en04.gif (47 bytes) en04.gif (47 bytes)
PANORAMA DESDE EL FRENTE: MEDITACIONES SOBRE LOS RIESGOS DE VIAJAR POR LA AUTOPISTA DE LA INFORMACION


Roger A. Beaumont

    Puesto que nadie puede comprender más que una aproximación de las dimensiones, fortalezas y debilidades de la Súper Autopista de la Información (ISH), no existe espacio suficiente en un libro, menos en un capítulo, para hacer justicia analítica al respecto. El dilema es parecido al que debieron enfrentar los que analizaron el comando-y-control media generación atrás pero bastante más complejo en magnitud. Hoy, analistas y operadores están ligados, como lo estuvieron entonces, por los apremios inmutables pero variables como la Ley de Alquileres, la educación, la experiencia y la socialización, y en consecuencia, el secreto y el enredo. Para caer en la imagen de la cueva de Platón, o la de los ciegos y el elefante, sólo podemos tratar de reunir diferentes percepciones al buscar el significado, mientras tenemos en cuenta la especial paradoja del "curioso fracaso de la percepción para estar de acuerdo con los estados del mundo externo." En vista de toda la complejidad y sobrecarga, hay que, como los Británicos están acostumbrados a decir, "tirarse a la pileta y nadar como los mejores", con ánimo de practicar surf y pescar algunos ejemplares del vasto número de peces en el mar figurado.

    Si nos basamos en una perspectiva mayor, la intrincada genealogía del ISH puede trazarse a partir de diversos orígenes como el telégrafo y los sistemas de cables del 1800, y las redes telefónicas y de energía de las últimas tres generaciones, a través de la Red DARPA y una miríada de sistemas congruentes. Todos ellos derivados de una mezcla de "pura" investigación científica y utilidad. Los iniciadores -inventores y compradores- no tuvieron en cuenta ciertos efectos colaterales como el debilitamiento del status de los oficiales de la marina en estaciones distantes por medio de la autoridad telegráficamente conferida por las autoridades diplomáticas, o la vinculación de grupos criminales por medio de la telefonía para crear redes nacionales e internacionales del crimen organizado. Por lo tanto, no es sorprendente que la ISH ya se esté arrastrando cual serpiente, generando una desagradable sensación acerca de la posible existencia de otras ramas o desvíos. Como han sugerido algunos analistas del impacto de la cibernación, y como han aprendido los padres de los adolescentes desde la invención del teléfono y del fonógrafo, "los enormes beneficios de las telecomunicaciones siempre tienen un costo." Existen, desde ya, voces escépticas y heréticas entre toda la retórica visionaria sobre la ISH y la guerra de información.

    El intento de sortear amenazas provenientes de los miedos infundados se ve obstaculizado por la dificultad de discernimiento sobre los senderos puramente "civiles" o "militares de la ISH. Aunque las memorias sobre el rol de los sistemas de comunicaciones civiles en las debacles Pearl Harbor/Clark Field son sombrías, nos acercamos al debate en los círculos de comando-y-control sobre el rol estratégico de las líneas extensas durante el desposeimiento AT&T. En el reino militar, a pesar del optimismo sobre el potencial para librar una guerra, por lo menos por parte de aquellas naciones que cuenten con un estímulo, la conversión -o en forma más adecuada, la ramificación de la ISH- no ha mejorado el poder de resolución de nuestras proverbiales bolas de cristal hasta el punto en que los analistas puedan acordar que ha llegado un milenio. Para complicar aún más los asuntos, para estupefacción de los Euclidianos-Newtonianos al igual que los cibernéticos, cada manojo de ramificaciones conduce a más bifurcaciones, aunque las cosas no son mucho más diferentes con respecto a la capacidad humana que cuando Frank Knight escribió en 1921:

"No percibimos el presente como es, ni su totalidad, tampoco inferimos el futuro a partir del presente con cualquier grado de dependencia, ni conocemos exactamente las consecuencias de nuestras propias acciones... ni aún nuestras acciones son de la forma precisa en que las imaginamos y deseamos."

    Las misiones de Obstrucción IW contra elementos puramente militares de seguridad nacional son una cosa. Proteger a todo el reino del estado nacional, incluyendo a la propia Internet, es otra cosa. Para elaborar lo obvio -como el ataque de "Dam Busters" de 1943 sobre las represas de Ruhr y la utilización de armamentos de fibra de carbono contra las estaciones de energía en la Guerra del Golfo- podría haberse forjado un daño crítico sustancial sin tener como blanco las instalaciones militares.

    El crecimiento y los cambios actuales sobre la ISH y los que resultan de la misma no se deben únicamente a las innovaciones técnicas, sino que son una función del paso del tiempo y del verdadero volumen. El aumento en el conjunto de datos y en la interacción genera sobrecarga, pero también multiplica la gama de confusas implicancias. Como dicen los teóricos del caos: la complejidad engendra complejidad.

    Sin embargo, no todo está en declive. En términos estadísticos amplios, parecería que el número y poder de las sinergias crecerá como una función de dicha "n" ascendente para equilibrar el mal funcionamiento. La cuestión más inmediata de riesgo, mientras dicha turbulenta vorágine de inteligencia artificial, interactividad y virtualidad genera sobrecarga, también es un enorme recurso potencial a ser manipulado y retenido. Ya se ha reconocido que las personas inescrupulosas puede no sólo tratar de utilizar un sistema para socavar o atacar en forma directa, o robar, sino para controlar, ingresar, o aprovecharse enigmáticamente del sistema o subsistemas. Las redes durmientes de HUMINT ofrecen una cruda analogía. El más profundo imponderable es que alguien puede alterar imperceptiblemente el sistema -incluyendo Internet- con el paso del tiempo, ya sea a un nivel jamás no detectado, o aparente sólo después de un tiempo -o únicamente en un punto y/o tiempo específico para inducir shock y pánico máximos. No todas las intrusiones pueden ser destructivas -por ejemplo: sistemas de procesamiento paralelo parásitos o saprofíticos entrelazados por hábiles hackers, o vínculos directos mente-cuerpo-máquina, o algoritmos especiales. Dispositivos tales como el mouse de Rosenberg nos acercan a los umbrales que escritores de ciencia ficción como Harlan Ellison y Fred Saberhagen trataron de resolver durante dos generaciones, y con los que Claude Shanon y Alan Turing lucharon en una forma más práctica -la emergencia por parte del diseño, o de manera inadvertida, de una entidad consciente no biológica.

    En un nivel más mundano, circular por la ISH se vuelve más y más rutinario; teniendo en cuenta lo que un analista consideró un "exceso de entrada de información atrayente," esto crea hábitos, dependencias y reflejos en una vasta escala que pueden ser explotados por aquellas personas propensas a hacer daño, o con intenciones criminales, estratégicas o tácticas. Un punto especial a considerarse es que los hechos en sí pueden producir grandes daños sin ser detectados. (Se ha cuestionado por qué el Viet Cong dejó solos a los nodos estadounidenses de comando y control en la Guerra de Vietnam). Más allá de esto reside la duda sobre "si un cierto conjunto de protocolos utilizados para los datos comerciales y las comunicaciones orales podrá ser aplicado al sistema de información del campo de batalla."

    Mucho existe bajo el sol -no todo. La ISH, como el sistema interestadual, fue establecida a lo largo de rutas ya utilizadas. Los eventos "interesantes" en la proto-ISH -los pasos de información del pasado- incluyen:

    * La alteración por parte de Otto von Visera del telegrama de Ems para provocar la furia de los franceses, desatando de esta manera la Guerra Franco-Prusiana.

    * La intromisión británica en los mensajes radiales alemanes que condujo al asunto Zimmermann, una causa fundamental para el ingreso de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial.

    * El pánico en masa generado por Orson Welles en 1938 durante la transmisión radial "Guerra de los Mundos".

    * La excesiva confianza de Alemania, Japón (y de los Aliados) en sus sistemas de encriptación durante la Segunda Guerra Mundial.

    * El cierre de un radar de Oahu por parte de un teniente que confundió a fuerzas japonesas cercanas a Pearl Harbour con un escuadrón de aviones estadounidenses.

    * En la derrota de Channel Dash, la atribución, por parte de los operadores de radar británicos, del sutil aumento de los emisores alemanes a los cambios atmosféricos.

    Obviamente, cualquier agregado de recursos valuables, como campos aéreos, estaciones de radar, etc, actúan como un imán para los analistas de objetivos. Mientras que la destrucción de dichas instalaciones constituye generalmente el primer instinto de los "guerreros", paradójicamente a veces es mejor dejarlos intactos para su uso revertido. Más allá de su masa y complejidad, la ISH es un gran sistema, generador de incertidumbres y anomalías que se tornarán aparentes con el correr del tiempo, aunque sus efectos precedan su detección. La situación se complica por la gama de virtuosidades. Al igual que los músicos, algunos recorren la red como Spike Jones, y otros como Chopin. Centrarse en aspectos concretos como el hardware, el software, y la arquitectura del sistema es como trasladarse a través de un catálogo de instrumentos musicales.

    A fin de extender la metáfora musical, estamos asustados del nuevo modo como nuestros ancestros lo estuvieron de Beethoven, Wagner, Frank Sinatra o Elvis Presley. Las maquinaciones de los hackers han alimentado los temores en los medios, al igual que la tendencia en los profesionales y analistas de seguridad y militares de buscar y definir amenazas -lo que deben hacer y los intentos de legislar y regular el tráfico como un guardavidas en el medio de un huracán. Aparentemente, no hemos tenido suficiente experiencia con la prohibición como una estratagema. Se sabe que los buenos hackers nunca son detectados ni atrapados. Esto puede ser verdad ya que no podemos estar seguros de la confiabilidad de nuestros instrumentos, y observamos que las posibilidades son vastas e intimidatorias. Entre los problemas más obvios se encuentra la disminución de los umbrales y de las aperturas para presentar ideas a grandes cantidades de personas -y el acercamiento de algunos centros de poder al alcance de aquellas personas que carecen del mismo. Establecer límites claros entre los reinos civil y militar es imposible, aunque algunos sistemas de detección han ayudado a definir las divergencias.

    La sensación de novedad, excitación intelectual y "nitidez" tecnológica que cubren la ISH, tienden a oscurecer o minimizar aquello que consideramos un momentum residual paradigmático. Es decir, todo el bagaje del pasado que aún se utiliza. Como sugiriera Karl Deutsch en "Los Nervios del Gobierno", las elites en sus cincuenta tienden a orientarse en temas que fueron salientes durante sus años de formación, 25 o 30 años antes, es decir, los ataques a los ambientes universitarios de los sesenta, en la retórica política de los ochenta y los noventa. De manera similar, los guerreros profesionales prefieren luchar contra adversarios eficientes, y las fuerzas militares y navales buscan formatos concretos, lineales y simétricos, centrándose en el nivel de las grandes tácticas y estrategias.

    Aquí el tema central es la mente militar, cómo se sospecha en los círculos militares de los paneles encargados de librar guerras, o cómo se los subestima, desde la contienda logística y económica a la psicológica, así como la resistencia a institucionalizar la contienda de comando y control o informática. Aún durante las etapas más problemáticas de la Guerra Fría, hasta en el mundo "negro" se daba mucha importancia a la concepción soviética de la guerra -enfrentamiento con fases no marciales- antes y después, y en niveles menores que los aparentes. En todo caso, la ISH ofrece un medio ambiente adecuado para jugar la clase de "juegos de la mente" aprobados por el Dr. Goebbels y sus colegas. En todo caso, y a pesar del poder de la publicidad en la evolución de la cultura estadounidense, la propaganda es un "hecho ocasional" entre los profesionales militares orientados hacia la guerra. La tendencia a ignorar la propaganda y la guerra psicológica es especialmente irónica, ya que, en la revolución Americana, los rebeldes perdieron la mayoría de las batallas, pero ganaron la lucha para los corazones y las mentes. Una amarga publicidad en periódicos, panfletos y libros precedió a la Guerra Civil. Después de la guerra, los historiadores de la Confederación sacaron a la luz la "causa perdida". En la Primera Guerra Mundial, la exageración de Hollywood, y el corte de los cables transoceánicos alemanes por parte de los británicos, ayudaron a la opinión pública estadounidense a pasar de la neutralidad a un entusiasmo pro-aliados que bordeaba la histeria. Aunque los planes de decepción del Día D están aún en consideración, hemos perdido la amarga guerra de propaganda de 1939 a 1941, y la forma en que, durante la Segunda Guerra Mundial, las unidades de altoparlantes y folletos ayudaban a inducir a la rendición a millones de prisioneros, y la forma en que la imagen de un nuevo orden internacional culminó en una multitudinaria votación a favor de las fuerzas armadas de las Naciones Unidas para poner fin a la agresión mundial. La Guerra Fría y Vietnam pueden estar demasiado cerca para ofrecer una perspectiva del índice de propaganda presente en esa guerra. Un panorama de la doctrina de las anteriores Fuerzas especiales puede resultar instructivo.

    A pesar de la intrincada naturaleza de la ISH, como así también de su incontrolabilidad e incomprensibilidad, algunas paradojas implícitas han estado visibles en el área de comando y control, y en otras partes. La historia del comercio y de las fuerzas armadas está llena de ejemplos de cómo estructuras aparentemente sólidas demuestran ser endebles en épocas de crisis y guerras. Algunos profesionales militares son conscientes de estos precedentes, otros no. En las burocracias de toda índole, el pasado muerto rápidamente entierra sus muertos, mientras el hambre de simplificación es proverbial. El énfasis en la autoridad jerárquica y en las gestalts masivas de estilo y doctrina militar -y naval- estadounidense son más obvias en las claramente definidas pirámides de comando.

    De manera similar, términos básicos como "Dominación de la Información" e "integración" reflejan un impulso de reunir toda esta difusa turbulencia bajo un control centralizado. No resulta sorprendente, entonces, considerar una propuesta de reducir la maraña de la IW -"guerra de información"- a un ítem en la "gama de elementos del poder nacional". Como sugiriera Dan Kuehl, "la mayor dificultad para enfrentar hoy día el desarrollo de la IW no es tecnológica sino conceptual." Un punto central en todo esto es la forma en que las diferencias en estilo, doctrina y lógica entre organismos "amigos" han sido aumentadas o disminuídas por la revolución cibernética dentro de las enclaves militares y de inteligencia, y cómo afectan su uso individual o colectivo de la ISH.

    ¿Cómo moldearán estas subcorrientes la creciente ansiedad sobre las amenazas y los riesgos de la ISH? Un siglo y medio atrás, el telégrafo alteró el nexo de poder y cambió profundamente las relaciones de roles entre los soldados, marinos y políticos, conduciendo a la creación del corresponsal de guerra. Una generación después, el teléfono enriqueció esa mezcla, al igual que la radio, el radar y la computación en etapas posteriores del siglo XX. Un problema crónico en cada una de estas etapas fue el aumento de información que los comandantes y el personal debían manejar. ¿Hasta qué punto la reciente preocupación sobre las "ciber-milicias" refleja otro ciclo en lo que Hofstadter denominó "el estilo paranoico de la política estadounidense? Como señalaran Moore y otros historiadores, los estadounidenses han vivido con miedo a los cataclismos o a los ataques imprevistos desde la época de la colonia. Los estudios soviéticos han sugerido que si pudieran trazarse y manipularse los esquemas oscilatorios de las diversas culturas, obviamente esto sería una ventaja considerable para todo posible adversario, al igual que la capacidad de utilizar la ISH como un punto de apoyo para modificar las actitudes y reflejos sin que los individuos "estudiados" sean conscientes de los efectos. El reciente juego de dominó económico en los mercados financieros del Lejano Oriente nos recuerda cuán próximas y mortales serían las consecuencias si se indujera el pánico y se disparara a través de la ISH.

    Dicha incertidumbre nos plantea nuevamente la cuestión de que los límites absolutos se encuentran o no dentro de nuestra capacidad de saber y abarcar. A principios de la era cibernética, Ashby sostuvo que un sistema que se ocupa de un cierto grado de complejidad debe ser, al menos, igualmente complejo. Los teóricos del caos afirman que la complejidad genera más complejidad técnica. ¿Cuáles son las implicancias de esto en cuanto a los crecientes roces entre profesionales militares y teóricos sobre la cuestión de la centralización-descentralización? ¿Hasta qué punto pueden delegarse las etapas de control y alarma del ciclo de alerta, y a quién? Como señalara Barton Whaley, la percepción e identificación de la amenaza se ha tornado mucho más difícil desde el comienzo, en la década del 1800, de la electrificación de las comunicaciones, mientras que la sorpresa estratégica resulta más común. Dicho dilema y la conclusión de Whaley de que "el impostor casi siempre tiene éxito a pesar de la sofisticación de la víctima en el mismo arte" provocó muchas úlceras y noches de insomnio durante los oscuros días de la Guerra Fría, y puede volver a hacerlo en el entorno más turbulento de la ISH en expansión. Si lo consideramos como una extensión al igual que como una analogía de los Sindicatos Internacionales de Correos y Telecomunicaciones, resulta alentador pensar que ningún jugador importante durante todas las principales guerras modernas, calientes o frías, intentó irrumpir directamente en aquellas superestructuras.

    Como señalara el economista Joseph Shumpeter, la tendencia a percibir amenazas -y no solamente por parte de los profesionales militares- no sólo se debe a las probabilidades reales, sino también a las consecuencias económicas y sociales cuando la competencia por los recursos se vuelve intensa. Los conflictos de personalidad son virtualmente universales, y la ansiedad sobre las amenazas y la guerra de información se refleja en el mundo económico. Teniendo en cuenta el poder de la ISH de diseminar y amplificar las amenazas, podemos considerar como precedente la forma en que las democracias occidentales se esforzaron hasta llegar a aterrorizarse a fines de la década del 30 con las espeluznantes visiones de una guerra aérea. Un año antes de la crisis de Munich de 1938, un "experto" predijo "un millón de muertos" en Londres cuando se desatara la siguiente guerra, debido al "uso irrestricto de gas letal o bacterias". Esto generó "una estampida de poblaciones amenazadas sin precedentes".

    Mientras miramos hacia atrás, también podemos considerar el efecto de las culturas técnicamente avanzadas que utilizan sus ventajas sin considerar las consecuencias, como los poderes imperiales europeos que utilizan bombarderos para los "disidentes" de la policía en la periferia de sus imperios entre las Guerras Mundiales, y las cargas de excelencia tecnológica contra Estados Unidos en las Guerra de Corea y Vietnam. En todos esos casos, la preponderancia material en sí misma fue utilizada para negar sus ventajas físicas. El equilibrio material y cualitativo en el área de la tecnología se ha estado modificando durante la última generación, en la forma de tecnologías de uso múltiple y en la exportación de experiencia extranjera. Desde la década del 50, millones de científicos y técnicos extranjeros han sido capacitados por las principales misiones militares, industrias y organismos gubernamentales de las potencial industrializadas. Muchos llevaron estos conocimientos a su país, y a pesar de los posibles débitos con respecto a la competencia económica y a las ventajas técnicas militares, se ha visto como un crédito con respecto a la buena voluntad internacional.

    Los temores actuales de militares y civiles se centran en el uso de la autopista con propósitos deliberadamente nefastos: hurtar dinero, robar secretos comerciales o de seguridad nacional, desorganizar el comando y control, disparar alertas estratégicas falsas. El panorama aquí se ve ensombrecido por las dificultades para percibir las acciones intencionales, y distinguirlas de los desperfectos del sistema, reconocidos por los analistas en su concepto de incidentes de "seguridad ciberespacial".

    La era cibernética ha abierto las compuertas de los medios de comunicación generando una marea de patologías, sexuales o de otra índole, que se tornan más aceptables mediante un software gráfico que cubre de cierta manera lo que a primera vista suele verse repugnante. Se ha creado una nueva gama de adicciones y susceptibilidades, junto con diferentes patologías que las presentan como válidas. La situación está plagada de consecuencias no intencionales, y las mismas pueden ser sacadas del camino intencionalmente. La circulación de información falsa durante épocas de disturbios, o durante un proceso electoral, es otro asunto.

    Los Nazis utilizaron las tecnologías de comunicación masiva para resultar elegidos: las teleimpresoras, las películas documentales y los altoparlantes. Al igual que Mussolini, Hitler utilizó ese nexo en política para desequilibrar a sus rivales y crear un clima de inseguridad, confusión y miedo.

    Con todo esto en vista, no necesitamos ninguna bola de cristal para prever que las sub-corrientes del gran torrente de la ISH que ahora no podemos ver, generarán ondas armónicas -o no tan armónicas.

    La tendencia de suponer que las personas en cuestión generalmente actúan en forma racional sugiere que es más probable que la amenaza perjudique a la red y a las máquinas o el software relacionado que a sus operadores. Si bien la preocupación por los riesgos de la ISH se ha centrado principalmente en la penetración, manipulación o destrucción de los elementos electromecánicos de los sub-sistemas, y el software, y no en las personas que los mantienen o utilizan, el elemento central sigue siendo el mismo: el ser humano. Seguimos asumiendo que aquellos que se encuentran en la cima tienen aptitudes especiales de liderazgo e intuición, aunque los psicólogos industriales lo desmintieron cuando comenzaron a analizar las organizaciones complejas.

    Las complejidades sobre la parte humana de la "interfase hombre-máquina" incluyen una infinidad de aspectos sutiles e inciertos. Si bien los aspectos normativos y relativamente mecánicos han sido analizados durante el último siglo por psicólogos, se ha prestado menos atención a otras dimensiones de la interacción humana.

    Al mismo tiempo, que los avances de la informática han hecho que muchos problemas sobre complejidad, caos, etc., sean más comprensibles, otras tendencias técnicas han incrementado la complejidad y disminuído la comprensión. Como se sugiriera anteriormente, los viejos hábitos son difíciles de romper. Desafortunadamente, la normativa y los hábitos burocráticos con respecto al uso de la ISH sirven para oscurecer la manera en que una transición de la paz a la crisis o a la guerra afectaría los sistemas -especialmente la conducta de las personas dentro de los mismos. Todavía no existen formas de simular esto, a pesar de la creciente confianza en los sistemas de capacitación virtual para encarar la realidad del combate, y el uso de la ISH para realizar actividades militares.

    El problema de la complicación y el índice de crecimiento de la ISH es que reduce los ya graves límites con respecto a la capacidad de las personas razonables y responsables de prever las consecuencias más allá del primer orden de efecto. La brecha en la percepción entre las mayores jerarquías y fuerzas en combate ha sido el principal sub-tema del pensamiento militar occidental durante, por lo menos, dos siglos -pero este no es un dilema únicamente militar. Los inventores tampoco han previsto el efecto de largo alcance de sus máquinas o dispositivos. Al igual que la artillería a principios de la era moderna, gran parte de la ISH ha surgido de la cultura comercial civil en la cúspide de los sistemas formales, pero en conjunción con el establecimiento militar. Mientras que la institucionalización puede ser necesaria para crear un bastión contra la intrusión y centrar la investigación y el pensamiento, la virtuosidad en este nuevo y vital ámbito debe generalizarse en las fuerzas armadas.

    La mayor preocupación práctica se centra ahora en la defensa de los componentes y el software del sistema contra los ataques físicos y cibernéticos, dejando a la ingeniería de la respuesta y los procedimientos de emergencia fuera del gobierno. Entre todas estas preocupaciones sobre los riesgos y amenazas, la cuestión de los estados degradados ha permanecido en segundo lugar.

    Como los analistas advirtieron hace dos décadas: "A los observadores que supervisan los sistemas altamente automatizados en condiciones de gran densidad... podría resultarles difícil mantener el alto nivel de atención sostenida requerido para una rápida detección de los cambios de objetivos."

    La ISH, al igual que los sistemas precedentes, ha generado libertades, por un lado, eliminándolas, por otro, en parte a través de la eliminación de la precaución pública con respecto a la cesión de autoridad a los sistemas complejos. Desde principios de la década del 1800, la electrificación ha conducido a la creación de isletas de autocracia, incluso en las democracias, y la confianza en métodos objetivos para medir la aptitud y capacidad para operar sistemas complejos de comunicación y transporte.

    Un dilema básico de los profesionales militares a través de la historia moderna es que incluso teniendo el poder aparente de la sorpresa y el control, nunca podían estar seguros de la manera en que se desencadenarían los acontecimientos. Dichas incertidumbres condujeron a otras, por ejemplo, ¿cómo se relacionan con la realidad la Revolución Militar y la ISH, o cómo nos mueven a grados que sólo serán aparentes al final? ¿Cómo podemos medir esto? ¿Puede la ISH permitir iniciar un conflicto sin ir a la guerra?

    La revolución cibernética todavía no ha solucionado la falta de una "filosofía, teoría o doctrina de inteligencia coherente" según observó un analista media generación atrás. Ahora, como antes, las visiones individuales del futuro están ocluídas por el plueblerismo y la experiencia, puesto que el momentum y la aformidad de la ISH presentan una infinidad de contingencias, algunas de las cuales son contradictorias, como las implicancias de la centralización, la privacidad, la libertad intelectual y la propiedad.

   
   


en04.gif (47 bytes) en04.gif (47 bytes)