Jéssica Fainsod. DE LA REDACCION DE CLARIN
ES UN RECEPTOR INALAMBRICO QUE ENVIA VIBRACIONES AL OIDO INTERNO
Inventaron un receptor telefónico que se implanta en una muela El implante dental de
audio inventado por dos ingleses permitiría a los usuarios recibir llamadas telefónicas
y ondas de radio, e incluso conectarse a sitios verbales de Internet. El prototipo se
exhibe en el Museo de Ciencias de Londres.
Al fin y al cabo el Super Agente 86 era un precursor. Aquella serie de los 60 donde el
espía Super Agente 86 ("temible operario del recontra espionaje") utilizaba su
zapato como teléfono, resultó ser una avanzada de la telefonía celular de hoy en día.
¿Por qué? Acaba de inventarse un diente-telefónico. Para no perder tiempo en
banalidades tales como sostener un auricular o discar. ¿La contra? Hay que ir al dentista
para el implante.Los ingleses suelen ser ingeniosos. Se las ingeniaron, por ejemplo, para
inventar un dispositivo telefónico para colocar en una muela mediante una pequeña
intervención. Se trata de un pequeño receptor inalámbrico de baja frecuencia que vibra
cuando recibe sonidos y un aparato que convertiría señales de audio en vibraciones
mecánicas. Estas vibraciones pasarían de la muela directamente al oído interno con
sonidos claros. Otro pequeño dispositivo, fuera del cuerpo, permitiría el encendido y la
programación del pequeñísimo receptor celular. Con una sonrisa, los usuarios de
semejante ortodoncia podrán recibir llamadas sin perder la calma, levantar olas con la
saliva al compás de la música y hasta conectarse con sitios verbales de Internet sin que
nadie se dé cuenta. Así se garantizaría la mayor discreción para sus usuarios.
James Auger, de 31 años, y su socio Jimmy Loizeau, de 34, son los padres de este
llamativo diente telefónico. Se les ocurrió semejante idea mientras participaban de una
maestría en el Royal College of Art de Londres sobre la forma en la que la tecnología es
aplicada actualmente. Por el novedoso invento, Auger y Loizeau recibieron un premio de la
Fundación Nacional de Ciencias y Tecnología.Por ahora el postizo telefónico no tiene
productor en puerta. ¿Alguna empresa de prótesis querrá sumarlo, cual exótico adorno,
a sus dentaduras postizas?, ¿Alguna compañía de dentífricos lo elegirá para
comunicarse mejor con sus clientes? Bromas aparte, lo cierto es que Auger y Loizeau se
mudaron eufóricos a Dublín, Irlanda, para trabajar con Media Lab Europe, la empresa de
investigación europea asociada con MIT Media Lab. La época de la Guerra Fría ya pasó.
Pero de todos modos, los espías continúan existiendo. Y la intención de ocultar
misterios y de hurgar en lo desconocido es casi parte de la esencia del hombre. O, si se
quiere, de algunos hombres.
Tanto los James Bond modernos como los corredores de Bolsa son, al fin y al cabo, quienes
podrían utilizar este dispositivo para recibir instrucciones sin que nadie se entere de
ello. Así como también los atletas podrán escuchar en el campo a sus entrenadores o
estudiantes tramposos recibir información para completar sus exámenes. Eso sí, para lo
que no está preparado este aparato, conocido oficialmente como implante dental de audio,
es para realizar llamadas convencionales. Pero Auger, uno de sus creadores, no se preocupa
por eso. Según declaró a la prensa "es sólo un dispositivo diseñado para ayudar a
la gente a familiarizarse con la tecnología existente. Al igual que los trajes de vuelo
que permiten a los pilotos de combate manejar aviones a altas velocidades sin
desmayarse".El aplique dental ya está expuesto en el Museo de Ciencias de Londres
hasta fines de noviembre. Los curiosos que fueron a conocer el implante dental de audio
pudieron mascar la sensacional idea. Probaron una imitación que incluía un walkie-talkie
y una varita de plástico para mezclar cócteles, que colocaron dentro de sus bocas. De
este modo, recibieron vibraciones en sus molares.Adultos y niños estaban maravillados. Un
chico de ocho años al tiempo que lo probaba, abría los ojos como dos lunas llenas y
exclamaba: "¡Quiero tener uno ya! Así mis amigos se pueden comunicar conmigo por la
noche, cuando estoy en mi cuarto, y mis padres no se enterarían nunca de nuestros
secretos". Una nena de diez años, con dos trenzas enmarcando su rostro le advirtió
sagazmente: "Pero mirá que vas a tener que ir al dentista para poder usarlo".
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