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Nuevos Enfoques para la Adquisición de Sistemas de Información del Ministerio de Defensa

Michael Loescher

    A medida que nos adentramos cada vez más en la Era de la Información, la infraestructura de información en movimiento se vuelve cada vez más homogénea. Los planes de comando y control de los años '70 eran compendios de 200 páginas de disparatados esquemas del tendido de las comunicaciones. En la actualidad el comando y control forma parte, cada vez más, de cuatro funcionalidades ordinarias: depósitos de información; aplicaciones de software; comunicaciones, desde satelitales hasta fibra óptica; y terminales, desde radios hasta computadoras portátiles.

    Estas cuatro funcionalidades se diseñan cada vez con mayor frecuencia en el mercado comercial, no en laboratorios gubernamentales y sistemas de comando. Además, en diez años seguramente dejaremos de comprar infraestructura de comando y control y compraremos la información misma. En ese momento, el comando y control habrá dejado de ser un sistema y se habrá transformado en un producto básico que tendrá valor en el mercado únicamente con relación al tiempo y al espacio.

    Por lo tanto, en la próxima década será fundamental establecer qué sistemas genuinamente únicos deberá diseñar el gobierno, y desarrollar los medios necesarios para producirlos con mayor eficiencia y -lo que es más importante- con mayor rapidez a fin de multiplicar los productos comerciales que se están convirtiendo en el sostén de los sistemas de comando y control.

    Los aficionados estudian la estrategia; los profesionales estudian la logística: el viejo refrán aún es cierto. Pero en el campo de batalla moderno la pregunta cada vez más relevante es: ¿qué es la logística? Durante los últimos 50 años, la logística significó centrarse en la importancia de la "intensidad del material bélico", en términos de combustible, piezas, municiones y, por último, base industrial. Sin embargo, a medida que vamos adentrándonos en la Era de la Información, cada vez es más evidente que en la Postguerra Fría la guerra -quizás incluso la misma definición de espacio real de combate- dependerá de la información, el producto básico fundamental de la guerra moderna.

    La información depende sucesivamente del desarrollo, la dirección y el mantenimiento de una infraestructura que pueda difundirla. Con todo, en la producción, diseño, ventas y distribución de electrónica, los tiempos han cambiado. El Ministerio de Defensa ya no impulsa la investigación y el desarrollo, y la industria está buscando mercados fuera del ejército. En un mundo donde existe una gran disponibilidad de adelantos técnicos, la industria, y potencialmente nuestros enemigos, pueden obtener mejor tecnología de información (IT) a un precio menor y con mayor rapidez que el Ministerio de Defensa, debido a que nuestro sistema de adquisición actual compra computadoras de la misma manera que compramos municiones.

    Por lo tanto, debemos replantearnos con urgencia nuestros enfoques con respecto a la adquisición de IT. La tecnología y las tácticas siempre estuvieron intrínsecamente unidas; desde la guerra de maniobras al bombardeo estratégico a la guerra de empresas de comunicaciones, una ha generado la otra. En la guerra moderna, la informática es la que genera, de un modo u otro, las tácticas modernas. Al buscar objetivos, la Inteligencia Central (CI) depende de la información y de la tecnología de información, la logística equivale a una genuina adquisición. En la Era de la Información, la adquisición se ha convertido en una cuestión táctica.

    Existen en realidad tres cuestiones sobre defensa relacionadas intrínsecamente, que surgen de la revolución mundial de la información. La primera se centra en el surgimiento de la Guerra de Información, la doctrina de guerra emergente que resulta de la proliferación y dependencia de las nuevas tecnologías de sistemas de información (IS). La segunda se refiere a qué tipo de infraestructura de información necesita el Ministerio de Defensa para conducir la guerra moderna. La tercera cuestión, sobre la que trata este análisis, consiste en saber de qué manera obtendremos esa infraestructura. Este trabajo presenta una estructura futura de tales características: tres principios nuevos en conjunto crean un modelo para establecer de qué forma el Ministerio de Defensa podría adquirir sistemas de información con mayor eficiencia. En ausencia de este modelo, no podríamos desarrollar las otras dos cuestiones.

    La adquisición de sistemas de información es algo similar al sistema nacional de salud: necesitamos ideas nuevas, y necesitamos una asociación entre el sector privado y el Gobierno. Contando con ambos, el Gobierno podrá tomar ventaja de la revolución mundial de la información. En ausencia de alguno de ellos, el contribuyente y el Ministerio de Defensa sufrirán. Aunque comprendamos cada vez más la importancia de la Guerra de Información en el campo de batalla, generalmente al Gobierno le resulta más difícil aprovechar en el mercado las oportunidades tecnológicas. Esto se debe a dos factores:

    * El sistema de adquisición actual se ve maximizado por extensos programas que ofrecen productos típicamente estables en diseño y que se compran para ser utilizados por más de diez años. Ninguna de estas cosas es característica de la electrónica en general, o los sistemas de información en particular;

·    * Existe una brecha cada vez mayor entre la demora del proceso de adquisición y el ritmo de los cambios tecnológicos actuales en computación y electrónica, cada vez más acelerado.

    Las cifras son elevadas. Desde 1980, los gastos en software del Ministerio de Defensa han aumentado drásticamente; en los últimos 5 años el gasto anual alcanzó los treinta mil millones de dólares. En la actualidad gran parte de este material es obsoleto. Además, hoy en día una generación de hardware de computación tiene una duración de 18 meses, con una baja del 6 por ciento anual en el costo de computación. En realidad invertimos cada vez más en Investigación y Desarrollo (R&D) para hardware comercial en existencia (COTS) integrado por contratistas, mientras que nuestra función en R&D real ha decaído abruptamente. En 1962, sólo la Marina de Estados Unidos fue responsable de más del 50 por ciento de los gastos nacionales de R&D en electrónica. Treinta años después, el Ministerio de Defensa en su totalidad provee menos del 10 por ciento. El gran aumento del desarrollo industrial de sistemas de información ha superado la capacidad de planificación del Gobierno; debemos aprender en cambio a seguir el camino.

    Sin embargo, éstas deberían ser buenas noticias, y no malas, ya que a nosotros, en el Gobierno, se nos presentan actualmente tres oportunidades importantes:

    * Primero, en los '90, el contribuyente ya no debería pagar el alto costo de la tecnología. Como hemos visto, en la actualidad, gran parte -si no la mayoría- del R&D en computación y electrónica requerido por el ejército se realiza en la industria, por la industria. Por otra parte, la utilización del hardware comercial existente aumentará conforme se incremente el nivel de conocimientos técnicos entre los operadores. La idea de que los Requisitos Operativos (ORs) pueden separarse de la comprensión detallada de su tecnología de aplicación pertenece seguramente a un ingeniero, no a un operador. "Dígannos qué quieren, y nosotros lo construiremos" suena poco serio. Ni la práctica ni la historia confirman la presunción en la que se basa esta frase. En la práctica, los mejores ORs derivan de operadores que comprenden la tecnología en detalle y que pueden prever las nuevas tácticas que la tecnología hará posibles. Cada vez más, estamos ingresando a una era donde mayor cantidad de ORs reflejarán la aplicación de la tecnología de COTS, que RDT&E del Gobierno invertido en tecnología genuinamente nueva.

    * Segundo, ahora podemos resolver varios problemas operativos que en el pasado resultaron extremadamente difíciles. Abundan los ejemplos: en comunicaciones, procesamiento de datos, despliegue de datos, fusión de sensores, mecanismos electrónicos de combate, sistemas de dirección; estamos alcanzando niveles de tal sofisticación tecnológica que los inconvenientes operativos que hace 10 años parecían tan difíciles de resolver ahora resultan mucho más fáciles. Tanto más fáciles en tan poco tiempo que, en algunos casos, nos rehusamos a reconocer las oportunidades.
   
    En las fuerzas operativas, miles de personas trabajan diariamente con comunicaciones y equipo ADP (Procesamiento Automático de Datos) que fue concebido a comienzos de los años '70, adquirido en los '80, e implementado en los '90. Esto tiene un gran impacto no sólo en lo que respecta a la ineficiencia de la mano de obra o al ahorro de gastos, sino a las operaciones mismas. Al estar acostumbrados a utilizar esta clase de equipos anticuados, prever el poder de la información requiere de una activa imaginación.

    Por lo tanto, en el preciso instante en que se produce la revolución mundial de los sistemas de información, nosotros que nos enorgullecemos de la utilización de alta tecnología estamos ciegos a sus oportunidades, tanto en eficiencias como en operaciones, debido a un sistema de adquisición anticuado e inapropiado. Pero si nosotros en el Gobierno somos capaces de diseñar una estructura operativa y de adquisición dentro de la cual podamos fomentar la innovación, lograremos capturar las dinámicas y la dirección de la revolución de la información.

    * De tal manera, la tercera oportunidad se presenta a sí misma como una continuación de las otras dos: si descubrimos la manera de aprovechar los dos primeros desarrollos, el Ministerio de Defensa puede obtener mejor tecnología, con mayor rapidez y a menor precio.

    Esta última conclusión suena poco alentadora en los círculos del Gobierno. Sin embargo, en nuestras casas vemos esto todos los días. Desde los televisores hasta las computadoras, desde los reproductores de CD hasta los relojes, la tecnología cada día es mejor, más accesible, y más económica. A pesar de ello recién estamos comenzando a apreciar lo evidente: las computadoras y los software no son como los torpedos y los aviones. Por lo tanto ¿cuál sería la nueva estructura operativa y de adquisición para los sistemas de información? Se han propuesto tres conceptos claves.

Programación Piramidal
   
    El primer concepto, que podríamos denominar Programación Piramidal, se refiere a la planificación del Memorándum Objetivo de Programas del Ministerio de Defensa (POM). El objetivo de un sistema de adquisición consiste en relacionar los medios tecnológicos con los fines operativos: la guerra está unida a la tecnología de manera intrínseca. La tecnología y la doctrina son componentes del mismo ciclo. En un sistema de adquisición, la unión de los medios tecnológicos y los fines operativos se alcanza a través de una estructura programática.

    Pero ambos están cambiando con los sistemas de información. A medida que vayamos alejándonos de la guerra con un solo tipo de arma hacia la guerra con armas combinadas (es decir conjunta), cambiarán nuestros fines operativos -nuestra doctrina y los sistemas para implementarla conjuntamente-. En cuanto a los medios, el cambio en la tecnología se encuentra a nuestro alrededor; estamos cambiando artefactos de software y hardware, numerosos y fabricados manualmente, por elementos básicos de tecnología más universales y menos numerosos.
   
    La Programación Piramidal es un modelo que relaciona los objetivos operativos en forma de arquitectura con los recursos y la tecnología. La idea consiste en incluir al operador, al programador, y al ingeniero dentro de un modelo común, con el objeto de cuantificar las consecuencias del cambio para todos los responsables de tomar decisiones. Al relacionar los programas con la arquitectura, este modelo suprime los programas autónomos, lo cual a su vez reduce el número de elementos básicos que deben producirse y, si es posible, reduce dichos elementos a modelos estándares.

    Más importante aún es que los elementos básicos se conectan a los fines operativos, haciendo de la tecnología conjunta una norma más que una excepción. Los elementos básicos estándares, tanto de hardware como de software, servirán para construir lo que podríamos denominar Plataformas Electrónicas, la analogía de aviones, tanques, y barcos. Las Plataformas Electrónicas pueden poseer claramente objetivos operativos reconocibles, cuotas de producción, interfaces y composición tecnológica. Por lo tanto, podemos identificar precisamente qué necesitamos para su construcción, por qué debemos construirlas, cómo se ajustan operativa, programática y tecnológicamente a otros esfuerzos conjuntos, y qué elementos básicos deben utilizarse para su construcción.

    Además, la habilidad para articular las Plataformas Electrónicas despeja el camino para las instalaciones modulares a gran escala, lo que significa que todo lo que necesitamos para construir aviones, vehículos y barcos es espacio, energía y fibra. Podemos insertar entonces en esa plataforma madre la Plataforma Electrónica correspondiente y las reformas subsiguientes con la forma, adecuación y función apropiadas. Este es un modo de mantener a las fuerzas de defensa de alto costo a la vanguardia de la electrónica durante los 30 años de vida de las plataformas principales. La Programación Piramidal implica un pasaje cultural desde sistemas de construcción a sistemas de compra. Esto modifica nuestra noción del significado de adquisición.

    Dado que nos encontramos en un período de transición entre los programas autónomos y los programas de elementos básicos (y entre la construcción y la compra), quizá sea más importante el hecho de que la Programación Piramidal puede proveer en igual medida una serie ordenada de herramientas de administración tanto a los responsables de tomar decisiones en el Ministerio de Defensa como al Congreso, a fin de que las Fuerzas Armadas puedan atravesar definitivamente el período de transición hacia la Era de la Información, con ahorro de gastos en la venta al por mayor.

Adquisición Cíclica
   
    La Programación Piramidal identifica los elementos básicos tecnológicos que constituyen las Plataformas Electrónicas, pero no las construye. Para ello, necesitamos un segundo concepto, denominado quizá de la mejor manera como Adquisición Cíclica, mediante el cual pretendemos identificar un proceso que incluye todas las asignaciones de fondos para el diseño, adquisición, implementación y mantenimiento de un elemento básico. La idea consiste en que un dólar ahorrado -ya sea en OP, O&M, o RDT&E- es un dólar ganado. La estrategia que se encuentra detrás de la Adquisición Cíclica es similar a la de un motor que puede ser acelerado o desacelerado, y que posee cuatro puntos de acceso estadísticos y económicos, y que conserva todas las asignaciones en esos puntos fundamentales.

    Pensemos en la adquisición como un motor. La potencia de entrada es el dinero. La potencia de salida la constituyen los elementos básicos tecnológicos. El objetivo del motor es producir potencia de salida a partir de la potencia de entrada de la manera más eficiente posible. Existen cuatro grupos de medidas de eficiencia: efectividad, conveniencia, capacidad de adquisición y sustentabilidad.

    La efectividad está relacionada con el valor operativo: ¿funciona bien el elemento básico, puede ser mejorado, puede ser interfuncional? La conveniencia es una cuestión tecnológica y es una medida de duración, funcionalidad, y modularidad. La capacidad de adquisición se refiere a aquellas cuestiones tales como el porcentaje de fondos invertidos en el elemento básico, la estrategia de adquisición, las economías de escala. La sustentabilidad incluye la manutención, el abastecimiento, la instalación y la capacitación profesional.

    Cuanto más trabajamos con estos cuatro grupos de medidas de eficiencia (MOE), descubrimos cada vez más en los sistemas de información que la división entre ellos comienza a empalidecer. Por ejemplo, la tecnología conveniente depende de la capacidad de adquisición. La sustentabilidad depende de la tecnología específica, no de una filosofía monolítica ILS: seguramente reparar un obús no es lo mismo que reparar una computadora. De manera similar, la nueva tecnología mejora la sustentabilidad y disminuye los costos: el desarrollo de los teléfonos con enchufe ahorraron a las compañías telefónicas costos millonarios en instalaciones y mano de obra.

    De lo mencionado hasta aquí, podemos extraer tres importantes conclusiones:
    * El motor ideal de adquisición debe ser cíclico para capturar las interrelaciones de todas las medidas de eficiencia.
    * Por lo tanto, el motor puede y debería ser alimentado con las cuatro MOEs, y todas las asignaciones.
    Los nuevos gastos en RDT&E pueden unirse a la reducción de los ahorros en O&M (Organización y Métodos) en relación con la logística. Un sistema como el sistema de adquisición actual, que funciona sólo con ORs, pierde oportunidades tanto tecnológicas como económicas; y,
    * Un motor con tales características, si ha sido diseñado para medir y conservar costos durante todo el ciclo, puede incorporar tecnología más barata a las fuerzas operativas con mayor rapidez (porque la compramos nosotros) y con un costo de mantenimiento menor (porque su vida media hasta presentar algún desperfecto es más larga que su vida media antes de convertirse en obsoleto).

    A diferencia de nuestro motor cíclico, el sistema de adquisición actual puede dividirse en la práctica en cuatro procesos independientes: el desarrollo de ORs; el desarrollo del POM; la adquisición de sistemas; y el mantenimiento de los sistemas, que incluye la instalación, capacitación profesional, mantenimiento y abastecimiento.

    Estos cuatro procesos, a pesar de intentar ser interactivos, en la práctica se han vuelto lineales, y son manejados en forma independiente de los demás. A medida que se hacen más lineales y menos interactivos, el costo total de un programa aumenta, y se vuelve menos visible: La suma total de dinero invertido en RDT&E, OP (adquisición), O&M, MP, y otros fondos utilizados en la construcción, compra, instalación, funcionamiento y mantenimiento de un sistema o un grupo de sistemas simplemente no se calculan nunca.

    Cuando un sistema se hace difícil de mantener u operar -o resulta costosa su instalación o la capacitación del personal- raramente el problema emerja a la superficie; todavía más difícil es que se genere a tiempo un requisito para reemplazar al sistema; y, lo más inusual de todo es que un sistema sea reestructurado para aprovechar las oportunidades tecnológicas. Existen razones identificables para que esto suceda.

    En la práctica, la adquisición lineal responde directamente a un OR: analiza sus costos, lo adquiere, lo instala, y generalmente lo abandona. Con frecuencia, el mantenimiento del ciclo de vida consiste simplemente en el mantenimiento de vida. Esto es lo que ha sucedido especialmente con los sistemas electrónicos y de computación en los últimos 30 años, tiempo durante el cual los ingenieros en sistemas diseñaron sistemas totalmente autónomos a partir de un extenso menú de lo que eran, retrospectivamente, elementos básicos inestables. Estos sistemas necesitaron diversos hardware, utilizaron en general software patentado u otro tipo que fuera único, no tuvieron modelos estándares, y demandaron elevados costos de capacitación y mantenimiento. La interfuncionalidad parecía un laberinto.

    Además, siempre existe algún factor desalentador. Cuando una organización decide gastar en forma limitada, un porcentaje en RDT&E y OP para la compra de un nuevo sistema, lo hace respondiendo a un OR, el punto de partida de un sistema lineal. Si esa organización tampoco es responsable de la instalación, logística y mantenimiento del sistema, no tiene ningún incentivo para buscar estadísticas sobre esos costos. Si se obtuvieran las estadísticas, los fondos ahorrados en la instalación de un nuevo sistema autónomo no serían recuperados por la misma organización que pagó por el nuevo sistema. Por lo tanto, desde el punto de vista empresarial, no existen incentivos para la modernización. En lo años '70 cuando los viejos sistemas necesitaban ser reemplazados por sistemas nuevos, esta mentalidad era comprensible aunque no loable.

    En los '90, los modelos estándares de sistemas abiertos y la arquitectura hacen rentables los repuestos funcionales. Al incluir a los cuatro procesos de adquisición lineal actual dentro de la Adquisición Cíclica con el objeto de desarrollar rápidamente tecnologías como los sistemas de información, podemos construir elementos básicos de mejor calidad, más universales y más baratos con mayor rapidez.

Incorporación de la Línea de Montaje

    La última consideración consiste en acomodar los elementos básicos en una línea de montaje a fin de que las técnicas industriales puedan ser incorporadas al gobierno. Para ello, necesitamos el tercer y último concepto nuevo para la adquisición de IT, al que denominaremos simplemente Incorporación de la Línea de Montaje. La Línea de Montaje se centra en tres problemas:
    * Incorporar ingeniería de IS dentro de funcionalidades definibles (es decir, elementos básicos dentro de Plataformas Electrónicas) para poder alcanzar una aproximación modular de la construcción de barcos, tanques, y aviones.
    * Modificar la velocidad de la incorporación de tecnología en las fuerzas operativas a fin de responder a los tiempos operativos y cambios generacionales de la tecnología más que al financiamiento de programas independientes; y
    * Ahorrar fondos mediante el montaje "Justo a Tiempo" (JIT).
   
    Los IS de aplicación constituyen un ejemplo clásico de sistemas a los que mejor se aplican las técnicas de Control Total de Calidad. Nuestro sistema actual de aplicación es similar a una fábrica de autos donde las puertas, las transmisiones, los motores y las carrocerías se compran por separado, en base al presupuesto de organizaciones independientes, y luego son amontonados en la línea sin tener en cuenta los requerimientos de la línea o inclusive algunas veces sin comprender el diseño del auto en su totalidad.

    La compra de 500 componentes en un año cuando pueden instalarse sólo 200, usurpa fondos que podrían destinarse para otro tipo de materia prima que se necesita con urgencia en la línea ese año. Esta es una visión algo simplista; existen, por supuesto, economías de escala que deben ser consideradas. Sin embargo, las economías de escala versus los costos de almacenaje, la obsolescencia en la electrónica, y otras consideraciones son calculables, y, más aún, deberían calcularse.

    Cuando creamos una línea de montaje determinada por el tiempo operativo y la disponibilidad de materia prima, ahorramos dólares pues introducimos a la línea sólo la materia prima necesaria en el momento preciso. Cuando introducimos esa materia prima a la línea a través de la Adquisición Cíclica, nos aseguramos de que su costo sea el más bajo posible y fomentamos su desarrollo constante mediante los cuatro puntos de requisitos del ciclo.

    En términos de fabricación, la línea de montaje puede acelerarse o desacelerarse en respuesta al cliente. A medida que aumenta el tiempo operativo, el equipo puede introducirse dentro de las fuerzas desplegadas, ya sea una división, un escuadrón aéreo, un grupo de batalla o MAGTF, a medida que van partiendo. Esto se hizo durante la Tormenta del Desierto, pero demandó un elevado costo y una importante interrupción, debido a que los programas habían sido regulados para reflejar sus niveles de financiamiento individuales sin tener en cuenta el contexto general.

    Adecuando la línea de montaje a los programas de despliegue y alimentando el motor de Adquisición Cíclica a fin de producir adelantos importantes, podemos incorporar sistemáticamente tecnología de vanguardia más barata con cada fuerza desplegada. Esto se debe a que la variable de la ecuación es el cambio generacional de tecnología, no la tecnología misma. Ya sean armas o microchips -o microchips en armas-, podemos incorporar equipos dentro de las fuerzas operativas de acuerdo con sus necesidades y la disponibilidad de tecnología, justo a tiempo.

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