Es necesario expresar que gran parte de lo que se discute en el
presente ensayo sobre la guerra de información es especulación no oficial. No existe una
definición oficial de una fuente pública del gobierno de Estados Unidos sobre la guerra
de información. El Ministerio de Defensa denomina a su actual pensamiento y enfoque de la
guerra de información "guerra de comando y control" (C2W). Existe poco acuerdo
entre las fuerzas con respecto a la guerra de información o la C2W; y entre los analistas
de defensa civil que consideran las cuestiones de la guerra de información, existe menos
acuerdo. ¿Por qué, entonces, debemos pensar en esta nueva y extraña idea? La principal
razón, por supuesto, es que mientras no sabemos lo que tenemos aquí, todos las fuerzas
concuerdan en que la guerra de información es algo importante. ¿Fue la Tormenta del
Desierto la primera guerra de la guerra de información de la tercera ola o la última
guerra de la guerra industrial de la segunda ola mecanizada? No estamos seguros, pero
mucha gente, incluyendo potenciales rivales, está tratando de explicárselo. Veremos
cuatro series de ideas: (1) Una definición de la guerra de información; (2) ¿De qué
manera debemos empezar a pensar sobre el desarrollo de una estrategia de la guerra de
información?; (3) ¿Por qué la doctrina de la Fuerza Aérea puede ser la mejor
estructura para desarrollar una doctrina de la guerra de información?; y (4) Un
comentario muy breve sobre el peligro de no desarrollar una guerra de información.
Definiendo la Guerra de Información.
La guerra de información, en su sentido más amplio, es simplemente el
uso de información para alcanzar nuestros objetivos nacionales. Como la diplomacia, la
competencia económica, o el uso de la fuerza militar, la información en sí misma es un
aspecto clave del poder nacional y, lo que es más importante, se está tornando en un
recurso nacional cada vez más vital que respalda la diplomacia, la competencia
económica, y el empleo eficiente de las fuerzas militares. La guerra de información en
este sentido puede considerarse como un conflicto a nivel social o de nación a nación
librado, en parte, a través de los medios de información y comunicación entre redes e
interconectados. Lo que esto significa es que la guerra de información, en su sentido
más fundamental, es el surgiente "teatro" en el que el futuro conflicto nación
contra nación a nivel estratégico es muy probable que se produzca. La guerra de
información también está cambiando la manera en que se realiza el combate a nivel de
teatro u operativo y las actividades militares de todos los días. Por último, la guerra
de información puede ser el teatro en el que "las operaciones que no sean la
guerra" se realicen, especialmente porque puede permitir a Estados Unidos lograr
algunas metas importantes de la seguridad nacional sin necesidad de un despliegue avanzado
de fuerzas militares en cada región del mundo. La guerra de información, entonces, puede
definir o, por decirlo de otra manera, ser el foco central para pensar sobre el conflicto
en el futuro.
La guerra de información, en esencia, es sobre ideas y epistemología
-palabras mayores que significan que la guerra de información es sobre la manera en que
los seres humanos piensan, y lo que es más importante, la manera en que los seres humanos
adoptan decisiones. Y aunque la guerra de información se libraría en forma amplia, pero
no por completo, a través de las redes de comunicaciones de una sociedad o de las fuerzas
armadas, no es fundamentalmente sobre satélites, cables y computadoras. Es sobre la
influencia en los seres humanos y la decisiones que adoptan. La única amenaza más grande
enfrentada por la Fuerza aérea -y por las fuerzas en general, a medida que empezamos a
pensar sobre la guerra de información- es que cederemos a nuestra tentación usual de
adoptar las nuevas tecnologías, especialmente tecnologías de información, ya que
meramente forzamos los multiplicadores para la forma corriente en que realizamos los
negocios. Sería un error estratégico de proporciones históricas concentrarnos
precisamente en las tecnologías; forzar las tecnologías de la guerra de información
para adaptarlas a los modelos conocidos internamente definidos como la velocidad, la
precisión y la naturaleza mortal; y perder la visión y oportunidad de una revolución
militar genuina. La guerra de información es una guerra real; versa sobre el uso de la
información para crear una desigualdad tal entre nosotros y un oponente que, según Sun
Tzu argumentaría, la estrategia del oponente es derrotada antes de que sus primeras
fuerzas puedan desplegarse o sus primeros tiros dispararse.
El objetivo de la guerra de información, entonces, es la mente humana,
especialmente aquellas mentes que adoptan las decisiones claves de la guerra o la paz y,
desde la perspectiva militar, aquellas mentes que adoptan las decisiones claves con
respecto a la hipótesis, el momento y la manera en que deben emplearse las ventajas y las
capacidades incrustadas en sus estructuras estratégicas. Se podría argumentar que
ciertos aspectos de la guerra fría como la Radio Free Europe, Radio Martí o el Organismo
de Información de Estados Unidos fueron un ensayo general para la guerra de información.
Se podría argumentar que ciertas capacidades actuales en las operaciones psicológicas
(PSYOP), las relaciones públicas y las relaciones civiles, junto con los organismos de
inteligencia, los que manejan los satélites, los especialistas en comunicaciones, los
magos de las computadoras, y los hombres y mujeres en organismos como el Organismo de
Inteligencia Aérea o el nuevo Centro Mixto de Guerra de Información, representan algunos
de los medios claves en los cuales desarrollaremos algunas de las nuevas capacidades para
la guerra de información. Y aunque el concepto de guerra de información, en su versión
de guerra electrónica de computadoras y de red de comunicaciones, es muy conocido en las
operaciones militares que involucran conflictos tradicionales de estado a estado, existen
actores nuevos y peligrosos en el "espacio cibernético" -el campo de batalla
para la guerra de información. Hubo una proliferación de estos actores -actores
políticos no estaduales como Greenpeace, Amnesty International, los pícaros trilladores
de computadoras como la Legion of Doom, algún "rebelde" del tercer mundo que
representa un "abuso de los derechos humanos" para la Cable News Network (CNN),
o terroristas inspirados ideológicos/religiosos con fácil acceso a las redes de
computadoras y comunicaciones mundiales para influir, intercambiar información, o
coordinar acción política sobre una base global. Todo esto sugiere que las fuerzas
armadas o los gobiernos de una nación-estado tradicional pueden no ser la única amenaza
seria para nuestra seguridad o la guía para nuestra política de seguridad nacional. El
espacio cibernético puede ser el nuevo "campo de batalla", pero la batalla
sigue siendo la batalla por la mente. No debe confundirse el campo de batalla con la
batalla.
Veamos esto en un contexto con el que consideremos que estamos
familiarizados: propaganda como un esfuerzo para influir en la moral nacional y en el
respaldo para las fuerzas armadas de la nación. La Guerra de Vietnam nos enseñó las
consecuencias de ganar todas las batallas en el campo y perder la guerra de información
en el frente civil. Antes de la llegada de la guerra de información, la propaganda era
tradicionalmente orientada a través de varios medios de comunicación para influir en una
audiencia masiva. Un cambio clave que fue posible por las nuevas tecnologías es el
potencial de una propaganda fabricada. Aquéllos que han recibido propaganda orientada en
forma individual de una compañía que se especializa en investigación de marketing
"nicho" deben haber experimentado un estremecimiento momentáneo cuando se
dieron cuenta de que existen compañías privadas que parecen conocer todo sobre sus
gustos y hábitos de compras, si apoyan a la National Rifle Association o asisten a las
convenciones de Tailhook, y qué programas de televisión miran. Cada compra de una
tarjeta de crédito agrega datos a los recursos de alguien, y no todo el mundo vende sólo
dinero o políticos. El público contemporáneo y las bases de datos comerciales y la
cantidad de fuentes, medios de comunicación, y canales para la transmisión en constante
expansión, esencialmente disponibles para cualquier persona con un poco de dinero o
habilidad, han creado la oportunidad y una "serie de objetivos" para los ataques
de la guerra de información adaptada a las costumbres de, para tomar sólo un ejemplo,
las familias del personal militar desplegado. Pensemos en las inferencias morales de esto
durante un minuto. Las pizarras de anuncios de las computadoras, los teléfonos celulares,
las cámaras de video, y las máquinas de fax proporcionan puntos de acceso y redes de
diseminación para las agresiones de propagandas fabricadas por parte de nuestros
oponentes sobre las estructuras estratégicas militares, gubernamentales, económicas, y
civiles claves, e incluso las cuentas corrientes nacionales de las tropas desplegadas. La
seguridad de las operaciones (OPSEC) es cada vez más una cuestión muy vital de seguridad
militar. Sin embargo, la guerra de información no debe confundirse con o limitarse a
sólo la propaganda, la decepción, o la guerra electrónica tradicional.
Un importante factor nuevo en la guerra de información es la
infoesfera mundial de las noticias de radio y televisión. La guerra de información a
nivel estratégico es la "batalla fuera del campo de batalla" para moldear el
contexto político del conflicto. Definirá el nuevo "espacio de la batalla".
Nos enfrentamos a un "campo de batalla integrado", no en el sentido habitual de
tener un receptor de un sistema de posicionamiento mundial (GPS) en cada tanque o cabina,
sino en el sentido Clausewitziano de que la guerra se integra en lo político casi
simultáneamente con la batalla. Mucha gente sospecha que las autoridades nacionales de la
comandancia (NCA) corren el peligro de tornarse cada vez más "reactivas" a un
universo "ficticio" creado por la CNN, sus diferentes competidores nacionales, o
incluso un terrorista con una cámara de video. Este universo creado por los medios de
comunicación en el que vivimos es ficticio en lugar de "novelesco" porque
aunque lo que vemos en la CNN es "verdad", no es sólo la verdad completa,
pertinente, o del contexto. Sin embargo, este universo ficticio se transforma en el
universo políticamente pertinente en el cual el gobierno o las fuerzas armadas se supone
que "hacen algo". Los Miembros del Congreso, las autoridades de la comandancia
nacional, y nuestras madres ven las "noticias instantáneas" seguidas por el
comentario explicativo "instantáneo". Esto es cada vez más la pesadilla del
comandante. En primer lugar, 15 diputados están convocando al jefe del Estado Mayor
Conjunto para preguntarle si el análisis crítico del almirante retirado fulano de tal de
"Nightline" de la actual campaña aérea del teatro es válido. Y los más
importante, 300 diputados también están recibiendo 10.000 llamadas, E-mails, fax e
incluso cartas de familias enojadas que acaban de ver el informe de la televisión (que se
"filtró" cuidadosamente en la televisión francesa por un desdichado
contratista de la defensa y fue inocentemente repetido por la CNN) de que las píldoras
antimaláricas de una cuestión militar de Estados Unidos no funcionan en Bongo-Bongo.
Todo esto sin los verdaderos "muchachos malos" probando su habilidad en la
guerra de información. Use su imaginación. Somalía recibe las noticias, y nosotros
entramos a Somalía a pesar de la realidad del hambre igualmente desastroso, el desorden y
el pillaje cercano en Sudán. La verdad es que no hubo reporteros con "skylink"
en Sudán porque el gobierno de Sudán no emitió ninguna visa para los reporteros de CNN.
Todos conocemos el impacto de las fotos de la fracasada incursión para capturar a Mohamed
Farah Aidid en Somalía. El potencial, entonces, para los gobiernos, las fuerzas armadas,
las partes de una guerra civil como Bosnia, o incluso los fanáticos religiosos para
manipular los múltiples medios de comunicación, el ficticio universo de múltiples
fuentes de la "batalla del campo de batalla" para el predominio de la
información estratégica debe ser obvio. Las fuerzas armadas ya están empezando a pensar
sobre la manera en que estas nuevas tecnologías de comunicación instantánea cambiará
el espacio de la batalla, y, con bastante franqueza, todavía no existen muchas respuestas
buenas.
Los medios operativos ficticios o novelescos, entonces, ya sean
orientados hacia las masas u orientados hacia posiciones convenientes, pueden generarse,
transmitirse, distribuirse o emitirse por los gobiernos o todas las clases de actores a
través de sistemas cada vez más diversificados. El potencial de la guerra de
información disponible para los estados u otros actores con acceso al universo de las
comunicaciones internas de sistemas para utilizar las redes mediante las cuales la
información bancaria se transmite para sugerir que un estado "hostil" está a
punto de devaluar su moneda podría fácilmente provocar un caos financiero. La emisiones
radiales o televisivas por satélite directo para seleccionar las audiencias, análogas al
control central de los programas por los que deben pagarse para mirar, ofrece nuevamente
el potencial para la gente de una provincia o región de un estado determinado para
descubrir que el líder máximo ha decidido exonerar a soldados de su clan o tribu del
ejército. Su propia imaginación puede proporcionar muchos ejemplos de la manera en que
los sistemas de comunicaciones de múltiples fuentes ofrecen tanto a las fuerzas armadas
como a las autoridades de la comandancia nacionales innumerables posibilidades nuevas para
la guerra de información a nivel social para moldear el espacio de la batalla de la
información para ventaja nuestra.
Tomemos sólo un ejemplo de la manera en que las tecnologías actuales
podrían utilizarse para la guerra de información a nivel estratégico. Si, digamos, las
capacidades de las ya bien conocidas tecnologías de Hollywood para simular la realidad se
agregarán a nuestro arsenal, una nueva forma de guerra genuinamente revolucionaria se
tornaría posible. En la actualidad, las técnicas de combinación de actores en vivo con
gráficos visuales generados por computadora pueden crear fácilmente una conferencia de
noticias, una reunión cumbre "virtual", o quizás incluso una batalla que
existiría en "realidad" aunque no en hecho físico. Las imágenes visuales
guardadas pueden volver a combinarse o "morfosearse" sin cesar para producir
cualquier efecto elegido. Esto se mueve mucho más allá de la decepción militar
tradicional, y ahora, quizás, las "imágenes" valdrán unos miles de tanques.
Imaginemos el efecto de una emisión radial por toda la nación en un país de enemigos de
la reunión entre el líder máximo "digitalizado" y un Jimmy Carter
"digitalizado" en la cual se ordena a todos los soldados leales cesar la lucha y
retornar a sus hogares. Los objetivos de la guerra de información, recordemos, son las
decisiones en la mente del adversario, y el espacio de la batalla de la mente humana es
también la zona de la ilusión.
Juguemos un poco con esto. Transportándonos en un satélite comercial,
una simulación ficticia es una emisión. Esto puede no ser ciencia ficción, y los
lectores de la última novela Deuda de Honor de Tom Clancy sospecharán que no lo es.
Simultáneamente, se accede a varios "nichos de información" en el estado
determinado a través de la red. Algunos de los objetivos reciben una ayuda para la
simulación ficticia; otros reciben variaciones un poco engañosas de las respuestas
anticipadas del estado determinado, y todas las fuerzas armadas del adversario están
sujetas a una operación de engaño electrónico masivo. ¿Qué ocurre aquí?
A nivel estratégico, ésta es la parálisis del circuito de
observación, orientación, decisión, acción (OODA) del adversario. La capacidad del
adversario de "observar" se desborda o es atacada muy ligeramente y sutilmente
por información y datos contradictorios. Y lo más importante, su capacidad para
"orientar" se desgasta por el ataque a la misma posibilidad de razonar
objetivamente mientras reemplazamos su "conocido" universo por nuestra realidad
alternativa. Sus "decisiones" responden cada vez más a nuestro universo
ficticio o virtual, y, lo más importante, las "acciones" militares dentro de
sus estructuras estratégicas se paralizan cada vez más porque no existe una relación
racional de los medios con los fines. Lo que hace no se basa en la realidad porque hemos
cambiado su realidad. Este es el verdadero combate de la guerra. Parecería entonces, que
si podemos desarrollar una visión estratégica y una capacidad real para la guerra de
información, podemos llevar el poder estratégico de Estados Unidos dentro de la
perspectiva de la esquiva "cumbre de experiencia" en la que el adversario es
dominado sin matar porque destruímos su capacidad para formar o ejecutar una estrategia
coherente. Entonces, ¿de qué manera pensamos sobre el desarrollo de una estrategia de la
guerra de información?
Desarrollando una Estrategia de la Guerra de Información
El desarrollo de una estrategia de la guerra de información se inicia
con un pensamiento serio, creativo y con "colores fuera de las líneas" sobre
las tecnologías de la información actuales y las maneras en que éstas podrían
convertirse en un propósito estratégico para servir a las autoridades de la comandancia
nacional y el uso militar. Esto involucrará pensar sobre la información de nuevas
maneras: ¿Qué información se necesita? ¿Qué cambios de organización se producirían
en la manera en que recopilamos, procesamos, distribuímos y utilizamos la información?
¿Qué cambios operativos basados en la información podrían producirse entonces? Las
fuerzas están originando este nuevo pensamiento bajo el rótulo de "guerra de
comando y control". Esto, sin embargo, es sólo el primer paso, ya que el "campo
de batalla digitalizado" no revoluciona el pensamiento estratégico. Ilustremos esto
con un poco de historia. Como el Presidente de la Cámara Newt Gingrich observó, algún
tiempo antes de la Guerra Civil Norteamericana, el general prusiano Helmuth von Moltke
estaba pensando sobre ferrocarriles y telégrafos:
"Si utilizaramos el telégrafo para
transmitir órdenes de movilización rápidamente y luego emplearamos los ferrocarriles
para concentrar tropas de las bases diseminadas por toda Prusia, podríamos concentrar el
esfuerzo principal en el lugar de la batalla clave de una campaña. No tendríamos que
movilizar al ejército, luego concentrarlo, y después hacerlo marchar hacia donde
esperábamos que se produjera la batalla clave".
Buen discernimiento. Y esto, desafortunadamente, está a mano donde
estamos cuando pensamos sobre la guerra de información sólo como una guerra de comando y
control. Vale decir, de qué manera esta tecnología permite a los tanques, buques, y
aviones hacer lo que hacen ahora un poco mejor. Fue el siguiente discernimiento de Moltke,
sostiene el Presidente Gingrich, lo que el Estado Mayor Conjunto y las fuerzas necesitan
imitar:
"Pero el ejército prusiano no está
organizado, tampoco necesita operar de una manera que le permitiría responder a las
órdenes telegrafiadas para subirse a los trenes y aparecer en algún otro lugar. Esa no
es la manera en la que nosotros nos organizamos, entrenamos y equipamos. Lo que necesito
hacer es reformar la manera en que se obtiene la información necesaria para hacer esto,
la manera en que estamos organizados para que podamos utilizar esta información y deducir
nuevas maneras para operar; lo que necesito es un nuevo sistema de Estado General".
Count von Moltke se dio cuenta de que antes de que pudiera hacer un uso
revolucionario de la nueva tecnología, debía resolver la cuestión primordial de los
cambios en la información, organización y operaciones que serían necesarios. Este es el
desafío al que nos enfrentamos ahora. Las fuerzas armadas tienen una buena idea de que
las tecnologías de la información sólo podrían ser las conductoras en la futura
guerra, pero todavía no hemos articulado la visión estratégica o identificado los
cambios primordiales que necesitamos para hacer que todo esto realmente se reúna.
Ahora, agreguemos otra idea -esta vez del patrimonio de la Fuerza
Aérea. En cierta manera, los "guerreros de la información" son como Gen
William ("Billy") Mitchell y la liga precursora de los aviadores. Ellos ven el
potencial. La visión de Mitchell del potencial para el poder aéreo condujo, con un gran
costo para sí mismo pero con un gran beneficio para la nación, al desarrollo de una
nueva forma de guerra. Ahora el punto clave está aquí. Una vez que la visión del poder
aéreo estratégico se presentó con claridad, una vez que la gente pudo decir, "Si,
veo cómo esto podría cambiar la guerra", entonces se derivaron las tecnologías:
"Oh, bombardeo aéreo -se necesitará un visor de bombardeo." "Oh, avión
enemigo -necesitaremos cierta clase de sistema de detección; llamémoslo radar."
Este es el punto -la tecnología no es sólo un multiplicador de fuerzas. La interacción
de la visión estratégica con la nueva tecnología es la que producirá la revolución en
las cuestiones militares y una nueva forma de guerra.
Esto es, entonces, el desafío de la guerra de información. ¿Hay algo
sobre la información y las tecnologías de la información que nos permitiría crear una
desigualdad tal entre aquéllo que, el momento, y la manera en que nosotros y nuestros
adversarios observamos, orientamos, decidimos y actuamos o un nivel de "predominio de
la información" tal que el adversario quedara indefenso -y no sólo en el campo de
batalla? ¿Existe una forma en la podríamos usar la información, como teorías actuales
de poder aéreo, para crear una "campaña de información" que comprometiera a
un adversario simultáneamente en el tiempo, el espacio, y la profundidad a través de
todo el alcance de sus estructuras estratégicas de manera que el resultado fuera una
parálisis estratégica (si fuera sordo, mudo y ciego para todo excepto para aquéllo que
le permitimos oir, decir o ver)? No es que sólo lo cegamos, sino que él ve lo que
queremos que vea sin darse cuenta de que es "nuestra" realidad, no la suya.
¿Podemos imaginar esta clase de visión estratégica? Y, como en el caso del poder
aéreo, la tecnología seguirá a la visión estratégica. Es correcto si no podemos
insertar virus de computadoras mediante la emisión satelital directa -hoy; electrocutemos
todos los radares de defensa aérea con una explosión electromagnética proveniente de un
vehículo aéreo remoto sin personal (UAV)-hoy; hagamos la transferencia de todas las
cuentas en un banco suizo del dictador a la Dirección General Impositiva (IRS)-hoy;
proyectemos imágenes holográficas, completemos con firmas electrónicas adecuadas, de 15
escuadrones que lleguen del norte cuando estamos llegando a la puerta posterior-hoy; o
emitamos la entrevista de Forrest Gump con "El Supremo" por todas las radios y
televisiones del país enemigo-hoy. Desarrollemos la teoría estratégica de la guerra de
información, y la tecnología llegará.
Doctrina de la Guerra de Información
Por supuesto, no existe ninguna doctrina oficial de la guerra de
información y los esfuerzos de las diferentes fuerzas para describir la guerra de comando
y control como la aplicación militar de la guerra de información continúan siendo
incompletos. Para la Fuerza Aérea el hecho de concentrarse casi exclusivamente en la C2W
que es definida como la "integración, coordinación, falta de conflicto, y
sincronización" de OSPEC, el engaño, PYSOP, la guerra electrónica y los esfuerzos
de destrucción físicos dirigidos contra las fuerzas militares de campaña del oponente,
representa una falla en la apreciación del poder aéreo o espacial o en la apreciación
de la manera en que la doctrina del poder aéreo podría guiar el desarrollo de una
campaña de guerra de información. ¿Cómo podríamos, entonces, utilizar la doctrina de
la Fuerza Aérea actual como se presenta en el Manual de la Fuerza Aérea (AFM)1-1.
Doctrina Aeroespacial Básica de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, como un modelo para
empezar a pensar en la guerra de información?
En primer lugar, supongamos que la guerra de información es una guerra
en el reino de la información como la guerra aérea lo es en los reinos aéreo y
espacial. Como el objetivo de la guerra aérea es controlar el reino aéreo con el fin de
explotarlo mientras se protegen a las fuerzas aliadas de las acciones del enemigo en el
reino aéreo, por lo tanto el objetivo de la guerra de información es controlar la
"esfera de la información" con el fin de explotarla mientras se protegen a las
fuerzas aliadas de las acciones hostiles a través del reino de la información. Por lo
tanto, como el control aéreo es generalmente descripto como antiaéreo, con antiaérea
ofensiva y defensiva, entonces cualquier estrategia y doctrina de control de la
información debe abordar la contrainformación en términos de contrainformación
ofensiva y defensiva. La contrainformación ofensiva, como la antiaérea ofensiva, podría
considerarse que involucra una explotación de la información mediante operaciones
psicológicas, engaño, guerra electrónica, o ataque físico y protección de la
información como, nuevamente, ataque físico, guerra electrónica (EW), y, a menudo,
cuestiones públicas y civiles descuidadas. La contrainformación defensiva, como la
antiaérea defensiva, incluiría una protección activa como la defensa física, OSPEC,
seguridad en las comunicaciones, seguridad en las computadoras, contrainteligencia, y,
nuevamente, cuestiones públicas. La protección pasiva incluiría ideas corrientes como
el fortalecimiento de los lugares y la seguridad física.
Si el control, o el predominio, del reino de la información es el
objetivo, como el control aéreo, no es un fin en sí mismo sino la condición para
permitir la explotación del predominio de la información para, como en la doctrina
aérea, el ataque estratégico, la interdicción, o el apoyo en el "campo de
batalla" cerrado mediante ataque de C2W. El predominio de la información de tanto la
"batalla" estratégica "fuera del campo de batalla" como del
"espacio de batalla de la información" operativo es, como el control aéreo y
espacial para la guerra de superficie tradicional, la clave para el efecto estratégico.
La aplicabilidad del pensamiento doctrinal del poder aéreo para la guerra de información
se torna ahora obvia. Una revisión de la historia de los debates del poder aéreo
mostrarían, en parte, que aquéllos que insistían en que los aviones eran meramente un
multiplicador de fuerzas para proporcionar un apoyo aéreo riguroso para el esfuerzo
"real" nunca reconocerían el potencial estratégico del poder aéreo o
respaldarían la adquisición de tecnologías para misiones aéreas estratégicas.
Mientras el pensamiento de la guerra de información sea dominado por una doctrina que
sostiene que la única guerra de información pertinente a las fuerzas armadas es la
guerra de comando y control y que la C2W es meramente una multiplicadora de fuerzas contra
la comunicaciones y el patrimonio de la información de las fuerzas enemigas en el campo,
el potencial para la explotación del predominio de la información para la guerra de
información estratégica y, nuevamente, se perderán la identificación y adquisición de
tecnologías claves. La C2W, como el apoyo aéreo riguroso, es una misión militar vital.
Es, en realidad, un componente central de la guerra de información, pero, como el apoyo
aéreo riguroso y otras misiones orientadas hacia la batalla "tradicionales", no
es toda la historia. El desafío es utilizar la doctrina de la Fuerza Aérea como la base
para imaginar la "Campaña de la Información", que, como la "Campaña
Aérea" en la Guerra del Golfo, tiene un significado estratégico. ¿Qué sería, por
ejemplo, la "velocidad, precisión y la naturaleza mortal" en una
"acometida de información"?
Epílogo: Peligro de No Desarrollar una Estrategia de Guerra de Información
Si el mundo realmente se está moviendo en una era basada en la
información, de una tercera ola, el hecho de no desarrollar una estrategia para la
información tanto defensiva como ofensiva podría poner a Estados Unidos y a sus Fuerzas
Armadas en el extremo receptor de un "Pearl Harbor Electrónico". La
información es fluída; las ventajas que ahora tenemos, y que se demostraron en la Guerra
del Golfo, podrían perderse porque tenemos muy poco control sobre la difusión de la
información de la tecnología. En segundo lugar, éste es un mundo más pequeño, y
nuestros potenciales oponentes pueden observar nuestras tecnologías e innovaciones
operativas y copiar las nuestras sin que ellos tengan que inventar nuevas para ellos
mismos. Recordemos, el centro más grande para desarrollar un nuevo software para
computadoras no es Silicon Valley sino Madras, India. ¿Qué venderán ellos a quién? Por
último, y para volver a un punto anterior, si las fuerzas armadas de Estados Unidos
enfocan la guerra de información meramente como una multiplicadora de fuerzas y adapta
pedazos de la tecnología para sólo hacer nuestra manera actual de la guerra un poco
mejor -si "digitalizamos el campo de batalla" para un retorno sin fin de una
guerra del desierto mecanizada- el verdadero peligro será que alguien más se negará a
jugar el juego a nuestra manera. ¿Qué pasaría si ellos, como Count von Moltke o el
General Mitchell, realmente piensan violentamente, compran las tecnologías de uso dual en
el mercado del mundo libre, alteran todo su concepto estratégico, y realizan el salto
hacia una estrategia de la guerra de información?
Todavía no tenemos una estrategia de la guerra de información, y no
hemos contestado las preguntas primordiales sobre la manera en que nos reorganizaríamos,
nos entrenaríamos nuevamente, y nos equiparíamos nuevamente para la guerra de la tercera
ola. Pero si algo de esto ha tenido algún sentido, ahora conocemos la urgente necesidad
de desarrollar la visión que produce la estrategia. La estrategia identificará las
tecnologías, los cambios de organizaciones, y nuevos conceptos de operaciones. Debemos
llegar a ser como von Moltke y Billy Mitchell -"Si podemos utilizar esto para hacer
aquéllo, entonces podríamos..."
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