El rol del Ejército en la Era de la Información
De la misma forma que la era industrial cambió las fuerzas militares, de igual manera lo
hizo la era de la información. Las naciones industrializadas entregaron a sus fuerzas
militares "herramientas" muy diferentes a las que ofrecían las naciones
agrarias. Las naciones basadas en información equiparán y organizarán a sus ejércitos
de una manera diferente a cómo lo hicieron sus homólogos industrializados. La
importancia no estriba en si los cambios tecnológicos son los responsables de los cambios
organizacionales o conceptuales, o viceversa. El verdadero problema es el siguiente: el
surgimiento de la era de la información cambiará fundamentalmente la conducción de la
guerra, de la misma forma que lo hizo la era industrial un siglo y medio atrás.1 Todo
esto está ocurriendo hoy.
Antes del industrialismo, James Schneider explicó que "la estrategia de un sólo
punto era el paradigma principal de la milicia", siendo la batalla decisiva de
Napoleón el modelo.2 Pero el período comprendido entre 1860 y 1939, durante el cual la
industrialización alcanzó un alto grado de madurez, produjo un nuevo paradigma.
LA ERA INDUSTRIAL
Los objetivos militares requeridos para garantizar la victoria durante la era industrial
aumentaron. Éstos no solamente incluían al ejército enemigo -el objetivo principal de
Napoleón y de otros ejércitos antes de que surgiera la industrialización- sino también
la capacidad y recursos bélicos del mismo: su infraestructura, sus industrias y sus
materias primas. Un ejército no podía alcanzar estos aumentados objetivos en una sola
batalla decisiva. Es por esto que, al pasar el tiempo, las campañas distributivas
reemplazaron la estrategia napoleónica, la cual incluía una batalla decisiva para lograr
un sólo objetivo. Una campaña -una sucesión de batallas, enfrentamientos y operaciones
mayores conducidas por un período de tiempo, en un área geográfica específica y en
coordinación con un todo- reemplazó la noción de la batalla decisiva. Por último, la
conducción de este tipo de campañas, ya fueran ofensivas o defensivas, requerían de
enormes ejércitos dispersados que debían ser coordinados para causar un efecto común.3
Los comandantes de dichos ejércitos necesitaban una serie de destrezas diferentes a las
de sus antecesores. En la época de Napoleón, los ejércitos ya no eran unitarios, sino
que se separaban en divisiones y cuerpos de ejércitos. A medida que las fuerzas
aumentaban en tamaño, surgían los ejércitos y los grupos de ejércitos. La milicia se
tornó en una profesión; se puso en práctica la especialización y el sistema de
personal evolucionó. En las naciones industrializadas surgió un sistema de instrucción
militar que garantizaba que los oficiales adquirieran las destrezas conceptuales,
técnicas y organizacionales necesarias para coordinar los esfuerzos entre los diferentes
elementos de sus maquinarias bélicas.4 Hasta el mismo concepto del tiempo cambió (vea la
figura l).
Junto con el surgimiento de un nuevo conjunto de destrezas conceptuales, técnicas y
organizacionales, se manifestó una explosión de innovaciones técnicas. El mosquete tipo
fusil, la pólvora sin humo, el fusil y la ametralladora, los mecanismos de carga por
recámara y las cintas de municiones, los alimentos procesados, los motores operados a
vapor y luego con gasolina, el fuego de artillería indirecto, los ferrocarriles y el
telégrafo, la mecanización y motorización, y otra cantidad de inventos que afectaron el
alcance y capacidad letal de las armas y de la conducción general de la guerra. Otras
invenciones tales como procedimientos administrativos y de contaduría, formularios
preimpresos, mapas, medios técnicos para coordinar grandes cantidades numéricas, relojes
portátiles de alta precisión, el telescopio y otros inventos no militares también
impusieron sus efectos. El frente y la retaguardia se encontraron unidos mediante trenes y
barcos, y luego por aire. Esta unificación aportó a un flujo continuo de personal,
unidades y abastecimientos. Por lo tanto, las grandes formaciones, separadas
geográficamente -controladas por un personal profesional y de continuo crecimiento-
podían actuar como una fuerza unificada y trabajar arduamente hasta alcanzar la victoria,
sin importar las bajas de personal o materiales.5 El resultado final fue la guerra,
conducida y sostenida por años en múltiples teatros de dos guerras mundiales, y luego en
una guerra "fría" que perduró casi cincuenta años.
Los avances tecnológicos afectaron tanto los aspectos conceptuales como los
organizacionales. Un adelanto o cambio en uno repercutía sobre los demás. Sin embargo,
lo que sí resulta claro es que la era industrial contaba con un método específico para
conducir la guerra y el cual difiere del empleado durante la era agraria.
De esta manera, los ejércitos industrializados eran fundamentalmente diferentes a sus
antecesores agrarios.6 Toda la actitud existente hacia la guerra cambió. Para los
ejércitos industrializados, los "objetivos" se tornaron distributivos: las
fuerzas enemigas, al igual que su infraestructura, sus industrias y sus recursos. Se
tuvieron que formar, equipar, adiestrar, instruir y organizar a los ejércitos
industrializados con el fin de conducir operaciones sucesivas en toda la profundidad del
teatro, o múltiples teatros, y apoyar dichas actividades al pasar el tiempo. Los
ejércitos industrializados necesitaban de una movilización y apoyo logístico continuos,
de la retaguardia al frente y viceversa, de una comunicación centralizada, de un personal
burocráticamente organizado y de formaciones grandes y duraderas.
Ambas guerras mundiales son un ejemplo para el industrialismo. En la Segunda Guerra
Mundial, Estados Unidos se convirtió en una "maquinaria bélica", capaz de
realizar una producción continua a largo plazo y una concentración de armas, hombres,
unidades y equipo. Forrest Pogue describe el plan de guerra de EEUU con estas palabras:
"crearán una superioridad aérea, un fortalecimiento de las fuerzas navales, una
producción industrial capacitada para armar a los defensores del Hemisferio Occidental,
el equipamiento de fuerzas de tarea para operaciones en el Atlántico y en teatros de
operaciones europeos, y el suministro de armas y abastecimientos a las potencias amigas,
dondequiera que éstas se encuentren".7 Tres características del modelo de la
Segunda Guerra Mundial son:
· Una base industrial y una base de adiestramiento.
· Producciones en masa de equipo, personas y unidades, los cuales serán distribuidos en
grandes cantidades desde la base hacia el frente y que, de ser necesario, regresarán a la
base.
· Campañas y operaciones sucesivas; la "eterna línea del frente siempre
avanzando", desde el este, procedente del Canal de la Mancha, y desde el oeste, desde
Rusia o en dirección norte, hacia el Japón.
Éste fue también el modelo que permaneció vigente después de las guerras mundiales.
Fue el modelo empleado por América y sus aliados para alcanzar la victoria en la Guerra
Fría. Es la forma en que nuestro Ejército se ha estructurado, equipado, desplazado,
organizado, adiestrado, instruido, apoyado logísticamente, comandado y controlado por
más de 50 años.
Es un modelo que refleja los tres conceptos centrales que gobiernan la era industrial:
La máquina como un modelo. Las máquinas son sistemas mecánicos, que consisten en piezas
intercambiables, producidas en serie, cada una con una función específica y única. Las
partes se acomodan entre sí para formar un todo sincronizado. Al encender la máquina,
ésta funciona automáticamente, arrojando productos todos similares entre sí. Utilizando
este modelo, el trabajo se simplificó hasta el punto en que cualquiera podía ser
adiestrado en ejecutar eficazmente una misma tarea una y otra vez. El taylorismo, el
primer método administrativo de fábricas desarrollado y promulgado por Frederick W
Taylor, dominó la teoría administrativa. La idea de que existía "una mejor
manera" para hacer las cosas produjo trabajadores cuya función era hacer sólo una
actividad. El trabajo pasó a ser una rutina, la administración se tornó rígida y el
producto era previsible.8
La "maquinaria bélica" y el "mecanismo de los negocios" son sólo dos
de las muchas metáforas relacionadas con máquinas adjudicadas a seres vivientes durante
la era de la industrialización. ¿Y qué controlaba estas organizaciones tipo máquinas?
Una "burocracia opresiva", cuya característica principal era la rutina y la
cual estaba compuesta de piezas intercambiables y producidas en serie (personas), cada una
con una función específica (especialistas), las cuales al unirlas (departamentos),
automáticamente sacarían un producto (integración y control), empleando un enfoque
"científico" (análisis del sistema).9
Producción por pasos, sucesiva, continua y a largo plazo. Las máquinas operan de acuerdo
a un paso previamente establecido, regular y determinado por la "cinta
transportadora". Si alguien aumentaba o reducía el paso determinado por la máquina,
surgía el riesgo de romper la máquina o producir bienes imperfectos. Las máquinas de la
era industrial, y las organizaciones formadas de acuerdo a ese modelo, trabajaban en
sucesión. La famosa línea de montaje de Henry Ford se transformó en el modelo no sólo
para la industria sino también para el gobierno, los negocios y la mayoría de las
organizaciones. Los procedimientos en el mundo de los negocios eran en serie. El
desarrollo del concepto, el diseño, la producción, la negociación, las ventas, cada uno
iba después del otro, pero sólo después de haber recibido la aprobación centralizada
con la cual se autorizaba el movimiento de un "departamento" a otro. Las
burocracias perfeccionaron el concepto de la "cinta transportadora". Las
máquinas y las organizaciones de la era industrial funcionaban debido a que operaban
continuamente, produciendo el mismo resultado. Cualquier alteración que se tuviera que
hacer en la línea de fabricación con el fin de cambiar el producto se consideraba un
cambio drástico, por lo que se cerraba parte o toda la fábrica por semanas o hasta por
meses.
Producción en masa. Tal vez la característica que mejor identifique a la era industrial
sea que todo se hacía en masa: producción en masa, medios de comunicación en masa,
mercados en masa, propaganda en masa, consumo en masa, educación en masa, distribución
en masa, movimientos en masa y religiones en masa.10 "Un montón de cosas
similares" era lo que las máquinas -ya fueran a nivel corporativo, político,
económico, militar o de bienestar social- producían mejor y a bajo costo. Era eso lo que
sabían "hacer mejor". En resumen, ésta es la síntesis de la
industrialización.
Este concepto rector representaba el contexto en el cual vivimos nuestras vidas sociales,
políticas, económicas y privadas. Dentro de las naciones "industrializadas"
surgieron nuevas arquitecturas políticas, algunas veces producto del debate, otras del
conflicto y ocasionalmente de una guerra civil. La historia de una era como reemplazo de
otra es de tensión, caos y de un serio potencial de violencia. El cambio es fuente de
incertidumbre, especialmente cuando ocurren muchos a la vez, cuando se desafían valores y
estructuras fundamentales y cuando el futuro se presenta tan incierto.11
Sin embargo, el dominio del modelo industrial terminó y la era industrial está llegando
a su fin. La era de la información ha estado en conflicto con las instituciones de la era
industrial por más de dos décadas. El resultado no será la eliminación total de las
estructuras e instituciones industriales, sino el dominio de la era de la información
sobre la industrial. La transformación de una sociedad industrial a una basada en la
computación será tan profunda como lo fue el cambio de una sociedad agrícola a una
industrial.12
LA ERA DE LA INFORMACIÓN
La era de la información -tal como lo hizo la era industrial antes- afectará las
estructuras sociales, políticas y corporativas, al igual que la mayoría de las
instituciones y organizaciones públicas, como también alterará nuestras vidas privadas.
La economía general de algunas naciones ya comienza a adoptar una nueva estructura, más
diversa, de fácil adaptación, descentralizada, con mayor rapidez y más compleja. Un
nuevo conjunto de principios y nuevos conceptos rectores comienzan a tomar forma.13 Los
detalles permanecen parcialmente ocultos pero ya se pueden identificar. Los conceptos
rectores de la era de la información se están cristalizando de la siguiente manera:
La red como un modelo. El industrialismo empleó el concepto de Isaac Newton, el cual
establecía que, "en un modelo de máquina, ... las cosas se pueden desmontar ... y
volverse a montar sin sufrir pérdidas significativas".14 Sin embargo, al substituir
esta idea encontramos que al adoptar el concepto en el que se considera el todo en vez de
las partes, entonces las relaciones entre las partes cobran importancia. En una red, los
procesos -las relaciones existentes que benefician el flujo de información entre los
componentes de una organización, fábrica o corporación- determinan la habilidad con que
cuenta la organización para ser eficaz y competente dentro de la era de la información.
Las responsabilidades continuarán siendo jerárquicas a medida que las redes de
computadoras se conviertan en algo común.15 Esto requiere que las organizaciones
desarrollen "una red de información sofisticada que reúna datos precisos y
exhaustivos sobre los mercados y las necesidades del consumidor, para luego combinarlos
con los métodos diseñados más modernos y un procesamiento de producción integrado a
una computadora, y operar este sistema con una red integrada que incluya no solamente
trabajadores altamente capacitados que sean parte de la compañía sino también a los
abastecedores, distribuidores, detallistas y hasta consumidores". 16 Para que la red
sea un éxito, se necesitan empleados y administradores competentes y sofisticados.
Los empleados en una corporación de la era de la información no constituyen "piezas
intercambiables y producidas en serie", sin otra contribución que la que ofrece su
única función especializada a lo largo de una línea de montaje o en una burocracia. Por
el contrario, los empleados se están tornando en -y en organizaciones exitosas ya lo son-
contribuidores, colaboradores, comunicadores y miembros de equipos. La preparación e
instrucción de los trabajadores -al igual que la longevidad, lealtad y confianza de los
mismos- son factores sumamente importantes para las corporaciones de la era de la
información. Ahora más que nunca la clave para el éxito es la calidad.
En una corporación organizada tipo red, las posiciones intermedias administrativas van
desapareciendo a medida que sus dos funciones principales, transferencia de información y
supervisión laboral, se tornan innecesarias. Esto se debe en gran parte a las
computadoras, las cuales "hablan" entre sí mediante transferencias de
información digital, y a empleados que, al recibir más atribuciones, se están
autosupervisando. Los trabajadores, a causa del desarrollo experimentado durante la era de
la información, están sufriendo cambios dramáticos. Las burocracias todavía existen,
pero las mismas se reorganizarán basándose en la información, no sólo en funciones. De
igual forma aumentarán los alcances del control, las organizaciones se reducirán y
uniformarán, y los equipos a cargo del procesamiento de información cobrarán mayor
importancia.17
Los líderes se dejarán llevar por la percepción y los reglamentos y no por reglas
basadas en procedimientos. La toma de decisiones, bajo estas condiciones, también
cambiará. La mayoría de dichas decisiones serán descentralizadas, y aquéllas que
permanezcan centralizadas se tomarán con la participación de varios individuos,
reduciendo así el control que pudiera tener un sólo jefe o gerente. Las corporaciones
exitosas se tornarán flexibles, aprendiendo cada día más y renovándose a causa de las
realidades externas, cambios internos y condiciones del mercado.18 Pero a pesar de cómo
se tomen las decisiones, las organizaciones exitosas tendrán que acelerar dicho proceso
aún más que sus competidores. La velocidad -quizás el factor más importante dentro de
la era de la información- es una de las ventajas más sobresalientes de la red de
computadoras en comparación a la máquina.
Producción casi simultánea, continua y a corto plazo. El paso previamente establecido,
regular y determinado por la "cinta transportadora" empleado durante la era
industrial es cosa del pasado. Solamente aquellas organizaciones que sean flexibles y que
operen con rapidez lograrán el éxito en esta nueva era competitiva. Hoy día, la
competencia no surge solamente de adversarios tradicionales en sectores tradicionales,
sino también de barreras desintegradas que anteriormente se encontraban en mercados
aislados y protegidos. Actualmente son pocas las corporaciones que pueden pronosticar de
dónde procederá el próximo competidor "similar" a ellas. La competencia surge
inesperadamente de cualquier sitio.19
A fin de lidiar con este grado de incertidumbre, las corporaciones de la era de la
información buscan "comprimir el tiempo de desarrollo de un producto, reducir el
intervalo entre la identificación de una necesidad para un nuevo producto y el inicio de
su fabricación".20 Nuevamente, el tiempo que transcurre desde que se determina una
necesidad, se toma una decisión y se lleva a cabo la acción, se va reduciendo cada día
más. Por lo tanto, la velocidad en identificar y satisfacer los nuevos requerimientos del
mercado va cobrando importancia. Las maquinarias inflexibles y los procesos burocráticos
rígidos de la era industrial justifican sus gastos a través de la masa, pero la
velocidad de una corporación de la era de la información transformará totalmente el
mundo industrial.
Las corporaciones de la era de la información combaten a la competencia reduciendo
tiempo; expandiendo sus acciones en la bolsa de comercio, su productividad y su
rentabilidad; eliminando el concepto de "línea de montaje" de las mentes de los
empresarios y reestructurando aquellas organizaciones que estén excesivamente
burocratizadas. Éstas son las claves del éxito en la era de la información. La
característica más fundamental y común dentro de la reestructuración de una empresa es
la adopción de una red como parte de su modelo organizacional, en lugar de continuar con
la mentalidad tipo línea de montaje. En una organización tipo red, "diversas
funciones o tareas se han comprimido e integrado en una sola".21
Productos confeccionados para satisfacer grandes cantidades de consumidores, dirigidos
precisamente a cierto grupo de consumidores, con una distribución casi instantánea. La
publicidad y el mercadeo fueron las herramientas empleadas para convencer al cliente a que
aceptara productos construidos en masa. Los precios bajos y la abundancia de productos
ayudaron aún más a lograr dicha aceptación. Sin embargo, la
"desmasificación" se está popularizando, siendo el mercado niche 22 el que
reemplace a aquél en masa. Las corporaciones están capacitadas para adaptar un producto
o servicio específico de acuerdo a las necesidades particulares del cliente. Actualmente
existen productos de bajos costos, confeccionados para satisfacer grandes cantidades de
consumidores y con una distribución casi instantánea. El diseño a la medida, la entrega
instantánea, un producto o servicio adaptado al cliente y no el cliente al producto, es
lo que identifica a los negocios en la era de la información.23
Las máquinas encargadas de la producción en la era de la información pueden reajustarse
a sí mismas, permitiendo así un flujo continuo y totalmente adaptado de producción. La
producción en masa continuará ocupando un lugar dentro de la industria, aunque un poco
más reducido. En la era de la información, la rentabilidad no será el resultado de la
masa sino de la precisión: primero, al identificar las necesidades de un segmento
específico del mercado; segundo, al desarrollar y producir un producto o servicio
adaptado a dicho segmento específico; y tercero, al entregar el producto o servicio -todo
esto con una rapidez mayor que la de la competencia.24 La innovación y velocidad
constante serán los medios más importantes para retener la ventaja competitiva
alcanzada.
A medida que avanza la era de la información, las empresas no gastarán dinero en una
nueva tecnología para emplearla con métodos anticuados como tampoco preguntarán cómo
podrán hacer las cosas mejor y más rápidamente. Estas interrogantes ya se han
solucionado en las primeras etapas de la era de la información.25 Por el contrario las
corporaciones se preguntarán: "¿Por qué hacemos algunas cosas?" Las empresas
tendrán éxito cuando puedan explotar todo el potencial de la tecnología computarizada
dentro de nuevas organizaciones y cuando desarrollen nuevos métodos de administración de
los empleados y mejoramiento de los procesos laborales, nuevas formas de operación y
nuevos conceptos gerenciales, a medida que estos nuevos elementos tecnológicos,
organizacionales y conceptuales se vayan materializando. Es decir, tendrán éxitos
aquéllos que con mayor rapidez puedan "olvidar" las reglas de la era industrial
y adopten las nuevas prácticas de la era de la información.
Los principios y conceptos rectores de la era de la información proporcionarán el marco
necesario en el cual viviremos nuestras vidas sociales, políticas, económicas y
privadas. Por ejemplo, en su obra The Power Game (El juego del poder), Hedrick Smith
explica cómo el ritmo y "desmasificación" de la era de la información ya han
cambiado nuestros procesos politicos.26 En el libro Reinventing Government (Reinvención
del Gobierno), David Osborne y Ted Gaebler nos ofrecen varias sugerencias sobre cómo el
gobierno puede lidiar con este nuevo ambiente político.27 Paul Volcker y Toyoo Gyohten,
en su obra titulada Changing Fortunes (Fortunas cambiantes) describen cambios similares,
necesarios por razones similares, en el sistema monetario mundial.28 Y en su artículo
"The Tales They Tell In Cyberspace Are A Whole Other Story" (Las historias que
oye en el espacio cibernético son muy diferentes), Jon Katz describe cómo la tecnología
en la era de la información se está transformando y continuará cambiando el mundo de la
prensa y de la industria cinematográfica.29
Otros aspectos que también están sufriendo cambios son los conceptos sobre la soberanía
nacional, el orden internacional, amenazas a la seguridad de nuestra nación, la
naturaleza de la competencia económica, los requisitos para alcanzar el éxito dentro de
un ambiente competitivo, el papel de Estados Unidos en la comunidad mundial y otras ideas
muy arraigadas en nosotros. Vivimos una época de transición entre la era industrial y la
de la información. Son tiempos confusos, llenos de incertidumbres y cambios, y hasta a
veces de caos. Las organizaciones que logren éxito serán aquéllas que conduzcan a sus
sectores a través de estas condiciones casi caóticas.
Finalmente, la era de la información triunfará, aunque quedarán vestigios de la era
industrial y la agraria. Mientras algunas partes del mundo dependerán de la informática,
otras permanecerán en los tiempos industriales o agrarios, y otras permanecerán entre
los dos. Aún dentro de las mismas naciones podrán surgir rastros de las tres
"eras" a la vez. Nuestro mundo se caracterizará por la variedad y alto grado de
complejidad e incertidumbre.30 Será nuestro deber adaptarnos.
En relación al cambio, algunos prefieren comparar al Ejército de hoy con el que existía
durante la Guerra Fría. En la primavera de 1990, teníamos aproximadamente 6.100 soldados
desplazados en 45 países.31 Ahora contamos con 21.500 soldados en más de 70 países,
casi un 300 por ciento de aumento en pleno funcionamiento. Durante este mismo período,
hemos reducido el tamaño del Ejército (activo, guardia nacional, reserva y civiles) de 2
millones a 1,5 millones, lo que constituye una reducción de un 25 por ciento; hemos
reducido la estructura de nuestra fuerza de cinco a cuatro cuerpos de ejércitos, de 18
divisiones activas a 12 y de 10 divisiones de la Guardia Nacional a ocho; hemos acelerado
el regreso de 150.000 soldados a Estados Unidos desde bases en ultramar; y hemos reducido
nuestro presupuesto casi un 40 por ciento. Aproximadamente la mitad de los cierres de
bases y reducciones de personal dentro del Ministerio de Defensa que se han realizado
hasta el momento son producto del Ejército de la Guerra Fría. Pero la verdadera historia
del Ejército de hoy no estriba en cómo se compara con el pasado, sino en su
transformación en el futuro.
Esta transformación -de la fuerza total durante la Guerra Fría a la Fuerza XXI del
Ejército de EEUU para el siglo 21- ha aumentado, no necesariamente dentro del contexto de
tamaño sino en el sentido de "desarrollo progresivo".
Esta transformación no es nueva para el Ejército; nos hemos "reinventado"
anteriormente.32 Pero nos hemos inclinado a seguir lo que nos dicta la sociedad. Hoy día
estamos ayudando a América en su transición hacia la era de la información. Entendemos
claramente la grandeza de las tareas que enfrentamos. Así pues, sabemos que la necesidad
de un cambio intelectual produce un cambio físico. En los últimos años, hemos abrigado
un debate intelectual dentro del Ejército con el fin de entender y aceptar la
transformación sufrida y la que está por venir. Estamos preparando al Ejército para la
era de la información.33
El futuro se enfrentará con el dilema de que el concepto de "guerra" se está
expandiendo, como mínimo, hacia dos direcciones. En primer lugar, ya no podremos ver la
guerra simplemente como los ejércitos de una nación-estado o grupo de naciones-estados
combatiendo entre sí. Somalia es un buen ejemplo de que esta visión es muy estrecha y
limitada, como siempre lo ha sido. Las naciones-estados no cuentan con un monopolio al
momento de ir a la guerra; una variedad de entidades pueden librar una guerra, algo que ya
han hecho en otros períodos de la historia: corporaciones, grupos religiosos,
organizaciones terroristas, tribus, bandas guerrilleras, carteles del narcotráfico y
otros sindicatos y clanes del crimen.
Aún más, los enemigos de la era agraria pueden comprar y emplear las armas de la era de
la información. La tecnología de la era de la información será un gran aporte a la
esfera militar, de la misma forma que lo será en la economía. El resultado final será
la confusión al tratar de distinguir entre la "guerra" y "operaciones de
no guerra".34 Surgirán inesperadamente "competidores" militares, siendo
las condiciones para una victoria decisiva diferentes con cada empleo de fuerza militar. A
diferencia de lo acontecido durante la Guerra Fría, no contamos con el lujo de enfocarnos
solamente en un conjunto determinado de condiciones amenazadoras, geográficas o de la
alianza.
La segunda manera en que se está ampliando el concepto de guerra se relaciona con el
combate convencional. La era de la información cambiará el enfoque de la guerra en
comparación con la era industrial, tal como la industrial lo hizo con la agraria. Los
estados agrarios no pueden regenerar su capacidad bélica, por lo que una fuerza armada
solamente tiene que derrotar a un ejército, o en algunos casos una fuerza de marina, de
un estado agrario a fin de alcanzar la victoria. Dicha victoria, sin embargo, requiere una
fuerza armada con la preparación necesaria no sólo para destruir porciones suficientes
de las fuerzas armadas enemigas, sino también su infraestructura, recursos e industrias;
es decir, la destrucción de su capacidad para librar una guerra. En el caso de un estado
basado en la informática la cuestión va un paso más allá. No solamente implicará la
destrucción suficiente de las fuerzas armadas y de la capacidad física de realizar la
guerra, sino también el dominio de su sistema de información.
Es así como la variedad y la ambigüedad son características de la era de la
información; variedad y ambigüedad en la clase de enemigo que enfrentaremos, de guerra
que libraremos, los requisitos para la victoria y las condiciones bajo las cuales Estados
Unidos empleará su Ejército. Las fuerzas conjuntas; las coaliciones, a veces ad hoc; las
operaciones entre agencias; las reglas precisas de combate, ejecutadas bajo la mirilla de
los medios de comunicación mundial casi instantáneos; tal vez percepciones erróneas
respecto a las bajas; la reducción de tiempo entre la "crisis" observada y el
desplazamiento de las tropas, al igual que entre el momento de llegada al país y el
cumplimiento de la misión, todo lo que contribuye a que el uso de la fuerza militar sea
único. Al campo de batalla ya han llegado las ventajas de la era de la información:
velocidad, adaptabilidad y precisión. Solamente los soldados, líderes y organizaciones
altamente capacitados, los cuales pueden usar estos tres factores en beneficio propio,
serán los que saldrán victoriosos en este ambiente. En el Ejército de hoy existen
requisitos militares de la era de la información.
El tipo de ejército que puede usar las ventajas que ofrece la era de la información y
triunfar bajo estas condiciones difiere del ejército de producción en masa de la era
industrial. Las exitosas empresas y corporaciones de la era de la información han tenido
que olvidarse de las prácticas industriales y aplicar nuevos principios y conceptos en
sus organizaciones, procesos y operaciones. De la misma forma, nosotros los militares
hemos llegado a la misma conclusión. Naturalmente, la aplicación en el ámbito militar
no será justamente igual que en el mundo de las empresas, ya que existe una diferencia
fundamental entre ambas culturas; resulta muy importante reconocer esta diferencia. No
obstante, debemos reconocer que los conceptos rectores de la era de la información
transformarán las organizaciones, procedimientos y operaciones del Ejército, al igual
que la conducción de la guerra.
Las campañas sucesivas que se desarrollaron durante la era industrial desaparecerán. En
su lugar, surgirán las operaciones simultáneas, lo que producirá la parálisis casi
instantánea y la destrucción de las fuerzas enemigas, sus capacidades bélicas y su red
de información a través de todo el teatro de operaciones.
Los ejércitos de la era de la información compartirán una concientización sobre la
situación, la cual se basará en información amiga y enemiga actualizada y casi
completa, y que será distribuida entre todos los elementos de una fuerza de tarea.
Primero, las fuerzas operacionales y tácticas conocerán la ubicación del enemigo, ya
sean éstos "agrarios", como lo son los señores de la guerra de Somalia o los
hombres fuertes en Haití, o enemigos "industriales" como los de Corea del
Norte, o enemigos que se encuentren en proceso de formar parte de la era de la
información.
Obviamente, este "conocimiento" nunca será absoluto y sería un error asumir
que podría alcanzar un grado de "perfección"; sin embargo, será mucho mejor
que el alcanzado durante la Guerra Fría. Segundo, los ejércitos de la era de la
información conocerán la ubicación de sus propias fuerzas con mayor precisión que
antes, a la vez que podrán impedir que el enemigo tenga acceso a esta información. Por
último, esta información amiga y enemiga se distribuirá entre las fuerzas terrestres,
marítimas, aéreas y espaciales con el fin de crear una percepción común del campo de
batalla entre los comandantes y estados mayores de los ejércitos de la era de la
información. Este conocimiento compartido de la situación, complementado con la agilidad
para conducir operaciones continuas diurnas y nocturnas, es lo que les permitirá a los
ejércitos de la era de la información observar, decidir, y actuar con mayor rapidez,
más precisión y mayor decisión que sus enemigos. La velocidad y la precisión se están
tornando en los requisitos predominantes en el campo de batalla.
La velocidad y la precisión resultan de las plataformas de maniobra, sistemas de apoyo de
fuego y de sostenimiento y de las plataformas de mando y control enlazadas digitalmente.
En los ejércitos de la era de la información, las mismas serán organizadas como parte
de una red conjunta que incluya las plataformas y los sistemas de las fuerzas marítimas,
aéreas y espaciales. La guerra futura será una guerra conjunta; el todo de una fuerza es
mayor que la suma de sus partes.
El concepto de fuego directo se redefinirá en dicha era; los ejércitos podrán abrir
fuego o moverse "directamente" contra sus enemigos y blancos aún cuando éstos
se encuentren a miles o decenas de miles de kilómetros de distancia.35 Finalmente, todas
estas capacidades se ejecutarán bajo la supervisión directa de medios de comunicación
mundial, independientes y de transmisión instantánea.
El Ejército de EEUU en la era de la información deberá estar capacitado para derrotar
una variedad de enemigos, ya sean agrarios, industriales o basados en la información. Por
lo tanto, debemos estar preparados para destruir o controlar ejércitos, ya sean fuerzas
de naciones-estados o de señores feudales, grupos religiosos, carteles de la droga,
grupos étnicos, sindicatos del crimen, corporaciones transnacionales u otras entidades
que puedan surgir en la era de la información del siglo XXI. Por supuesto, aún tendremos
que competir con los factores infraestructura, base de la producción y red de
información, nuevamente sin importar si son sociedades agrarias, industriales o basadas
en información.
Los ejércitos de la era de la información diferirán de los de la era industrial. En
primer lugar, serán más flexibles y versátiles. A su vez serán más reducidos, aunque
con mayor capacidad, pero solamente si se les equipan con tecnología moderna, son bien
adiestrados y dirigidos, si emplean una doctrina actualizada y si su organización se
"ajusta" a su tecnología y doctrina.
No obstante, la historia sugiere que ningún ejército de tiempo de paz ha logrado
perfeccionar todos estos aspectos. Según señala Michael Howard, en tiempos de paz todos
los ejércitos producirán errores; los ejércitos victoriosos serán aquéllos que no
estén tan errados. Y en tiempo de guerra, los ejércitos victoriosos serán aquéllos que
logren adaptarse rápidamente.36 Por lo tanto, el sentido común estratégico señala que
la optimización de una fuerza en tiempo de paz implica un alto riesgo, por lo que debe
retener cierta "abundancia" y "medidas de seguridad".
En segundo lugar, los ejércitos de la era de la información diferirán de los de la era
industrial en el proceso que emplearán para crear y sostener las capacidades de la era de
la información. Por ejemplo, las estructuras de la fuerza que pueden explotar y maximizar
la velocidad y precisión reemplazarán los diseños de la fuerza de la era industrial.
Las fuerzas de la era de la información no se basarán en su desgaste; las reglas de
asignación de fuerza, al igual que los factores de reemplazo o pérdida de personal y
equipo cambiarán. Además, un proceso de adquisición capaz de mantenerse a la par con el
ritmo de innovación y producción tecnológica reemplazará el proceso actual de la era
industrial, como también cambiarán los procedimientos para la toma de decisiones. Los
mismos incluirán una combinación de inteligencia artificial y humana, a la vez que
pasarán de ser de un proceso en secuencia a uno más simultáneo.
Esta corta lista de ejemplos contiene solamente varias de las grandes diferencias
fundamentales que existen entre los ejércitos de la era de la información en
comparación a sus antecesores. El modelo industrial de movilización, producción, empleo
y logística en masa es cosa del pasado. Este modelo está siendo reemplazado por uno que
cuenta con la versatilidad, velocidad y precisión necesarias. Este nuevo modelo afectará
todos los niveles de la guerra (estratégico, operacional y táctico) en maneras que
solamente ahora comenzamos a entender.
El nuevo modelo de la era de la información también afectará el uso de la fuerza
militar. La variedad de condiciones bajo las cuales Estados Unidos empleará su Ejército
de la era de la información, especialmente a la luz de la cobertura de los medios de
comunicación mundial y casi instantánea, requerirá una coordinación bien cercana a
nivel estratégico, operacional y táctico. En realidad este requisito se llega a entender
cuando la nación conduce lo que todos llegan a reconocer como una guerra. Para algunos,
este requisito no resulta tan obvio en aquellos casos que implican el empleo de lo que
ahora conocemos como "operaciones de no guerra".
La era de la información no nos permitirá el lujo de esta artificial distinción.
Cualquier empleo del Ejército de EEUU de la era de la información en una situación
donde dos o más partes estén haciendo uso de la violencia con el fin de obligar a otros
a que hagan algo, requerirá que actuemos ante la situación como si fuera una guerra,
forzando enlaces muy fuertes cívico-militares e interagenciales.
Aunque surgirán muchos cambios en la conducción de la guerra, la naturaleza de la misma
cambiará poco. La guerra en la era de la información no será distante, incruenta o
libre de riesgos; dentro de todas sus variantes, continuará siendo guerra. La muerte y la
destrucción continuarán siendo parte de la misma. Y los valores de estos factores no
disminuirán, no importa la cantidad de tecnología avanzada disponible a un ejército de
la era de la información. De igual forma, la guerra de dicha era no estará libre de
incertidumbres y ambigüedades, ya que siempre habrá enemigos racionales, engañosos y
astutos, a los cuales nunca los conoceremos totalmente.
Aún en esta era, son el corazón y la voluntad humana los que determinan la acción en la
guerra. Siempre habrá algún individuo que, como integrante de un grupo, tenga que
avanzar, manejar, navegar o volar hacia adelante, con la posibilidad de morir o salir
lesionado. El valor, la dedicación desinteresada, la camaradería y el liderazgo no
disminuyen al cambiar la tecnología, las organizaciones o los conceptos. Y mientras el
ser humano se dedique a producir, distribuir, financiar, vender y utilizar sus bienes, los
soldados y los ejércitos continuarán siendo la garantía final para la protección o
desarrollo de la seguridad y los intereses vitales de una nación.
Finalmente, las verdaderas causas de la guerra permanecerán constantes. Las personas -ya
sean líderes políticos de una nación o estado, o líderes de otra organización-
iniciarán guerras por miedo, odio, avaricia, ambición, venganza o por causa de otras
emociones e ideas completamente humanas. Las personas irán a la guerra cuando perciban
que pueden alcanzar sus objetivos al recurrir a la fuerza, o cuando no les quede otra
alternativa, o cuando el honor, el orgullo, los principios o "los dioses" así
lo requieran. Por lo tanto, las personas se enfrentarán a la necesidad de darles fin a
las guerras. No existe una solución puramente tecnológica para la guerra, ya que ésta,
en el análisis final, nunca se podrá separar de su dimensión humana. Aunque la
conducción de la guerra de la era de la información cambiará substancialmente, la
naturaleza intrínseca de la guerra permanecerá relativamente constante.
La era de la información no se ha manifestado aún totalmente. Algunas de las ideas
descritas anteriormente aún no han surgido completamente; otras, sin embargo, son
claramente visibles y se están desarrollando rápidamente. Los conceptos rectores del
industrialismo han ido desapareciendo en los últimos 20 años. Tal vez pase una o dos
décadas antes que desaparezca casi totalmente el industrialismo, pero el paso de la
innovación técnica en la era de la información es rápido, como igualmente lo son los
tipos de organizaciones y procedimientos que obtendrán éxito en las condiciones
ambiguas, diversas y siempre aceleradas de la era de la información.
IMPLICACIONES Y CONCLUSIONES
No estamos idealizando la era de la información ni ignorando los obstáculos que yacen
frente a nosotros a medida que transformamos al Ejército de Estados Unidos. Nos
enfrentamos ante un largo camino, pero los recursos son limitados. Estamos balanceando
nuestro dinero entre las operaciones en curso; asignando recursos al alistamiento y
retención de personas competentes; y costeando el adiestramiento, la capacitación de
líderes y operaciones dentro de la base, al igual que aquellos programas que ayudan de
alguna forma a la transición de nuestro Ejército hacia la era de la información.
Nosotros entendemos este reto, como también sabemos que no podemos descansar durante el
cumplimiento de nuestros requisitos de estar capacitados y listos, de salir victoriosos en
cualquier misión que nos asigne la nación y de proporcionar buenas condiciones de vida a
nuestros soldados y civiles. Pero nos encontramos en medio de la transformación. Estamos
pronosticando con la mayor precisión posible los requisitos militares dentro de la era de
la información, a la vez que formulamos decisiones previsoras sobre políticas y
programas que ayudarán al Ejército de EEUU a cumplir con dichos requisitos.
Nos encontramos desarrollando un conjunto de fuerzas y capacidades dentro del Ejército
que les proporcionará a las Autoridades del Comando Nacional y a los Comandantes de hoy y
de mañana lo que ellos necesitan para funcionar. Actualmente estamos en proceso de
digitalizar el campo de batalla y de mejorar las plataformas de inteligencia, maniobra,
apoyo de fuego, apoyo logístico, y comando y control con la ayuda de medios tecnológicos
avanzados que pueden recopilar, clasificar y distribuir información entre sí. Estas
inserciones y mejoras tecnológicas permitirán que nuestras fuerzas de tareas observen,
decidan y actúen con mayor rapidez y precisión que antes. Tendremos la capacidad para
concentrar los efectos -del apoyo de fuego o de las fuerzas de maniobra- desde ubicaciones
dispersas, casi en forma simultánea.
Nos encontramos preparando a nuestro Ejército de hoy con los requisitos de velocidad y
precisión necesarios en la era de la información. Es ésta la fuerza letal y
digitalizada que le brinda un nuevo significado al recién incluido concepto operacional
de "versatilidad".
Hemos identificado a las unidades que serán empleadas para experimentar con las
tecnologías, organizaciones y procesos de la era de la información. Le estamos
añadiendo un sentido de profundidad a nuestra fuerza mediante la construcción de un
Ejército sin subdivisiones, nivelando las capacidades singulares de nuestras fuerzas
activas, de la Guardia Nacional y de la reserva, al igual que de nuestra fuerza laboral
civil. Estamos desarrollando líderes y organizaciones versátiles, capaces de triunfar en
condiciones ambiguas y muy diversas, bajo la mirilla de los medios de comunicación y
dentro de las reglas de combate establecidas. Nos encontramos reestructurando nuestros
principales comandos subalternos. Y nos mantenemos firmes en nuestra creencia de que todo
esto depende de la adquisición y retención de personas competentes y de que les
ofrezcamos a ellos y a sus familias un buen nivel de vida.
Continuaremos adaptando nuestra doctrina de acuerdo con el desarrollo que surja en la era
de la información. La nueva edición del Manual de Campaña (FM) 1005, Operaciones,
incluirá la variedad de la era de la información, describirá la diferencia sutilmente
errada que existe entre la guerra y las "operaciones de no guerra", a la vez que
incluirá los principios que dirigen la conducción de la guerra en dicha era. El Manual
de Campaña (FM) 1015, Organización y Operaciones de Estado Mayor, ajustará el proceso
de toma de decisiones y describirá las funciones, deberes y relaciones del Estado Mayor
de una fuerza digitalizada. Otros manuales doctrinales harán lo mismo.
Las organizaciones de nuestros batallones, brigadas, divisiones y cuerpos de ejércitos
evolucionarán al pasar el tiempo hasta tomar un tamaño y composición necesarios para
proporcionar la versatilidad requerida para lograr el éxito en una variedad de campos de
batalla de la era de la información. Dicha evolución, la cual ha sido inevitable tanto
ahora como en el pasado, y la cual entendemos fue producto de los cambios que surgieron
durante la era industrial, también resultará al encontrar la combinación de soldados,
líderes, destrezas, funciones y equipo que mejorarán aún más los medios tecnológicos
de la era de la información. También cambiará la organización del Ejército
institucional.
A lo largo del período industrial, y culminando durante la Guerra Fría, creamos y
perfeccionamos un conjunto de políticas, programas, procedimientos y modelos sobre los
cuales fundamentamos nuestros procesos de personal, movilización, adiestramiento,
educación, equipamiento, sostenimiento, desplazamiento, empleo y mando y control. Luego
creamos un conjunto de organizaciones alrededor de estos procesos y formamos burocracias
tipo industrial para que se encargaran de dichos procesos. Aunque apropiados para sus
tiempos -al igual que las organizaciones y burocracias que construimos para que los
pusieran en funcionamiento- se están tornando rápidamente en conceptos anticuados debido
al paso acelerado y a la gran variedad existente dentro de la era de la información. Los
cambios están ocurriendo ahora y continuarán.
Existen cuatro tipos de información que servirán como núcleo para la construcción de
los procesos y organizaciones dentro del Ejército de Estados Unidos en la era de la
información:
· Información sobre contenido -información simple tipo inventario sobre la cantidad,
ubicación y clases de artículos.
· Información sobre forma -descripciones sobre la forma y composición de los objetos.
· Información sobre conducta -simulación tridimensional que pronosticará la conducta
de objetos físicos, logrando así entablar "juegos de guerra" respecto a los
cursos de acción disponibles.
· Información sobre acción -información que instantáneamente pasa a convertirse en
acción.37
El manejo de estas formas de información les permitirá a las organizaciones del
Ejército mantener la calidad, y aumentar la "productividad" y eficacia, aún
cuando está sufriendo una reducción similar a las corporaciones civiles de la era de la
información.
A su vez, están surgiendo nuevas estrategias de adiestramiento. El adiestramiento
práctico, orientado hacia el desempeño, continuará siendo válido, útil y esencial. De
la misma forma lo serán los ejercicios de tiro y de campaña. La práctica bajo
condiciones de campaña llenas de tensión y realismo nunca pasará de moda, como tampoco
deberá hacerlo. Sin embargo, a medida que pase el tiempo, mayor será la variedad de
simulaciones y otros tipos de programas computarizados que precederán o les seguirán a
los ejercicios prácticos o de campaña. La limitada opción de adiestramiento de la era
industrial -ya sea una simulación en vivo o rudimentaria- está pasando a ser cosa del
pasado. La era de la información les dará a los comandantes un conjunto de opciones más
resistente y sofisticado: operaciones reales y simulaciones construidas, al igual que
ejercicios simulados interactivos y de realidad virtual. Este tipo de simulacros no
reemplazan las operaciones reales, sino que por el contrario, nos permitirán realizar
más de las mismas.
Las simulaciones, algunas veces preparadas de tal forma que permiten la participación de
varias personas desde diferentes localizaciones, y otras de realidad virtual, formarán
una parte esencial de la estrategia de adiestramiento de la era de la información. Las
simulaciones intensificarán el adiestramiento individual, del liderazgo y colectivo. Los
soldados, líderes y organizaciones se pueden "sumergir" varias veces y en
mayores grados de dificultad en una variedad de escenarios simulados y situaciones de
realidad virtual.38 Esta inmersión proporcionará adiestramiento preventivo, correctivo y
de refuerzo, todos incrementos excelentes del tipo de adiestramiento práctico en campaña
esencial para producir un ejército capaz y alistado. Cuando se incorpora con las
tecnologías que permiten una mayor distribución de participación, una estrategia de
adiestramiento de este tipo podría mejorar no solamente el alistamiento y desempeño de
la fuerza activa, sino también la de las fuerzas de la Guardia Nacional y de la Reserva.
Actualmente nos encontramos probando estos tipos de estrategias de adiestramiento en
nuestro Ejército.
El equipo de las primeras etapas de la era de la información puede ser muy similar al que
tenemos ahora. Sin embargo, los tanques, los vehículos de combate de infantería, las
piezas de artillería, los lanzacohetes, los helicópteros, los vehículos de apoyo de
comando y control, de ingenieros y de logística, y los camiones serán más
"inteligentes". Esto ocurrirá debido a las computadoras, otras tecnologías
más avanzadas y a la red de información. Aún más, todos estos equipos estarán
conectados a otros sistemas similares de otros servicios. La resultante fuerza conjunta,
digital e integrada, necesitará sistemas de abastecimiento, de mantenimiento y de
servicio diferentes a las que han apoyado al ejército de masa de la era industrial. Por
lo tanto, tenemos que alterar la regla empleada para determinar cuál combate, apoyo de
combate y apoyo de servicio de combate está "asociado" con nuestros actuales
modelos del Análisis del Ejército Total.
Asimismo, tendremos que cambiar los factores de planificación de apoyo incluidos en
nuestros manuales logísticos y juegos de guerra. De otra forma, crearíamos una brecha
entre el potencial operacional y la capacidad de apoyo. A medida que la era de la
información progresa y las invenciones aún no concebidas se tornan realidad -tal como
ocurrió durante la era industrial- debemos estar listos para los cambios que ocurran en
nuestros vehículos de maniobra, apoyo de fuego, apoyo logístico y de comando.
Por último, nuestro programa de desarrollo de liderazgo cambiará con el fin de acomodar
las nuevas destrezas conceptuales, técnicas y organizacionales requeridas por los
oficiales y suboficiales de la era de la información. Al utilizar más información, con
mayor rapidez; al acelerar el proceso de toma de decisiones; al tomar acciones en lugares
más distantes, en menos tiempo y bajo condiciones más diversas; orquestando los sistemas
de maniobra y fuego de todos los servicios; y creando y manteniendo la cohesión entre
unidades más dispersas -todo bajo la cuidadosa supervisión de la cobertura por parte de
medios de comunicación casi instantánea- los líderes del Ejército de Estados Unidos de
la era de la información "pensarán de una manera diferente" a los de la era
industrial. Al principio la diferencia será una de grados o niveles, y a medida que esta
nueva era vaya cobrando forma, dicha diferencia pasará a ser de clase.
La respuesta por parte de la institución del Ejército a las demandas de la era de la
información lo es la Fuerza XXI, un esfuerzo estructurado cuya finalidad es rediseñar
las unidades, procedimientos y organizaciones del Ejército de aquéllos establecidos
durante la era industrial a los de la era de la información. El concepto de Fuerza XXI le
permitirá al Ejército proteger y defender la nación y brindar la victoria decisiva en
la era de la información.
No resulta fácil realizar cambios de esta magnitud, como también hay quienes no están
de acuerdo con esta idea. Sin embargo, nosotros los estadounidenses somos afortunados al
contar con un rasgo cultural como lo es nuestra actitud pragmática: "Si es mejor y
hace sentido, intentémoslo". Debemos continuar aprovechando esta actitud en el
Ejército de EEUU,
La época en que vivimos es una que está sufriendo cambios muy rápidos, por lo que no
solamente es tiempo de incertidumbre sino también de oportunidades. Aquéllos que tengan
el valor de retarse a sí mismos, de incluir innovaciones, aprender y adaptarse a través
del proceso serán los que alcanzarán el éxito en esta era de la información. La
preparación actual del Ejército de Estados Unidos para que logre el éxito en la nueva
era descrita es una tarea histórica. Nuestro empleo de información digital y de una red
de sistemas que conectará al Ejército de EEUU del siglo XXI, nos ayudará a preparar a
nuestro Ejército para un mejor desempeño ante la nación, de la misma forma que lo hizo
el uso de las líneas de montaje y los procesos industriales en el pasado.
Aunque reconocemos que la forma de conducir una guerra está sufriendo transformaciones,
entendemos que la guerra no se tornará "distante," o "incruenta".
También sabemos que la naturaleza de la guerra no está cambiando. De la misma forma
reconocemos que ninguno de nosotros posee una visión clara del futuro. No existe
concepción alguna de qué nos traerá la era de la información, en forma total y
correcta. Sin embargo, la descripción anteriormente mencionada, producto de una variedad
de fuentes, es un pronóstico lo suficientemente preciso para propósitos de acción. No
debemos demorarnos ni un sólo momento más. Hoy día nos encontramos encaminando al
Ejército hacia el siglo XXI.
No existe un "objetivo final" en el sentido clásico de la palabra, como tampoco
existe una batalla decisiva ni individuos que se rindan incondicionalmente. Nuestro viaje
es hacia el futuro y estamos avanzando con confianza.
NOTAS
1. Las diferentes culturas tienen formas distintas para conducir una guerra y hasta
conceptos distintos sobre lo que representa la misma. Éste es el tema principal en la
obra de John Keegan, A History of Warfare (Nueva York: Alfred A. Knopf. 1993), págs.
38692.
2. James J. Schneider. "Vulcan's Anvil: The American Civil War and the Emergence of
Operational Art", informe inédito. Escuela de Estudios Militares Avanzados, Fuerte
Leavenworth, Kansas, 16 de junio de 1991, pág, 1.
3. Martin van Creveld, Command In War (Cambridge. MA: Harvard University Press, 1985),
págs. 10388; y Technology and War (Nueva York: The Free Press, 1989), págs. 13749; T. N.
Dupuy, A Genius for War (Fairfax, VA: Hero Books, 1984). págs. 4469.
4. Schneider, págs. 910.
5. J. F. C. Fuller, The Conduct of War: 17891981 (Nueva York: Da Capo Press, 1961), págs.
86-94; Van Creveld. Technology and War, págs. 11123 y 15366; y Schneider, págs. 29.
6. Este artículo solamente se Iimita a tratar temas sobre los ejércitos. Sin embargo, no
por esto se debe inferir que el escrito no aplique igualmente a la Infantería de Marina y
la Fuerza Aérea, ya que sí lo hace, asunto que no se trata en este artículo, porque
representa de por sí un tema aparte.
7. Forrest C. Pogue, George C. Marshall: Ordeal and Hope, 19391942 (Nueva York: Viking
Press, 1965). págs. 13965, citado de la pág. 157; vea también la obra de Russell F.
Weigley, Eisenhower's Lieutenants (Bloomington, IN: Indiana University Press, 1981).
págs. 27.
8. William H. Davidow y Michael S. Malone, The Virtual Corporation, págs. 28, 162-67 y
24445.
9. Davidow y Malone, págs. 16667.
1 0. Alvin and Heidi Toffler, War and AntiWar, pág. 19.
11. Para obtener una interpretación de la naturaleza inestable de los períodos de la
transición, vea de John Lukacs, The End of the Twentieth Century and the End of the
Modern Age (Nueva York: Ticknor and Fields, 1993), pág. 282.
12. John Naisbitt, Megatrends, pág. 9.
13. Para una visión diferente de los principios y "conceptos rectores" de la
corporación de la era de la información, vea de Don Tapscott y Art Caston, "Seven
Key Drivers of the New Business Environment", Paradigm Shift, págs. 610; Alvin
Toffler, "The Corporate Identity Crisis", The Third Wave, págs. 226-43; Davidow
y Malone, "A New Kind of Business", The Virtual Corporation, págs. 119; o de
Petar Drucker, "Labor, Capital, and Their Future" y "The Productivity of
the New Work Force", Post-Capitalist Society, págs. 68-96.
14. Margaret J. Wheatley, Leadership and the New Science (San Francisco: Berrett-Koehler
Publishers, 1992), págs. 8-9 y 2545.
15. Naisbitt, págs. 21129.
16. Davidow y Malone, págs. 6, 13961 y 21738; Michael Hammer y James Champy,
Reengineering fhe Corporation, págs. 50101; Alvin Toffler, Powershiftt, págs. 180-89.
17. Drucker, PosfCapitalist Society, págs. 6874, en especial págs. 83109 y The New
Realities, págs. 20731;Davidow y Malone págs.16774 y l84216; AlvinToffler, Powershift,
págs. 20432 y Tapscott y Caston, págs. 1013.
18. Wheatly. págs. 7599; Alvin Toffler, Powershift, págs. 190-203.
19. Tapscoft y Caston, págs. 45.
20. Davidow y Malone, pág. 89.
21. Hammer y Champy, pág. 51.
22. Alvln Toffler, The Third Wave, págs. 155207 y 34961.
23. Davidow y Malone, págs. 37, 24, 42, 49, 107, 137,141, 15758, 162, 219 y 222.
24. Alvin Toffler, The Third Wave, pág. 184; Davidow y Malone, págs. 21921, 22329 y
23538.
25. Naisbitt, págs. 1925. El autor describe las tres etapas de la tecnología; primero,
Ia aplicación de Ia tecnología en maneras que resulten menos amenazadoras a las normas
actuales organizacionales; segundo, eI empleo de tecnología para mejorar lo ya existente;
y tercero, nuevas direcciones. Luego procede a demostrar que nos encontramos actualmente
en esta última etapa de la innovación tecnológica, la cual tal vez sea la más
amenazadora y a la vez, la más productiva e innovadora de las etapas.
26. Hedrick Smith, The Power Game, págs. 2057, 11959 y 333450.
27. David Osborn y TedGaebler, Reinventing Government (Nueva York: AddisonWesley
Publishing Company, Inc., 1992), en especial, págs. xv24 y 31131.
28. Paul Volcker and Toyoo Gyohten, Changing Fortunes (Nueva York: Time Books, 1992),
págs. 317,59100 y 287310.
29. Jon Katz, *The Tales They Tell in Cyberspace Are A Whole Other Story», New York
Times; (23 de enero de 1994): Sección 2: págs. I y 50.
30. Alvin y Heidi Toffler, War and AntiWar , págs. 1825; Davidow y Malone, pág. 12.
31. Esta cifra excluye aquellos soldados que se encuentran estacionados permanentemente en
ultramar.
32. Alvin y Heidi Toffler, War and AntiWar, págs. 912 y 4456.
33. General Gordon R. Sullivan y Teniente Coronel James M. Dubik, Land Warfare in the 21st
Century (Carlisle Barracks, PA. Instituto de Estudios Estratégicos, 1993).
34. Van Creveld, The Transformation of War (Nueva York: The Free Press. 1991), págs.
192227; Alvin y Heidi Toffler War and AntiWar, págs. 8185.
35. Para una descripción más completa sobre las tendencias y los cambios tecnológicos
en funcionamiento en eI combate terrestre, vea de Sullivan y Dubik, Land Warfare in the
21st Century, en especial págs. 1525.
36. Michael Howard, "Military Science In an Age of Peace", Journal of the Royal
United Services Institute for Defence Studies (marzo de 1974).
37. Davidow y Malone, págs. 8772.
38. Teniente General (R) Fredric J. Brown, The U.S. Army in Transition II (Nueva York:
Brassey's, Inc., 1993). págs. 99106, 11624 y 13744.
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