Stephan Wray
Introducción
El siglo que viene, cuando los ciberhistoriadores reflexionen sobre la década de los 90,
verán 1995 como el año
del navegador gráfico, el año en que la Web empezó a hacerle sombra a Internet.
Probablemente, también 1998
será considerado como un momento clave en la historia de los navegadores (browser wars).
Como poco, 1998
será conocido como el año en que surgieron dos términos que designan fenómenos
similares: desobediencia
civil electrónica (electronic civil disobedience) y hacktivismo (hacktivism). En ese
año, el colectivo Electronic
Disturbance Theater con base en la red, presionó y luchó por el desarrollo de una nueva
experimentación con
acciones de desobediencia civil electrónica dirigidas, en su mayor parte, contra gobierno
mexicano. El grupo
dedicó a ello su software FloodNet e invitó a un grupo de artistas, digeratos y
activistas políticos a hacer un
"gesto simbólico" en favor de los zapatistas mexicanos. Mientras tanto, en Gran
Bretaña, en Australia, en la
India, en China, en casi todos los continentes, surgían casos de hacktivismo. En la
primavera de 1998, un joven
hacker británico conocido como "JF" accedió a unos 300 sitios de la web e
introdujo textos e imágenes con
mensajes antinucleares. Entraba en los sitios y cambiaba y añadía código HTML. Era el
más importante golpe
hacker político que se recordaba. A lo largo del año se siguieron produciendo, cada vez
en mayor número,
casos de sitios de la web a los que se había accedido para introducir mensajes
políticos.
Podemos agrupar las acciones más simbólicas (las de desobediencia civil electrónica), y
las acciones más
tangibles (las del hacktivismo) bajo el término de "política de acción directa
extraparlamentaria en la red",
expresión en la que 'extraparlamentaria' se ha de interpretar como una política que
contrasta con la política
electoralista o de partido, en particular como una política enraizada en las bases del
movimiento social. 1998 no
fue, ni mucho menos, el primer año de la guerra de navegadores, pero sí fue el año en
que la desobediencia civil
electrónica y el hacktivismo saltaron a primera plana, como demostró un articulo sobre
el tema que apareció en
la primera página del New York Times a finales de octubre. Desde entonces, el tema no ha
dejado de circular
por los medios de comunicación1.
Este ensayo pretende analizar estas nuevas tendencias desde un punto de vista más amplio.
En él se
presentan cinco portales de acceso para ser analizados: activismo informatizado,
infoguerra de base,
desobediencia civil electrónica, actividad hacker politizada y resistencia a una guerra
futura. En un principio
fueron considerados portales de acceso al hacktivismo, pero quizás su verdadera función
es la de introducirnos
en un mundo más amplio, el de la política extraparlamentaria de acción directa en la
red, aunque esta expresión
resulte, sin duda, poco elegante. En cualquier caso estos cinco portales parecen
proporcionar un punto de
partida para abordar en el futuro un análisis más profundo de la convergencia del
activismo, el arte y la
comunicación y los medios informáticos. Además de empezar a definir, enmarcar y
contextualizar la hacktividad
contemporánea, buscando sus raíces, su dimensión lateral y su trayectoria, este ensayo
también plantea unas
preguntas de índole política, táctica, técnica, ética y legal que empiezan a surgir y
hace unas propuestas
preliminares sobre la posible trayectoria de estos movimientos en el futuro.
Activismo informatizado
El activismo informatizado está localizado en la intersección de los movimientos
sociopolíticos con la
comunicación por medio de ordenadores. Los orígenes del activismo informatizado se
remontan a mediados de
los ochenta, la prehistoria de la web. La primera versión de PeaceNet, por ejemplo,
apareció a principios de
1986. Realmente por primera vez, PeaceNet permitió a los activistas políticos
comunicarse unos con otros a
través de las fronteras internacionales con relativa rapidez y facilidad2 . La llegada de
los servicios de grupos de
interés como PeaceNet, y la ampliación del sistema de tablero electrónico (Bulletin
Board Systems), de las
listas de correo electrónico y los gophers caracteriza el entorno cibernético en el que
se encontraron muchos de
los activistas políticos en línea. Este entorno, en el que predomina el texto, se
mantuvo hasta 1994 y 1995,
años en que se introdujeron los primeros navegadores GUI (Interface Gráfico de Usuario).
Incluso hoy en día, a
pesar de la evolución en la red de estas formas primitivas, la comunicación por correo
electrónico sigue siendo
una herramienta básica en el circuito internacional de lucha y en la creación y el
mantenimiento de redes
internacionales de solidaridad.3
Entre principios y mediados de los ochenta, los académicos de disciplinas como
psicología y sociología
empezaron a interesarse por el tema de la comunicación a través de ordenadores. Cuando
los estudiosos de la
comunicación empezaron a analizar el tema, y en especial cuando empezaron a analizar la
situación de la
comunicación política y la comunicación por ordenador, se redactaron varios ensayos
acerca de la "democracia
electrónica", en los que la política ocupaba un limitado espacio dentro de las
fronteras de la política electoralista
o parlamentaria4. Entre los estudios más antiguos de comunicación por ordenador escritos
por expertos en
comunicación interesados en la política extraparlamentaria o de base, está el estudio
de Downing, "Computers
for Political Change" ["Ordenadores para el cambio político"]5. No es
sorprendente que PeaceNet sea uno de los
casos que Downing analiza. En su intento por determinar los orígenes de modelos más
recientes de
comunicación por correo electrónico y el papel de este tipo de comunicación en la
creación y el mantenimiento
de redes internacionales de solidaridad, Downing apunta al establecimiento de vínculos
internacionales llevado a
cabo por PeaceNet en 1987. Algunos de los primeros en adoptar este medio de comunicación
en la década de
los ochenta participaron en el movimiento anti nuclear y en el movimiento de solidaridad a
América Central.
Ya a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90, empezó a hacerse patente la
importancia de la
comunicación por correo electrónico a través de países y fronteras. El papel
internacional de la comunicación
por correo electrónico, unido hasta cierto punto al del uso del fax, se puso de relieve
tanto en las luchas
prodemocráticas de los estudiantes chinos como en los movimientos más amplios de orden
transnacional que
provocaron la disolución de la Unión Soviética. Poco tiempo después, comenzaron a
aparecer trabajos
académicos sobre el tema. Harasim comenzó a teorizar sobre el papel de la comunicación
por correo
electrónico en la conexión del mundo su estudio Global Networks: Computers and
International Communication,
[Redes globales: ordenanores y comunicación internacional]6.
El activismo informatizado permaneció en la periferia de los movimientos políticos y
sociales hasta la explosión
de Internet a principios y mediados de los noventa y aún hasta la llegada de los
navegadores gráficos en 1994 y
1995. Ahora, en la fase postweb de Internet, una plétora de grupos de activistas de base
y otros agentes
políticos han extendido el uso de estos medios a países de todo el mundo7.
Existe un hilo conductor, un entendimiento común que une los diversos tipos de
comunicación política por
ordenador, desde los sistemas de tablero electrónico de los orígenes a los servidores de
listas de correo
electrónico y a los sofisticados sitios de la red con extravagantes accesorios, parece
haber un paradigma
dominante y conciliador que aboga por el discurso, el diálogo, el debate y el acceso
libre y gratuito. Esta
observación cobra importancia cuando analizamos más a fondo la desobediencia civil
electrónica y la actividad
hacker politizada, porque es contra este paradigma dominante de la red habermasiana contra
el que estas
manifestaciones chocan y causan tensiones. Este primer portal, el del Activismo
Informatizado, es importante
para entender las raíces de la comunicación a través de ordenadores dedicada a la
política extraparlamentaria
de acción más directa. Es el portal más antiguo, y en el que la mayoría de agentes
políticos se sienten más
cómodos. El activismo informático, cuya definición más exacta es el uso de la
infraestructura de Internet como
medio de comunicación entre activistas, ya sea traspasando fronteras internacionales o
no, es menos
amenazador para el poder que otros tipos de utilización de cuya emergencia estamos siendo
testigos, en los
que la infraestructura de Internet no es sólo un medio o entorno de comunicación, sino
que se convierte en un
objeto o entorno de acción. De esta transgresión o cambio paradigmático en el
pensamiento, por el que nos
alejamos de la creencia de que Internet es tan solo un útil de comunicación para pasar a
concebirla como útil
para la comunicación y ámbito de acción, será un tema cada vez más importante en las
próximas cuatro
secciones.
Infoguerra de base
La infoguerra de base es una intensificación del activismo informatizado. El término
infoguerra se refiere a una
guerra verbal, una guerra de propaganda. La infoguerra de base es el primer paso, el
primer movimiento para
dejar atrás el concepto de Internet como sólo un ámbito de comunicación, y el comienzo
de la transformación
de la palabra en hecho. Los agentes de la infoguerra de base emergen plenamente
conscientes de que se
encuentran en un escenario mundial, telepresente más allá de las fronteras, en varios
lugares simultáneamente.
Esto produce una sensación de inmediatez e interconectividad a nivel mundial. Existe un
deseo de ir más allá
del intercambio de palabras y diálogo, de empujar a las palabras hacia la acción. Los
tipos de medios que se
encuentran en Internet se convierten en vehículos para la acción en vez de servir
únicamente para describir o
informar.
A principios de la década de los noventa, tras el bombardeo "inteligente" y
preciso de los Estados Unidos contra
Iraq y la disolución de la Unión Soviética con la consiguiente anulación de la
retórica de la Guerra Fría como
fundamento racional de la intervención en otros países, los servicios de inteligencia de
los EE. UU., junto con
sus aliados en los sectores financieros corporativos, se vieron en la necesidad de forjar
una nueva doctrina
militar. Su respuesta fue declarar la guerra de la información y anunciar la amenaza del
infoterrorismo.
Académicos defensores del Estado que trabajaban en RAND, un gabinete estratégico situado
en Santa Mónica
que a menudo "piensa" por el ejército, comenzaron a diseñar nuevos modelos
teóricos que sirvieran de
fundamento para su versión de la guerra de la información. En 1993, bajo la bandera de
RAND, Ronfeldt y
Arquilla escribieron "Cyberwar is Coming! " ("¡Llega la
ciberguerra!"). Esta obra establece la diferencia entre la
guerra de la red (netwar) y la ciberguerra (cyberwar) y se cita en casi todos los
análisis posteriores de la teoría
de la guerra de la información8. Mientras que la guerra en la red ser refiere más a una
guerra verbal, a la guerra
de propaganda que se da dentro de la propia Internet, la ciberguerra se refiere a la
guerra cibernética, una guerra
que depende de ordenadores y de sistemas de comunicación, la guerra del C4I - Mando,
Control,
Comunicación, Ordenadores e Información.
Poco tiempo después de la intervención a nivel teórico de RAND, aparecieron casos
prácticos de guerra en la
red. Entre los más notorios está el caso de los zapatistas mexicanos y sus simpatizantes
en la comunidad
internacional, que rápidamente trasladaron la lucha a Internet. Con la experiencia
mundial pro-zapatista,
empezaron a replantearse y cuestionarse los modelos teóricos de RAND, pero desde una
perspectiva radical de
base. Harry Cleaver ha ido presentando fragmentos de algunos de estos nuevos
planteamientos. Cleaver es un
profesor universitario de la Universidad de Texas y es una de las personas claves tras el
proyecto Chiapas95, un
servicio de distribución de noticias e información por correo electrónico.
Probablemente la obra más conocida de
Cleaver a este respecto es "The Zapatistas and the Electronic Fabric of
Struggle" ["Los zapatistas y el tejido
electrónico de la lucha"]9.
A pesar de algunas intervenciones radicales e intentos de arrojar nueva luz sobre los
conceptos dominantes que
conforman la teoría militar de la guerra de la información concebida por el ejército y
los servicios de inteligencia,
no resulta sorprendente que casi todo el material provenga de organizaciones parecidas al
RAND: la National
Defense University, el Departamento de Defensa, el Ejército del Aire de los Estados
Unidos, o de iniciativas en
el sector privado. El concepto de guerra de información parece haberse extendido y
promulgado principalmente
por medio de los paranoicos de las redes de seguridad y otros interesados en proteger la
propiedad digital. Pero
hay indicios de que la guerra de la información se extiende a otras áreas. Este año, la
guerra de información
llegó a la comunidad de arte digital al ser el tema principal del festival anual Ars
Electronic, celebrado en Linz,
Austria9.
La elaboración de teorías en torno a la guerra de la información de base o ascendente,
recibe mucha menos
publicidad que los modelos dominantes y, por lo tanto, hay poco escrito al respecto11. El
caso de las redes de
solidaridad y resistencia prozapatistas a nivel mundial ofrece un punto de partida para
examinar en mayor
profundidad la infoguerra de bases. Una característica de la experiencia zapatista a lo
largo de los últimos cinco
años ha sido que se trata de una guerra de palabras en contraposición a un conflicto
armado prolongado. Con
esto no quiero decir que no haya una fuerte presencia militar en el estado de Chiapas.
Más bien al contrario.
Pero la lucha terminó técnicamente el 12 de enero de 1994 y desde entonces se mantiene
un alto el fuego y ha
habido numerosos intentos de negociación12. Lo que los académicos, activistas y
periodistas, tanto de
derechas como de izquierdas han dicho es que los zapatistas deben su supervivencia en gran
parte a esta
guerra de palabras. En parte, la guerra verbal ha sido declarada por líderes Zapatistas
como el Subcomandante
Marcos así como por partidarios no zapatistas en todo el país y en todo el mundo. Por
supuesto, esta
propaganda y retórica han sido transmitidas por otros medios de comunicación más
clásicos, como el periódico
La Jornada13. Sin embargo, una parte bastante importante de la guerra de palabras se ha
desarrollado en
Internet. Desde el 1 de enero de 1994 se ha producido una explosión de la presencia
zapatista en la red que
adopta la forma de Cc de correo electrónico: listas, grupo de noticias, listas de debate
y sitios de la red.14
Una distinción básica, pues, entre las manifestaciones más antiguas de activismo
informatizado y la infoguerra
de base es el nivel de intensidad. A esto hay que añadirle hasta qué punto se percibe a
los participantes como
a una fuerza común. Dada la relativa notoriedad de los zapatistas en la sociedad mexicana
durante los últimos
cinco años, y dado el hecho de que técnicamente se trata de una fuerza beligerante que
está negociando con
un gobierno, la actividad de Internet que les rodea adquiere una relevancia distinta que
la que tiene la actividad
en Internet del Sierra Club, de Amnistía Internacional y de otros proyectos similares.
Una diferencia importante es que en la infoguerra de bases surge el deseo de incitar a la
acción y la capacidad
para hacerlo a escala mundial. A finales de 1997, las noticias de la matanza de Acteal en
Chiapas, en la que 45
indígenas fueron asesinados se extendieron rápidamente por todas las redes mundiales pro
zapatistas. En
cuestión de días empezaron las protestas y las acciones contra consulados y embajadas
mexicanas en todo el
mundo15. También este suceso se considera hoy en día como un momento decisivo en la
apuesta de algunos
por la infraestructura de Internet. Mientras que, antes de producirse este incidente, los
informes de hacktividad
prozapatista habían sido escasos, después del suceso se produjo un cambio y se comenzó
el camino hacia la
aceptación de la infraestructura de internet como canal de comunicación y ámbito de
acción.
Desobediencia civil electrónica
Los propulsores de la desobediencia civil electrónica, actuando dentro de la tradición
de acción directa pacífica
y desobediencia civil, están tomando prestadas las tácticas de infiltración y bloqueo
(tresspass y blockade) de
estos movimientos anteriores y aplicándolos de forma experimental a Internet. Una
clásica estrategia de
desobediencia civil ha sido agrupar a gente para que bloqueen físicamente con sus cuerpos
la entrada de las
oficinas o edificios de sus oponentes u ocupar las instalaciones con su presencia, con
sentadas. La
desobediencia civil electrónica, como una forma de acción masiva directa, electrónica y
descentralizada, utiliza
el bloqueo y las sentadas virtuales. Al contrario que un participante en una acción de
desobediencia civil
tradicional, el agente de la desobediencia civil electrónica puede participar en bloqueos
y sentadas virtuales
desde su casa, desde el trabajo, la universidad o cualquier otro punto de acceso a la
red.[16]
La expresión "Desobediencia Civil Electrónica" fue acuñada por un grupo de
artistas y pensadores llamado
Critical Art Ensemble. En 1994, publicaron su primer libro sobre el tema, The Electronic
Disturbance [El
disturbio electrónico]. A esta obra siguió dos años después Electronic Civil
Disobedience and Other Unpopular
Ideas [La desobediencia civil electrónica y otras ideas poco populares]16. Ambas obras
están dedicadas a un
estudio teórico de cómo trasladar las protestas de las calles a Internet. Examinan las
tácticas de la protesta
callejera, de alteraciones in situ y de alteraciones de la infraestructura urbana y
elaboran hipótesis sobre cómo
se pueden aplicar estas prácticas a la infraestructura de Internet17.
Antes de 1998, la Desobediencia Civil Electrónica no dejaba de ser, en su mayor parte,
una cavilación teórica.
Pero, tras la masacre de Acteal, en Chiapas, se produjo un giro hacia una posición más
híbrida regida por la
concepción de la infraestructura de Internet a la vez como un medio de comunicación y
como un ámbito de
acción directa. Este giro es el que diferencia este tercer portal, el de la
"Desobediencia civil electrónica" de los
dos anteriores. La desobediencia civil electrónica es la primera transgresión, lo que
convierte a la "Actividad
Hacker Politizada" en la segunda y a la "Resistencia a una Guerra Futura"
en la tercera. Con cada una de estas
transgresiones la actividad en torno a la infraestructura de Internet se aleja cada vez
más del modelo de la
esfera pública y acercándose a un territorio más conflictivo, casi una zona de guerra.
Mientras el antiguo
modelo, más discursivo es quizás una manifestación del Salón de París de Habermas, el
más reciente puede
tener sus raíces en el Té de Boston18 .
La realización y la legitimación de la infraestructura de Internet como un ámbito para
la palabra y la acción abre
nuevos caminos para la política en la red, especialmente para una política abierta a las
tácticas
extraparlamentarias y de movimientos de acción social directa. A principios de 1998, un
pequeño colectivo que
se autodenominaba Electronic Disturbance Theater llevaba tiempo observando los
experimentos de otras
personas con las primeras sentadas virtuales. Entonces el grupo creó un software llamado
FloodNet y en varias
ocasiones ha invitado a que se participe masivamente en sus sentadas virtuales contra el
gobierno mexicano19.
Los miembros de este grupo, Carmin Karasic y Brett Stalbaum, crearon FloodNet para dirigir
un "gesto
simbólico" contra el sitio de la red de un oponente. FloodNet es un aplet de java
que continuamente envía
comandos de reload20. En teoría, cuando suficientes colaboradores de EDT apuntan
simultáneamente el url de
FloodNet contra el sitio de un oponente, una masa crítica impide la entrada a nadie más.
En realidad, pocas
veces se ha logrado este objetivo. Sin embargo, es posible que el auténtico poder de
FloodNet resida en la
amenaza simulada.
El 9 de Septiembre de 1998, el EDT presentó su proyecto, SWARM 21 en la edición del
festival Ars Electronic
dedicada a la guerra de la información, en la que lanzó un ataque a tres bandas contra
sitios de la red de la
presidencia mexicana, la bolsa de Frankfurt y el Pentágono para dar testimonio del apoyo
internacional a los
zapatistas, contra el gobierno mexicano, contra el ejército de los Estados Unidos y
contra un símbolo del
capitalismo internacional22.
Pero, pocas horas después de ser activado el proyecto SWARM, FloodNet quedó inutilizado.
En los
navegadores de la red, las tazas de café java recorrieron rápidamente el fondo de la
pantalla y FloodNet quedó
congelado. Los participantes empezaron a enviar mensajes de correo electrónico dando la
voz de alarma. Ese
mismo día, un portavoz del departamento de Defensa informó a un redactor de Wired que el
departamento había
tomado medidas contra FloodNet. Al mismo tiempo, un cofundador del EDT recibió un mensaje
de correo
electrónico informándole que la Agencia de Sistemas de Información para la Defensa se
había quejado del
contenido de su sitio en la red23.
20.000 personas en todo el mundo se conectaron al navegador FloodNet entre el 9 y el 10 de
septiembre. Esta
acción reverberó por todos los medios europeos. Más tarde se hicieron eco de ella
Wired, ZDTV, Defense News,
y la National Public Radio, entre otros. El 31 de octubre, el EDT apareció en la primera
página del New York
Times. La historia seguía desarrollándose. El 22 de noviembre, la organización realizó
un llamamiento de
FloodNet contra la Escuela de la Américas24. Como parte del gran final que el EDT tenía
previsto para la
temporada 1998, el grupo planea lanzar una versión pública de FloodNet a las 12:01 a.m.
del 1 de enero de
1999.
Actividad hacker politizada
Volviendo a México, además de las acciones de desobediencia civil electrónica dirigidas
a la superficie, a la vía
de acceso del sitio de la red, en 1998 también se han llevado a cabo golpes hacker en los
sitios de la red del
gobierno mexicano, en los que se han introducido mensajes políticos25. Esta táctica
específica para acceder y
alterar los sitios de la red parece haberse convertido en la táctica más popular del 98.
Probablemente uno de los
ejemplos más notorios es el de un joven hacker británico llamado "JF", que se
metió unos trescientos sitios de
la red de todo el mundo, introduciendo imágenes y textos antinucleares. Este método ya
lo habían probado
diversos grupos. La edición de octubre del Ottawa Citizen y el New York Times logró con
bastante acierto
capturar varios de estos ejemplos para ilustrar esta nueva tendencia26.
Una distinción básica entre la mayoría de las actividades hacker politizadas y la clase
de desobediencia civil
electrónica a la que hemos hecho referencia es que, mientras los agentes de la DCE no
ocultan sus nombres, y
operan libremente y sin tapujos, las personas detrás de la mayoría de las golpes hacker
de índole política
desean permanecer en el anonimato. También es posible que la mayoría de los golpes
hacker sean llevados a
cabo por individuos de forma aislada, en lugar de grupos específicos.
Una de las razones que explican el anonimato y el secreto que rodea a los hackers, es que
los riesgos son más
altos. Mientras que los propulsores de manifestaciones de desobediencia civil electrónica
pueden encontrarse
en una posición ambigua ante la ley, algunos tipos de acciones políticas hackers,
realizadas con más o menos
éxito, son, sin duda, ilegales. Pocos cuestionarán la ilegalidad de entrar en el
ordenador de un oponente y
añadir o alterar códigos HTML.
Esta distinción nos habla de un tipo de organización distinta. Por la naturaleza
secreta, privada, poco
publicitada y anónima de las acciones hacker politizadas, este tipo de actividad revela
una política distinta. No
se trata de una política de movilización, ni de una política que requiera
participación en masa. Con esto no
pretendemos hacer un juicio de valor, sino dejar patente la variedad de formas de acción
directa que ya se están
fraguando dentro de la política de la red.
Como ya hemos mencionado, dependiendo de la noción de política representen, las acciones
políticas hacker
pueden considerarse, bien como un fenómeno reciente o bien como un fenómeno que nació
con el movimiento
hacker. Con el fin de conseguir un punto de mira desde el que estudiar el interior de este
mundo de la política de
la acción directa extraparlamentaria en la red, puede resultar útil tener ambos
planteamiento en cuenta. Sin
duda, hay un trasfondo político en el deseo de los hackers de liberalizar la
información. Probablemente resultaría
útil investigar la historia de los hacker a principios y mediados de los ochenta para
buscar nuevos orígenes
políticos del hacktivismo de hoy en día. El activismo informático desarrollado entre
mediados y finales de los
años 80 coexistió con la primera generación de hackers. Puede que entonces se produjera
un cruce.
El hacktivismo, tal y como se concibe hoy en día, parece más involucrado en acciones
abiertamente políticas.
El fenómeno es tan reciente que los periodistas hace poco que lo han descubierto y los
académicos han tenido
poco tiempo para analizarlo. Hay numerosos sitios de la red dedicados a actividades
hacker, pero pocas está
dedicadas al hacktivismo en sí. Sin embargo, en otoño de 1998 sí se creó un sitio
dedicado al hacktivismo,
llamado The Cult of the Dead Cow [El Culto a la vaca muerta] 27.
Un hecho importante que debemos tener en cuenta y subrayar, es que el hacktivismo, las
acciones hacker
politizadas, está aún en mantillas. Sería prematuro llegar a conclusiones o hacer
predicciones arriesgadas
sobre la evolución del movimiento. Quizás podamos esbozar ciertas trayectorias e intuir
proyecciones lógicas.
Pero debemos recordar que, por el momento, no existe consenso o acuerdo alguno. Es posible
que la noción
del hacktivismo altere y ponga en tela de juicio valores y códigos éticos hacker. Es muy
posible que esté
llevándose a cabo un replanteamiento y que empecemos a ser testigos de la emergencia de
un nuevo conjunto
de códigos éticos hacker28.
Resistencia a una guerra futura
Algunos se han referido a la Guerra del Golfo de 1990-1991 como a la primera guerra de
información, por la
fuerte dependencia del ejército a información y tecnología de la comunicación. La
Guerra del Golfo fue la cima
del éxito para la industria armamentística, una oportunidad para poner a prueba en
batalla el sofisticado
armamento que se había diseñado y fabricado durante la presidencia de Reagan y de Bush.
El funcionamiento
de las armas dependía, como el de todas las comunicaciones, de una importante
infraestructura de
telecomunicaciones con satélites, radares, radios y teléfonos. Las bombas
"inteligentes" son sólo las más
famosas del sofisticado sistema armamentístico que se exhibió durante la guerra, creada
ex profeso para la
CNN.
Tanto antes de que se desencadenara la guerra, como durante los primeros días de
bombardeo contra Iraq,
existía en EE. UU. una considerable corriente de opinión que se oponía a la Guerra del
Golfo, aunque los
medios más importantes del país apenas la reflejaron. En San Francisco se habla de los
tres primeros días de
la guerra como de los Tres Días de Ira. Durante este periodo manifestantes abarrotaron,
ocuparon y controlaron
las calles y, en algunos casos, los puentes y autopistas de la periferia de la Bahía de
San Francisco. Se
produjeron manifestaciones similares por toda la costa oeste y en todo el país. En enero
de 1991 se puso en
marcha una extensa campaña de base contra el bombardeo de Iraq por los Estados Unidos29.
Un aspecto de esta historia es el papel desempeñado por la tecnología de la información
y de la comunicación,
no sólo en el ámbito militar, sino dentro de la resistencia de base. Si la Guerra del
Golfo es indicativa de un
cambio paradigmático hacia la guerra de información, resultará también esclarecedor
analizar la manera en la
que la tecnología de la información y la comunicación hizo posible la resistencia a la
guerra. Algunas personas
que integraban el grupo de oposición a la Guerra del Golfo de 1990-1991 utilizaron el
correo electrónico para
comunicarse y tuvieron conocimiento de las actividades de resistencia en otras ciudades a
través de los
tablones de anuncios electrónicos y de los grupos de noticias. Otros que no tenían
acceso a un ordenador se
comunicaban por fax y teléfono. Pero mucha gente que no tenía ordenador ni recepción de
fax, tomaba las
calles porque habían visto carteles o escuchado llamamientos en la televisión o en la
radio o sabían de oídas lo
que sucedía. Se puede decir sin temor a equivocarnos, que el papel de Internet fue
limitado a la hora de
propagar las noticias y llevar a la gente a la acción. La gente que se oponía a la
guerra veía la CNN, como los
demás.
Pero esto ocurría a finales de 1990 y principios de 1991, hace 8 años, en una fase
preweb e incluso preInternet.
Es cierto, en aquel entonces ya había estallado la revolución PC y cada vez más gente
estaba comprando
módems, pero la Guerra del Golfo se encuadra, sin lugar a dudas, dentro de un periodo
anterior al boom de
Internet en los Estados Unidos. Una pregunta interesante es qué ocurriría hoy en día, o
mejor, qué puede ocurrir
mañana o en un futuro no muy lejano si se nos plantean unas circunstancias similares.
¿Qué ocurrirá si, por
ejemplo, se plantea una situación como la de la Guerra del Golfo a finales del año 2000
o principios del 2001?
Imaginemos que los Estados Unidos deciden embarcarse en lo que se convierte en una guerra
sin contar con el
apoyo del pueblo, ¿qué forma adoptaría el hacktivismo en un entorno de resistencia más
generalizada? O, dicho
de otro modo, ¿qué forma adoptaría la resistencia generalizada si se cumpliera la
condición del hacktivismo?
Esto es lo que se pretende plantear al sugerir que el quinto portal de entrada a la
política de acción directa en la
red es la "resistencia a una guerra futura". ¿A dónde nos puede llevar todo
esto? Hasta ahora, los episodios de
hacktividad han sido esporádicos y esencialmente inconexos. Los acontecimientos de
hacktivismo, han sido
aislados y no han estado relacionados con una serie de hechos simultáneos. Quizás el
trabajo del Electronic
Disturbance Theater demuestre la posibilidad de lanzar una campaña en Internet y mantener
una presencia
durante un periodo de tiempo. Pero el objetivo del grupo, conseguir un SWARM (Enjambre),
aún está por
lograrse. Quizás resulte útil pensar en la metáfora del SWARM dentro del contexto de la
resistencia a una
guerra futura.
Quizás SWARM sea el punto en que converge una resistencia generalizada, en una situación
en la que no sólo
hay casos aislados, o diversos grupúsculos de oposición, sino una resistencia
simultánea en todos los ámbitos,
a diversos niveles, en ciudades y poblaciones de todo el país. Así fueron as cosas en
algunos momentos de
resistencia a nivel nacional contra la Guerra del Golfo. Se produjo una riada de gente que
tomaba las calles y se
involucraba en actividades de lo más variadas, tanto legales como ilegales. Se aplicaban
infinidad de tácticas,
pero sin una autoridad común, sin directrices de un alto mando. Incidentes de tal
intensidad son poco
frecuentes, pero, sin duda, se volverán a producir. ¿Qué aspecto adoptará entonces el
hacktivismo? ¿Qué será
del hacktivismo cuando pase de estar integrado por incidentes aislados a convertirse en
una convergencia de
fuerzas aliadas? ¿Desaparecerá entonces el hacktivismo y se transformará en resistencia
ciberespacial? Puede
que sea muy pronto para hacer predicciones certeras, pero lo que parecer cierto es que la
fuerza o el poder del
hacktivismo todavía no ha sido reconocido ni puesto a prueba. Sin embargo, antes de
perdernos en ciencias
ficciones futuristas, tengamos en cuenta algunos discursos críticos.
Criticas emergentes de la Política de Acción Directa en la Red
No hay un consenso entre activistas sociales y políticos sobre la desobediencia civil
electrónica, las acciones
hacker con fines políticos, el hacktivismo, o, en general, la política
extraparlamentaria de acción directa en la
red. De hecho, puede que sea muy pronto para juzgar o hacer afirmaciones rotundas sobre
estas nuevas
estrategias, sin embargo, algunas críticas se han desarrollado al par que estos nuevos
métodos. Apuntan a
algunas preguntas básicas sobre la efectividad y lo apropiado de estas formas de acción
electrónica.
Como parte de un discurso emergente que se ha desarrollado en diversos servidores de
listas de correo
electrónico, y que resulta demasiado complicado para hacerle justicia en un análisis tan
breve, se han lanzado
periódicamente críticas tanto a nivel general como específico sobre aspectos de las
tácticas citadas30. Este
ensayo no puede, ni mucho menos describir y comentar todas las críticas que están
surgiendo sobre el
hacktivismo et al., pero al menos puede abordar algunas de las críticas que parecen más
significativas. Como
ya hemos dicho, hay críticas contra la efectividad y lo apropiado de las ciberprotestas.
En torno a la efectividad,
han surgido tres tipos de preguntas muy interrelacionadas que cuestionan la efectividad
política, estratégica y
técnica. En cuanto a lo que resulta o no apropiado, surgen varias cuestiones éticas, que
también se pueden
considerar cuestiones políticas y, por supuesto, hay cuestiones legales. Algunas de las
preocupaciones legales
plantean cuestiones de viabilidad y legalidad.
La efectividad política y la táctica están fuertemente ligadas. ¿Son efectivos estos
métodos de activismo
computerizado? La respuesta a esta pregunta es: depende de lo que consideremos
efectividad. ¿Qué es
efectividad? Si el objetivo que persigue el hacktivismo es llamar la atención sobre
cuestiones específicas
llevando a cabo acciones fuera de lo común que atraigan la atención de los medios de
comunicación, entonces
se puede decir que el nivel de efectividad es alto. Sin embargo, si la efectividad se mide
en función de la
capacidad de las acciones para catalizar y fomentar una movilización de personas que
tenga una alcance más
profundo, entonces probablemente estas nuevas técnicas no sean efectivas. Esta
distinción resulta por tanto,
importante. Parece poco probable que el hacktivismo se convierta en una herramienta
organizativa, y que su
resultado final sea una disminución en el número de gentes complacientes. El hacktivismo
más bien parece un
medio para aumentar y suplementar esfuerzos de organización que ya existen, meter ruido y
llamar la atención.
Las críticas al hacktivismo desde el punto de vista técnico en lo que ser refiere a
códigos informáticos, son otra
forma para interrogarnos sobre la eficacia de estos nuevos métodos. Sin duda va a haber
desacuerdo sobre la
eficacia de una técnica en particular. Pero parece que a la hora de crear nuevos métodos
dentro de un entorno
investigativo se tendrán en cuenta las críticas acertadas a la hora de rediseñar o
alterar planes o estrategias.
Sin embargo, han surgido críticas desde el punto de vista técnico que responden más a
causas ideológicas de
lo que en un principio parece. Por ejemplo, hay una cierta tendencia a cosificar la
anchura de banda, y desde
ese punto de vista, cualquier acción que la obstruya o disminuya se considera negativa.
Por lo tanto las críticas
técnicas pueden estar influidas por posturas determinadas hacia la infraestructura de
Internet.
A pesar de la cantidad actual de interrogantes en torno a cuestiones políticas, tácticas
y técnicas del
hacktivismo et al., parece ser un área en periodo de expansión más que contracción. En
general da la impresión
que esta crítica e interrogación es saludable y útil a la hora de depurar la práctica.
Como acabamos de mencionar, algunas críticas desde el punto de vista técnico están
unidas a
predisposiciones ideológicas y por ello a cuestiones políticas y quizás incluso a
nociones éticas en cuando a lo
que resulta apropiado. Juzgar el bloqueo de un sitio en la red o el atasco en los canales
que llevan a él, es
adoptar una postura ética. Si el juicio es contrario a esta actividad, es probable que
esté derivado de un código
ético que valora el acceso gratuito y libre a la información. Pero pueden darse
conjuntos de valores alternativos
que justifiquen, por ejemplo, el bloqueo de un sitio de la red. Estas diferencias de credo
en lo que a la
naturaleza de la infraestructura de Internet se refiere se dan entre personas que
comparten el mismo punto de
vista en muchas cuestiones políticas. Algunas de estas diferencias probablemente se irán
resolviendo a medida
que el tema y la práctica maduren, aunque sigan manteniéndose diferencias claras.
Por último, pero no por ello menos importante, las personas más intransigentes pueden
juzgar lo apropiado o
inapropiado de ciertas manifestaciones de hacktivismo según su posición con respecto a
al ley. Si bien es
cierto que es fácil ver la ilegalidad de ciertas formas de hacktividad (entrar en
sistemas para destruir
información), hay otras manifestaciones más ambiguas que pululan cerca de la barrera que
separa lo legal de lo
ilegal. Unidos a esta ambigüedad hay otros factores que tienden a empañar la percepción
de la viabilidad y la
legalidad de determinadas infracciones perpetradas por el hacktivismo. En estos casos los
factores de
jurisdicción son claves. La naturaleza del ciberespacio es extraterritorial. La gente
puede actuar sin problemas
más allá de las fronteras geográficas y políticas, ya que estas fronteras no se
manifiestan en el terreno. El
cumplimiento de la ley todavía está ligado a las zonas geográficas delimitadas. Por
tanto, se producen
conflictos entre las nuevas capacidades de los agentes políticos y el viejo sistema del
que la ley sigue
dependiendo. Esta situación ya está cambiando y las estructuras legales a nivel
internacional se adaptarán al
ciberespacio.
Esta sección no hace justicia a la amplitud de críticas que se pueden identificar y
describir, y debería llevarse a
cabo un análisis más profundo del tema de la política de acción directa en la red. Mi
intención ha sido más bien
desarrollar un entendimiento más amplio de estas nuevas formas de acción electrónica y
sólo mencionar unas
cuantas críticas que las abarquen con el fin de transmitir la impresión de que el
fenómeno avanza sin
resistencia. Todo lo contrario. Parece que la hacktividad se ha topado y se topará con la
oposición de muchos
sectores. No parece tampoco que la oposición a las ideas y prácticas de hacktivismo
respondan a pautas
ideológicas específicas.
Conclusión
Llegados a este punto, varias cosas resultan evidentes. La primera: el hacktivismo,
definido como un fenómeno
que abarca un amplio espectro, desde un activismo informático relativamente inocuo a una
resistencia a una
guerra futura potencialmente peligrosa, está en auge. Segunda: como acabamos de afirmar,
el hacktivismo
representa un espectro de posibilidades que existe dentro de una especie de combinación
entre acciones y
palabras. A un lado del espectro, es pura palabra. Al otro, pura acción. El activismo
computerizado se coloca
más cercano a la palabra pura, mientras los otros portales se acercan más a la acción
pura. Tercera: junto a
esta tendencia transgresora hacia la validación de acciones que van más allá de la
palabra y que revelan la
infraestructura de internet también como un lugar para la acción existe una crítica y
una resistencia. A pesar de
esta crítica, parece probable que el hacktivismo siga extendiéndose, quizás modificado,
adaptándose a la
crítica. Cuarta: con su expansión continua, modificado o no por la crítica, es probable
que el hacktivismo siga
despertando interés. Aunque es posible que la cobertura de los medios se suavice, si (o
cuando) el hacktivismo
resulte algo más común, la representación del hacktivismo por los medios en este
momento es algo lo
suficientemente novedoso como para garantizar su atención durante el futuro más cercano.
Los puntos oscuros del hacktivismo surgen cuando empezamos a hacer preguntas como: ¿Qué
significa y a
dónde se encamina? Aunque podemos estar más o menos seguros de que el hacktivismo está
en pleno auge,
no hay manera de saber a dónde nos llevará y la importancia o falta de ella que
obtendrá o podrá obtener. Es
más, hay aspectos del hacktivismo aún por explorar, por ejemplo, la cuestión de la
extraterritorialidad, de la
naturaleza de Internet, independiente de toda región geográfica y las dificultades que
representa desde el punto
de vista del cumplimiento de la ley es otro aspecto que merece un análisis más
detallado.
Una razón por la que resulta difícil apreciar con claridad la dirección en la que se
mueve el hacktivismo, además
de lo prematuro que resulta, es que el hacktivismo evolucionará de acuerdo con los
cambios que se operen en
las condiciones mundiales económicas y políticas. Debido a la dificultad de predecir
tendencias y direcciones
dentro de la economía mundial, también resulta difícil predecir eventos relacionados
con esos meta cambios.
Sin embargo, algunas personas están intentando entender y racionalizar la dirección
hacia la que el hacktivismo
se puede mover, aunque puede que no lo hagan utilizando la palabra "hacktivismo"
a la hora de describir la
actividad sobre la que reflexionan. A los gobiernos y corporaciones les interesa mucho,
por ejemplo, la
seguridad de las redes. Para conseguir unos indicadores de cuál es la previsión para el
hacktivismo en el siglo
XXI, puede ser útil analizar lo que están diciendo este tipo de instituciones y cómo se
preparan para
defenderse.
Es concebible que los gobiernos impongan regímenes severos que consigan poner freno al
hacktivismo. Si se
da este caso, 1998 se podría convertir en el año glorioso del hacktivismo, en que los
experimentos se podían
desarrollar sin gran oposición porque los mecanismos estatales no estaban preparados para
enfrentarse al
nuevo fenómeno. También es posible que el hacktivismo se mantenga siempre un poco por
delante de los
esfuerzos por hacer cumplir la ley, o que tantas personas participen en el movimiento que
hacer cumplir la ley
siga siempre siendo una tarea problemática. Una vez más es difícil adelantarse.
Finalmente, aunque podemos hablar con cierta claridad sobre facetas del hacktivismo y
señalar los aspectos
que siguen siendo ambiguos e inesperados, existe una preocupación generalizada que surge
de este análisis y
merece especial atención. Particularmente inspirado por el quinto portal, resistencia a
una guerra futura,
¿cuáles son las consecuencias a largo plazo para los gobiernos y estados si los
individuos, agentes
extraestatales, pueden involucrarse en movimientos de resistencia ciberespacial más allá
de las fronteras
geopolíticas tradicionales? Es una pregunta importante que surge de este análisis y una
que precisa más
atención para poder ser contestada apropiadamente. Parece evidente, sin embargo, que
estamos en el albor de
una nueva forma de pensar, tomar parte en la guerra y resistirla, y que el nuevo camino
pasa por la hacktividad
naciente de hoy en día.
Notas
1. Amy Harmon, "'Hacktivists' of All Persuasions Take Their Struggle to the Web"
, New York Times, 31 de
octubre de 1998, sec. A1; También en Carmin Karasic scrapbook (Cuaderno de recortes de
Carmin Karasic)
(http://custwww.xensei.com/users/carmin/scrapbook/nyt103198/31hack.html)
2. John D. H Downing, "Computers for Political Change: PeaceNet and Public Data
Access", (Journal of
Communication 39, nº 3 (Summer / Verano 1989): págs.154-62.
3. Harry Cleaver, "The Zapatistas and the International Circulation of Struggle:
Lessons Suggested and Problems
Raised", en Harry Cleaver homepage 1998
(http://www.eco.utexas.edu/faculty/Cleaver/lessons.html)
4. Kenneth L. Hacker, "Missing links in the evolution of electronic
democratization" , Media, Culture & Society
18, (1996): págs. 213-32; Lewis A. Friedland, "Electronic democracy and the new
citizenship", Media, Culture &
Society 18, (1996): págs.185-212; John Street, "Remote Control? Politics, Technology
and 'Electronic
Democracy'", European Journal of Communication 12, nº 1 (1997): págs. 27-42.
5. John D. H Downing, op cit.
6. Linda M. Harasim, ed., Global Networks: Computers and International Communication,
(Cambridge, Mass.:
MIT Press 1993)
7. Hay muchos sitios de la red de protesta. Si se hace una búsqueda utilizando las
palabras "protest"
("protesta") y "web site" aparecerán miles de hits.
8. John Arquilla y David Ronfeldt, "Cyberwar is Coming!", Comparative Strategy
12, (April-June 1993):
págs.141-65.; (http://gopher.well.sf.ca.us:70/0/Military/cyberwar)
9. Cleaver, Harry, "The Zapatistas and The Electronic Fabric of Struggle"
("Los Zapatistas y el tejido electrónico
de la lucha"); en Harry Cleaver homepage 1995
(http://www.eco.utexas.edu/faculty/Cleaver/zaps.html)
10. Gerfried Stocker y Christine Schopf, eds. InfoWar (Viena, Austria: Springer 1998); Ars
Electronica Festival
1998 (http://www.aec.at/infowar)
11. Stefan Wray, "Towards Bottom-Up Information Warfare: Theory and Practice: Version
1.0", Electronic Civil
Disobedience Archive 1998 (http://www.nyu.edu/projects/wray/BottomUp.html)
12. Stefan Wray, "The Drug War and Information Warfare in Mexico", Tesis para el
grado de master por la
Universidad de Texas en Austin, Electronic Civil Disobedience Archive 1997
(http://www.nyu.edu/projects/wray/masters.html)
13. La Jornada (http://serpiente.dgsca.unam.mx/jornada/index.html)
14. Harry Cleaver, "Zapatistas in Cyberspace: An Accion Zapatista Report", en
Harry Cleaver homepage 1998
(http://www.eco.utexas.edu/faculty/Cleaver/zapsincyber.html)
15. **No hay cita específica. Pero es un dato documentado.**
16. Stefan Wray, "On Electronic Civil Disobedience", ("Sobre la
Desobediencia Civil Electrónica"), Peace Review
11, no. 1, (1999), aparecerá en breve; Electronic Civil Disobedience archive 1998
(http://www.nyu.edu/projects/wray/oecd.html)
17. Critical Art Ensemble, The Electronic Disturbance (Brooklyn, NY: Autonomedia 1994);
Critical Art Ensemble,
Electronic Civil Disobedience and Other Unpopular Ideas (Brooklyn, NY: Autonomedia 1996);
Critical Art
Ensemble homepage (http://mailer.fsu.edu/~sbarnes/)
18. Stefan Wray, "Paris Salon or Boston Tea Party? Recasting Electronic Democracy, A
View from
Amsterdam", Electronic Civil Disobedience archive 1998
(http://www.nyu.edu/projects/wray/teaparty.html)
19. Electronic Disturbance Theater homepage (http://www.thng.net/~rdom/ecd/ecd.html)
20. Brett Stalbaum, "The Zapatista Tactical FloodNet", en la Electronic Civil
Disobedience Web Page 1998
(http://www.nyu.edu/projects/wray/ZapTactFlood.html)
21. Ricardo Dominguez, "SWARM: An ECD Project for Ars Electronica Festival '98",
en la Ricardo Dominguez
homepage 1998 (http://www.thing.net/~rdom/)
22. Electronic Disturbance Theater, "Chronology of SWARM",
(http://www.nyu.edu/projects/wray/CHRON.html)
23. "Email Message From DISA to NYU Computer Security", en la Electronic Civil
Disobedience homepage
(http://www.nyu.edu/projects/wray/memo.html)
24. El llamamieno del Electronic Disturbance Theater para la Desobediencia Civil
Electrónica el 22 de noviembre
de 1998, en (http://www.thing.net/~rdom/ecd/November22.html);
(http://www.thing.net/~rdom/ecd/block.html)
25. "Mexico rebel supporters hack government home page", Reuters, 4 de febrero
de 1998; También en la
Electronic Civil Disobedience homepage. (http://www.nyu.edu/projects/wray/real.html)
26. Amy Harmon, op cit.; Bob Paquin, "E-Guerrillas in the mist", , The Ottawa
Citizen, 26 de octubre de 1998
(http://www.ottawacitizen.com/hightech/981026/1964496.html) >27. Página web del
hacktivismo:
(http://www.hacktivism.org); Cult of the Dead Cow homepage (http://www.cultdeadcow.com/)
28. Aunque es posible hallar códigos éticos hacker primitivos en los que, por ejemplo,
se da prioridad al acceso
gratuito y libre para todos, no hay una perspectiva hacker monolítica. Sin embargo,
personas que se han
autodefinido como hakers han criticado el proyecto FloodNet alegando, entre otras cosas,
que bloquea la
anchura de banda. Esta postura puede considerarse digitalmente correcta.
29. El autor está al tanto de los movimientos de resistencia de base contra la Guerra del
Golfo de 1990 / 1991
porque participó en organización y acción contra la guerra en la zona de la bahía de
San Francisco.
30. Entre otros servidores de listas de correo electrónico están: nyfma@tao.ca,
damn-org@tao.ca,
media-l@tao.ca, accion-zapatista@mcfeeley.cc.utexas.edu
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