidad
a los ciudadanos de una nación. Este fenómeno provocará reacciones negativas y la
posibilidad de una actitud civil de desobediencia cibernética.
5. Estas nuevas circunstancias comportarán el decline de los Estados-nación. Las
fronteras físicas perderán su significado y el comercio se convertirá en el medio de
poder, con el factor militar como último recurso. Los Estados-nación también podrían
ser relegados a una condición de segunda, como supervisores de las estructuras físicas.
Más de 200 Estados-nación habrán de adaptarse a un futuro global, al tiempo que
tendrán que protegerse a sí mismos y combinar la convivencia nacional con sus propios
objetivos.
6. ¿Cómo podrá el sector militar encontrar una razón de ser, ahora que los conflictos
convencionales carecen de sentido práctico? ¿Cómo pueden convertirse en los guardianes
del ciberespacio y de la riqueza intelectual nacional? ¿Cómo podrán las Cibernaciones
Unidas ocupar el puesto de supervisor mundial?
Los ejércitos deberán protegerse a sí mismos a pesar de unas restricciones
presupuestarias estrictas. ¿Se inventarán una amenaza recurriendo a su modelo
jerárquico como única solución viable? Las respuestas no son tan evidentes. La pérdida
de intimidad, la distribución del poder entre millones de individuos, el conflicto entre
las organizaciones sociales y nuestra inmerecida confianza en unas infraestructuras
susceptibles de ser vulneradas, no supone un buen augurio para un futuro próspero.
Pero hay esperanza. Expresado sucintamente:
1. A nivel nacional y/o internacional, el desarrollo de una Constitución y una
Declaración de Derechos para el Ciberespacio en la que se especifiquen los intereses del
individuo y los de los Estados-nación.
2. A nivel nacional, hay que desarrollar una visión de futuro a 50 ó 100 años vista,
con la particularidad de que los intereses del Estado actual podrían no existir por
entonces.
3. Redefinición y/o ampliación del papel del ejército, de modo que incluya conflictos
no físicos en el ciberespacio, donde las fronteras nacionales se hallan comprometidas
electrónicamente.
4. Estudio de las relaciones entre las sociedades jerárquicas tridimensionales y las
planas bidimensionales, así como el modo en que la sociedad industrial organizada
interactuará y se fundirá con la era de la información y de las sociedades virtuales.
5. Inserción de elementos de protección, detección y reacción en los ejes
infraestructurales y financieros.
6. Introducción de elementos de seguridad integral de la información en todos los
sistemas tecnológicos de información.
7. Construcción de réplicas de los actuales sistemas homogéneos de transporte y
comunicaciones, así como la planificación de réplicas de infraestructuras en
expansión.
8. Previsión de la progresiva degradación de los servicios en situaciones accidentales o
intencionales de saturación y/o caída de los sistemas.
9. Desarrollo de un marco legal para delitos cibernéticos.
10. Creación de una Política Nacional de Información, en combinación con el sector
privado, el Gobierno, el poder legislativo y el militar, en la que se definan las metas de
una nueva sociedad de la información sin jerarquías, y su funcionamiento en los ámbitos
nacional e internacional.
Los retos y oportunidades del futuro son, en efecto, grandes. Estamos recogiendo muchos de
los frutos sembrados por la tecnología, a la vez que ascendemos la curva de aceleración
hacia un futuro gobernado por la técnica. Ponerse en marcha hacia el futuro con
anteojeras o dejarse cegar por los aspectos negativos de la proliferación tecnológica
constituye una mezcla no recomendable de ignorancia, apatía y arrogancia.
Como visionarios, nuestra responsabilidad es controlar la euforia con generosas dosis de
realidad. Mantengamos los ojos abiertos, los corazones puros y el futuro brillante.
WINN SCHWARTAU es experto norteamericano en seguridad electrónica.
|