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GUERRA DE INFORMACION ESTRATEGICA Y CONCIENCIA AMPLIA DE LA SITUACION

Daniel T. Kuehl

   
   
    Dos términos que han adquirido un uso cada vez más difundido dentro de la comunidad de Defensa en los últimos tiempos son "conciencia del campo de batalla dominante" y "sistema de sistemas". Ambos deben su origen principalmente al trabajo del Almirante William A. Owens, el ex-Subjefe del Estado Mayor Conjunto y uno de los principales proponentes de la necesidad de un cambio estructural fundamental en el Ministerio de Defensa. Ambos conceptos son impulsados en parte por la "Revolución en las Asuntos Militares" (RMA) que está surgiendo y se está desarrollando, de la cual la Operación Tormenta del Desierto fue la precursora. Esto, a su vez, es impulsado por la actual revolución en las tecnologías de la información que ha causado el actual interés y debate sobre la Guerra de Información como otro medio en el cual competirán los futuros sistemas militar, económico, social y político.

    El Almirante Owens ha expresado que la Conciencia del Espacio de la Batalla Dominante (DBA) "involucra todo, desde el reconocimiento automatizado del objetivo hasta el conocimiento del esquema operativo del oponente y las redes en las cuales confían para seguir ese esquema". La pregunta que inmediatamente se plantea es si esta perspectiva es demasiado estrecha. El término espacio de la batalla es un avance significativo sobre el término original campo de batalla, que se concentró de una manera demasiado limitada en un espacio táctico, terrestre, geográfico de 200 por 200 millas náuticas, aproximadamente equivalente al Teatro de Operaciones de Kuwait durante la Guerra del Golfo Pérsico. Las discusiones iniciales de la DBA, en realidad, se concentró en "las ubicaciones de emisores, concentraciones de vehículos blindados y cuarteles generales de campaña". Aunque éstos son seguramente importantes para el comandante del teatro, apenas satisfacen las necesidades de los líderes políticos. Incluso el espacio de la batalla está muy estrechamente conectado con eventos y problemas a nivel táctico.

    El presente trabajo destaca, en cambio, la necesidad de una conciencia de situación amplia, definida como el hecho de tener información suficiente sobre los sistemas político, económico, militar y social de un adversario para operar con éxito contra aquellos sistemas y alcanzar objetivos políticos y militares estratégicos; los medios utilizados pueden incluir acciones diplomáticas y económicas, como así también operaciones militares destructivas o no mortales. Esta definición seguramente incluye información sobre el lugar donde está ubicado dicho patrimonio militar típico como "emisores, concentraciones de vehículos blindados, cuarteles generales de campaña" y cosas por el estilo. Pero esto también incluirá poseer conocimiento y comprensión (vale decir, "conciencia de situación") de los centros de gravedad estratégicos, como los nudos críticos en la infraestructura nacional del enemigo; la manera en que sus sistemas político y de otra índole que fueran vitales funcionan; si estos sistemas poseen vulnerabilidades explotables; la manera en que sus redes de información y financiera funcionan, etc.

    Aunque la conciencia de situación amplia no es lo mismo que el predominio de la información, es decisivo lograr esta ventaja. Utilizo "predominio de la información" en el mismo sentido en que uno utilizaría los términos tradicionales "supremacía aérea" o "dominio de los mares", vale decir, tener una grado tan marcado de superioridad en el medio del conflicto de manera que podamos utilizarlo virtualmente a gusto para nuestros propios propósitos, mientras negamos su uso al enemigo. El presente trabajo se basa en la premisa de que el hecho de lograr el "predominio de la información" sobre un enemigo futuro nos proporcionará un grado de ventaja militar (y política, económica, e incluso social) análogo al proporcionado por la supremacía aérea y marítima.

    A nivel estratégico, las necesidades de información y las capacidades militares se extienden aún más allá de un paradigma concentrado en el patrimonio y las funciones tradicionales a nivel del campo de batalla. Las consideraciones como la ubicación de los emisores, las concentraciones de vehículos blindados y los cuarteles generales de campaña constituyen un paradigma que se construye de manera demasiado limitada. Dicho enfoque nos conduciría a una perspectiva a nivel táctico concentrada en el lugar donde las fuerzas militares se encuentran físicamente y luchan por la "victoria" en el campo de batalla en el sentido tradicional. Esto significa que el "vencedor" retiene la posesión del campo de disputa y las fuerzas del "perdedor" deben huir del campo de batalla y padecer la preponderancia de bajas, etc.

    Dicho paradigma podría estrechar la Guerra de Información (IW) en una versión más pequeña e incluso menos óptima de su construcción más pequeña, Guerra de Comando y Control (C2W). La C2W, originalmente definida en el Memorándum de Política (MOP) 30 del JCS, tiene cinco elementos esenciales, a veces denominados los "cinco pilares": engaño, seguridad operativa (OPSEC), guerra electrónica (EW), operaciones psicológicas (PSYOP), y destrucción física. La C2W es la estrategia que implementa los elementos militares de la IW.

    La Guerra de Información será, prácticamente por su naturaleza, conducida a nivel estratégico. Sacará ventaja de la capacidad tecnológica estadounidense que se está tornando cada vez más pronunciada y proporcionará una fuerza proporcionadamente superior en ese nivel de la guerra, mientras que simultáneamente requerirá que le neguemos a nuestro adversario la oportunidad de actuar contra una de nuestras vulnerabilidades estratégicas; principalmente nuestra creciente dependencia de la transmisión de información crítica (económica, militar, etc.) en forma digital por las redes electrónicas. Si nos quedamos con el paradigma sugerido por el "espacio de la batalla", meramente mejoraremos en forma marginal nuestra capacidad táctica para conducir la "guerra de la segunda ola", como Tofflers la denominaría. Estas mejoras tendrán progresivamente menos influencia a medida que subamos la escala de la guerra desde las operaciones tácticas, a través del nivel de teatro/operativo, hasta las verdaderas operaciones estratégicas. Si poseemos el grado de conciencia de situación amplia postulado como la base del presente trabajo, debemos procurar operar al nivel estratégico de la guerra, porque es a este nivel que nuestras operaciones pueden tener la mejor oportunidad de influir en forma directa el liderazgo del enemigo.

    Sin embargo, al concentrarnos en el nivel estratégico de la guerra, estamos inmediatamente obligados a contestar varias preguntas básicas: ¿qué objetivos de seguridad nacional (políticos, económicos, sociales y militares) estamos tratando de alcanzar? ¿Qué objetivos militares respaldarán el logro de estos objetivos de seguridad nacional dominantes? ¿Qué elementos del "sistema de sistemas" de nuestro adversario ofrecen la mayor vulnerabilidad, y de qué manera podemos explotar esa vulnerabilidad?.

    Las fuerzas armadas no dictan los objetivos de seguridad en un conflicto, pero en la mayoría de los casos las fuerzas armadas sí influyen informalmente en la definición de estos objetivos. Las tecnologías de la información actuales y en desarrollo proporcionan una capacidad de comando y control ampliamente mejorada, la cual, por supuesto, tiene tanto ventajas como desventajas. Una ventaja clave es la capacidad de los líderes políticos y militares de más alto rango para seguir el desarrollo de una situación y evaluar el impacto y la eficacia de nuestras operaciones basándose en un tiempo real. Esto nos permitirá adoptar decisiones basadas en información actual y precisa y difundir esas decisiones a todos los niveles de comando necesarios en forma rápida y confiada. La principal desventaja es que la naturaleza interagencial de la guerra de información involucrará una creciente cantidad de actores, con el acompañante potencial para dilatar o de otra manera afectar el proceso para la toma de decisiones. Para aquéllos que se inclinan a considerar la participación a nivel de mayor jerarquía en el proceso operativo como una pesadilla, la imagen de lo que LBJ podría haber hecho con una computadora personal conectada a todas las bases de datos es sobria.

    Si la Guerra del Golfo es un paradigma, las fuerzas armadas recibirán una libertad significativa en la determinación de los objetivos militares que son factores fundamentales para seleccionar los objetivos y las series de objetivos que queremos influir o anular. ¿Existe un paradigma que podamos utilizar para establecer cuáles deben ser estas series de objetivos?

    John A. Warden ha sugerido que una manera útil de pensar sobre este problema es imaginar el estado del enemigo como una serie de anillos o caparazones que contienen o están formados por diferentes elementos del estado y la sociedad: su bien conocido "Cinco Anillos Estratégicos". El liderazgo del enemigo estará casi siempre en el centro de este paradigma, porque en el concepto Clausewitziano de la guerra de estado contra estado, el liderazgo controla las acciones del estado; y por lo tanto es el liderazgo lo que debemos influir. Esto sigue siendo cierto incluso si el adversario no fuera un estado en el sentido internacional del término, ya que cualquier actor significativo (ya sea militar, político, económico o incluso criminal) tendrá cierta forma de función de liderazgo. En el último anillo o caparazón están las fuerzas militares de campaña de la nación. La "guerra de la segunda ola" haría de esto un objetivo intermedio de máxima prioridad, porque en la era de la producción en masa/guerra de la destrucción no se podría "alcanzar" el liderazgo contrario sin quebrar primero la línea de defensa militar de la nación. Las dos guerras mundiales de este siglo fueron quizá el último paradigma de este modo de guerra. La promesa implícita de la "guerra de la tercera ola" es que nos permitirá evitar, penetrar o de otra manera superar todas o la mayoría de estas fuerzas para atacar o influir directamente en el liderazgo y los otros anillos intervinientes: la infraestructura del estado, el pueblo, y la base industrial. Todas éstas pueden ser el centro de la guerra de información estratégica. Algunas de éstas son incluídas en la construcción del paradigma del Estado Mayor Conjunto de la C2W según lo contenido en el Memorándum de Política (MOP) 30, pero otras quedan fuera de sus parámetros relativamente limitados que se concentran en la aplicación militar de la guerra de información contra los objetivos tradicionales, las fuerzas militares opuestas.

    El hecho de considerar el estado del enemigo como un "sistema de sistemas" proporciona un discernimiento de las relaciones y sinergía entre los diferentes elementos o componentes del estado. En lugar de un enfoque reduccionista que separa al sistema y lo mira a través de lentes cada vez más limitados y aislados, el enfoque holístico junta las partes diferentes del sistema para ver de qué manera se construyen e influyen entre sí. Este enfoque, sostiene Warden, es útil si el sistema es un estado, un organismo activo, una organización o un sistema de infraestructura.

    La lista de objetivos potenciales para la guerra de información estratégica se extrae de una variedad de fuentes, la mayoría de ellas sorprendentemente tradicionales. En realidad, una revisión de los objetivos durante la campaña aérea de la Guerra del Golfo indica claramente las clases de patrimonios y capacidades que podrían incluirse en cualquier clase de guerra estratégica. Casi toda discusión de las operaciones aéreas estratégicas, por ejemplo, incluirá muchas de estas series de objetivos, como un bombardeo y ataque aéreo tradicional, en realidad con sentido común, y estratégico.

    Una gran parte del pensamiento conceptual sobre la aplicación del poder aéreo estratégico contra los centros de gravedad nacionales vitales se ha elaborado en la Universidad Aérea desde la Guerra del Golfo, gran parte del cual se aplica directamente al empleo postulado de la guerra de información estratégica contra los mismos elementos. El anteproyecto inicial del esfuerzo de la Fuerza Aérea para desarrollar la doctrina para la IW aborda la cuestión del ataque estratégico en el "reino" de la información dentro del contexto de los cinco anillos estratégicos de Warden, y hace de la división de la coherencia de los centros nacionales del poder el objetivo básico de dichos ataques. Las instalaciones como las torres de onda ultracorta o las instalaciones de telecomunicaciones (que fueron ambas categorías de objetivos atacadas durante la campaña aérea de la Guerra del Golfo) se citan como ejemplos de sistemas de información nacionales críticos.

    La necesidad de realizar la guerra de información a nivel estratégico es muy obvia para otros países también. Los chinos, por ejemplo, observan que el "principal propósito de la guerra de información es debilitar la capacidad de mando del enemigo...que incluye el mando del estado". Las publicaciones rusas también hablan de la necesidad de interrumpir "todos los sistemas nacionales importantes y vitales [como] el control civil y militar, las comunicaciones, la energía, el transporte, etc". Los estudios del Directorio de Política de Infraestructura del Ministerio de Defensa destacan el hecho obvio de que las naciones modernas son sistemas de redes extraordinariamente complejos que dependen de la acción recíproca sinergística de sus diferentes componentes para funcionar con eficiencia. La creciente dependencia de estas redes de los sistemas de "control supervisor y la adquisición de datos" (SCADA) enlazados por los sistemas de transmisión de la información digitalizados y computarizados en los trabajos telemáticos introduce una vulnerabilidad potencial en la nación y crea un nuevo centro de gravedad estratégico.

    Aunque se dispondrá de una variedad de medios para actuar contra estas series de objetivos, dos factores claves parecen ser los más importantes. Para que esos objetivos o capacidades que determinemos que deben ser físicamente destruídas, se requerirá una destrucción de precisión en todos los casos. La Guerra del Golfo destacó claramente la necesidad de la inteligencia de precisión en una era de un armamento de precisión. Si tenemos una "conciencia de situación amplia", entonces tenemos inteligencia de precisión y necesitaremos armamento o dispositivos que puedan explotarla. Otros objetivos o capacidades pueden ser más vulnerables a un mecanismo de matanza suave, como un virus de computadora que inhabilite el sistema nacional computarizado de conmutación telefónica del enemigo, un ataque intrusivo de la IW que destruye la base de datos del inventario de logística computarizada, o incluso un pulso electromagnético para interrumpir los sistemas electrónicos en forma extendida.

    Se requerirá la conciencia de situación amplia no sólo para ubicar el objetivo y establecer los parámetros de los objetivos, sino también para estimar la eficacia de una ataque y determinar su impacto en el enemigo. El efecto sinergístico de esta combinación de capacidades avanzadas nos permitirá operar bien dentro del "Circuito OODA (observar-orientar. decidir-actuar) en todos los niveles del conflicto, desde el táctico hasta el estratégico, y presentarlas como incapaces de responder en forma eficiente e inteligente a nuestras operaciones. Sin embargo, también requiere una gran comprensión del enemigo que se extiende mucho más allá del nivel de la mayoría de nuestros sistemas actuales de inteligencia y personal. El hecho de librar la guerra de información hasta su punto máximo requerirá el desarrollo de métodos mejorados para realizar la "evaluación de los daños de la batalla" utilizando medidas innovadoras de eficacia para clases significativamente diferentes de operaciones que podrían emplear en forma radical nuevas clases de tecnologías.

    Será igualmente vital protegernos de los intentos del enemigo de interferir en nuestros propios "anillos". La conciencia de la situación amplia será necesaria para detectar dichos esfuerzos y disuadirlos o derrotarlos. Esto es crítico para "nuestra manera de hacer la guerra", que se ha tornado cada vez más dependiente de los enlaces electrónicos para la transmisión de la información y un comando y control eficaz. Los enlaces y los sistemas electrónicos no sólo proporcionan eficacia, también pueden proporcionar vulnerabilidades para la penetración y explotación del enemigo. Lo que podría denominarse "interdicción de la información" es un concepto viable que podría proporcionar una fuerza decisiva en todos los niveles de los conflictos futuros. Aunque el concepto de la "superautopista de la información" tiene defectos conceptuales y es una metáfora imperfecta para el sistema de los sistemas mundiales en expansión, tiene una sola connotación muy útil: No existen "calles de una sola dirección". Cada camino electrónico que utilizamos para transmitir la información, coordinar las acciones de nuestras fuerzas, o almacenar datos, también está abierta para la intrusión electrónica y la posible destrucción.

    No se puede decir con seguridad que cada organismo u organización que depende de la información para su funcionamiento diario reconoce la amenaza o el carácter crítico de la protección de nuestros sistemas de información. La paradoja crucial de la era de la información es que mientras el procesamiento de la información y los sistemas de transmisión computarizados deben ser tan abiertos y accesibles como sea posible con el fin de utilizar su velocidad y volumen para la eficiencia y eficacia, esta misma apertura es una vulnerabilidad contra lo que necesitamos que se proteja.

    El actual esfuerzo del Consejo Mixto de Control de los Requisitos (JROC) incluye a la IW como una de las varias áreas en las que evaluará la capacidad de combate y los requisitos de Estados Unidos. Existen, sin embargo, aspectos críticos de la cuestión de la IW que quedan fuera del punto central y el mandato del JROC y que, no obstante, todavía influyen en nuestra capacidad para librar la Guerra de información estratégica ofensiva y defensiva. Por ejemplo, un aspecto es el status jurídico de la IW y de qué manera las acciones u operaciones relacionadas con la IW serán consideradas conforme al derecho internacional existente. Si otra nación inhabilita un satélite civil o militar de Estados Unidos con un arma nuclear dirigida situada en tierra o mediante el uso de un enlace satelital para "apoderarse" del satélite, ¿es éste un "acto de guerra" análogo a un ataque a un buque de guerra en el mar? Existen antecedentes históricos para dichas acciones, por supuesto. Al principio de la 1° Guerra Mundial, por ejemplo, la Armada Real rescató del fondo del océano y cortó todos los cables de telégrafos submarinos que unían a Alemania con el resto del mundo, impidiendo, de esta manera, las comunicaciones alámbricas independientes entre Alemania y las naciones neutrales. Esto se asemejaría a la interrupción de los satélites de comunicaciones de una nación en la actualidad -una cuestión legal compleja que necesita una exploración mucho mayor.

    ¿Qué ocurriría si una nación emplea un ataque por computadora para inhabilitar la Reserva Federal o Wall Street durante un día? Si esta operación no hiere o no mata a nadie y "meramente" cuesta cientos de millones de dólares en pérdidas de acciones y una confusión comercial, ¿cuáles son las ramificaciones legales? ¿Es éste un acto de guerra? ¿Qué medidas de carácter vengativo serían apropiadas? ¿Es la protección contra dicho ataque estratégico una misión para las fuerzas armadas, o pertenece al área de la ejecución del derecho civil? Estas son cuestiones críticas ser meditadas en forma completa, pero que quedan fuera de la misión del proceso del JROC.

    La relación mutua de lo que denominamos "las leyes de la guerra" y el impacto de nuevas tecnologías desarrolladas décadas después de que las leyes fueron codificadas, es compleja y está cargada con bombas de tiempo legales, operativas, y emocionales. El submarino y el bombardero son dos ejemplos de las dificultades enfrentadas a principios del siglo XX cuando la tecnología de la guerra evoluciona más rápido que la ley de la guerra. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si durante la Guerra del Golfo un avión de caza iraquí que transportaba dos misiles Exocet aire-tierra dirigidos por radar hubiera logrado penetrar hasta la distancia al blanco y hubiera lanzado sus misiles a la flota norteamericana. Sesenta segundos más tarde, después de que la aeronave se hubiera desviado, mucho más allá del alcance visual, sus dos misiles bloquearon la señal de retorno del radar más grande y hundieron un buque hospital: sus grandes cruces rojas e instrumentos auxiliares para la identificación visual fueron inútiles e improcedentes. Este es sólo un ejemplo hipotético de la manera en que la tecnología está compitiendo más allá de los límites de las convenciones legales aceptadas relativas a las leyes del conflicto armado. Las tecnologías involucradas en la IW agravarán este problema de manera significativa.

    Relacionada con las cuestiones legales involucradas en la guerra de información está su naturaleza interagencial. El "púrpura" de las operaciones conjuntas es proporcionado a los elementos del Ministerio de Defensa que realizan la IW mediante la publicación de JCS MOP 30, que proporciona una guía para algunos aspectos de la IW, principalmente la parte de C2W, y la reciente aprobación de la Orden JCS del Presidente (CJCSI) 3210.1, titulada "Política Conjunta de la Guerra de Información", que proporciona una guía más amplia para los elementos de las Fuerzas y Conjuntos. Además, la doctrina conjunta se está desarrollando para todas las actividades específicas de C2W, pero éstas abordan sólo una parte de lo que la IW abarca. Las Fuerzas están trabajando en conceptos doctrinales y operativos para la IW o, como la denomina el Ejército, en Operaciones de Información, pero éstos están claramente atados a sus raíces militares y, por lo tanto, no pueden meter mano en la naturaleza interagencial de la IW. Para utilizar el ejemplo anterior, qué ocurriría si una nación hostil intentara interferir los sistemas de telecomunicaciones en el noreste de Estados Unidos, para degradar nuestros sistemas militares y proporcionar un "tiro de advertencia" al pueblo y presionar a nuestro gobierno. Esto seguramente sería una amenaza para nuestra seguridad nacional, pero cualquier clase de respuesta eficaz involucraría a los organismos militares y a otros federales, además de elementos significativos del sector privado, en lo que podría denominarse "IW defensiva estratégica". ¿Cómo se coordinará esto y quién planificará, controlará y ejecutará las respuestas, tanto defensivas como ofensivas, especialmente si la respuesta involucra acciones por parte de las fuerzas armadas? Esta es la clase de problema que no estamos preparados para resolver y que el proceso del JROC probablemente no esté diseñado para discutir.

    Concentrar el concepto de conciencia de situación amplia y guerra de información solamente en el hecho de "llevar el fuego al campo de batalla" es demasiado limitativo y puede impedirnos proporcionar al comandante del teatro ( y por lo tanto a las Autoridades de la Comandancia Nacional) herramientas y estrategias para ganar la guerra que incrementarán su eficacia y le permitirá ganar más rápido y con un costo menor de vidas y recursos. La guerra de información estratégica puede proporcionarnos la capacidad de dominar a los adversarios futuros y satisfacer rápidamente nuestros objetivos militares y políticos utilizando tecnologías y estrategias que minimicen la matanza y la destrucción y por lo tanto destaquen los poderes estadounidenses mientras que se explotan las debilidades del enemigo.

SERIES DE OBJETIVOS CRITICOS NACIONALES

Políticos

*Mecanismos y centros gubernamentales nacionales
    - Oficina central, oficinas administrativas y centros
    - Nudos de apoyo de C3 (duros o blandos)
    - Puestos de comando (móviles/fijos; aéreos/terrestres/marítimos)     

*Policía estadual y fuerzas de control internas
    - Oficina central, sistemas de colecciones técnicas de inteligencia
    - Bases de datos de apoyo

*Sistemas de propaganda: nacionales e internacionales
    - Cuestiones públicas, diplomacia pública y organizaciones Psyop e instalaciones de producción
    - Centros/redes culturales
    - Enlaces en los sistemas de telecomunicaciones del área/internacionales

Infraestructura

*Infraestructura de información
    - Conmutadores de telecomunicaciones públicos y seguros
    - Instalaciones de radioenlace dirigido y de centrales telefónicas
    - Sistemas de fibra óptica, nudos y estaciones repetidoras
    - Redes y nodos de transmisión de onda ultracorta
    - Centros de computación y procesamiento de datos
    - Centros nacionales C3I y enlaces Satcom

*Fuentes de energía y potencia
    - Centros de producción, estaciones transformadoras, centros de distribución y control
    - Estación de bombas de desagüe y sistemas de backup

*Transporte
    - Control del tráfico terrestre en puntos de obstrucción
    - Centros de control del tráfico aéreo
    - Sistemas de computación y electrónicos de apoyo

*Centros y sistemas financieros
    - Bancos y centros e instituciones comerciales
    - Controles de la moneda y depositarios y bases de datos de apoyo

*Estabilidad de la población
    - Sistemas de distribución de alimentos y agua y puntos de control

Fuerzas militares
   
*Defensas nacionales estratégicas
    - Sensores de sistemas de alerta
    - Centros de defensa de comando y control
    - Enlaces Satcom con sistemas de base espacial
    - Fuerzas desplegadas

*Sistemas de proyección de fuerzas ofensivas estratégicas
    - Sistemas de distribución convencional
    - Sistemas de armas no convencionales
    - Centros de control, puestos de comando y centros R&D





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