ERA DE LA INFORMACION/GUERRA DE
INFORMACION
Dooglas H. Dearth y Charles A. Williamson
¿Qué somos nosotros en la Historia?
La tesis central de este artículo y de este libro es que nosotros
estamos experimentando un cambio histórico fundamental en forma global. En cierto
sentido, el alcance de este cambio es muy significativo, si bien no puede considerarse que
no tiene antecedentes históricos. Analizándolo en forma retrospectiva, el cambio que se
está dando actualmente en el mundo podrá compararse con los hechos sucedidos en 1815,
1919 y 1945 en términos políticos y militares "modernos", y tal vez con la
Reforma y el Renacimiento en términos sociales, culturales, filosóficos e intelectuales.
Rótulos "Pos-X"
La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, seguida
inevitablemente por el frustrado golpe soviético en agosto de 1990, y luego por la
pérdida de poder del Partido Comunista en Moscú en diciembre de ese año, desde una
amplia perspectiva histórica se considerará que constituye un importante hito en la
historia mundial. Los hechos que estamos presenciando actualmente se considerarán
momentos definitorios de la era moderna. Estos hechos - si bien filosófica y
emocionalmente son satisfactorios para el Occidente democrático - no presagian
automáticamente un futuro brillante, el "fin de la historia", o la transparente
promesa que implica el ya trillado término "Nuevo Orden Mundial". Más bien la
actual era se caracteriza por la inestabilidad e incertidumbre económica, demográfica y
política. Tal vez estamos presenciando "el fin de una clase de historia".
Actualmente una de las dificultades contemporáneas es cómo
caracterizar a nuestro tiempo. En el intercambio profesional diario y en el discurso
académico y de los medios, comúnmente utilizamos términos como "Era posguerra
Fría", "Mundo posbipolar", "Economía posindustrial" y
"Sociedad poscapitalista". Algunos comentaristas hablan de una "Era
poswestfalia" para describir el deterioro de los conceptos tradicionales del estado
nación y de la soberanía.
Cada uno de estos términos es en cierto modo descriptivo, y
ciertamente son evocativos, pero no son evocaciones positivas de nuestro tiempo.
Simplemente nos expresan dónde pensamos que hemos estado, no dónde estamos, y
seguramente no hacia dónde vamos como estados, como naciones, como sociedades o como
seres humanos.
El único término que parece ser razonable, útil y preciso para
describir nuestra época y nuestros desafíos es: "la Era de la Información".
Ya que es la información - y tal vez más correctamente el conocimiento - el imperativo
propulsor de nuestro tiempo. Este artículo intentará abordar alguna de las
características e implicancias de este fenómeno e intentará establecer las bases para
una serie de evaluaciones con respecto a las implicancias para las sociedades modernas a
principios del siglo XXI y para la antigua profesión de las armas.
Historiadores tradicioanales
Resulta bastante interesante que el nivel de información de las
cuestiones militares y geopolíticas hasta hace poco tiempo no ha sido tema de análisis
histórico. E1 análisis del cambio en las cuestiones humanas y del desarrollo de la
guerra ha destacado todas las formas de fenómenos organizativos, tecnológicos e
industriales, principalmente aquellos que tienen que ver con la potencia de fuego, la
logística y el aprovisionamiento. El impacto de las revoluciones industrial, productiva y
gerencial es debidamente mencionado y analizado. Abundan los estudios sobre liderazgo y
mando, pero ni una palabra sobre el impacto de la información.
Por ejemplo, en su excelente y ambicioso estudio llamado Historia de la
Guerra, John Keegan destaca la influencia en las diferentes eras de la fortificación,
organización, logística y aprovisionamiento, pero no dice nada sobre información e
inteligencia. En el completo y perceptivo trabajo de Bruce D. Palmer llamado La Guerra y
el surgimiento del Estado, éste menciona el histórico "efecto trinquete" de la
guerra, los impuestos, y el crecimiento del estado al analizar la evolución del estado
nación en sus aspectos colectivista, militar y totalitario durante la época moderna y
contemporánea. También se mencionan las revoluciones técnicas, pero no expresa nada
sobre la información. El experto israelí Martin Van Creveld ha escrito excelentes
estudios sobre los roles de la tecnología, el mando y el aprovisionamiento en la guerra,
pero su reciente trabajo llamado La Transformación de la Guerra no incluye ninguna
mención sobre la influencia de la información y su importancia en los conflictos
modernos. De la misma manera, el excelente trabajo de Sir Michael Howard sobre la guerra
en la era moderna llamado Las lecciones de la Historia, no incluye ninguna referencia
específica sobre la revolución de la información en la era industrial.
Eras históricas y épocas revolucionarias
Las descripciones históricas sobre el progreso del Hombre en los
pasados 50.000 años han sido esencialmente económicas. Los términos como la Edad de
Piedra, la Edad de Hierro, la Edad de Bronce describen el progreso del Hombre en el manejo
de los elementos naturales básicos con una creciente sofisticación con el fin de mejorar
su capacidad de satisfacer sus necesidades físicas básicas y las de su familia y
comunidad. Los términos como Revolución Agrícola y Revolución Industrial describen un
mayor progreso del Hombre en el manejo de la tecnología con el fin de aprovechar la
naturaleza y su ambiente para un mayor bienestar material. De hecho, la Era Industrial,
que comienza aproximadamente en el 1700 d.C. puede además diferenciarse de acuerdo a
términos como Revolución Industrial, Revolución Productiva, Revolución Gerencial y
Revolución de la Información. En este proceso, cada etapa sucesiva de la Revolución
Industrial también cambia fundamentalmente la Revolución Agrícola en curso a través de
la industrialización, la productividad y las mejoras en el manejo. Mientras tanto, cada
etapa sucesiva de la Era Industrial cambió fundamentalmente el significado de la
industrialización. Actualmente, se habla cada vez más de la Era de la Información y la
Revolución de la Información, que a su vez cambia todo lo anterior con respecto al
desarrollo humano.
Lo más interesante sobre el desarrollo tecnológico y económico del
Hombre es el ritmo acelerado del cambio. Cada era sucesiva es significativamente más
corta que la anterior. Consideremos simplemente la Era Industrial. Profundizando, se puede
notar que la primera fase, o sea la de la Revolución Industrial fundamental, duró
aproximadamente desde 1700-1750, que fue cuando se inventó el término tecnología, hasta
alrededor de 1880, o sea cerca de un siglo y medio. La siguiente, la Revolución
Productiva, duró desde 1880 hasta aproximadamente 1945, o sea justo sesenta y cinco
años. A su vez, la siguiente, la Revolución Gerencial se piensa que duró hasta
aproximadamente 1970, o sea sólo veinticinco años. Con el surgimiento del
microprocesador, estamos (o tal vez ya la atravesamos) en otra era significativa, dominada
por la Información o el Conocimiento. Desde el comienzo hace menos de tres siglos, el
ritmo de cambios tecnológicos se ha modificado increíblemente y con frecuencia ha
alterado su impacto en la sociedad.
Mundos sectorizados en tres partes
Si bien la Información y el Conocimiento son los principales
propulsores de la economía y la cultura mundial, en realidad vivimos en un mundo dividido
en tres sectores y, de hecho, en sociedades nacionales sectorizadas en tres partes. Las
economías agrícola, industrial y de la información coexisten (la Primera, Segunda, y
Tercera Ola de Toffler) de la misma manera que coexistieron las economías agrícola e
industrial anteriores. Sólo que ahora la mezcla es más compleja, y la diferenciación es
más importante en lo relativo a la interacción internacional y dentro de las naciones.
Haciendo un análisis final, existe preocupación en el hecho de que la diferenciación
también es potencialmente más explosiva.
El principal elemento de discriminación entre las clases económicas
de ciudadanos y de naciones es la información: el acceso a ésta y la capacidad para
manipularla. Robert Reich identifica tres amplias categorías de trabajadores en la Era de
la Información: los servicios de producción rutinaria, los servicios personales, y los
servicios simbólico-analíticos. Drucker distingue entre "trabajadores de
servicio" y "trabajadores del conocimiento". La preocupación común de
estos escritores es la ampliación de la brecha dentro de las sociedades entre estas
categorías de trabajadores en términos de bienestar e identificación con la comunidad.
También existe preocupación en un nivel más amplio con respecto a las relaciones
internacionales entre las sociedades.
Era de la Información. Explosión del Conocimiento
Muchos comentaristas hablan de la explosión de la información. La
opinión de los autores es que en realidad las características definitorias de la Era de
la Información las producen la interacción de las explosiones de la información y del
conocimiento, junto con el desarrollo de las telecomunicaciones y de la tecnología de los
microprocesadores, y las tendencias demográficas básicas que producen las
características definitorias de la Era de la Información. En la actualidad hay más
científicos vivos de los que han vivido juntos en la historia de la civilización, y
todos ellos están creando conocimiento en sus respectivos campos a un ritmo récord que
en definitiva impactará en el resto de la humanidad. Se están creando más y más campos
de especialización, y actualmente hay más campos de especialización cruzada. De esta
forma, no sólo hay más conocimiento "neto", sino que también hay un
conocimiento más complejo. La disparidad en el acceso a la infraestructura global de la
información probablemente significará que este conocimiento no va a ser igualmente
accesible a todas las personas que se ven afectadas por éste.
La capacidad de acceso e interacción es fundamental
Comparemos, por ejemplo, una persona con "conocimientos" de
fines del siglo XX con Thomas Jefferson, un verdadero hombre del Renacimiento de fines del
siglo XVIII. Jefferson, una personalidad típica de su clase y de su época, tenía
profundos conocimientos en los campos de la agronomía, arquitectura, agrimensura,
derecho, política, idiomas clásicos y modernos, y ciencia. Sin embargo, en la actualidad
con el simple hecho de leer regularmente todo el "New York Times" del domingo y
la edición semanal del "Economist" una persona puede razonablemente tener más
conocimientos sobre un gran número de cosas de lo que podía tener Jefferson. Sin
embargo, es imposible alcanzar el nivel de eficiencia en el manejo del conocimiento
disponible en nuestro tiempo que tenía Jefferson en el suyo, y tampoco podemos tener ese
conocimiento disponible en nuestra biblioteca personal. La habilidad potencial que tenemos
es la capacidad de acceder selectivamente al conocimiento necesario -y voluminoso - a
través de Internet y otros sistemas automatizados de recuperación de información.
Explosión demográfica
Para poder comprender los cambios profundos que se están dando en el
mundo y en nuestra propia sociedad, es importante considerar estos cambios en términos de
ciertas tendencias demográficas globales. La primera de éstas es el crecimiento
asimétrico de la población. Utilizando las estimaciones sobre crecimiento demográfico
generalmente aceptadas, la población de los países desarrollados del mundo aumentará
aproximadamente el 12,5% entre la fecha actual y el año 2025. De acuerdo a esas mismas
estimaciones, la población de los países menos desarrollados aumentará el 75%, y el
143% aquellos que son inclusive los menos desarrollados dentro de esta categoría. Es
decir, se presume que la población mundial total va a crecer desde algo más de 5 mil
millones que es la actualidad hasta 8,5 mil millones en el año 2025. Durante este
período, el 97% del crecimiento total de la población mundial se va a dar en las áreas
menos desarrolladas. Estas cifras también muestran una disminución de la edad media de
la población en el mundo menos desarrollados, en algunos casos hasta el punto en que en
ciertos países el número de personas menores de 16 años podría fácilmente exceder el
número de personas de más de 30 años. Según Peter Schwartz, para el año 2001 habrá
más de 2 mil millones de adolescentes en el mundo, la mayoría de ellos viviendo en Asia
y Latinoamérica. Imagínense tratar de conseguir una llamada telefónica con la casa de
alguien en Ciudad de México o Beijing cuando esto suceda. Por supuesto, las implicancias
económicas, sociales y políticas serán mucho más serias que este ejemplo mundano.
La creciente urbanización global está relacionada con esta tendencia.
Entre la fecha actual y el 2025, la población urbana del mundo aumentará más del doble,
a alrededor de 5,1 mil millones. Nuevamente, las regiones menos desarrolladas del mundo
sufrirán la mayor tasa de crecimiento urbano. Para el año 2000, la población urbana de
Africa se habrá duplicado con respecto a la de 1985. El crecimiento absoluto durante este
período será mayor en Asia, donde las ciudades aumentarán su población en 500
millones. No solamente vivirá más gente en las ciudades, sino que dichas ciudades
aumentarán de tamaño. Está creciendo el número de las grandes aglomeraciones urbanas
-áreas que comprenden una ciudad o ciudades centrales rodeadas por un área urbana
definida. En 1985, el 60% de las aglomeraciones urbanas de más de 2 millones de personas
estaban en el mundo menos desarrollado. Las Naciones Unidas hace la siguiente evaluación:
en el año 2000 habrá 45 aglomeraciones urbanas de más de 5 millones de personas,
nuevamente ubicadas principalmente en el mundo menos desarrollado. Para el año 2025,
Latinoamérica tendrá un 85% de zonas urbanas, Africa el 58%, y Asia el 53%. En este
sentido - y probablemente sólo en este sentido - las concentraciones demográficas de
Latinoamérica se aproximarán a aquellas comunes en Europa Oriental, América del Norte y
Japón.
La doble tendencia hacia el crecimiento de la población y la
urbanización en el mundo menos desarrollado ejerce una gran presión tanto en el ambiente
como en las tradicionales infraestructuras administrativas y sociales. En algunos países,
particularmente en Africa, estas infraestructuras se está resquebrajando. Las
experiencias de Liberia y Sierra Leona son los ejemplos más obvios y extremos de esta
tendencia. Si bien es difícil demostrar que existe una relación causal, intuitivamente
parece obvio que los crecientes conflictos religiosos, tribales, y étnicos en todo el
mundo están relacionados con más personas que compiten por recursos cada vez más
escasos en un ambiente en el que las autoridades centrales son cada vez menos capaces de
imponer su voluntad a la población. Por supuesto, alternativamente estas mismas
autoridades centrales pueden intentar rediseñar las fronteras como un medio para adquirir
escasos recursos o revertir las desigualdades percibidas. En cualquier caso, es evidente
que el mundo está experimentando una creciente violencia entre y dentro de las naciones,
aunque con frecuencia por debajo de los niveles que normalmente asociamos con
"guerra".
El resultado de este conflicto es el creciente número de refugiados y
de personas desplazadas dentro de su propio país, otra vez principalmente (aunque no
exclusivamente) en los países menos desarrollados. En 1951, se estimaba que había 1,5
millones de refugiados - definidos como "toda persona que, debido a bien fundado
temor de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, miembro de un
determinado grupo social, u opinión política, está fuera de su país de origen y no
puede, o debido a dicho temor, no desea hacer uso de la protección de dicho país".
Para 1992, esa cifra había aumentado a 15 millones. Si se agregan las personas con casos
"similares a los de un refugiado" - aquellas que están en una situación
ambigua residiendo fuera de las fronteras de su nación -, personas desplazadas por la
violencia dentro de su propio país, el número asciende a 42,5 millones. Este
desplazamiento de la población presiona sobre las infraestructuras existentes y crea
nuevas áreas "urbanas" en forma de campos de refugiados. Las
"ciudades" de refugiados de Rwanda en el Zaire y Tanzania son ejemplos de este
nuevo fenómeno. En realidad, en este momento la segunda ciudad con respecto a Dar
Es-Salaam, o sea la segunda ciudad en tamaño de Tanzania, no es ninguna ciudad sino el
grupo de campos de refugiados de Rwanda cerca de Ngema. En su punto máximo, los campos de
refugiados de Goma constituyen la tercera zona "urbana" más grande de Zaire. La
percepción de relativa privación es ineludible. Si bien muchos de estos refugiados
eventualmente pueden regresar a su hogar, aquellos que no vuelvan van a gravitar en las
áreas urbanas de los países anfitriones.
Es necesario destacar que la cifra de 42,5 millones no incluye los
millones adicionales no contados de "migrantes económicos" que dejan sus
hogares o países en busca de mejores empleos o condiciones de vida. Casi todas estas
personas se trasladan a las áreas urbanas, planteando demandas a los servicios sociales
de la nación anfitriona y compitiendo por trabajo en los niveles más bajos de la escala
económica de la nación. El resultado es frecuentemente el resentimiento y los conflictos
raciales, étnicos y sociales.
Lo importante en este caso, con respecto a la Era de la Información,
es que cada una de las crecientes áreas urbanas del mundo menos desarrollado van a
comenzar a funcionar como nodos de comunicación, ofreciendo a sus habitantes al menos
cierto acceso a la infraestructura global de información. Las personas de dichas áreas
van a estar cada vez más "informadas" (como lo opuesto a tener conocimiento)
sobre los hechos que suceden alrededor del mundo. Ya sea la difusión de propaganda a
través de la radio a determinados grupos étnicos, los reestrenos de novelas por
televisión, o la conexión con Internet, el creciente flujo de información hacia y
dentro de estas áreas urbanas como resultado del crecimiento de las tecnologías de
información probablemente tenga efectos muy profundos. En resumen, la gente de las
sociedades menos desarrolladas tendrá cada vez más conciencia de lo que no tiene.
Acelerado ritmo de cambio
Desmasificación y profusión de medios de información. Los avances en
la tecnología de la información han producido significativos cambios en el ambiente de
las comunicaciones masivas. Los autores recuerdan su niñez en Ohio a mediados de siglo,
escuchando el Llanero Solitario en la radio. Posteriormente, a principios de la década
del '50, descubrieron qué aspecto tenían estos personajes a través de una imagen
oscilante y borrosa en una pequeña pantalla ubicada dentro de una caja de madera. En la
década del '60, la mayoría de los hogares en las áreas suburbanas de Estados Unidos
tenían una televisión que llevaba la imagen de tres redes, brindado la posibilidad de
elección de tres programas durante todo el tiempo en que las estaciones locales estaban
en el aire -generalmente entre las 7 de la mañana y las 23 horas. Con el advenimiento de
la radiodifusión UHF, aumentó el número de programas disponibles, Pero fue recién en
1980 con el surgimiento de los programas de noticias de la CNN durante las 24 horas y el
acceso al cable, que se produjo el gran cambio en nuestros hábitos de ver televisión. Y
no sólo en Estados Unidos. Hace 10 años en Europa Occidental, el ciudadano promedio
tenía uno o dos canales de televisión disponibles, generalmente operando bajo cierto
tipo de patrocinio o control del gobierno. En la actualidad, existen 96 canales
disponibles para la mayoría de los europeos, si bien la típica compañía de cable
europea brinda "sólo" una pocas docenas.
Resulta interesante destacar que mientras los medios de difusión
electrónicos continúan proliferando, los medios gráficos están declinando. La mayoría
de las grandes ciudades que hace cincuenta años tenía varios diarios florecientes
actualmente cuentan con uno o dos; las ciudades más pequeñas todavía cuentan con el
periódico local, pero está principalmente dedicado a cuestiones locales. La razón es
que la televisión está dominando el negocio de las noticias y del entretenimiento tanto
a nivel nacional como internacional. En Estados Unidos, nuestro "diario
nacional" USA Today utiliza un formato similar al de la televisión y tecnología de
satélite para imprimir las mismas historias en diversas localidades alrededor del país
en forma simultánea, agregando sólo una pequeña publicidad local. Aún aquellos muy
adictos a las noticias, que en una época se volcaban diariamente hacia el New York Times
o el Washington Post para una cobertura "profunda" sobre temas determinados,
están accediendo a éstos a través de Internet. Si bien los medios gráficos están
pasando por una época difícil, la era de la imprenta no está muerta. Una visita a la
sección de publicaciones de cualquier librería o droguería revelará una cantidad de
publicaciones sobre todos los temas imaginables de interés. Una importante fuente de
información, aún para los grandes entusiastas de la electrónica, es el creciente
número de publicaciones como Wired, PC World, etc. En resumen, nos estamos alejando
rápidamente de lo que solíamos llamar medios de comunicación "masivos"
volcándonos hacia una gama más especializada de fuentes de información, incluyendo
publicaciones "nicho". Tanto en los formatos electrónicos como impresos,
estamos presenciando la tendencia hacia una "estrecha difusión" en lugar de una
"amplia difusión". De hecho estamos experimentando una demasificación de los
medios de comunicación masiva.
La capacidad de la computación y de comunicación. La computación ha
tenido un crecimiento relativamente firme desde los primeros días de las máquinas estilo
UNIVAC. Este proceso ha continuado a través del desarrollo del transistor y del
microprocesador. De la misma manera en que la capacidad de la computación ha aumentado
tres órdenes de magnitud entre 1940 y 1960 y otra vez entre 1960 y 1980, las proyecciones
del crecimiento para el año 2030 suponen seis órdenes más de magnitud. De hecho, la
capacidad de la computación se duplica cada dos años, como se hace evidente para
aquellos que quieren incorporar Windows 95 en una PC 386. Según la Ley de Moore, esto ha
estado sucediendo desde 1965. El costo de la computación continúa reduciéndose
drásticamente, a pesar de que los ingresos mundiales por los chips en los últimos años
han aumentado mucho más. Un gran número de bits son devorados cada día por millones de
personas en todo el mundo que utilizan computadoras en el hogar o en la oficina,
incluyendo PCs portátiles que llevan consigo. Todo el que tiene una PC tiene
potencialmente acceso a Internet. Si bien no se conocen las cifras exactas, se cree que
hay aproximadamente 40 millones de usuarios de Internet, con miles más que literalmente
de agregan cada mes. Actualmente hay un exceso de 16 millones de "home pages" en
la World Wide Web, cifra que estará notablemente desactualizada entre el momento en que
se escriben estas palabras y el momento en que este libro se imprima.
Sin embargo, en términos de volumen de datos,
las personas que utilizan Internet son una cantidad mínima en comparación con los
programas de software en los que se basan las comunicaciones mundiales para rastrear la
entrega de paquetes, repuestos de aviones y automóviles, reservas de pasajes,
transacciones con acciones y bonos, reservas de hoteles, y - lo que es evidentemente más
crítico - dinero. El dinero ya no se mueve, lo que lo hace es la información sobre el
dinero. Las comunicaciones globales y ATM han hecho que las tarjetas de plástico sean la
moneda del mundo. "El efectivo cibernético" bien puede ser la ola del futuro.
Conectividad Global. A medida que cada vez más satélites comerciales
de trasmisión entran en funcionamiento, virtualmente todas las áreas del globo entrarán
dentro del alcance de algún satélite de trasmisión. En realidad, Estados Unidos está
algo atrasado con respecto a la trasmisión de televisión directa por satélite
simplemente debido a que estábamos muy atados a nuestro sistema de cable. En los lugares
en donde las compañías de cable no existían, la expansión de las trasmisiones por
satélite creció más rápidamente. En todo caso, el resultado será el mismo: más
fuentes de información para elegir. Y a pesar de los esfuerzos de algunos gobiernos como
el de China e Irán por controlar el acceso a dichas fuentes de información, pequeñas
antenas parabólicas continúan surgiendo en los balcones de los edificios de
departamentos en Teherán y Cantón. Al comprobar su incapacidad para impedir la
fabricación casera de estas antenas de recepción de 18 pulgadas a través del sur de
China, el gobierno chino decidió entonces conceder una licencia de fabricación, una
política más inteligente - pero irrevocable - que la de Irán.
Al mismo tiempo que prolifera la televisión a
nivel mundial, también continuará creciendo la capacidad de comunicaciones
interpersonales. El cable de fibra óptica está expandiéndose en todo el mundo,
brindando una amplia capacidad de comunicación conectando continentes, países, y más
específicamente áreas urbanas. La tecnología sin cable también continuará
expandiéndose conectando áreas a las que no se puede llegar con cables de cobre. Se
estima que la capacidad de comunicación global aumentará aproximadamente seis órdenes
de magnitud para el año 2025. El crecimiento en la capacidad de comunicación no tiene
limites técnicos aparentes - más bien está limitado por la economía de la demanda. En
realidad el crecimiento proyectado en la capacidad de comunicación se basa en el continuo
crecimiento de la computación, que también (no casualmente) se estima que aumentará
seis órdenes de magnitud en el mismo periodo. El crecimiento en la capacidad de
comunicación excede ampliamente la necesidad de la gente para comunicarse, como lo
confirma el hecho de que aproximadamente la tercera parte de los cables de fibra óptica
tendidos en Estados Unidos permanecen "ocultos" en la actualidad. La capacidad
que se está construyendo es para que las computadoras "hablen" entre ellas.
Superautopista informática
GII, NIIs y DIIs. La idea de la interconectividad global es todavía algo difícil de
imaginar para algunos. Históricamente "las lineas de comunicación" tenían dos
dimensiones, y de esta forma eran relativamente fáciles de delinear en los mapas. Las
lineas del telégrafo y del teléfono tendía a seguir los caminos y las vías del
ferrocarril, e inclusive las ratas de los ríos, marítimas o aéreas podían ser
reducidas por los cartógrafos a líneas en el papel. Las fronteras nacionales se
delineaban de la misma manera. Sin embargo, en la actualidad, en la era de los satélites
y del espacio cibernético, se puede alegar que las líneas de comunicación tienen tres -
y aún cuatro - dimensiones, ya que la información se mueve a la velocidad de la luz a
través de las fronteras geográficas y nacionales. Nos resulta difícil comprender -
mucho más delinear gráficamente - las dimensiones no espaciales y los atributos del
"espacio cibernético".
Parece que a principios de 1970, Ralph Lee Smith acuñó el término
"autopista electrónica", concibiendo un sistema de comunicación patrocinado
por el gobierno, análogo al programa de autopistas interestatales que tanto cambió a
Estados Unidos. El término más reciente y familiar de "superautopista
informática" fue popularizado por - entre otros - el Vicepresidente de Estados
Unidos (entonces Senador) Albert Gore en la década del '80. En realidad la
"superautopista informática" es la Infraestructura Global de Información
(GII), de la cual se desprenden varios subgrupos de Infraestructuras Nacionales de
Información (NIIs). A su vez las Infraestructuras de Información sobre Defensa (DIIs)
son subgrupos de diversas NIIs, si bien en términos prácticos las dos últimas son cada
vez más difíciles de identificar en forma separada, ya que es cada vez mayor el tráfico
de información sobre defensa que viaja a través de infraestructuras nacionales no
militares. En Estados Unidos más del 90% de las DII dependen de las NB.
Largas Limusinas/Hyundais/Motonetas/bandas de peatones armados. Desde
el surgimiento del término "superautopista informática", la analogía ha
aumentado aún más con referencias a "baches", "muerte en los
caminos", "rampas internas y externas". Teniendo conciencia de los riesgos
- y con cierta ansiedad -, ofrecemos nuestras propias analogías para el fenómeno de la
"superautopista".
Si bien la soberanía tradicional del estado nación se está
erosionando, todavía es útil como concepto para identificar los grupos nacionales o los
negocios transaccionales que, debido a su organización corporativa e ingresos,
contribuyen al bienestar económico de un determinado estado nación o grupos de estados.
Utilizando este concepto, el tráfico de la superautopista informática probablemente
consiste en un número considerable de "largas limusinas", un número menor de
"Hyundais", una pocas "motonetas", y un número todavía desconocido
de "bandas de peatones armados".
En las "largas limusinas" incluiremos los consorcios
nacionales y transaccionales de Europa Occidental, América de Norte y Japón. De esta
manera, queremos expresar que estas sociedades estarán totalmente equipadas para
participar en la Revolución de la Información, con una considerable parte de su
población que goza de un cierto bienestar económico, un buen nivel de instrucción y que
es capaz de explotar estas capacidades. Su paso a través de la superautopista será
relativamente placentero, cómodo y satisfactorio. Prevalecerá una bien justificada
sensación de satisfacción - en realidad de superioridad. Estas sociedades tenderán a
mantener relaciones financieras, políticas y culturales entre ellas.
Los "Hyundais" son automotores muy eficientes y funcionales.
Transportan a sus pasajeros con el confort adecuado, comparativamente con poco
equipamiento. Dentro de los "Hyundais" se podrán incluir grupos similares del
Cordón del Pacífico (incluyendo China. Taiwan y Singapur); en el Medio Oriente
probablemente sólo Israel; posiblemente algunos de los estados de Europa Oriental como
Hungría, la República Checa y Rusia; y también posiblemente un grupo de Latinoamérica
(por ej. Chile, Brasil, Argentina y Colombia). Si bien ubicar a Colombia y a Rusia en una
lista de los "Hyundai" podría parecer audaz, los hemos incluido debido a las
grandes sumas de dinero generadas por el narcotráfico y otras actividades criminales
internacionales. Los grupos criminales en los dos países, al igual que los negocios
internacionales legítimos, se basan cada vez más en la capacidad de las
telecomunicaciones globales para facilitar sus actividades. En todos los casos, aquellos
que se encuentran ubicados dentro del grupo de los "Hyundais" tratarán para
formar parte del grupo de las "largas limusinas" tan pronto como sea posible, y
algunos de ellos pueden tener éxito, particularmente Singapur e Israel.
En el resto de mundo, o sea aquellos países menos desarrollados en
donde va a darse el mayor crecimiento de la población, sólo una pequeña élite alguna
vez será capaz de manejar una "motoneta". Estos tendrán los peores medios de
transporte motorizado, y el viaje no será muy confortable. Asimismo, ellos también
estarán tratando de ascender a un transporte de cuatro ruedas, pero sus perspectivas no
son muy buenas.
La gran mayoría de la población mundial se encontrará a pie, tal vez
informada pero sin un verdadero conocimiento, y de esta manera condenada a mirar cómo
pasa el tránsito. Debido a que la población formada por peatones probablemente también
esté armada, sea hostil - y cada vez más lejos del control de las autoridades nacionales
o internacionales - la superautopista informática que lleva al futuro probablemente sea
un lugar bastante peligroso.
Segundo Renacimiento: La PC y el estado
No se puede predecir cómo la explosión de la información global va a
influir en última instancia en el mundo, pero se pueden sacar varias lecciones del
pasado. El control de la información - y por lo tanto del conocimiento - siempre ha sido
importante para las jerarquías tradicionales. Cuando Gutenberg en Mainz y Caster en
Haarlem comenzaron a imprimir utilizando tipos movibles aproximadamente en 1445, su
intención probablemente no fue iniciar una revolución en las cuestiones humanas. En
realidad, la intención de Gutenberg al publicar la Biblia Cristiana en 1457 fue
glorificar la Iglesia y la Palabra de Dios. Luego de medio siglo, el resultado fue
totalmente opuesto. Aproximadamente en el 1500 se habían impreso alrededor de 30.000
libros mediante tipos movibles, y de ninguna manera eran todos escritos religiosos.
Actualmente comprendemos que la capacidad de una fuerza laboral no clerical (es decir no
perteneciente a la Iglesia de Roma) para poseer, comprender y difundir el conocimiento
cambió el mundo definitivamente. Haciendo un análisis retrospectivo, comprendemos que la
idea de Gutenberg constituía no simplemente un invento sino un descubrimiento. La
tecnología extrae a la información y al conocimiento del dominio específico de la
Iglesia Católica y la difunde a poderes alternativos. Florecieron las ideas, y los
antiguos régimenes declinaron en los lugares donde no se permitió que se desarrollara y
proliferara la nueva tecnología (por ej. España y durante algún tiempo Francia). Los
nuevos poderes surgieron en aquellos lugares en donde se permitió y se fomentó el
florecimiento de la tecnología de la información (por ej. Inglaterra y Holanda).
En nuestra propia época está ocurriendo un fenómeno similar. La
computadora electrónica, la computadora personal (o PC) está obteniendo su poder del
orden establecido o simplemente estableciendo nuevos órdenes de poder simplemente por sí
misma. Como consecuencia, la sociedad humana está experimentando un "cambio de
ritmo" de proporciones históricas. De la misma manera en que la Iglesia no pudo
controlar más la verdad científica, filosófica y social a la luz de la prensa escrita,
actualmente los estados ya no pueden controlar más las ideas. España, la última
superpotencia del momento, cayó en una larga declinación de la cual nunca se recuperó.
El desarrollo tecnológico (la computadora personal) se ha unido con el invento del
"estado sometido a disciplina militar" (Internet) producto de la Guerra Fría,
con el resultado de que el Estado ya no puede controlar más la verdad científica,
filosófica o social.
Ante la presencia de la máquina Xerox, del teléfono celular, y de la
PC, en definitiva el comunismo, el Muro de Berlín, y el Imperio Soviético no tenían
oportunidades de sobrevivir. En el momento en que Gorbachov y sus "reformistas"
entendieron el problema, era demasiado tarde para una reforma limitada. La ironía
relacionada con el poder de la tecnología, y particularmente de la información, es que
el temor Orwelliano de su dominación por parte de los régimenes totalitarios ha
permanecido en su cabeza. Esto se debe, como observa Walter Wriston, a que la tecnología
de la comunicación ha demostrado ser casi completamente inmune a un eficaz control
nacional. El corolario de esto es que los medios fundamentales de producción han cambiado
tan radicalmente que, como lo destaca John Lewis Gaddis, "la represión ya no
reprime" en el sentido tradicional. Mientras Stalin podía ordenar a los proletarios
y campesinos tradicionales que lograran una gran producción general, aunque ineficiente,
Gorbachov no podía ordenar a los "trabajadores del conocimiento" que
escribieran programas de computación imaginativos o que idearan chips de silicona
eficientes a menos que ellos quisieran hacerlo. En última instancia, otras estructuras y
restricciones también deberán cambiarse. La censura oficial por parte de cualquier
gobierno se derrumbará ante "la Red" y "la Web". Aquellos estados que
traten (y nominalmente tengan éxito en el corto plazo) de mantener el "control"
simplemente resultarán irrelevantes.
La tecnología no es gratuita. De esta forma, la tecnología de la
información tiene el efecto de erosionar las jerarquías tradicionales que han servido
como filtros de información, restringiendo las acciones de los individuos dentro de
ellas. En el mundo de hoy la soberanía nacional tiene cada vez menos que ver con el valor
de la divisa y la regulación de los mercados. El mayor acceso a la información abre
alternativas de conducta para los individuos en forma independiente de las restricciones
tradicionales de la familia, el comercio, los medios de comunicación, el gobierno y las
fuerzas armadas - ya sea que la persona elija o no involucrarse en dicha conducta. Las
actividades transnacionales se han facilitado enormemente en términos de mercados,
comercio, producción y finanzas. Pero considerando que esta interconexión global tiene
su precio, tanto literalmente como figurativamente, los estados naciones ya no pueden
aislarse exitosamente de los hechos que suceden en otros países, ya sea el colapso del
peso mejicano o los conflictos con los trabajadores de calzado deportivo en Yakarta. La
soberanía estatal como la entendemos en la actualidad no va a desaparecer; simplemente se
convertirá en algo cada vez más irrelevante con respecto a los hechos que impactan la
vida de la mayoría de las poblaciones. Por otro lado, la identidad nacional (como opuesta
a la del Estado) puede aumentar, independientemente de las fronteras administrativas, a
medida que las telecomunicaciones mundiales brinden vínculos entre grupos nacionales
geográficamente separados.
Guerra de Información: Reconsiderando la aplicación del poder en el siglo XXI
Las naciones hacen la guerra de la misma manera en que hacen la
riqueza. Esa es la premisa del libro de Toffler llamado Guerra y Antiguerra. Por lo tanto,
en los últimos años ha surgido entre las principales potencias una forma de "Guerra
de la Tercera Ola" que se equipara con la evolución de "sociedades de la
Tercera Ola". El punto central de ambos es la información. El libro de Toffler es un
himno triunfal para el trabajo de las fuerzas armadas de Estados Unidos en los últimos
veinte años, esencialmente para "reinventarse" a sí mismas en estos términos.
La evidencia y eficiencia de este cambio fundamental se reflejó en cierta medida en la
Segunda Guerra del Golfo Pérsico contra Irak.
Así como la información está cambiando la sociedad, también está
cambiando los conceptos de seguridad nacional, las definiciones y parámetros del espacio
de batalla y la dimensión de la fuerza. La "fuerza" se está convirtiendo en
algo menos tangible y más dependiente de los factores cualitativos. El espacio de batalla
se está ampliando principalmente en términos de ubicación, profundidad y altitud (como
lo ha sido desde la era Napoleónica). Los porcentajes de movimiento - de fuerza,
material, e ideas - están creciendo; por lo tanto, el tiempo se está reduciendo. La
guerra se convierte cada vez más en un conflicto de procesos de decisión; el éxito
estará determinado por la "diferencia de información" entre las fuerzas y
entre los comandantes. "La Guerra de la Tercera ola" es "La Guerra de
Información". Estas operaciones de la "guerra posindustrial" deben no
sólo ser "conjuntas" y "unificadas", sino también
"holísticas" y "simultáneas".
Características de la Guerra de Información
Continua, simultánea, acelerada y no lineal. El punto central de la
noción de Guerra de Información es el concepto de alcanzar los objetivos militares con
la aplicación del mínimo absoluto de fuerza y/o costo. Si bien se puede alegar que éste
siempre ha sido un objetivo de combate, en el pasado la capacidad de alcanzar este
objetivo dependía de una cantidad de variables, muchas de las cuales estaban controladas
por el enemigo potencial o real. Un duelo entre dos caballeros para determinar el dominio
de reyes opuestos funciona sólo si las dos partes acuerdan las reglas; tan pronto como
una de las partes decide poner dos caballeros, la otra parte debe responder de la misma
manera o (más probablemente) aumentando la fuerza.
Sin embargo, con la Revolución de la Información, el objetivo de
mínima fuerza/costo se convierte en algo alcanzable para la parte que tiene el dominio de
la información. Si realizamos una supervisión continua y real de las fuerzas militares
del potencial adversario, podemos simultáneamente posicionar nuestras fuerzas para
alcanzar y mantener una ventaja. Al comunicar esta ventaja y nuestras intenciones al
adversario - tal vez junto con otra información a través de otros canales que complican
aún más el proceso de decisión (es decir, el engaño) - podemos también disuadir o
impedir el uso de la fuerza militar por parte de él. Pero aunque esto fracase, teniendo
un perfecto conocimiento de la disposición de fuerzas del enemigo y posicionando nuestras
fuerzas de acuerdo a esto, mientras al mismo tiempo negamos al enemigo el conocimiento de
la disposición de nuestra propia fuerza, podemos optimizar la eficacia de toda
aplicación de fuerza, permitiendo el uso de sólo la fuerza que sea necesaria para
alcanzar los objetivos. Además de mantener el elemento sorpresa, pues tenemos un
inmediato conocimiento de los resultados de la aplicación de fuerza sobre el enemigo,
podemos acelerar la respuesta a los cambios en la actividad del enemigo y adaptarla a
nuestra nueva aplicación de fuerza sólo en aquellos puntos críticos en los que se
necesite.
Dominando los sistemas de
información del adversario, junto con el uso de armas inteligentes, seremos capaces de
imponer nuestra voluntad sobre el enemigo sin los costos asociados con la ocupación del
territorio. En lugar de movernos a través de un campo de batalla en forma lineal,
podremos seleccionar y neutralizar continuamente los objetivos críticos en un espacio de
batalla no lineal "justo a tiempo", obviando de esta manera la necesidad de un
gran armamento de reserva, prácticamente de la misma manera en que la entrega "justo
a tiempo" por parte de los subcontratistas libera a los fabricantes de autos de tener
grandes depósitos con inventarios de partes para mantener en funcionamiento las líneas
de montaje.
Realimentación instantánea de la información. La capacidad de
tomar la medida correcta "justo a tiempo" depende, por supuesto, de la
realimentación de la información. Desde el comienzo de la organización humana, los
encargados de tomar decisiones han buscado información sobre los resultados de sus
decisiones tan pronto como sea posible, de manera que si se es necesario tomar medidas
correctivas o de refuerzo, puedan tomarse mientras todavía es posible influir en el curso
de los hechos puestos en movimiento mediante la decisión inicial. Hasta hace
relativamente poco tiempo en nuestra historia, la capacidad de obtener dicha información
estaba limitada por muchos factores, pero más específicamente por la distancia. Antes
del surgimiento de la comunicación electrónica, un observador podía registrar con gran
detalle los hechos que resultaban de una decisión, pero las líneas de comunicación
disponibles con frecuencia tardaban días, semanas, o aún meses entre que los hechos y la
información sobre los mismos llegaba a los encargados de tomar las decisiones, haciendo
que ésta resultara más de interés histórico que práctico. La comunicación
electrónica cambió todo esto. Actualmente los encargados de tomar las decisiones pueden
estar "conectados", no sólo recibiendo la información instantánea sobre los
efectos de sus decisiones, sino también utilizando estas mismas líneas de comunicación
para trasmitir nuevas decisiones basadas en la información recibida. En algunos casos, la
cantidad y/o velocidad de la información recibida sobre la reacción es tal que los
encargados de tomar las decisiones necesitan la asistencia de la computadora para procesar
la información.
Tomemos como ejemplo al piloto de un cazabombardero F-117. A medida que
mueve los controles, genera señales electrónicas que activan las superficies de control
del avión. Sin embargo, el F-117 es una plataforma inherentemente inestable que requiere
constante corrección para mantenerse en el aire. Estas correcciones se hacen
automáticamente, muchas veces por segundo, basadas en la información brindada por los
sensores que monitorean la altitud del avión, la velocidad, etc. El piloto no puede
reaccionar lo suficientemente rápido como para brindar la información necesaria para
mantener el avión en el aire; en lugar de esto, lo que él ingresa es información
adicional necesaria para que el avión pueda volar hacia donde él quiere ir. El paso
siguiente en la evolución de la interconexión hombre-máquina - que está buscando
actualmente la Fuerza Aérea de Estados Unidos - sería ir más allá de los requisitos de
la reacción física, tomando los impulsos eléctricos directamente del cerebro y
utilizando estos impulsos como órdenes para un sistema de control manejado por
computadora.
Como lo hemos mencionado anteriormente, el concepto de realimentación
instantánea de datos, con respecto a la Guerra de Información, es considerado dentro del
contexto de un sistema cerrado, independientemente del F-117 o del "campo de batalla
digitalizado" del Ejército concebido en la Fuerza XXI. Pensamos en la información
recibida en forma instantánea en términos del nivel operativo y táctico de la toma de
decisiones. Pero esta información instantánea, o algo similar a esto, también opera
cada vez más a nivel estratégico. Si bien los medios de comunicación, y particularmente
la televisión, no son responsables de que Estados Unidos haya "perdido" la
guerra en Vietnam, la reacción del público ante las imágenes de los soldados
estadounidenses en combate vistos en los hogares de todo el país seguramente influenció
en las decisiones tomadas por las Administraciones de Johson y Nixon sobre la guerra.
Durante la Guerra del Golfo, Saddam Hussein durante un discurso trasmitido en directo por
la CNN, convocó a un debate al Presidente Bush; a los treinta minutos el Presidente Bush
realizó una conferencia de prensa para informar al mundo (y a Saddam) que no tenía
intenciones de participar en dicho debate.
Aún en las sociedades no democráticas,
tanto los líderes como el público en general tienen simultáneamente conocimiento de los
resultados de las decisiones políticas a través de la cobertura de noticias de la
televisión. Indudablemente Boris Yeltsin no estaba más contento que los ciudadanos de
San Petersburgo al ver la actuación del Ejército Ruso en Chechenia. Como lo destacó el
Profesor George Stein de la Universidad Aérea, el punto en este caso es el siguiente:
"... La infosfera mundial de la televisión y de la difusión de las noticias ...
moldeará el contexto político del conflicto. Definirá el nuevo "espacio de
batalla", Nos enfrentamos con un "campo de batalla integrado" no en el
sentido usual de tener un receptor de un sistema de posicionamiento mundial (GPS) en cada
tanque o cabina de avión, sino en el sentido Clausewitziano de que la guerra se está
integrando en la política casi en forma simultánea con la batalla".
Bajo dichas condiciones, las distinciones entre lo estratégico,
operativo y táctico parecerían insignificantes. Nos guste o no, las acciones de un solo
soldado, si son captadas por los medios internacionales, pueden afectar potencialmente el
resultado de un conflicto.
El problema con esto, señala Stein, es que este mundo creado por los
medios es un "universo ficticio" - no porque las imágenes no sean verdaderas,
sino porque no contiene la suficiente información para captar el contexto y la totalidad
de la verdad. La "unidad de sonido" promedio (más precisamente descripto como
"unidad de video") en las noticias de la tarde es actualmente de entre 8 y 12
segundos - muy poco tiempo para articular una posición política dentro de una historia
de 90 segundos que consiste en imágenes visuales seleccionadas según su valor
sensacionalista, sobrecargadas de comentarios por parte de un reportero que, para parecer
objetivo, se siente obligado a presentar los puntos de vista opuestos. En un mundo
perfecto, los encargados de tomar las decisiones tendrían una perfecta información
instantánea sobre la cual basar las subsiguientes decisiones políticas. En el mundo
real, la tentación de basarse en la oportuna información ficticia, en oposición a la
menos oportuna aunque más completa información de las fuentes de inteligencia u otras
fuentes oficiales, resulta ser irresistible.
La Guerra como Trabajo: La Guerra de la Tercera Ola. Las
características básicas del nuevo "formato de la guerra" se reflejan
esencialmente en aquellas de la economía civil. La palabras de advertencia son: dominio
de la información y seguridad de la información. El conocimiento se convierte en el
punto central del poder militar y el recurso fundamental de la capacidad de destrucción,
en lugar de la verdadera fuerza bruta. Los valores intangibles determinan más
precisamente el equilibrio militar, en lugar del hardware. La desmasificación requiere
una creciente precisión y una mayor selectividad en la aplicación del poder militar. El
trabajo militar con frecuencia depende más de la educación y la experiencia que del
machismo tradicional y la fuerza bruta; la información se convertirá en la naturaleza de
la guerra. Cada vez se valora más la innovación; la improvisación reemplaza al hábito
y la rutina. La organización se convierte en algo cada vez más fluido y menos
jerárquico. La integración de todos los activos, fuerzas y servicios es esencial. La
rapidez caracteriza las operaciones en todos los niveles (no necesariamente la velocidad
absoluta, sino la velocidad relacionada con el ritmo del enemigo para moverse y tomar
decisiones). Estas características de la guerra de información afectarán a las armas en
combate, como así también a los servicios de combate y funciones de apoyo a estos
servicios, más específicamente en todo lo relacionado con la inteligencia,
señalización, transporte y logística.
La Guerra como un teatro improvisado. En el futuro estaremos operando
en un ambiente con excesiva cantidad de medios de comunicación, donde nuestras acciones
militares serán trasmitidas instantáneamente a través de la televisión mundial.
Pensemos en las implicancias para la seguridad operativa y de
inteligencia de los medios de comunicación privados operando sus propios satélites de
imágenes, lo cual seguramente ocurrirá dentro de esta década. Por lo tanto, los
comandantes militares deben ser cada vez más expertos en operar eficazmente en este
ambiente. Si consideramos un Plan militar como un guión, los hechos resultantes se
parecerán cada vez más a un teatro improvisado en un escenario global donde las
reacciones de las diversas audiencias y críticas pueden en última instancia determinar
la diferencia entre el éxito y el fracaso en un sentido político, cuando no militar.
El reconocimiento por parte de SEAL de la playa de Mogadishu, Somalia,
con el resplandor de las luces de las cámaras de video parecía más bien tonto que
formidable, un poco auspicioso comienzo para lo que iba a convertirse en un ejercicio
militar bien intencionado pero en última instancia frustrante e inútil. Consideremos
también la imagen de los malechores en las dársenas de Puerto Príncipe, en Haití,
saludando a las tropas estadounidenses y canadienses a bordo del USS Harlan County,
agitando sus carteles escritos en inglés y gritando, para la CNN, que Haití sería
"otra Somalia para Estados Unidos". Luego vimos al Harlan County alejándose,
ante la consternación de las grupos de avanzada de las fuerzas militares de Estados
Unidos que estaban esperando en el muelle. Cuando los elementos de avanzada
estadounidenses pertenecientes a la Fuerza de Autorización de la NATO entraron en Tuzla,
Bosnia, se encontraron superados en número por los medios de comunicación, fácilmente
en una proporción de diez a uno. Y debido a que la infraestructura de información
mundial no tiene sentido si no es interactiva, los comandantes pueden descubrir que su
Plan o "guión" está siendo reescrito a medida que avanzan. Como sugiere un
estudio RANO, el nivel de adaptabilidad del "guión" puede ser elemento crítico
para predecir el éxito de las operaciones militares en la Era de la Información.
¿Qué significa todo esto?
A posar de los cambios tanto en los fines como en los medios (pero no
en los propósitos) de la guerra, es muy poco probable que los conflictos armados
desaparezcan totalmente en el espacio cibernético. En realidad, si un "grupo de
peatones armados" figurativamente fuera a disparar RPGs a las "largas
limusinas" pertenecientes a nuestros grupos nacionales, a medida que avanzan en la
superautopista informática, probablemente determinaremos que dicha conducta será una
amenaza y se emplearán fuerzas de combate con autorización para utilizar cierto grado de
fuerza letal en defensa y/o represalia. Como lo demostrarán otras contribuciones a este
texto, es posible que no estemos preparados para hacerlo, debido a nuestra incapacidad
para comprender los principios de la guerra en la Era de la Información.
Proliferación de los medios de conflicto. La rigurosa aplicación de
la tecnología de la información para la guerra significa, en primer lugar, que habrá un
proliferación de medios de conflicto. A los medios tradicionales de potencia de fuego y
maniobra se agregarán los medios de ataque electrónico al enemigo que serán aún más
poderosos. Se puede atacar sus sistemas de control y comando no sólo con una destructiva
potencia de fuego sino también con otros métodos tecnológicos destructivos. La
desinformación, el rumor y la propaganda han sido durante mucho tiempo medios de ataque.
Estos medios actualmente han aumentado. Algunos han especulado que las operaciones
eficaces de engaño ya no son posibles en la era del reconocimiento por satélite. La
efectividad del engaño depende de los "canales" disponibles de información y
de la propensión del oponente al autoengaño. Por lo tanto, las posibilidades de
operaciones exitosas de engaño nunca han sido mejores.
Capacidad de ser letal versus eficacia. El combate electrónico
permitirá potencialmente a un comandante inflingir una "neutralización
efectiva" sobre su oponente sin la necesidad de destruir físicamente la
infraestructura, las fuerzas o la gente. Los profesionales militares con frecuencia no
prestan atención al hecho de que el propósito de la guerra no es (en la jerga común)
"matar gente y destruir cosas". Estos medios han sido los mecanismos de la
guerra, pero no su propósito. El propósito de la guerra es imponer su voluntad sobre el
oponente. Si se puede lograr esto (es decir modificar la conducta o la intención del
oponente) sin la destrucción física, las posibilidades de reconciliación política y
progreso humano posteriores al conflicto mejoran sustancialmente. La guerra en la Era de
la Información al menos tiene la posibilidad de esta eventualidad.
Desvalorización de los fines tradicionales de la guerra. Si todo esto
tiene validez, tenemos la posibilidad de cambiar fundamentalmente la forma en que se
maneja la guerra y los fines que se intenta alcanzar. Los fines tradicionales de la guerra
eran destruir las fuerzas del oponente en tierra, aire y mar; destruir su capacidad de
guerra; y ocupar su capital. Con la destrucción o inutilización de su capacidad de mando
y de control, y con la capacidad de influir en las percepciones de su élite política y
de su población, existe la posibilidad de imponer nuestra voluntad sobre el oponente sin
provocar necesariamente la destrucción física de la infraestructura y la población de
nuestro enemigo. La preocupación en este punto no necesariamente es humanitaria a corto
plazo. El cálculo puede ser simplemente utilitario en cuanto a la preservación de los
medios económicos para mantener una sociedad viable y productiva con armas políticas
diferentes.
Clausewitz y anti -Clausewitz. Gran parte del análisis se realiza a la
luz de la guerra tradicional de la Era Industrial. Dentro de las fuerzas militares, existe
un sistema de valores "Cleusewitziano", y todos hemos sido educados en esto.
Gran parte de lo expresado anteriormente contradice el enfoque Clausewitziano sobre la
guerra que se enseña en nuestras Escuelas de Guerra. Cleusewitz todavía tiene una gran
contribución que hacer al pensamiento militar, aún en las sociedades democráticas (un
fenómeno con el que no tenía experiencia). La "Santa Trinidad" de Estado,
Ejército (en realidad Fuerzas Armadas) y Pueblo es fundamental, y su continua importancia
no es exagerada. Pero su fijación con la destrucción física y la aniquilación puede
estar desactualizada. Sin embargo, la posibilidad de ganar la batalla decisiva (al menos
en una competencia entre pares) teóricamente puede rescatarse. El peligro para las
sociedades de la "Tercera Ola" es que el éxito potencial en este aspecto puede
basarse en la competencia por nichos en un conflicto asimétrico.
Los intentos recientes por abordar el tema de la "Revolución en
Asuntos Militares" y de la "Revolución TécnicoMilitar" no han tratado
satisfactoriamente el fenómeno de la "guerra asimétrica". Existe un concepto
común entre las naciones avanzadas y sus fuerzas armadas de que pueden imponer su
voluntad sobre potencias menores y fuerzas relativamente primitivas a través de la
aplicación de medios tecnológicos de avanzada. La penosa experiencia histórica desde
fines del siglo XIX indica exactamente lo contrario. La experiencia histórica de la
últimas décadas debería indicar de la misma manera que un conflicto de "poca
intensidad" (o el concepto actual de "operaciones que no llegan a ser
guerra") no es un caso menor de estrategia, doctrina, táctica, técnicas y
procedimientos de gran intensidad. Las fuerzas relativamente primitivas tendrán -y tienen
- acceso a una tecnología sofisticada, y sabrán cómo usarla. La tecnología cada vez
estará más disponible para ellos. Si bien estos conceptos relativamente sofisticados
como manejo de batalla aérea y operaciones aire-tierra pueden no existir para ellos,
habrá algunos oponentes que sí entiendan el "manejo de la percepción" y la
"guerra de la información" en un sentido rudimentario.
Otro asunto conflictivo que enfrentarán las sofisticadas fuerzas
militares es la posibilidad de que se dé lo que podría llamarse la "guerra
heroica". Si los conceptos de Toffler son aproximadamente correctos en el hecho de
que un hito en el combate futuro es "el cerebro por sobre la fuerza", será
necesario un cambio en la selección, retención, desarrollo y promoción de los guerreros
cibernéticos que atacan al enemigo y defienden la nación mediante otro método que no es
el acero frío y la pólvora. Esta posibilidad atrae mucho más a las naciones pues evita
las bajas en el combate; probablemente atraiga menos a las subculturas militares que
intrínsecamente le dan valor al deporte sangriento, a la carrera de distancia y a la
autoimagen del machismo.
El impacto social de la Guerra de Información
Es difícil para las sociedades democráticas distinguir "buenas
noticias" dentro de las perspectivas de guerra. Si hay alguna buena noticia que
extraer del tipo de guerra que probablemente va a predominar en el siglo XXI, sería la
perspectiva de un reducido nivel de destrucción física y humana. Al menos entre los
competidores de la Tercera Ola, tal vez la humanidad se ahorrará las matanzas como las de
Somme, Passchendaele y Gallipoli en la Primera Guerra Mundial, los diez millones de
muertes de civiles y militares en la Segunda Guerra Mundial, y las perspectivas de una
aniquilación termonuclear en la Guerra Fría.
Sin embargo, es igualmente difícil pronosticar el fin de la guerra
total en un mundo cada vez más dominado por la tecnología. En el futuro, tal vez como
nunca antes, podría ser posible que las sociedades tecnológicamente sofisticadas
orienten la guerra hacia el verdadero núcleo de la sociedad enemiga - y lo hagan en forma
digital. Durante generaciones hemos sido testigos de los ataques indiscriminados contra la
población civil por parte de fuerzas militares. Probablemente el mundo evitará el
genocidio de Rwanda, el desperdicio inútil de Liberia, o la destrucción
religiosa-ideológica de Afganistán. En el futuro, será mucho más difícil detectar
quién está atacando - y tal vez desde qué lugar y con qué fin. Uno puede imaginar un
futuro político-militar en donde las guerras irregulares serían posible en una escala
sin precedentes. Los objetivos (nuestros y de ellos) no necesitan ser infraestructuras
físicas, sino los sistemas automatizados de distribución financiera de una nación.
Una característica primordial de la era del estado nación ha sido el
monopolio estatal de los medios de violencia. Seguramente estamos presenciando - tanto en
las sociedades de la Tercera Ola/Primer Mundo y Primera Ola/Tercer Mundo - una tendencia a
apartarse del monopolio estatal de violencia letal. En un futuro caracterizado por la
guerra cibernética, la tecnología ofrece la perspectiva de una abundante posesión no
estatal de medios de violencia "no letales".