Mercè Molist - Fronteras
Electrónicas España
Nadie se sorprendió demasiado cuando, a principios de 1999, el presidente de Estados
Unidos anunciaba que pediría al Congreso una partida de 1,4 billones de dólares, para
prevenir atentados terroristas a través de Internet: "Estamos viendo la primera ola
de ciberataques deliberados: hackers que entran en ordenadores del gobierno y empresas,
que roban y destrozan información, se meten en cuentas bancarias, manipulan tarjetas de
crédito, extorsionan amenazando con virus...", se justificó Bill Clinton.
La suya es la misma cantinela con que medios, políticos y militares bombardean a la
población desde que, en 1976, Andy Marshall, alto cargo del Pentágono, se inventó la
palabrita "infoguerra" y la idea de "lanzar bytes como se lanzan
balas". El empuje definitivo le vino de la mano de Alvin Toffler quien, en 1993,
avisaba contra un "electronic Pearl Harbor" en el contexto de la ya llamada
"ciberguerra". Mientras, Win Swarthau hacía de ello un negocio y empezaba a
montar sus cada vez más seguidas, por civiles y militares, conferencias "Infowar
Con", este año en Londres.
La introducción de la informática y las redes en las artes de la guerra tiene dos
frentes: la cada vez mayor sofisticación del armamento y del equipamiento militar, que ya
es una realidad en el ejército norteamericano y, por otra parte, de momento más irreal,
el traslado de la zona de guerra al ciberespacio, con la caricatura del batallón de
hackers mercenarios interceptando o destrozando las redes que controlan los sistemas de
comunicación y servicios básicos de paises enteros.
Aunque no hay ningún caso conocido que pueda confirmar esta segunda amenaza, sí es
patente la extrema vulnerabilidad de los sistemas mundiales de telecomunicaciones,
demostrada con ejemplos usuales de teléfonos de emergencia que se caen por una simple
actualización de programas; intrusos, más inexpertos que malintencionados, como el
adolecente que, según los medios, dejó fuera de juego durante seis horas la torre de
control del aeropuerto de Worcester, en Massachussetts, el pasado año, o decenas de
accesos no autorizados a ordenadores militares, como la entrada, a principios de este
año, de un hacker español en el sistema eucom.mil, propiedad del United States European
Command, quien no lo ha desmentido. El hacker aprovechó gravísimos errores en una
máquina que le permitieron tomar el control de toda la red, sin ser detectado hasta cinco
días después. ¿Pero, se puede llamar a esto infoguerra?.
Ciberterrorismo de estado Hoy por hoy y según declaraba recientemente en una entrevista
con "TechWeb" el fundador del estadounidense Center for Infrastructural Warfare
Studies (CIWARS), William Church, el único "infoterrorismo" que existe es el de
estado, especialmente de los Estados Unidos, con la CIA entrando ilegalmente en las
cuentas bancarias de altos rebeldes árabes, la NSA espiando por doquier a través de
redes como Echelon, o la Special Technical Operations Division (STOD) del Pentágono,
dedicada en cuerpo y alma al "hacking" y otras formas de infoguerra ofensiva
(operaciones psicológicas, interceptación de comunicaciones, etc) contra países no
gratos a los EEUU .
En cambio y según el fundador de CIWARS, los grupos terroristas están aún aprendiendo
como funciona el nuevo juego y dudan de la eficacia de una bomba lógica frente a una
bomba de amonal. En cuanto a los hackers, dice Church: "Creemos que debe haber, en
todo el mundo, sólo unos mil hackers/crackers profesionales, pero están motivados más
financieramente que por la política, se dedican a robar u otros tipos de corrupción,
alrededor del dinero".
La motivación económica, y no la política o militar, sí es la causa directa de las
primeras ciberguerras entre oponentes de la misma talla que se están librando en
Internet, según Church: "Hay casos documentados en Australia y Latinoamérica de
profesionales que tumban a proveedores de acceso con ataques de denegación de servicio,
para sacarlos del negocio". Lo mismo se dice que ha pasado en España.
Hablando de dinero, quien realmente se beneficia de los aumentos de fondos gubernamentales
para este tema son las empresas de seguridad, que les venden productos y asesoramiento. La
infoguerra, pues, no incumbe hoy a los países sinó a las corporaciones, como muy bien
predecían los textos de la literatura ciberpunk.
A jugar Sea como sea, los militares norteamericanos demuestran tomárselo muy en serio
-después de todo, ellos "encargaron" la creación de Internet a los
científicos - y organizan y acuden a cada vez más cursos, debates y conferencias sobre
la infoguerra, como el que imparte desde 1997 Robert Minehart en el US Army War College.
Se habla allí de criptología, programas maliciosos, ataques informáticos contra bancos
o aeropuertos, armas electromagnéticas, manipulación de vídeo, radiaciones, microbios
comedores de material electrónico, "spoofing", sensores y operaciones
psicológicas.
El profesor Minehart, próximo a la NSA, organizó en febrero del año pasado, en el mismo
US Army War College, un juego de entrenamiento para sus alumnos, el "Information
Assurance Seminar Game", orientado a probar cómo trabajarían juntos el sector
público y el privado, en caso de ciberataque: "Montamos una corporación ficticia,
llamada A2Z, con cinco sub-corporaciones, cada una representando una infraestructura
crítica: telecomunicaciones, transporte, finanzas, petróleo y gas y recursos
naturales", explica Minehart. Resultado: negativo.
No fue éste el primer simulacro de infoguerra realizado por los militares
norteamericanos, ni será el último, ya que cada vez suelen descubrir que están mal
protegidos y que necesitan más fondos para seguir jugando. El más famoso se dio a
conocer por primera vez en 1996, a través de la revista "Time": "The Day
After... in Cyberspace", una simulación virtual creada por la Rand Corporation, que
pintaba un año 2000 realmente movido: rupturas de bancos en Arabia Saudí, programas
troyanos en sistemas de aeropuertos, virus contra el yen, caída de la energía eléctrica
en el Cairo, fallos masivos y mundiales del sistema telefónico, redes inhabilitadas en
Estados Unidos, ordenadores militares atacados a gran escala, hospitales sumidos en el
caos, satélites perdidos, la CNN desaparece durante 12 minutos..., desastres todos
provocado por grupos ciberterroristas.
A pesar de la publicidad, antes de "The Day After..", hubo otros, como
"Information Operations", de la empresa Fred Cohen & Associates, utilizado
para el entrenamiento en la infoguerra desde 1995. Poco se sabe de él y los escenarios
por los que transcurre, ya que son alto secreto. Según Cohen, "se juega por
Internet, vía correo electrónico, y fue diseñado para enseñar sobre el potencial de la
infoguerra mientras se aprende el impacto del uso de la tecnología en situaciones
estratégicas y tácticas. Integra operaciones de información con otras en tierra, mar y
aire, e incluye temas geopolíticos, militares y económicos".
Contraseña: password La compañía de Cohen es autora de otro juego de guerra,
"WarGame 96-01", donde, en enero del 2021, se enfrentan dos bandos: las I-force
y las G-force. Formada la primera por magos informáticos que deciden resolver a su manera
la escasez de petróleo en el planeta, contra las fuerzas gubernamentales. En el juego
entra también la criptografía: el gobierno cree tener las claves de toda la población,
pero las I-force han desarrollado sistemas alternativos y engañan al Gran Hermano.
¿Profecía?
Otro juego, de Edmund M. Glabus, alto cargo de Aegis Research Corporation, es
"Infochess" o el ajedrez adaptado a la guerra: "Utilizas la denegación de
información, el engaño y la recolección de inteligencia para tomar ventaja competitiva
y el dominio informacional sobre tu oponente", explica Glabus. Aquí no se enseña la
típica infoguerra defensiva sinó que está más orientado a la estrategia, a mostrar los
principios del llamado Command and Control Warfare (C2W), definido como "el uso
integrado de operaciones psicológicas, engaño militar, operaciones de seguridad, guerra
electrónica y destrucción física, apoyado por la inteligencia, para destruir las
capacidades del adversario y proteger las propias". Actualmente, el C2W ha
evolucionado hacia el C4I (Command, Control, Communications, Computers &
Intelligence), que remarca el tema informático.
El último gran juego del que se ha tenido noticia últimamente es "Elegible
Receiver", aunque aquí se habla ya no de virtualidades sinó de ejercicio militar a
gran escala, la "primera" -según el Pentágono- simulación real de infoguerra,
que tuvo lugar en 1997 aunque permaneció en secreto hasta finales de 1998. Un grupo de
entre 50 y 70 oficiales de la NSA, utilizando programas comunes en los entornos de
seguridad de la red y simulando ser mercenarios a sueldo de Corea del Norte, localizaron y
atacaron fácilmente ordenadores militares no clasificados de Estados Unidos en el Comando
del Pacífico.
Según el Washington Times, "consiguieron acceder a los sistemas que controlan la
energía eléctrica del país" y estuvieron en condiciones de destruir el sistema 911
de emergencias telefónicas. El principal error de seguridad detectado en el ejercicio: la
mayoría de ordenadores militares tienen como contraseña la palabra "password".
¿Y EN CASA?
En Europa, aunque el ejército también se entrena con programas, no toca aún para nada
la infoguerra. Según el departamento de prensa del Ejército de Tierra español, la
simulación es usada para aprender a conducir carros de combate, helicópteros, puntería
para misiles y, en general, para el entrenamiento de la tropa y altos mandos, pero sólo
en escenarios de guerra de las de toda la vida.
REBELDES ELECTRÓNICOS
Cambiar páginas web sin autorización, para protestar por temas políticos o sociales, es
también una forma de infoguerra, aunque llamada de "bajo nivel", ya que
consiste básicamente en actos de propaganda. La comunidad hacker, contraria a la
ciberguerra, ve en cambio estas acciones de "hacktivismo" con buenos ojos.
Entre los abanderados y practicantes de la "infoguerra low tech", está el grupo
mexicano X-Ploit, quien el año pasado se hacía mundialmente conocido por una campaña de
acciones contra ordenadores del gobierno de su país, que últimamente ha reactivado.
Cayeron entonces el servidor web de la Secretaría de Hacienda, la Comisión Nacional del
Agua, el Instituto Nacional de Estadística, el Senado, etc.
Recientemente, en una entrevista conjunta con Ciberp@is y la revista "Raregazz",
declaraban que querían "hacer hacking con una finalidad, no solamente poner
"Aquí estuve", sinó aprovechar el impacto que puede tener el hecho de entrar
en un sistema que debería ser muy seguro: es una noticia que da la vuelta al mundo. Y
¿qué mejor que hacerlo para manifestar la inconformidad del pueblo?".
Aunque X-Ploit afirma no ser un grupo guerrillero ni tener contactos con los zapatistas,
aseguran que "ambos somos rebeldes, estamos contra el gobierno y aprovechamos
Internet como medio masivo de comunicación para dar a conocer problemas de nuestro país,
que el gobierno ha querido encubrir. Demostramos que, aunque "sólo" eramos unos
hackers contra todo un sistema represivo, pudimos manifestarnos y decir la verdad".
¿UN MIEDO REAL?
Los escenarios que pintan juegos como "Elegible Receiver" o "The Day
After..." son vistos, por la mayoría de civiles que han seguido el tema de cerca,
como irreales y simples actos de propaganda, para recoger fondos a favor de los cada vez
más departamentos militares dedicados al cíberataque y la cíberdefensa. Según estos
expertos, aunque sí es cierto que la infraestructura de telecomunicaciones es débil y
que las vulnerabilidades están por doquier, como han demostrado recientes ataques contra
máquinas del FBI y el ejército norteamericano; no es tan fácil tirar una planta de
energía entera sólo a través de la red informática.
Según Peter Sommer, investigador de la facultad de Economía de Londres, "para
atacar una red importante tienes que saber como funciona, necesitas una gran cantidad de
información, tendrías que infiltrar a alguien en la organización, saber cómo escribir
el código e introducirlo en el sistema. No digo que no pueda hacerse pero, para conseguir
el mismo efecto, es más fácil colocar una bomba".
También la comunidad hacker, negra protagonista de los vídeojuegos militares, se ha
declarado más de una vez contraria a la ciberguerra, basándose en una declaración
conjunta hecha por conocidos grupos norteamericanos y europeos, a finales de 1998, donde
negaron querer convertirse en "facciones paramilitares" y aseguraron que no
serán ellos los que ayuden a los Estados Unidos a justificar, con casos reales, los
fondos asignados a la infoguerra.
Tampoco la "ciberintelligentzia" está de acuerdo con la popularización
acrítica del término. Lo avisa Phil Agre, sociólogo y respetado pensador de la red,
"en un mundo en el que la infraestructura de comunicaciones está por todas partes y
cada elemento de esta infraestructura es un objetivo militar sensible, la guerra no tiene
límites espaciales, ni tampoco temporales. Es la "guerra permanente", que puede
darse, según la concepción de los militares, en cualquier aspecto de la sociedad. El
resultado de todo ello es la "guerra total"".
CIBERESCARAMUZAS
Años 80.
La National Security Agency (NSA) intercepta mensajes encriptados de Libia, Irán y
decenas de países, gracias a sus tratos con la empresa Suiza Crypto AG, que vende
programas de criptología con puertas traseras sólo conocidas por la agencia
norteamericana.
La NSA pone en marcha la red Echelon (con precursoras conocidas desde 1952), destinada a
espiar las comunicaciones telefónicas, por satélite e Internet en Europa. Descubierta su
existencia oficialmente en 1998, su principal misión parece ser el espionaje económico.
Existe otra red parecida en Australia.
1988.
En plena guerra fría, cinco hackers alemanes roban información de sitios militares
norteamericanos y franceses y la venden al KGB.
1991.
Guerra del Golfo. Considerada tradicionalmente el inicio de la era de la infoguerra.
Aviones armados con municiones de precisión atacan la red de telecomunicaciones y
energía eléctrica de Bagdad, con especial saña contra los centros informáticos de la
policía secreta iraquí. Según el Pentágono, un grupo de hackers holandeses se ofrece a
Saddam para romper el sistema militar norteamericano en Oriente Medio.
1997.
Según los medios, alguien penetra en servidores militares estadounidenses y altera los
archivos médicos de los soldados. Entre otras cosas, cambia los tipos de sangre,
información crucial en caso de transfusión durante una batalla.
El grupo guerrillero tamil, Liberation Tigers, es el primer grupo terrorista en atacar, a
través de Internet, objetivos estadounidenses, aunque el asalto sea de risa: lanzan un
"mailbombing" contra ordenadores gubernamentales.
1998
Febrero. La Whale and Dolphin Conservation Society, una organización británica para la
preservación de los mamíferos marinos, detecta intentos de entrada en sus ordenadores
provenientes de la Marina de los Estados Unidos. Objetivo: robar un informe sobre delfines
adiestrados para fines militares en el Mar Negro.
Febrero. Operación Solar Sunrise, como la llama el Pentágono. Diversos servidores DNS de
la red del Departamento de Defensa norteamericano son sistemáticamente atacados, según
el Secretario de Defensa, "como preparación de un ataque coordinado a la
Infraestructura de Información de Defensa. Coincidió en el tiempo con los preparatorios
de posibles operaciones militares contra Iraq".
Mayo. El grupo L0pht muestra ante un comité del Senado norteamericano como es posible
echar abajo los cimientos de Internet en 30 minutos.
Junio. El grupo Masters of Downloading asegura haber robado programas militares para
submarinos, satélites GPS y redes informáticas del Pentágono. El presunto terrorista
Khalid Ibrahim, del grupo separatista indio Harkat-ul-Ansar, intenta contactar con uno de
ellos por IRC y le envía un cheque de mil dólares a cambio de algunos programas.
Octubre. Según la revista "Newsweek", la CIA ha considerado la posibilidad de
entrar ilegalmente en las cuentas bancarias del líder islamista y terrorista Osama bin
Laden.
Octubre. Cómica guerra Serbia-Croacia en la red. El grupo de hackers serbios Black Hand
ataca el Centro de Informática de Kosovo, universidades y la versión en línea del
periódico "Vjesnik". La respuesta croata es entrar en el sitio web de la
Biblioteca Serbia. Black Hand reacciona robando el fichero de contraseñas del Rudjer
Boskovic Institute y se rumorea que consigue entrar en el proveedor de acceso más
importante de Croacia. Los hackers croatas, como respuesta, entran en dos servidores
serbios.
Noviembre. El servicio secreto alemán intenta contratar a un estudiante, reconocido por
su talento, para que se introduzca en los sistemas militares iraníes. El joven declina la
proposición y explica la historia al diario alemán "Spiegel".
1999
Enero. La empresa Connect Ireland acusa al gobierno indonesio de estar detrás de
diferentes ataques que han tumbado el principal servidor desde el que se gestionaba el
dominio .tp, correspondiente al Timor Oriental, antigua colonia portuguesa ocupada por
Indonesia. BBC News titula la información: "País virtual nukeado en la
red".
Marzo. La agencia Reuters y un periódico londinense, "The Sunday Business",
afirman que hackers anónimos han tomado control de un satélite militar británico y han
pedido un "rescate" por él al gobierno. El ministro de defensa lo niega y
también destacados expertos en seguridad, quienes sospechan que se trate de una
intoxicación informativa.
Marzo. Empieza la guerra de Kosovo también en la red. Hackers rusos, yugoslavos,
norteamericanos, llenan páginas de graffitis a favor y en contra de Milosevic o la OTAN.
La red se utiliza para poner en contacto a los de dentro y los de fuera el territorio.
Nacen nuevos foros de discusión, la información de la guerra vuela por las listas, se
discute los principales episodios. La red se llena de propaganda. Esta vez sí, ¿la
primera infoguerra que va en serio?. A finales de mayo, Clinton firma un documento por el
que se decreta el cierre de un satélite, vital para algunos proveedores de Internet en
Yugoslavia. Semanas después y según "Newsweek", el presidente aprueba una
operación de película: que la CIA busque y anule todas las cuentas bancarias de
Milosevic en Europa.
Marzo. Los ordenadores del gobierno norteamericano empiezan a sufrir aluviones de ataques,
que duran hasta la actualidad. Los ataques a máquinas militares y el derrumbamiento,
durante más de una semana, del web del FBI han sido los episodios más sonados. En este
contexto, el gobierno ha empezado la defensa, con el mítico applet-Java que creó el
Pentágono para atacar a los participantes en una manifestación virtual, o la nueva y
publicitada tecnología desarrollada por la Marina para detectar ataques.
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