Francis Pisani, Monterey
Para John Arquilla, teórico de la doctrina militar que facilitó la victoria de EE.UU. en
Afganistán, la red Al Qaeda podría ganar la guerra si consigue armas nucleares o
biológicas. Impedirlo es una prioridad. Para lograrlo, sin embargo, hace falta llevar una
guerra de nuevo tipo, una guerra de redes o 'NetWar'. No se está haciendo.
Se conoce el papel decisivo que jugaron en Afganistán las pequeñas unidades de fuerzas
especiales conectas por radio con bombarderos capaces arrojar un diluvio de fuego sobre
objetivos móviles. Pero más que los aparatos sofisticados, lo que les dio la victoria es
una doctrina militar, el swarming.
Literalmente, swarm quiere decir enjambre, pero la imagen aplicada a ciertas propiedades
la revolución digital invoca el hormigueo y la proliferación temporaria. El swarming de
los militares el despliegue de pequeños grupos de hombres conectados entre sí y
con la aviación - ha sido inventado por John Arquilla, ex marine y profesor de una
universidad militar el Naval Postgraduate College de Monterey en California y por David
Ronfeldt investigador en la Rand Corporation de Los Ángeles.
El swarming es una guerrilla a la potencia 'n'. No implica el uso de las armas más
poderosas ya que, según cifras oficiales citadas por Arquilla, cerca de un 60% de las
bombas lanzadas sobre Afganistán provenían de B52 "dos veces más viejos que sus
pilotos". "Todas las nuevas tecnologías del mundo llevan a la catástrofe si no
están coordinadas por una buena doctrina y una forma apropiada de organización"
afirma Arquilla. "Esto es lo que pasó en Vietnam."
NetWar
En la NetWar anunciada por Arquilla y Ronfeldt desde 1993, la victoria depende menos del
poder de las bombas que de la información y la comunicación, lo cual "favorece y
fortalece a las organizaciones en red frente a las jerárquicas" como son los
ejércitos tradicionales. También dicen que quien gana es "quién tiene la mejor
historia y no la bomba de mayor tamaño".
Arquilla estima que un 90% del esfuerzo de EE.UU. en el actual conflicto consiste en
operaciones militares implicando a estados. Lo cual se entiende en la medida en la cual
"sabemos bien como relacionarnos con estados-naciones, no así con las redes".
El riesgo es que se pueden haber equivocado de victoria al aplastar a los Talibanes, que
se encontraban a la cabeza de un Estado, y al dejar huir buena parte de Al Qaeda que
persiste como red.
Hasta la destrucción de una de sus principales bases de operación podría tener efectos
negativos. Arquilla está convencido que no se debe destruir de entrada el santuario de
una red: "permite saber todo lo que se refiere a ella. Si capturo el santuario, se va
a esconder en lugares que puedo no encontrar nunca. Hay que buscar en el mundo
entero".
Algunos de los aliados de Estados Unidos tienen experiencia en este tipo de lucha: Italia
con la mafia, Singapur con los piratas de Asia del sur-este, Francia con las redes
fundamentalistas argelinas y España con ETA. "Tienen un mundo de experiencia en la
guerra contra redes" estima Arquilla, "de la cual EE.UU. puede y debe
aprender".
Las armas de destrucción masiva (ADM)
"Si Al Qaeda consigue armas nucleares ganará esta guerra" estima Arquilla.
"Una detonación pondría fin a cualquier sentido de superpotencia americana o de
liderazgo mundial, en América y en el resto del mundo".
Abre una nueva era. "No nos preocupa el hecho que Rusia tenga miles de cabezas
nucleares porque podemos tomar represalias" recuerda Arquilla. Pero no podemos mandar
bombas nucleares contra una red no estatal con células y nodos en el mundo entero".
Las imposibles represalias vuelven imposible la disuasión. Y basta con una bomba pequeña
que cabe en una maleta y puede ser transportada en uno de los miles de contenedores que
llegan cada día a EE.UU..
"Prevenir la difusión de ADM a los terroristas debe ser nuestro objetivo
prioritario" insiste Arquilla, pero su estrategia que para lograrlo, frente a Irak
entre otros, es muy distinta a la de Georges Bush.
Arquilla considera que cualquier operación para derribar a Sadam Husein puede fracasar y
alentar un acercamiento con Al Qaeda. Prefiere negociar con él. "Debe darle
seguridad absoluta al resto del mundo que no tiene ADM, que no está obrando para
adquirirlas y que permitirá una total y completa inspección continua". A cambio de
lo cual EE.UU. y sus aliados podrían comprometerse a no derribarlo. "Es una
elección difícil pero confundir a Husein en el poder con el asunto de las ADM es un
error estratégico" precisa. Permitir que se quede es una pequeña concesión ya que
está en el poder y que en caso de derrumbamiento "el oeste tendría que ocupar a
Irak por tiempo indefinido, medido sin duda alguna en decenios".
Salir de la guerra
En cualquier guerra, la pregunta de fondo es ¿Cómo salir de ella? Cuando la formuló
frente a "gente de muy alto nivel", Arquilla recibió la respuesta siguiente
"la única salida de esta guerra es la muerte de todos los terroristas". Algo
que él considera "altamente problemático" después de lo que pasó en
Afganistán. Las otras posibilidades serían una victoria de la red fundamentalista o una
proliferación de este tipo de organización.
Para evitarlo, Arquilla y Ronfeldt proponen dedicarle mayor esfuerzo a "la
implementación de estrategias no-militares en dirección de actores no-estatales" y
en particular de las redes de la sociedad civil global. "Las ONG están en una
posición única para respetar a ambos lados y actuar como un puente de
comunicación".
La primera lección de la NetWar indica que hay que organizarse en red para luchar contra
una red. "Pero tenemos que reconocer que mientras más recurrimos a la fuerza de
manera indiscriminada más difícil resultará crear redes de cooperación. Es el reto
estratégico de esta guerra". El estratega no vacila en afirmar que sería preferible
para EE.UU. insertar sus acciones en un marco colectivo, "hasta el punto donde
requiere un consenso antes de llevar a cabo una acción militar, como en cualquier
coalición clásica".
Al Qaeda: una red de redes
En la dupla Arquilla-Ronfeldt, el primero es especialista de la guerra y el segundo, de
las redes". Para Ronfeldt, Al Qaeda "dominó el arte de establecer contactos con
otros grupos y de atarlos los unos a los otros". Se trata de una "red de
redes" en la cual la organización de Bin Laden es fuente de doctrina y de recursos.
Ronfeldt piensa que la destrucción de Al Qaeda reduciría el terrorismo "por un
rato", lo cual es "un objetivo válido". "Pero algo diferente se
volverá a constituir, de la misma manera que el desmembramiento de los carteles de la
droga más importantes de Colombia no ha puesto fin al tráfico. O que el cierre de
Napster [la primera empresa que permitió bajar gratis piezas de música de la red] llevó
a la proliferación de grupos más difíciles de controlar".
Una de las dificultades de la guerra contra una red es que no se sabe cuantos nodos o
células hace falta destruir para incapacitarla. El análisis tradicional estima que con
30% de bajas humanas o materiales "la cohesión militar se desmorona". Una red
puede seguir funcionando con pérdidas dos veces mayores estiman Arquilla y Ronfeldt,
"en parte porque algunos nodos ni se enteran del daño y el efecto de desgaste no es
el mismo".
Ronfeldt piensa que se puede limitar el terrorismo con medidas económicas. Pero precisa
que la ola actual no viene de la pobreza. Las motivaciones de Osama Bin Laden o Mohamed
Atta provienen más de un sentido de "desastre absoluto" (utter disaster).
"Su mundo ha sido pisoteado por fuerzas exteriores como Estados Unidos, pero también
por partes de su propia sociedad. Sé que la política de EEUU puede enfrentarse con las
penurias. No sé si puede aliviar, por lo menos no fácilmente, este sentido de desastre
absoluto".
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