Estamos en el medio de la Era de la Información; los hijos de nuestros
hijos aprenderán en la escuela que las computadoras fueron simplemente las precursoras.
La información se ha convertido en un producto básico que fortalece las bases de
nuestras actividades cotidianas: la música, la ciencia, el comercio.
La guerra y su conducción serán afectadas significativamente. Las
maniobras de apertura y posiblemente la estrategia de conclusión de la guerra serán una
campaña de la Guerra de Información (IW) centralizada en aquéllos que toman las
decisiones. La observación continua dominará las decisiones de los comandantes y la C4I
será el apuntalamiento de toda acción. La información se ha convertido en un producto
principal de la guerra moderna.
Como el aeroplano que superó el calificativo de "mejor
reconocimiento" de la línea de fuego o de los buques de guerra en la década del
'20, la IW no es solamente una mejor guerra electrónica, o una mejor C4I, o una mejor
observación continua. Representa una alteración fundamental del "continuo"
táctico que ha modificado permanentemente el rostro de la guerra. La Guerra de
Información marca una colisión entre la tecnología y la doctrina, creando una nueva
dirección con tácticas revisadas a partir de aquello que era evidente con anterioridad.
En los últimos años, mucho se ha escrito sobre la creciente
importancia de la IW. Pero poco se sabe sobre cómo manejarla. Este informe ofrece un
marco doctrinario para la planificación de la campaña de la IW: cómo un comandante -a
pesar de su ubicación geográfica, la dimensión de sus fuerzas, o la sofisticación
tecnológica- podría pensar en la IW y cómo debería ir a la guerra en la Era de la
Información.
Objetivos
La IW se refiere al ataque y defensa de la información. Existen dos
conceptos claves en esa simple definición. En primer lugar, la IW es una mente táctica
que incorpora funciones paralelas de igual importancia: la protección de la información
de la fuerza propia y la explotación de la del enemigo. La historia no enseña que la
mejor tecnología necesariamente conduce a la victoria. Por el contrario, la victoria
sigue al comandante que utiliza mejor la tecnología o que puede negar la tecnología a su
enemigo. De esta manera, la IW no sólo cuenta con el potencial de ser un multiplicador de
fuerzas, sino también un compensador de fuerzas. Una gran fuerza dependiente de la
tecnología es un blanco perfecto para un adversario pequeño pero técnicamente
sofisticado.
En segundo lugar, mientras que la hostil infraestructura de
información (es decir: sistemas de comando y control, redes de comunicación) puede ser
escogida como conjunto de objetivos, no son en sí mismos el objetivo. El objetivo es la
información en sí misma. El significado de esta diferenciación reside en la naturaleza
de la tecnología de los sistemas de información por modem. En el pasado, la
criptología, los artificios, la manipulación y la destrucción han sido disciplinas
destinadas a las comunicaciones militares únicas de un adversario. En el futuro, al
aumentar la explosión mundial en los sistemas de información comercial, tanto aliados
como enemigos podrán utilizar los mismos transportadores satelitales.
En ese mundo, la C4I y la contra-C4I asumen diferentes significados que
en el pasado. La complejidad de una futura infraestructura global de comunicaciones
comerciales presentará tanto obstáculos como oportunidades de guerra. Por ejemplo, el
mejor lugar para realizar la IW puede ser a 6.000 millas de la ubicación de las fuerzas
tácticas, concepto que exploraremos más adelante. De esta manera, al planificar la
campaña de la IW, resulta vital enfocar primero la información que deseamos explotar
antes de elegir los medios para destruirla o utilizarla de otra manera. Esta máxima tiene
un paralelismo directo con los principios de la guerra -la economía de fuerzas, las
masas, y el factor sorpresa se aplican también a la IW.
La información orientada tampoco debería figurar únicamente en el
formato de las comunicaciones tradicionales. Al proliferar los armamentos sofisticados,
también deben proliferar los sensores, ya sean nacionales, obtenidos a través de medios
comerciales como LANDSAT o SPOT, o "alquilados" por otros países. Puesto que el
alcance y la capacidad de los sensores varían significativamente, desde el control de
incendios hasta la observación continua de vastas áreas, la información que ofrecen al
comandante oscila similarmente desde inteligencia y advertencia a blancos de precisión.
Al igual que la infraestructura de comunicaciones, la infraestructura de observación
continua del futuro, tanto para aliados como enemigos, será cada vez más compleja.
La esencia de la campaña de la IW, por lo tanto, puede dividirse en
seis aspectos de planificación, que se remiten tanto al ataque como a la defensa de la
información principal de la IW.
* Precisamente ¿qué información es vital para aliado/enemigo en cada
escalón funcional (por ejemplo: observación continua, C4I) y organizativo (por ejemplo:
división, fuerza aérea, fuerza naval)?
* ¿Cuál es el propósito de la información vital (por ejemplo:
comando y control, objetivos de armamentos, intercambio diplomático)?
* ¿A través de qué infraestructuras fluye?
* ¿En qué parte de dichas infraestructuras es más vulnerable?
* ¿A través de qué medios puede ser mejor protegida/explotada (por
ejemplo: destrucción violenta, destrucción no violenta)?
* Si se explota, ¿para qué fin (por ejemplo: estratégico o táctico;
manipular o destruir)?
No obstante, los planificadores de campaña enfrentan dos obstáculos
significativos. La planificación de la campaña, especialmente con propósitos de
explotación, requiere en sí misma grandes cantidades de información sobre el enemigo.
Los planificadores deberán saber muchos detalles sobre las diferentes infraestructuras
hostiles para responder tres preguntas. A primera vista, es una tarea formidable. Pero
dicha información, de hecho, posee paralelos exactos con la inteligencia tradicional -lo
que se requiere es una orden de batalla y una estimación de las aptitudes, expresadas en
no más términos técnicos que los que utilizamos hoy día para los perfiles de
armamentos hostiles. Como resultado, los requisitos de inteligencia técnica para la
campaña pueden crecer razonablemente en el futuro. (También debería decirse que la
tarea no es mucho menos formidable al planificar la campaña de protección de la
información. En una multinacional, para las fuerzas armadas operativas combinadas puede
ser difícil reconocer su propia orden de batalla.)
Espacio de Batalla
El segundo obstáculo reside en la capacidad de percibir las
infraestructuras de información amistosa y hostil. Las comunicaciones hostiles pueden
oscilar en un espectro que va desde VLF a satélites comerciales, abarcar una mezcla de
nuevas y viejas tecnologías, e incluir en formato voz, datos y video (incluyendo
televisión comercial). Como hemos observado, los sensores pueden ser comerciales o a
préstamo, tornando bastante problemáticas las reglas del combate para la destrucción.
Las mezclas de armamentos varían en forma similar. Especialmente para los sensores y las
comunicaciones, los componentes físicos probablemente residirán a miles de millas de los
comandantes que los utilizan.
Por lo tanto, el espacio de batalla en el que se realiza la IW es una
completa abstracción -puede existir como una realidad operativa y de planeamiento sólo
en su reconstrucción como un modelo. Además, al igual que un espacio de batalla
tradicional, es un terreno en el cual tanto aliados como enemigos esperan operar. Mientras
operan -manipulando o destruyendo- modifican el espacio de batalla. Como resultado, la IW
debe conducirse en forma dinámica con respecto al tiempo y al espacio.
Para optar por un ejemplo simplista, cuando un comandante azul obstruye
un radiofaro de respuesta satelital naranja, produce efectivamente un gran hueco durante
un tiempo en el espacio de batalla de la IW -y uno que resulta obvio para ambas partes. Un
adversario naranja al moverse hacia HF, por ejemplo, cambia nuevamente el espectro
táctico, pero sólo puede ser combatido nuevamente por los azules si resulta perceptible
(es decir, capaz de identificarse con sensores) y modelado como mínimo cerca del tiempo
real (es decir, el tiempo explotable). En forma casi concreta, pero mucho más sutil, la
inyección por parte de los azules de un virus de software en la base de datos naranja
genera un hueco bien controlado en el espacio de batalla de la IW, que los azules quieren
ver y no quieren que los naranjas lo vean.
Al igual que con otros elementos de la campaña de la IW, estos
movimientos tienen paralelos directos con la guerra tradicional y con los principios de la
guerra. Los objetivos son:
* Ganar el control del espacio de batalla de la IW y denegar o
controlar su uso por parte del enemigo (Iniciativa, Sorpresa);
* Habiendo hecho esto, proyectar el poder emprendiendo una guerra
ofensiva en dicha dimensión (Masa, Economía de Fuerzas, Simplicidad, Maniobra); y
* Proteger simultáneamente los sistemas propios (Seguridad).
No obstante, para los planificadores de campaña un obstáculo es:
¿cómo percibimos el conjunto de objetivos? ¿Cómo podemos idear más de una centena de
diversos objetivos geográficos y electrónicos como un "espacio de batalla"
cohesivo de la IW para explotar y proteger?
El Concepto de la Cuadrícula
Un requisito previo para la guerra conjunta es que un comandante de
armas combinadas posea los medios para percibir el espacio de la batalla en su totalidad,
con interfaces transparentes de transición a través del aire, la tierra, el mar y las
áreas espectrales. Solamente mediante dicha amplia observación continua, puede mover sus
fuerzas en conjunto y secuencializarlas a través de un área de campaña
multidimensional. No obstante, como problema práctico, sus activos de observación
probablemente puedan ser operados por diversas organizaciones, muchas de las cuales se
encuentran a una considerable distancia geográfica y organizativa. Algunas serán parte
de un inventario nacional o comercial de sensores, otras serán operadas al nivel de la
escena de guerra. Algunas estarán operadas por aliados y otras físicamente adheridas a
sus diversas plataformas tácticas.
De esta manera, el sistema de observación del comandante consistirá
de partes prestadas que deben centralizarse en el problema táctico -no es práctico ni
apropiado desde el punto de vista programático para un componente del servicio procurar
la construcción de dicho amplio sistema de sensores- aún si fuera técnicamente posible.
Entonces la pregunta se transforma: ¿cómo pueden varios sensores, muchos de los cuales
no son propiedad del comandante ni están operados por él ni siquiera en la misma área,
ser empleados para que aparentemente actúen como una fuerza efectiva del sistema de
observación continua?
Para los planificadores de la IW, la respuesta comienza con un cambio
de perspectiva -fuera del sensor mismo con respecto al espacio de batalla que percibe. Al
realizar dicho cambio, podemos pensar en los sensores como una cuadrícula de capacidades
que se extiende sobre el espacio de la batalla en lugar de una serie de sensores
independientes. Dicha "cuadrícula" tendría variantes con respecto al espacio
de la batalla -el número de los sensores, los elementos perceptibles en el medio
ambiente, la ubicación de los sensores, su precisión y resolución individual, y el
tiempo de reconocimiento- para mencionar algunas. Al concebir a los sensores como una
cuadrícula virtual, llegamos a algunas construcciones operativas útiles.
En primer lugar, en cualquier momento, lugar o frecuencia dadas, las
variaciones pueden ser consideradas (y modeladas instantáneamente) como activos o falta
de activos. Estas variaciones pueden igualarse posteriormente a probabilidades posibles de
objetivos cuando la cuadrícula se realiza para dirigirse contra un objetivo (ya sea azul
o naranja). En segundo lugar, considerar a los sensores como una cuadrícula de aptitudes
permite que los planificadores los utilicen en forma eficiente, oponiendo a los requisitos
operativos contra un conjunto apropiado de sensores. La economía de las fuerzas se aplica
en este caso: la fijación de objetivos mediante sensores sólo necesita ser tan precisa o
tan oportuna como lo requiere el armamento seleccionado.
En tercer lugar, cuando comprendemos que los sensores han operado
envolventes tan únicos para ellos como los de una nave en particular, también entendemos
que una cuadrícula puede ser manejada en forma efectiva, y quizás dinámica, para
compensar (o crear) "huecos" o inconcebibles bajas probabilidades.
Finalmente, al considerar a los sensores como una cuadrícula, el
centro de gravedad -el lugar correcto para el armamento correcto, ya sea un centro de
mando de software en Nueva York o un centro de mando del enemigo- se torna más obvio.
Esto se debe a que el enemigo también cuenta con una Cuadrícula de Observación
Continua. En forma similar, su cuadrícula puede ser estudiada, con sus puntos fuertes y
débiles tornándose aparentes para su oponente. Mediante dicha concepción, los
planificadores pueden considerar y explotar en detalle la tecnología de la hostil
infraestructura de la IW en forma dinámica y reducir su complejidad con respecto a la
doctrina -y en último lugar al plan de campaña (en este caso, observación y
contra-observación).
De la misma manera en que podemos pensar en una Cuadrícula de
Observación, también podemos considerar Cuadrículas de Comunicaciones azules y
naranjas. En la década anterior, se desarrolló la revolución mundial de las
telecomunicaciones, y resulta evidente ahora que una firme infraestructura de
comunicaciones estará disponible en forma global para fines de siglo. Un técnico en
comunicaciones militares que se jubiló en 1988 y otro que está en servicio en 1998
hubieran trabajado con infraestructuras de comunicaciones completamente diferentes.
No sólo aumentará el número de radiofaros de respuesta en materia de
comunicaciones, sino que las brechas en las transmisiones por sistemas multiplex, el
cambio a los formatos digitales, y fundamentalmente, el advenimiento de las redes
virtuales, ofrecerán a los comandantes militares una capacidad de comunicación que será
resistente a las interferencias (en virtud de las conexiones de la red) y contará con
mayores órdenes de magnitud.
Para fines de la década, tanto EEUU como un comandante hostil podrán
esperar firmes comunicaciones con opciones de restauración y, con el advenimiento de la
estaciones computarizadas de trabajo, podrán tener comandos y controles más flexibles.
Pero estas capacidades -debido a las huellas de las comunicaciones (los satélites y la
infraestructura terrestre; es decir, los teléfonos locales y los servicios de datos) y la
geografía de la campaña- variarán de lugar en lugar en el mundo. De esta manera, al
igual que con los sensores, podemos considerar a las comunicaciones como cuadrículas
virtuales que cubren el área táctica.
Ejecución, Tecnología, y Control de la Batalla
Finalmente, en la planificación de la campaña de la IW, resulta útil
considerar a todos los armamentos disponibles para ambas fuerzas como una cuadrícula
táctica que consiste en tiradores -armas disponibles para los comandantes, clasificadas
por adaptabilidad y disponibilidad contra una orden hostil de batalla. Al hacerlo, los
planificadores de la IW pueden considerar la interacción instantánea de varias
cuadrículas como una clase de "ejemplo central" momentáneo. Es decir, la
conexión correcta y oportuna de la Cuadrícula de Observación con la Cuadrícula de
Comunicaciones y la Cuadrícula Táctica es lo que se requiere para un ataque final. La
interrupción de la interacción -el ejemplo central de las tres cuadrículas- en el lugar
y momento apropiados -aún fuera del área táctica- evitaría el ataque final.
De esta manera, con la IW, la interrupción de la solución armada
puede retroceder desde la interacción real de las fuerzas en tiempo y espacio -podemos
hacerlo en Nueva York en un programa en lugar del último minuto en el país como
plataforma de defensa. La esencia de la campaña de la IW se convierte en la
planificación del cuándo, del dónde, del cómo, y del por qué.
En efecto, el espacio de batalla de la IW es el producto instantáneo
del azul sobre la interacción del naranja en los diversos activos geográficos y
electrónicos que hacen posible la observación, la C4I, y la fijación de objetivos. La
consideración de estos puntos como cuadrículas que interactúan, permite a los
planificadores alcanzar dos funciones críticas: identificar en tiempo y espacio el
objetivo correcto (es decir, cuándo y dónde interrumpir) y controlar y modelar la
interacción en tiempo real, creando un conjunto secuenciado de eventos operativos -la
campaña de la IW.
Dicha campaña, debido a la dualidad protección/explotación debe
planearse de acuerdo con dos líneas paralelas:
* Protección: un conjunto secuenciado de seguridad, observación y C4I
operativas, y planes de seguridad e información.
* Ataque/Explotación: un conjunto secuenciado de artificios,
contra-observación, y contra-C4I operativos, y planes contra-fijación de objetivos.
Debido a su complejidad y velocidad, la IW requerirá el enfoque
tecnológico y operativo para ser operada -percibida, conducida, y para evitar su
operación en nuestra contra. En términos de tecnología, existen tres requisitos:
* Un sistema doctrinal, organizativo y tecnológico de control de
batalla aplicable a través de todos los escalones a todos los componentes de la fuerza,
independientemente de su posición en el mismo. Los sistemas deben ser fácilmente
escalables a través de los niveles de conflicto al expandirse la estructura de la fuerza
desde el comandante en escena, a través de la fuerza conjunta de tareas, al comando
completo del nivel de campaña.
* El sistema debe incorporar un sistema de observación de todas las
fuerzas, cuyas interfaces sean sinergísticas y sin grietas a través del espacio de
batalla, y transparentes para el usuario desde el punto de vista operativo sin tener en
cuenta el escalón o componente.
* El sistema debe integrar la destrucción violenta (por ejemplo:
armamentos en el objetivo), la destrucción no violenta (artificios, saturación), y la
destrucción sin rasgos de violencia (usurpación).
Desde el punto de vista organizativo, la IW debe ser efectiva y estar
coordinada en forma horizontal a través del aire, la tierra, el mar, el espacio, y el
espacio espectral de batalla y en forma vertical hacia arriba y hacia abajo de los
distintos escalones. La construcción de la cuadrícula también nos es útil en este
aspecto, ya que si podemos considerar a los activos propios de la IW como tres
cuadrículas sobre el área de operaciones, las funciones de protección de la IW a cargo
del comandante se reducen al manejo de las tres cuadrículas de manera que ofrezca una
continuidad operativa en forma vertical a través de las mismas.
Si tenemos armamentos y comunicaciones, pero no observación, no
podemos efectuar el disparo. Esta situación ocurre en la actualidad (aunque no podemos
reconocerlo como un problema de cuadrícula) cuando el tiempo de reconocimiento de un
sensor no permite la fijación de un objetivo. Si tenemos observación y armamentos, pero
no podemos conectar a ambos, la solución es aún igual a cero. Esto es lo que
experimentamos actualmente en las comunicaciones no virtuales, circuito-específicas
cuando falla la red de fijación de objetivos. En forma similar, la observación y las
comunicaciones no son útiles sin los armamentos. Esto se produce cuando ocurre una falla
de armamentos o cuando la fijación de objetivos no puede realizarse mediante un tirador
óptimo.
De esta manera, una parte crítica del plan de campaña de la IW es la
capacidad de manejar la continuidad de la cuadrícula de sus propias fuerzas y la de las
cuadrículas hostiles análogas en tiempo táctico. Dada la dualidad
protección/explotación, pueden preverse cuatro funciones de control de batalla de la IW:
Control de sensores -es decir, la integridad de la
Cuadrícula de Observación. Las responsabilidades funcionales incluyen el control de
sensores, el control de la compilación, y la coordinación de la observación para el
escalón en el cual se encuentra el comandante (es decir CVBG de la Marina, EAC del
ejército, JTF, comandante de las operaciones). El personal al que se le asigna estas
funciones debe tener una comprensión tecnológica y operativa de todos los sensores que
pueden impactar en el espacio de batalla -nacionales, de la escena de la guerra, de la
plataforma; aliados, componentes o conjuntos; aliados u hostiles.
Control de la información. Las responsabilidades
funcionales incluyen el control de la Cuadrícula de Comunicaciones y el sistema C4I de la
fuerza. El personal al que se le asigna estas funciones debe tener conocimientos sobre
comunicaciones -nacionales, de la escena de la guerra, de la plataforma; aliadas,
componentes o conjuntas; comerciales y militares; y potenciales de interferencias aliadas
u hostiles.
Control del espacio de batalla. Las responsabilidades
funcionales incluyen la coordinación del rastreo y de la fijación de objetivos a través
del espacio de batalla, ya sea aéreo, terrestre, marítimo o espacial. El personal al que
se le asigna estas funciones debe tener conocimientos sobre armamentos y observación
-nacionales, de la escena de la guerra, de la plataforma; aliados, componentes o
conjuntos; aliados u hostiles.
La conducción de la Guerra Electrónica y sus disciplinas
relacionadas. Las responsabilidades funcionales incluyen el mantenimiento de la
ofensiva electrónica y de las capacidades defensivas, incluyendo la contra-observación y
la contra-C4I aptas al nivel de la fuerza. El personal al que se le asigna estas funciones
debe tener conocimientos operativos y tecnológicos sobre los sistemas de Guerra
Electrónica que pueden impactar en el espacio de batalla -nacional, de la escena de la
guerra, de la plataforma; aliado, componente o conjunto; aliado u hostil.
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