GUERRA, INFORMACION E HISTORIA: PARADIGMAS CAMBIANTES
Elin Whitney-Smith
Estamos experimentando lo que algunos denominan una
crisis de la voluntad y otros una pérdida de patriotismo. La guerra se ha convertido en
un deporte para el espectador. Por ejemplo, Scott O'Grady: héroe americano. La historia
de su penosa experiencia y su rescate se ha transformado en parte importante de la
historia de los héroes de Estados Unidos. Ahora, pensemos por un momento qué hubiéramos
sentido si no hubiera sido rescatado. Toda la atención de los medios se hubiera
concentrado en la reacción de sus amigos y familiares ante su pérdida. Nosotros no sólo
vemos a los héroes felices en sus hogares; también vemos bolsas para cadáveres. Nos
resulta difícil, casi imposible, librar una guerra con un enfoque tan individualizado.
La naturaleza de lo que constituye una amenaza ha
cambiado. Solíamos sentirnos amenazados por el poderío de una potencia extranjera, por
sus armas y sus ejércitos. En la actualidad, nos sentimos amenazados por la debilidad y
la pobreza de un poder extranjero. Pueden llevarnos a la mesa de negociaciones fuerzas
armadas pobres y débiles, y no jóvenes y fuertes. Sucedió con Haití y nuevamente con
Cuba. Este hecho implica la total inversión de la ecuación ordinaria de poder. Los
miedos de la gente aumentan a la vez que son desafiados por el contacto con un mundo
global. Los delitos que se cometen en el centro de la ciudad se repiten en nuestras casas.
A medida que la diferencia entre el "tener" y el "no tener" es cada
vez mayor, tanto ricos como pobres se encuentran más dispuestos a escuchar a los
demagogos que claman por volver a las sociedades definidas por valores étnicos y
religiosos. Los ricos escuchan porque ven que los antiguos valores sostienen la
estabilidad, y los pobres escuchan porque se sienten engañados y atemorizados. Todos
estos problemas derivan de la Revolución de la Información, porque una revolución de
esta naturaleza crea un mundo completamente nuevo. Si queremos funcionar en este nuevo
mundo, debemos entender las dinámicas de la información y de la guerra.
Información y Guerra: dos palabras. Si pensamos en su
significado, parece extraño encontrarlas juntas
El término información tiene la cualidad del
mercurio. No puede realmente definirse. Si intentamos aprehender su significado, éste se
resquebraja, se escabulle y se une a otras partecitas. La gente intenta definirlo para
capturarlo en palabras, trata de establecer diferencias entre los términos datos e
información, o conocimiento y sabiduría, pero aún así no logra capturar su
significado. La información no obedece a las leyes comunes de la física. La información
crece a medida que se comparte. No es exclusiva. Yo les doy alguna información, y aún
sigo poseyendo dicha información. O ustedes me informan algo, y yo no lo comprendo.
Ustedes me lo repiten -Ü una y otra vez, y continúo sin entender. Luego, de pronto,
cuando ustedes se dan por vencidos, !entiendo! La información no puede cuantificarse.
Pueden contarse las palabras de un libro o los bytes del archivo de una computadora, pero
no puede cuantificarse la cantidad de información que se obtiene al leer un párrafo o un
libro o al participar de un seminario. La información es ilimitada. A medida que se
estudia un fenónemo, cada vez existe más para aprender, más para saber. La información
no es absoluta. Depende del contexto. La información existe a los ojos del espectador. Si
yo observara un llano paisaje de Alaska, no vería nada. Vería el vacio. Un cazador
esquimal recibe un caudal de información acerca de los animales que han cruzado el lugar,
el grosor del hielo, y puede ver tantas otras cosas como siete clases de nieve. De la
misma manera, puedo definir una computadora como una tecnología de información; pero si
no poseo los conocimientos para usarla, no será más que una gran piedra.
Algunos dirían que la Guerra significa matar gente
y destruir cosas. Las cosas y la gente forman parte del mundo de la materia y la energía.
Ambas, a diferencia de la información, obedecen a las leyes de la física. Las cosas y
las personas pueden contabilizarse. Podemos tener muchas cosas de una misma clase, pero
cada cosa es una y sólo una. Las cosas son exclusivas. Si ustedes me dan algo, ya no lo
tendrán más. Las cosas son absolutas. Si algo se pierde o se destruye, esa cosa no puede
reemplazarse. Aunque hagamos más cosas, las leyes de la termodinámica nos dicen que
durante el proceso de hacer algo (trabajo que transforma la materia en energía o
viceversa) existe una pérdida de calor -entropía- que no puede ser recapturado. El
problema de las cosas materiales es un problema de escasez.
Decimos que estamos ingresando en una Era de la
Información, que vivimos en una economía de la información. Pero la economía, así
como la guerra, está relacionada con la cantidad y con la escasez. Los problemas de una
era de la información son problemas de abundancia. Y en efecto, algunos de los problemas
de nuestro tiempo se relacionan con la abundancia: piratería de Software, propiedad
intelectual, cómo cuantificar el "aspecto" de un programa o cómo definir el
robo de información cuando el propietario original aún posee la información original.
Los problemas de la guerra son problemas de
escasez. La tecnología de información nos ha mostrado que tanto Scott O'Grady, como un
niño muriendo de hambre en Somalia o una pareja viniendo desde Haití en un bote son
todos individuos. En la guerra se matan personas, pero tiempo atrás esas personas eran
sólo números. Creíamos que era correcto sacrificar esos números para solucionar
algunos problemas de escasez (tierras, petróleo, riquezas). La escasez era más
importante que los números. Pero en la actualidad consideramos a estas personas como
individuos, sentimos su pérdida, sentimos la escasez. De pronto, las cosas que nos piden
que sacrifiquemos -la tierra (en especial la tierra de otras personas)- parece menos
escasa y menos deseable.
Estos problemas surgen porque estamos
experimentando un cambio desde un mundo de escasez hacia un mundo de abundancia, mientras
otros, contra quienes debemos luchar, se encuentran todavía en el mundo de la escasez.
Habitamos mundos perceptibles diferentes, y no sabemos qué pensar acerca de eso o cómo
desenvolvernos en esta situación. Seria una ventaja que todos viviéramos en el mismo
mundo perceptible. Seria una apropiada Guerra de Información.
Para comenzar a entender nuestra situación actual,
necesitamos comprender que las revoluciones de la información han cambiado el mundo
perceptible anterior, que estos cambios pueden estudiarse y entenderse y que podemos
utilizar nuestros conocimientos para comprender la Revolución de la Información actual.
Comenzaremos analizando la última Era Glaciarla y la muerte de la primera cultura de la
información.
LA PRIMERA CULTURA DE LA INFORMACION
La primera cultura de la información sucumbió
hace diez mil años atrás junto con el mamut lanudo, el visón gigante, el mastodonte, y
el tigre de dientes de sable. Esta había sido la forma de vida dominante durante miles y
miles de años. En comparación con el resto de los modelos, excepto los más recientes,
se trató de una cultura global.
La denomino una cultura basada en la información
porque si la gente de aquella época se asemejaba a los cazadores-recolectores recientes,
sobrevivieron gracias a lo que sabían y no a lo que poseían. Se encontraban a salvo,
porque conocían el lugar dónde estarían los animales y el momento apropiado para
recoger las plantas. El mundo que percibían era un mundo de abundancia, había suficiente
para todos. La condición social de un individuo se basaba en historias, canciones y
conocimientos, más que en lo que él o ella poseían. Ya que es de suponer que cualquiera
conoce probablemente buenas historias o canciones, independientemente de su género o
familia, ésta era una sociedad relativamente igualitaria. No había guerras entre los
cazadores-recolectores puesto que: 1) era imposible quitarle el conocimiento a otra
persona por medio de la fuerza, 2) poseían muy poco, y 3) lo que poseían lo compartían.
Desde nuestra perspectiva, el mundo de la Era
Glaciarla pareciera idílico: nuevos lugares para ver y nuevas personas para conocer, sin
guerras, la percepción de la abundancia, el compartir y la condición social basada en
historias, danzas y canciones. El paradigma de la abundancia: el Edén.
LA ESCASEZ - EL FIN DEL EDEN
La extinción masiva de herbívoros hizo que
repentínamente el mundo perceptible de la abundancia se transformara en un mundo
perceptible de escasez. Hubo una hambruna masiva. No era suficiente saber dónde crecía
alguna planta o por dónde pasarían los animales; fue necesario poseer, controlar y
restringir los recursos. La caza y la recolección se transformaron en un modo de vida
marginado, practicado sólo por unos pocos. La gente comenzó a desarrollar culturas
basadas en la posesión de bienes materiales, no en compartir la información. Quien con
su fuerza podia quitarles cosas a otros obtenia una mejor posición social. El Edén
desapareció.
LA INVENCION DE LA GUERRA - Jacob y Esaú
En el nuevo mundo perceptible -el mundo de la
escasez- la seguridad se basaba en la posesión de bienes materiales. La gente utilizaba
los conocimientos que poseía sobre las cosechas para cultivar en el lugar que deseara:
agricultura. Otros utilizaban sus conocimientos sobre animales para reunir y domesticar
manadas de animales: pastoreo. Jacob y Esaú. En ambos estilos de vida, la gente tomaba su
identidad del grupo y se sentían seguros porque eran miembros de un grupo. El paradigma
era la pertenencia al grupo.
La guerra es una respuesta a la escasez. Sus formas
reflejan el grado de escasez que cada grupo experimenta.
Los nómadas (Esaú) atravesaron períodos de
escasez y se convirtieron en guerreros. Aplicaban sus conocimientos referidos a cómo
matar y reunir o dividir grupos, para matar y dispersar a sus oponentes. Debido a que la
escasez por la que atravesaban no era constante, y dado que además no cultivaban, no
sentían la necesidad de poseer un espacio físico. Por lo tanto, su forma de luchar era
cruel y breve.
Los agricultores (Jacob) se asentaron y cultivaron.
Con el crecimiento de las poblaciones, comenzaron a experimentar la escasez de tierras y
se expandieron a otros lugares para ocupar más y más terrenos. Desarrollaron un estilo
de guerra basado en la ocupación y defensa de una porción de territorio. Primero
construyeron fortificaciones, probablemente contra los guerreros, y luego, con la
aparición de una nueva tecnología de información -la escritura- construyeron ciudades e
imperios. Se aferraron a la tierra, pues la riqueza provenia de ella. Desarrollaron
guerras defensivas y más tarde guerras imperiales.
Por lo tanto, podemos observar tres paradigmas:
Edén, Jacob y Esaú. Las interacciones entre estos paradigmas determinaron el estilo de
guerra que evolucionó.
LA ESCRITURA: PRIMERA TECNOLOGIA DE INFORMACION
La Línea de Jacob: Desde la Escritura hasta Roma
Con la escasez surgió la necesidad de saber quién
era miembro legitimo de un grupo y quién no, quién trabajaba y colaboraba y quién no.
Los grupos anteriores a la escritura constituían clanes. Los más viejos del grupo
sabían quién estaba emparentado con quién y por lo tanto, quién tenía una buena
posición en el grupo. Muchos de estos grupos son matriarcados; pero aún cuando no lo
fueran, a las mujeres se las valoraba porque reproducían la unidad del clan. El tamaño
del grupo tenía un límite administrativo. Estaba limitado por la habilidad para
controlar la pertenencia al grupo y el trabajo. La seguridad y la identidad se basaban en
la unidad del clan, no en el esfuerzo o la identidad individual. Aquellos que no
pertenecían al grupo eran aceptados dentro de la estructura del clan, lo que les otorgaba
una identidad, o bien eran considerados enemigos o esclavos.
La escasez conduce a la jerarquía. Los más
fuertes pueden quitarles cosas a los más débiles. Pueden obtenerse tributos de extraños
o de los miembros más débiles del grupo. Aquellos que tienen la capacidad de utilizar su
información, su poder y su carisma para obtener una posición de liderazgo pueden
restringir los medios de supervivencia a los miembros del grupo que deseen.
La transición entre los pequeños grupos de
agricultores y las civilizaciones comienza de la misma manera en todo el mundo. De pronto,
uno de estos pequeños grupos de agricultores similares entre si tiene la capacidad de
crecer y dominar a los grupos cercanos. Es capaz de elaborar proyectos de irrigación y de
librar una guerra. Ese grupo posee alguno de los sistemas de símbolos: caracteres
cuneiformes sumerios, jeroglíficos egipcios, sistema quipu de los incas, caracteres
chinos. La escritura presenta una metáfora de organización que da lugar a la percepción
de que las cosas pueden clasificarse y organizarse. El paradigma de la clase y la
organización: una revolución de la información.
El sistema de símbolos posibilitó la
administración: controlar la pertenencia al grupo e imponer contribuciones. El tamaño
del grupo aumentó. Las contribuciones pueden haber tomado la forma del servicio militar o
del trabajo en proyectos del estado. Fue necesario seguir los pasos de la gente y su
pertenencia al grupo y exigir impuestos a la riqueza para que la guerra o los proyectos de
irrigación dejaran de ser sólo una actividad temporaria para aficionados. Dado que la
pertenencia al grupo podia controlarse, la importancia que tenían los clanes en este
sentido disminuyó; y los clanes probablemente eran unidades revolucionarias, por lo que
disminuyó también el valor que se les daba a las mujeres y a su rol como encargadas de
reproducir la unidad del clan. La pertenencia al grupo como un todo era más importante
que el individuo o la identidad del clan.
Con la escritura surgieron la habilidad
organizativa y la estructura de clases. La escritura presentó una metáfora ordenada y
lineal. La gente se dio cuenta de que podía organizar las cosas y las personas de un modo
mejor y más ordenado, las cosas y las personas podían contarse y clasificarse. John
Keegan señala que el poder militar de las primitivas sociedades hidráulicas no se basaba
en ninguna superioridad tecnológica o de mano de obra, sino en la organización. La
escritura se convirtió en un modo de mantener la información en privado. Ciertos grupos
podían dominar a otros grupos basándose en su superioridad para acceder a la
información. Con la escritura el acceso a la información se limitó a aquellos que
sabían leer -la elite- y por lo tanto su poder quedó consolidado. Surgieron diferencias
entre la manera de pensar de quienes sabían leer y quienes no. Este hecho convalidó y
perpetuó la estructura de clases. Eran importantes la identidad de la clase y la
identidad del grupo. Se desarrolló una elite dividida en tres partes:
* El rey, el faraón, el inca o cualquier otro gobernante
politico era considerado un dios o un representante de dios.
* Los gobernantes eran aconsejados por los sacerdotes y los
escribas que controlaban la información. A menudo se encargaban de los proyectos del
estado y de llevar el registro de los impuestos.
* El ejército defendía al grupo de ataques extranjeros y
mantenía la población bajo control.
Para estos grupos, el objetivo de la guerra era
expandirse, conquistar más tierras, y esclavizar y obtener tributos de los conquistados.
Con aciertos y equivocaciones y conflictos con otras ciudades-estados y con los bárbaros
(herederos de la tradición guerrera de los nómadas), esta visión del mundo y esta
manera de vivir y de luchar se extendió por varias ciudades-estados y luego imperios
hasta culminar en el Oeste, con Roma.
Se libraban guerras contra los pueblos nómadas o
contra las otras ciudades-estados o imperios. El tipo de enemigo que debía enfrentarse
influía en la manera en que se desarrollaba el ejército. Si la amenaza provenia de
guerreros nómadas, se desarrollaba entonces una guerra defensiva, como sucedió en China
donde el énfasis se concentró en las estructuras defensivas (la Gran Muralla) y en la
hostilidad hacia el invasor. La noción de batallas decisivas no evolucionó. Si la
amenaza provenia de un igual, se intensificaban las tácticas y las estrategias y éstas
evolucionaban. Si no existía tal amenaza, no era necesario entonces un gran desarrollo
militar y, como sucedió con los Aztecas del Nuevo Mundo, la guerra se tornaba
prácticamente ceremonial. La guerra no desapareció porque la elite militar debía seguir
justificando su lugar en la sociedad y los tres componentes de la elite necesitaban
controlar la violencia organizada en caso de una rebelión popular.
LA LINEA DE ESAU: LOS NOMADAS Y LA CABALLERIA
Los nómadas mantuvieron una visión del mundo
parecida a la de los cazadores-recolectores. Formaron grupos sociales relativamente
igualitarios basados en el parentesco, o mantuvieron alianzas entre los grupos dirigidos
por un líder carismático. Los nómadas deben haber inventado la guerra utilizando sus
conocimientos sobre cómo matar y reducir una manada de animales para enfrentarse con
otros hombres. Con el correr del tiempo, los nómadas también continuaron evolucionando,
inventando el carro de guerra, la caballería y el estribo. Sus invenciones fueron
adoptadas por aquellos a quienes atacaban. Los nómadas no sentían la necesidad de poseer
una porción de territorio, porque los nómadas no cultivaban. Arribaban a un lugar, se
apoderaban de lo que podían transportar y partían. Si los nómadas decidían
establecerse y tenían éxito, adoptaban la estructura politica existente en el lugar y
formaban parte del sistema agrícola, como sucedió con los Normandos en Francia, los
Jatos en las Islas Británicas, los manchucianos en China.
LAS GUERRAS DE JACOB Y ESAU
Cuando los agricultores (línea de Jacob) atacaron
a los cazadores-recolectores (Edén) o a los nómadas (linea de Esas), el resultado fue el
imperialismo. Cuando la línea de Esaú atacó al Edén, el resultado fue la
esclavización del pueblo de Edén. Cuando la línea de Esaú atacaba a una sociedad
similar, el perdedor era convertido en esclavo o debía pagar un tributo al ganador. Sólo
cuando los agricultores más experimentados (línea de Jacob) se enfrentaron entre sí
-tanto ofensiva como defensivamente- la naturaleza de la guerra "progresó". Si
la línea de Esaú atacaba sorpresivamente a la línea de Jacob, la sociedad agrícola
defensiva desarrollaba fortificaciones más sofisticadas. Si la línea de Jacob competía
con sus iguales, independientemente del resultado, se producía un notable aumento en el
desarrollo de las tecnologías, tácticas, estrategias y organización militar.
Notas:
1) La manera de responder a la escasez determina el estilo de
guerra que se desarrolla. Los agricultores desarrollaron una guerra defensiva en resguardo
de la tierra. Los pastores efectuaron ataques ofensivos en forma repentina con el objeto
de obtener alguna recompensa para poder afrontar los períodos de escasez.
2) El tipo de competencia determina en qué medida evoluciona el
arte de la guerra. La escasa competencia con grupos pobremente organizados o equipados
conduce a la expansión y el arte de la guerra evoluciona poco o nada. La competencia con
grupos bien armados y equipados conlleva a la evolución de las tácticas, las
tecnologías y las estrategias.
LA INFORMACION Y EL IMPERIO
La evolución de la escritura, la percepción de la
organización y la clasificación, y el desarrollo de una elite compuesta por tres partes,
constituyen adelantos administrativos que permiten que el grupo se expanda, traspasando
los límites del pequeño clan de agricultores. Los imperios también poseen límites
administrativos.
LOS LIMITES DE LOS IMPERIOS: ROMA Y CHINA
Los miembros de la dinastía Han de China se
alejaron de su lugar de origen y conquistaron otras tierras para desarrollar una
agricultura hidráulica, asimilando o esclavizando a otros pueblos, y desplazando a los
grupos de cazadores-recolectores hacia las colinas o fuera del área apropiada para el
cultivo. Continuaron expandiéndose hasta alcanzar el límite de las tierras cultivables.
Con el surgimiento de nuevas tecnologías y la utilización de nuevas vías fluviales, el
imperio y los límites de la agricultura se extendieron. La Gran Muralla se encuentra
ubicada en una zona inapropiada para el cultivo. A lo largo de la historia de China, se
produjeron cambios de dinastía. Periódicamente, los nómadas provenientes del norte
hacían su aparición, tomaban el control del gobierno y adoptaban las características de
los gobernados, o bien simplemente se retiraban con el botín. Hubo épocas de
desorganización, en las que cada área era dirigida por su jefe militar. Pero en todos
los casos, la administración pública de Confucio (propietarios de la información)
sirvió para equilibrar y modificar las lealtades, teniendo gran poder en algunos casos y
en otros menos, pero manteniendo una relativa estabilidad. China alcanzó el límite
económico y por lo tanto, no excedió los límites de la administración, la
organización o la información.
Roma también se expandió, realizando permanentes
conquistas y exigiendo tributos a los conquistados. La economía dependía de la continua
expansión del imperio. Roma había desarrollado una administración pública y los
mecanismos de un imperio. La ciudadanía romana era codiciada. Otorgaba una valiosa
identidad social. A medida que fueron extendiéndose los límites del imperio, la
administración y el mantenimiento del ejército y del imperio resultaron más costosos y
difíciles de manejar. A menudo, los bárbaros encontraban ventajoso unirse al imperio,
convertirse en ciudadanos, y formar parte del ejército. A pesar de adoptar la ciudadanía
romana, algunos grupos mantuvieron su propia identidad y costumbres. Realizaban diferentes
convenios con el imperio. Con cada nuevo acuerdo, las cuestiones administrativas eran cada
vez más abundantes. Cuando atacaban al imperio, los grupos armados individuales luchaban
para defenderlo o se unían a los atacantes. El Imperio Romano sobrepasó los límites de
la administración o de la información antes de alcanzar un límite económico.
DESPUES DE ROMA: ESAU EN EL MUNDO DE JACOB
En Occidente, existe una noción más desarrollada
sobre la identidad individual. Pocas personas se definen a sí mismas en primer lugar con
referencia a su grupo nacional o étnico. El significado principal de sus vidas se basa en
la realización individual. La dinámica que dio origen a la evolución de la
individualidad comenzó con la caída de Roma. La evolución de la individualidad se basa
en la separación de la fuente principal de información de la estructura tradicional de
poder. La caída de Roma inició un paradigma de individualidad y competencia.
Con la caída de Roma, la administración pública
romana desapareció, como así también la estructura politica y militar. La Iglesia
Romana fue la única fuente de información que sobrevivió y la única institución que
preservó su organización. Las funciones políticas y militares mostraban una
desorganización tal que cada una de las pequeñas ciudades o feudos debía tener su
propia administración y sistema de defensa. Cada pequeño grupo y cada individuo se
enfrentaba a cada uno de los demás; era un ambiente altamente competitivo e
individualista.
Para defenderse de los ataques sorpresivos de los
nómadas se habían construido las murallas. En la Edad Media observamos guerreros
independientes o pequeños grupos atacando castillos cada vez más elaborados, y a los
caballeros convertidos ellos mismos en fortificaciones detrás de sus armaduras.
El paradigma de organización era el de Esaú, pero
viviendo en el mundo de Jacob. Las alianzas eran personales, siguiendo el modelo de las
tribus germánicas. En el comienzo de la Edad Media las guerras se traducían en
enfrentamientos individuales o rivalidades entre grupos reducidos. Cualquier pequeño
propietario podía considerarse a sí mismo un poder militar. No existían las tácticas
ni las estrategias tal como las conocemos en la actualidad.
A diferencia de la guerra librada por los nómadas,
la gente de la Edad Media luchaba tanto por el territorio como por obtener un botín.
Aunque cada señor feudal contaba con sacerdotes que en su lugar aconsejaban y se ocupaban
de la administración, la Iglesia como institución hizo muy poco para controlar el caos
que se suscitaba en la política europea. Apoyaba a un príncipe y luego a otro, de
acuerdo con sus propios intereses. Esto provocó una especie de competencia armada entre
facciones.
La Iglesia Romana mantuvo su organización. No
necesitaba de los príncipes. Su objetivo era mantener a los príncipes relativamente
desposeídos de poder para promover de esta manera el laicismo. Tenía derecho a exigir el
pago de contribuciones directas: diezmo. Con la imposición del diezmo, resultaba
ventajoso para la Iglesia que el laicado fuera económicamente productivo. Por lo tanto,
la Iglesia fomentaba el desarrollo de la tecnología y la difusión de la información.
Los Monasterios de la Edad Media funcionaban a menudo como lo hacen en la actualidad los
centros de extensión agrícola, con el fin de elaborar y difundir información sobre las
técnicas y tecnologías para aumentar la productividad. Se alentaba a los individuos para
que fueran productivos y para que le dieran a la Iglesia. Tanto los hombres como las
mujeres eran educados por la Iglesia. En los comienzos de la Edad Media, muchos escribas
eran mujeres. La capacidad de leer y escribir constituía más una función de clase que
de género. El tipo de Cristianismo que se desarrolló en Occidente apoyó las buenas
obras y apoyó también la tecnología como un manera de realizar buenas obras.
Por el contrario, el Imperio Bizantino continuó
con la estructura basada en una elite compuesta por tres partes, que había adquirido
antes de la caída de Roma. La existencia económica de la Iglesia de Oriente dependía de
la estructura política de poder. Sus intereses se basaban en respaldar al Imperio.
Desarrolló un Cristianismo que apoyaba el misticismo, el ascetismo y la sumisión a la
voluntad de Dios y no a las buenas obras. No fomentó la productividad individual ni el
aprendizaje individual, ni tampoco brindó conocimientos al laicado. Por este motivo, no
se desarrolló la noción de individualidad. La identidad se basaba aún en la pertenencia
al grupo.
La caída de Roma destruyó la estructura de la
elite compuesta por tres partes. La Iglesia podía utilizar su poder para respaldar a una
facción y luego a otra. Este hecho impulsó una dinámica altamente competitiva en
Europa: príncipes contra príncipes, el pueblo contra los príncipes, y la Iglesia
apoyando a uno u otro grupo y alentando con frecuencia el desarrollo de la riqueza
individual sobre la de los líderes políticos.
En materia militar, se produjo una intensificación
de las armas y del arte de la guerra: la competencia con grupos armados y equipados de
manera similar tuvo como consecuencia la evolución de las tácticas, las tecnologías y
las estrategias.
Fue una Revolución de la Información, pues
aquellos que no formaban parte de la elite tuvieron mayor acceso a la información. Por
primera vez, los individuos fueron alentados por su sistema de valores (la Iglesia Romana)
para que utilizaran la tecnología y mejoraran sus condiciones, sin importar su
pertenencia a un grupo. En el aspecto social, este hecho dio origen a un marco de
referencia más individualista.
Podemos comenzar a apreciar una diferencia de
contextos, donde por un lado, la información era relativamente libre (accesible a quienes
no formaban parte de la elite tradicional), y por otro, donde la información era
controlada por la elite tradicional. La libre información conduce a un mayor sentido de
la individualidad; el grupo que posee mayor libertad de información tiende a ganar, pues
sus miembros tienen mayor capacidad para inventar, producir y superar económicamente
cualquier inconveniente.
LA REVOLUCION DE LA IMPRENTA
LA IMPRENTA: FASE I
La escritura había introducido una organización
de pensamiento lineal. La caída de Roma introdujo la noción de la individualidad; y la
imprenta, con sus caracteres móviles estándar y sus ediciones de libros estandarizadas,
constituyó una metáfora que la gente aplicó en todos los órdenes de su vida: El
paradigma de la estandarización y la reproducción.
El primer impacto que tuvo la imprenta se
relacionó con la consolidación del estado absolutista. La nación-estado reemplazó a la
ciudad-estado como la unidad política más importante. El mayor acceso a los libros
provocó un incremento en el número de laicos de la clase alta con capacidad para leer y
escribir, lo que favoreció la formación de las primeras naciones-estados. Los reyes
fundaron universidades para educar a los futuros ministros de gobierno. Los ministros
debían fiscalizar las cortes reales y lo referido a regulación e impuestos al comercio
entre las ciudades y de ultramar. Aumentó la necesidad de poseer leyes y reglamentaciones
comunes para toda la nación.
Con el incremento de la capacidad para exigir el
pago de contribuciones y el surgimiento de la consolidación, los reyes tuvieron acceso a
los tesoros y a los mercenarios. El ejército se hizo más profesional; debía ser leal al
rey, aunque se tratara de una lealtad comprada, en lugar de basarse en la fidelidad
personal hacia un señor feudal, como sucedió en la Edad Media. Howard describe la armada
de la invasión francesa de 1494:
"Con una visión retrospectiva podemos
describir las fuerzas de Carlos VII como la primera armada "moderna", en el
sentido de que estaba compuesta por tres armas que se desplegaban de diversas maneras con
tácticas de apoyo mutuo, y que estaba formada en su mayoría por hombres a quienes se les
pagaba desde un tesoro central."
La guerra continuaba siendo una cuestión de
relaciones entre príncipes, pero progresivamente esas relaciones fueron basándose en el
poder económico y militar, más que en obligaciones o rivalidades feudales. Las doctrina
política de Maquiavelo, hijo de la imprenta, sostenía que los estados por sí solos
podían juzgar sus propios intereses, y esos intereses eran los del príncipe.
A fines de la Edad Media las entidades más
poderosas de Occidente eran las ciudades de Italia y la Península Ibérica, las más
cercanas a la principal fuente de información: la Iglesia. En los comienzos, estuvieron
en la primera fila de la nueva era de la información. Realizaron exploraciones,
confeccionaron nuevos mapas, aprendieron y enseñaron tecnologías de navegación y
desarrollaron una cultura de la información rica y activa. La Iglesia continuó apoyando
el aprendizaje y sus miembros formaron parte de diversos ministerios de estado y
universidades, fundadas para la instrucción de la clase alta.
LA IMPRENTA: FASE II
Con el advenimiento de la Reforma Protestante, la
Iglesia perdió el monopolio que poseía sobre la religión y la información. Comenzó a
tomar decisiones basadas en el temor. De pronto sintió que era necesario contar con el
apoyo de los poderes político y militar. La Iglesia Católica de Occidente concertó
alianzas con los poderes políticos de España, Portugal, e Italia, a semejanza de la
Iglesia del Imperio Bizantino. (Aunque Francia continuó siendo una nación católica, la
alianza entre los poderes no fue tan firme como en la Península Ibérica.) Durante la
Inquisición y la Contrarreforma, la Iglesia suprimió la información y la tecnología de
información. Dejó de predicar un Cristianismo basado en la individualidad, abandonó su
apoyo a la tecnología como medio para acrecentar las buenas obras, y comenzó a inculcar
la obediencia a la autoridad y a un Cristianismo más místico.
Los países protestantes, Holanda e Inglaterra, no
suprimieron la tecnología de información. Se transformaron en culturas intensivamente
relacionadas con la imprenta, del mismo modo que nosotros conformamos una cultura
intensiva de la televisión. Se desarrolló una clase de artesanos cultos, personas que
habían crecido en talleres artesanales y que luego habían aprendido a leer y a escribir.
Comenzaron a utilizarse registros escritos para realizar un seguimiento de la materia
prima y de los productos finalizados. Se vieron liberados del antiguo sistema de
producción basado en la estructura familiar. Inventaron la estructura básica del
capitalismo caracterizada por la división de los salarios (un trabajo estándar que
fabrica un producto estándar) y la posesión de los medios de producción (una
reproducción basada en maquinarias y medidas estandarizadas). Se modificaron la ecuación
de poder y cada una de las instituciones de vida: una Revolución de la Información.
Holanda en primer lugar y luego Inglaterra se transformaron en las naciones más poderosas
de Europa. Muchos impresores que vivían en España se fueron hacia los Paises Bajos.
Allí encontraron gente que quería conocer y comprar todo tipo de material impreso. Se
imprimían y compraban toda clase de libros sobre cómo hacer tal cosa, manuales de
comercio, pornografía, música, mapas, mazos de cartas, y libros para niños. Los
comerciantes utilizaban su capacidad para leer y escribir con el objeto de organizar el
comercio en forma racional. El alfabetismo les permitió llevar libros para efectuar un
seguimiento de las inversiones favorables y desfavorables y controlar mayor cantidad de
mercaderia que en tiempos pasados. Con el control de los mercados y del diseño de las
manufacturas, la producción de textiles comenzó a ser más fructífera.
Inglaterra ingresó a la Revolución de la
Información después que los holandeses, debido a la persecución de los protestantes y a
la limitación de la prensa impuesta por la Reina Católica María. Después de su muerte,
los impresores comenzaron a actuar nuevamente en forma activa en Inglaterra. Como los
holandeses controlaban el comercio, los comerciantes de Inglaterra debieron buscar otros
lugares. Surgió así una nueva generación de comerciantes, hijos de artesanos, pero que
combinaban sus conocimientos artesanales con el alfabetismo y el conocimiento de los
números. Podían distribuir cantidades fijas de materia prima y pagar precios fijos por
una determinada cantidad y calidad de productos terminados, porque podían seguir el
desarrollo de la transacción. Estos artesanos cultos inventaron un sistema de trabajo
distinto, que se realizaba fuera del local. Algunos empleaban hasta 100 aprendices. La
nueva manera de comerciar permitió que la fabricación de productos ingleses fuera más
barata que la producción artesanal.
A medida que fueron enriqueciéndose más y más
personas que anteriormente hablan sido artesanos, comenzaron a adquirir mayores
privilegios. Durante la Revolución Inglesa, muchos de los partidarios y consejeros de
Cromwell provenían de la nueva clase de adinerados, los hijos educados de los artesanos.
La posición social fue relacionándose cada vez más con la riqueza que con el linaje.
Con la restauración de la monarquía, los comerciantes y fabricantes adinerados pudieron
acceder al poder político. La variabilidad social aumentó.
Antes de que se modificara la producción, la
familia habla constituido la unidad social y económicamente productiva más importante.
Incluía la familia biológica (a menudo varias generaciones), aprendices, obreros y
ayudantes contratados, que vivían todos juntos. Con la habilidad de los maestros
artesanos para controlar el trabajo con la escritura y la utilización de libros
contables, la producción se desplazó fuera de los hogares. La familia como unidad pasó
a formar parte del ámbito privado y ocupó un lagar secundario en importancia dentro de
la unidad económicamente productiva.
Este cambio en las relaciones productivas tuvo
repercusiones en la familia. Las mujeres y los niños que pertenecían a las familias de
los maestros artesanos dejaron de participar en la producción. Perdieron su importancia
económica. El alfabetismo se convirtió en un signo de adultez, definiendo por lo tanto a
los analfabetos como personas no adultas. La privacidad se hizo más importante, ya que
los analfabetos no tenían acceso a cierta información. Los niños, a quienes se los
había considerado como pequeños adultos, pasaron a formar parte de una clase
independiente definida por la edad, a la que debía protegérsela de cierta información.
Como el hogar se independizó del lugar de producción, surgieron diferencias entre lo
público y lo privado, el trabajo y el hogar, el exterior y el interior. Las mujeres, los
niños y los viejos formaron parte del mundo privado, interior; y, puesto que todos eran
analfabetos y no participaban de las actividades relacionadas con la producción, fueron
considerados cada vez con mayor frecuencia como personas no adultas.
Desde la invención de la escritura hasta el
surgimiento de Roma, la guerra evolucionó dentro del mismo paradigma. Desde la caída de
Roma hasta la invención de la imprenta, la guerra evolucionó de la misma manera: grupos
que efectuaban alianzas y se unían en unidades más y más grandes, nuevamente dentro del
mismo paradigma, el paradigma de la fidelidad feudal.
Desde la invención de la imprenta y el surgimiento
de la nación-estado, la guerra evolucionó de manera tal que fue cada vez más
estandarizada y profesional, mejor organizada y disciplinada y con mayor cantidad de
personas, culminando en las armadas multitudinarias de la Era Napoleónica. El paradigma
de la guerra se basaba en una concepción estandarizada de las armadas -infantería,
artillería y caballería- dirigidas por oficiales que poseían alguna educación en el
arte de la guerra, que se enfrentaban entre sí utilizando las tácticas y estrategias que
poseían para vencer en una determinada porción de territorio. El ganador contaba con
mejores tácticas, mejor tecnología, más hombres, o había podido escoger el territorio
más ventajoso. Y del mismo modo que en las dos eras anteriores, el enfrentamiento con
ejércitos armados y equipados de manera similar resultó en una evolución de las
tácticas, las tecnologías y las estrategias. Pero entre estos grupos, no existió
diferencia alguna en el modo en que consideraban debía librarse una batalla o en el
significado de la guerra.
Durante la última parte de este periodo, los
ejércitos sí debieron enfrentar paradigmas diferentes, y se vieron desconcertados. Las
armadas napoleónicas marcharon sobre Rusia. Los cosacos, actuando dentro del paradigma
bélico de Esaú, atacaron y hostigaron a las tropas, pero abandonaron e inclusive
destruyeron el territorio, escapando de la armada napoleónica que esperaba que
permanecieran en el lugar y lucharan. Su comportamiento no satisfizo las expectativas del
ejército. Sus actividades desconcertaron y disgustaron al gran pensador militar europeo,
Karl Von Clausewitz, que estaba indignado por esta actitud y consideraba que traspasaba
los límites de la "guerra civilizada". Clausewitz estaba completamente inmerso
en la tradición del paradigma bélico europeo.
LA REVOLUCION DE LA ELECTRICIDAD: EL TELEGRAFO Y EL TELEFONO
La Revolución de la Electricidad continuó la
evolución de la individualidad. Las guerras dejaron de ser puramente una cuestión de
coraje y derrota del adversario, para convertirse cada vez más en una cuestión de
logística, recursos, producción, comunicación, y tecnología. El poder militar se
trasladó desde unidades del tamaño de un estado hacia unidades del tamaño de
superpotencias como el Reino Unido, los Estados Unidos y eventualmente la Unión
Soviética. El poder económico pasó de Europa a los Estados Unidos. La identidad de la
familia cambió, dejó de ser una familia multi-generacional y extendida para convertirse
en un núcleo familiar, y definió al individuo por sus ocupaciones, más que por su
familia o clase. Para cuando esta revolución llegó a su fin, por primera vez en la
historia del mundo, se suponía que todos los adultos sabían leer.
La percepción se desplazó desde un mundo
meramente estandarizado hacia un mundo donde los flujos de materia y energía se
restringieron en jerarquías. El paradigma de la continuidad, el progreso y la
organización jerárquica.
FASE I: EL TELEGRAFO
La guerra más significativa del primer período
del telégrafo fue la Guerra Civil de los Estados Unidos. El Sur constituía aún una
economía básicamente rural e incluso feudal. Lo que una persona hacía y su posición en
la plantación, al igual que en los feudos, se basaba más en la identidad social que en
el trabajo. No veían la necesidad de poseer un control interestadual, lazos
interestaduales o una identidad nacional.
El Norte se había mantenido unido gracias al
ferrocarril y al telégrafo. Había comenzado a pensar en términos de una identidad
nacional. Había abandonado la noción de límites precisos, pues había empezado a
analizar la necesidad de elaborar leyes que reglamentaran la incorporación de personas,
el sistema ferroviario y el comercio nacional, que se aplicarian en todos los estados,
atravesando sus límites geográficos. El Norte había presenciado el desarrollo de un
grupo de profesionales urbanizados que debían su posición a su habilidad más que a su
linaje, y el comienzo del progreso por encima de la jerarquía económica y social. El
Norte constituía parte de la nueva Era de la Electricidad.
El triunfo en la Guerra Civil otorgó a la gente
del Norte la bendición del destino. La apertura de Occidente y la visión de una nación
que se expandía marítimamente los inspiró. Weibe escribe sobre América hacia fines del
siglo XIX:
"A comienzos de los ochenta los publicistas
saboreaban el término nación en el sentido de un continente conquistado y domesticado.
Era una palabra que implicaba ante todo emprendimiento y desarrollo en crecimiento...
Ningún periodo se ajustó mejor a una definición más uniforme y completa:
nacionalización, industrialización, mecanización, urbanización."
La base de esta revolución de la información fue
el telégrafo. El ferrocarril antecedió al telégrafo, pero sólo a partir de la
invención de los conmutadores telegráficos los trenes pudieron funcionar sin riesgos. En
materia de organización, los costos administrativos superaban los ingresos que brindaba
el ferrocarril. Era imposible operar cualquier tipo de vía férrea (con una distancia de
más de 50 millas) sin contar con una administración realizada en forma racional. La
estructura de la red de conmutadores telegráficos (comunicación de ida y vuelta)
sugirió una nueva manera de organización: la jerarquía burocrática restringida.
Daniel McCallum, un inspirado usuario del
telégrafo, introdujo el familiar cuadro de organización jerárquica y las prácticas
comerciales modernas. Consideró al cuadro organizativo como una estructura de
comunicaciones y responsabilidades. Introdujo la noción de una cadena de comando, en la
cual un empleado debía responder sólo a su jefe, y estableció que los jefes tenían la
facultad de contratar y despedir. Esto limitó el poder de los jefes, redujo la
información y las dificultades en la toma de decisiones, e introdujo la contabilidad. La
nueva estructura organizativa permitió que el comercio creciera. Otros copiaron lo que el
ferrocarril había iniciado.
El cambio en la estructura comercial incrementó la
variabilidad social. La gente podía ascender en la jerarquía comercial. Podía
destacarse sin necesidad de poseer un comercio o una finca. Las industrias debían contar
con mano de obra barata, una necesidad resuelta en gran parte por los inmigrantes. La
nación se tornó más extranjera y más urbana. Todos estos cambios provocaron el
desgaste de la familia de agricultores amplia, rural, multi-generacional y extendida, y
modificó la definición de familia por la de madre, padre e hijos: el núcleo familiar.
Estos cambios, junto con el adelanto de las
comunicaciones, originaron la percepción de una nueva sociedad, que en gran parte fue
considerada extraña y peligrosa. Hubo una reacción conservadora generalizada. Los
"Know-Nothings", fundamentalistas religiosos, el aislacionismo, y el movimiento
de los "Patrocinadores de la Agricultura" -todos productos de ese tiempo-
constituyeron intentos por volver a una época más simple. Weibe escribe:
"A medida que los hombres fueron alejándose
más y más de sus comunidades, intentaron desesperadamente comprender la expansión del
mundo en términos de su reducido ambiente familiar. Intentaron, en otras palabras,
imponer lo conocido sobre lo desconocido, dominar un mundo impersonal a través de las
costumbres de una sociedad personal. Fallaron, a menudo sin saber por qué."
Las jerarquías no eran algo nuevo, pero habían
estado determinadas por la posición social. La jerarquía militar constituye un indicio
de lo que era la jerarquía establecida antes del telégrafo: todos los suboficiales
saludan a todos los oficiales, y un oficial es un caballero, y la comunicación se
desplaza en un solo sentido. En el comercio, antes de la introducción de una jerarquía
comercial racional, tanto los directores como los propietarios podían pedir a un empleado
que cortara el césped o sacara la basura. El empleado era un sirviente del propietario.
Pertenecía a una clase social diferente, y esa clase era fija.
En una jerarquía burocrática, el trabajo define a
la persona, no su posición social. El conductor del ferrocarril podía decirle al
presidente de la compañía que debía subir al tren o quedarse en la estación, y un
operador de telégrafos podía interrumpir una reunión con noticias importantes o demorar
un tren. Un jefe intermedio tenía la facultad de contratar y despedir a quienes se
encontraran por debajo de él. Un trabajador era responsable sólo ante el jefe que estaba
directamente por encima de él, no ante el director de algún otro departamento, y al jefe
se lo instruía para que impartiera sus órdenes dentro de la competencia laboral del
empleado. (Los directores no podían solicitar servicios personales para sus hogares o
familias.) Si una persona se desempeñaba eficientemente, podía ascender de puesto en la
organización. Todo esto constituyó un alejamiento radical de la empresa familiar.
Como resultado de la nueva jerarquía burocrática
se desarrolló un sentido de la importancia individual basada en la competencia
profesional. El individuo que se encontraba en el punto más bajo de la escala social
podía dar órdenes a quienes estaban en la cima de la escala social en virtud de su
profesión. El conductor o el operador del telégrafo eran personas importantes, pues
controlaban la información sin la cual hubiera peligrado todo el sistema. (El conductor
controlaba el tiempo. Si el tren no funcionaba puntualmente, aumentaba la probabilidad de
un accidente, aunque ayudaban las conexiones telegráficas entre las estaciones.)
El comercio adoptó la estructura organizativa del
ferrocarril y del telégrafo, y la noción de continuidad se aplicó aún con mayor
intensidad. Primero los distribuidores ("Montgomery Ward", "Sears and
Roebuck", "The Atiantic and Pacific Tea Company"), y luego los fabricantes
(productos Swift) comenzaron a pensar de qué manera podían mejorar la confiabilidad y
aumentar la eficiencia. Empezaron a tomar posesión de sus proveedores. Los fabricantes
comenzaron a visualizar la producción en términos de un flujo continuo. En el diálogo
comercial empezaron a surgir los procesos en lugar de las unidades. Se creó la cadena de
montaje.
FASE II: EL TELEFONO
Inglaterra había utilizado eficazmente el
telégrafo y el ferrocarril para administrar su imperio, pero no había adoptado los
cambios organizativos desarrollados en América. La introducción del teléfono provocó
la expansión de la revolución de la información eléctrica y trasladó el equilibrio de
poder económico desde Londres a Nueva York. Fue posible administrar diversas empresas y
controlar varias industrias. El paradigma de la continuidad organizada se extendió a las
jerarquías racionalizadas y limitadas.
Los franceses y los ingleses no adoptaron la nueva
tecnología de las comunicaciones con el mismo fervor con que lo habían hecho los
americanos. El ingeniero en jefe del Servicio Postal Británico, Sir William Preece,
resumió la actitud inglesa:
"Pocos han trabajado con el teléfono mucho
más que yo. Tengo uno en mi oficina, pero es más para mostrarlo. Si deseo enviar un
mensaje, utilizo un receptor telegráfico o empleo a un chico para que lo envíe."
La actitud de los franceses fue aún más
restringida. Attali y Stoundze escriben sobre los problemas de la economía francesa:
"El crecimiento de las empresas que
necesitaban de los mercados mundiales las hizo más difíciles de administrar: la cadena
de producción se tornó complicada, requiriendo más tiempo y espacio. Para poder seguir
compitiendo, el tiempo de demora en la distribución tenía que ser breve. Debían
controlarse los largos procesos técnicos de producción y distribución, algo que las
estructuras locales de poder (en Francia), no familiarizadas con el trabajo de las grandes
industrias, no pudieron manejar. De allí en adelante, el teléfono adquirió una
importancia vital. Ayudó a terminar con la crisis de 1880 ganando nuevos mercados, y
jugó un significativo papel en la competencia desenfrenada de mercados nacionales e
internacionales hasta la depresión de 1929."
En materia política, el gobierno francés sostuvo
una actitud de mayor control sobre la tecnología de información que en los Estados
Unidos o en Inglaterra.
"Los gobiernos siempre mantuvieron el uso
exclusivo de aquellas cosas que, de caer en malas manos, podrían amenazar la seguridad
pública y privada: los venenos, los explosivos son distribuidos sólo con autorización
del Estado, y ciertamente el telégrafo, en malas manos, podría transformarse en la más
peligrosa de las armas."
Como consecuencia de ello, el poder político,
económico y militar (basado en la eficiencia productiva) se trasladó desde Europa hacia
los Estados Unidos. En Europa las actividades comerciales continuaron desarrollándose en
forma personal y desde el ámbito familiar. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX,
el poderío económico de Inglaterra ya no se basaba en su capacidad de fabricación
(entre 1880 y 1890 la producción de acero de los Estados Unidos había superado la de
Inglaterra), sino en su relación con el imperio como proveedor de materias primas.
Con más y más cantidad de productos
manufacturados y vendidos por dinero en efectivo, era importante convencer a las mujeres
para que compraran los productos en lugar de fabricarlos en sus hogares. La industria de
las nuevas comunicaciones vendió la "noción de modernidad" aún más
eficazmente que sus productos. Cada vez mayor parte del trabajo tradicional de las mujeres
era producido por las industrias y las máquinas. El teléfono incrementó la separación
entre el hogar y el mundo económico. Surgieron los suburbios, ya que los hombres de
negocios podían mantenerse comunicados por intermedio del teléfono. La vida de las
mujeres se hizo más restringida y aislada. Como las mujeres sintieron la necesidad de
reintegrarse a la vida de la nación, organizaron movimientos en favor del sufragio y se
convirtieron en activistas sociales. A medida que las industrias se hicieron más
eficientes, la demanda laboral disminuyó. Al mismo tiempo, la gente recibía más
información y con mayor velocidad. La ciudad fue considerada como una guarida del mal,
poblada por extranjeros. El temor que esto engendró originó reacciones tanto
conservadoras como reformadoras. Las mujeres se pronunciaban en contra del trabajo de los
menores y apoyaban la educación como un medio para "civilizar" y
"americanizar" a los hijos de los inmigrantes. Cambiaron nuevamente las leyes
sobre trabajo de menores y la educación profesional y de las escuelas públicas y en este
proceso se extendió la naturaleza de la niñez.
La revolución en la producción y el traslado del
poder económico desde Europa hacia los Estados Unidos tuvo repercusiones políticas y
militares. La proporción en el cambio social y en el cambio económico hizo que la gente
se sintiera insegura. Las guerras constituían en parte una cuestión económica y en
parte una reacción conservadora por parte de aquellos que aún mantenían una identidad
grupal-étnica-clasista contra el mundo individualista-pluralista surgido de la
Revolución de la Electricidad. Las guerras de la Revolución de la Electricidad se
ganaron en la línea de la producción y en los laboratorios de investigación mucho más
que en el campo de batalla. Y de esos laboratorios surgieron las tecnologías de la
siguiente Revolución de la Información.
LA REVOLUCION DIGITAL
Ahora nos encontramos inmersos en otra Revolución
de la Información, y existen semejanzas con sus predecesoras. La ecuación de poder se ha
modificado para beneficiar a la cultura de la información más intensiva. La Revolución
de las Macrocomputadoras, al igual que la antigua Revolución de la Prensa y la antigua
Revolución de la Electricidad, permitieron que las potencias dominantes -los Estados
Unidos y la URSS extendieran su control administrativo. La URSS no permitió la libertad
de información o la libertad de la tecnología de información. Los Estados Unidos si lo
hicieron. Como consecuencia de ello, la industria electrónica de los Estados Unidos
superó ampliamente la de la URSS.
La esencia de la Revolución Digital es el control
local. El paradigma soviético del control central impidió que se originara la noción de
una tecnología de información local. Como resultado, la economía soviética se
derrumbó, debido a que sus sistemas productivo, ecológico y social traspasaron los
límites administrativos de su infraestructura de información. Ese colapso, al igual que
la caída de Roma, dio origen a una situación altamente competitiva entre los herederos
de las tradiciones del Imperio Bizantino -quienes se encuentran inmersos aún en el
paradigma de la identidad grupal- y aquellos que han heredado el paradigma de la
individualidad y la competencia.
Como consecuencia de la devaluación económica del
trabajo de las mujeres en sus hogares, éstas han tenido que buscar participación
económica en una sociedad más amplia. Las mujeres están recuperando su lugar en la
producción. La definición de género se ha tornado más equitativa. La familia, al haber
perdido su función económica, se ha hecho menos estable. Por lo tanto, el tamaño
familiar se reduce nuevamente desde incluir a los niños y padres biológicos hasta
considerar sólo al niño y al padre encargado de su cuidado.
A medida que la informática nos aleja de la
imprenta, es menos la información que se mantiene en secreto. Los niños experimentan el
sexo y la violencia a través de la televisión y en su vida cotidiana. El despertar
sexual se produce en una edad prematura. Al mismo tiempo, la necesidad de una educación
más intensiva y de por vida ha elevado la edad del estudiantado. Ambos hechos están
desdibujando la línea divisoria entre adultos y niños. La niñez está desapareciendo.
Al igual que en el periodo anterior a la imprenta, los niños están comenzando a ser
considerados como pequeños adultos. Prueba de ello es la tendencia a juzgar a los menores
en los tribunales de adultos y la ausencia de una distinción entre la moda de los adultos
y la de los niños.
La televisión ha traído a nuestros hogares al
soldado, al ciudadano y al asesino. Esto tiene dos consecuencias. El individuo ha emergido
de entre las masas sin rostro -tal como observamos los rescates de la beba Jessica o de
Scott O'Grady, la golpiza que le dieran a Rodney King, o el caso Bobbitt que seguimos con
horror o como un entretenimiento- y nos sentimos cada vez más amenazados. Las
estadísticas criminales nos dicen que nuestras ciudades son más seguras que en cualquier
otro tiempo, pero nos sentimos más amenazados. Con la reestructuración de las empresas
en base a la Era de la Información, perdemos nuestros puestos de trabajo, y a pesar de
que somos nosotros mismos la única "super-potencia", nos sentimos más
desamparados que nunca. Como sucedió en el pasado, esto genera reacciones conservadoras.
Estamos observando el resurgimiento de un
fundamentalismo religioso y de una identidad étnica y nacional. Existe el doble de
policías privados que públicos. La gente vive en comunidades valladas. Hay un llamado a
regresar a los "valores iliares". El aislacionismo y el temor a los extranjeros
se pone de manifiesto en el texto de la Propuesta 187 de California, que busca prohibir
que los niños reciban educación o asistencia sanitaria por parte de extranjeros. La
clase de gente que más probablemente tiende a crear nuevas estructuras organizativas y a
introducir novedades es aquella que posee mayores necesidades, sumado esto a la
posibilidad de acceder a la nueva tecnología de información. El Congreso sancionó y el
Presidente firmó la Ley de Telecomunicaciones de 1996 que hace responsables a los
proveedores del servicio Internet de las obscenidades que pasan a través de sus sistemas.
Si la ley llega a los tribunales y entra en vigor, el modelo que aquí se presenta
indicaría que los proveedores del servicio, al igual que los impresores españoles
durante la Revolución de la Imprenta, se trasladarán a paises donde no se restrinjan la
información y la informática.
TOMANDO UNA POSTURA ACTIVA
En primer lugar, debemos reconocer que el cambio de
paradigma es irreversible. No podemos regresar a la identidad basada en la étnica, o en
una simple definición de nacionalismo, ni tampoco podemos volver a la pequeña granja o a
la empresa familiar. Debemos en cambio, librar una "guerra" informática de dos
frentes para que el resto del mundo ingrese en la Era de la Información. Debemos aceptar
que nuestro paradigma actual se basa en la Era de la Electricidad, no en la Era
Electrónica, pensando y redefiniendo el significado de seguridad nacional en la Era de la
Información, basados en nuestro ingenio proveniente de anteriores revoluciones de la
información. Y debemos luchar para fomentar el surgimiento del individuo.
Podemos comenzar dialogando, comunicándonos a
través de libros como éste, y continuando los diálogos "on-line" a nivel
internacional. Puede fomentarse la individualidad asegurándose de que los proveedores de
la información no se encuentren limitados ni controlados por la estructura de poder
político existente ni sean dependientes de él. Los pueblos de Europa Oriental nunca
vivieron en culturas con libertad de información. Pasaron del Imperio Bizantino a otras
diversas formas de control político de la información. El sistema social se ha basado en
las clases, mientras que esas clases se basan en el linaje, la pertenencia a la comunidad,
o la pertenencia a cierto grupo étnico o religioso. Dado que nunca han vivido en una
cultura de libre información, nunca tuvieron la oportunidad de desarrollar una identidad
individual o un sistema basado en la competencia y el profesionalismo.
Podemos hacer la "guerra" en estos
sistemas perceptibles dando y exigiendo, como requisito de ayuda (militar o económica),
que se nos permita cubrir el área con informática moderna unida a la superestructura
mundial de información. Conectar a la gente a una fuente independiente de información
fomentará el desarrollo económico y político. Esto desarrollará la identidad
individual. Y resultará más barato, menos invasivo, y más efectivo que cualquiera de
las represas, centrales eléctricas, pozos, y proyectos agrícolas o programas de
transferencia de armas del pasado.