Puesto
que nadie puede comprender más que una aproximación de las dimensiones, fortalezas y
debilidades de la Súper Autopista de la Información (ISH), no existe espacio suficiente
en un libro, menos en un capítulo, para hacer justicia analítica al respecto. El dilema
es parecido al que debieron enfrentar los que analizaron el comando-y-control media
generación atrás pero bastante más complejo en magnitud. Hoy, analistas y operadores
están ligados, como lo estuvieron entonces, por los apremios inmutables pero variables
como la Ley de Alquileres, la educación, la experiencia y la socialización, y en
consecuencia, el secreto y el enredo. Para caer en la imagen de la cueva de Platón, o la
de los ciegos y el elefante, sólo podemos tratar de reunir diferentes percepciones al
buscar el significado, mientras tenemos en cuenta la especial paradoja del "curioso
fracaso de la percepción para estar de acuerdo con los estados del mundo externo."
En vista de toda la complejidad y sobrecarga, hay que, como los Británicos están
acostumbrados a decir, "tirarse a la pileta y nadar como los mejores", con
ánimo de practicar surf y pescar algunos ejemplares del vasto número de peces en el mar
figurado.
Si nos basamos en una perspectiva mayor, la intrincada genealogía del
ISH puede trazarse a partir de diversos orígenes como el telégrafo y los sistemas de
cables del 1800, y las redes telefónicas y de energía de las últimas tres generaciones,
a través de la Red DARPA y una miríada de sistemas congruentes. Todos ellos derivados de
una mezcla de "pura" investigación científica y utilidad. Los iniciadores
-inventores y compradores- no tuvieron en cuenta ciertos efectos colaterales como el
debilitamiento del status de los oficiales de la marina en estaciones distantes por medio
de la autoridad telegráficamente conferida por las autoridades diplomáticas, o la
vinculación de grupos criminales por medio de la telefonía para crear redes nacionales e
internacionales del crimen organizado. Por lo tanto, no es sorprendente que la ISH ya se
esté arrastrando cual serpiente, generando una desagradable sensación acerca de la
posible existencia de otras ramas o desvíos. Como han sugerido algunos analistas del
impacto de la cibernación, y como han aprendido los padres de los adolescentes desde la
invención del teléfono y del fonógrafo, "los enormes beneficios de las
telecomunicaciones siempre tienen un costo." Existen, desde ya, voces escépticas y
heréticas entre toda la retórica visionaria sobre la ISH y la guerra de información.
El intento de sortear amenazas provenientes de los miedos infundados se
ve obstaculizado por la dificultad de discernimiento sobre los senderos puramente
"civiles" o "militares de la ISH. Aunque las memorias sobre el rol de los
sistemas de comunicaciones civiles en las debacles Pearl Harbor/Clark Field son sombrías,
nos acercamos al debate en los círculos de comando-y-control sobre el rol estratégico de
las líneas extensas durante el desposeimiento AT&T. En el reino militar, a pesar del
optimismo sobre el potencial para librar una guerra, por lo menos por parte de aquellas
naciones que cuenten con un estímulo, la conversión -o en forma más adecuada, la
ramificación de la ISH- no ha mejorado el poder de resolución de nuestras proverbiales
bolas de cristal hasta el punto en que los analistas puedan acordar que ha llegado un
milenio. Para complicar aún más los asuntos, para estupefacción de los
Euclidianos-Newtonianos al igual que los cibernéticos, cada manojo de ramificaciones
conduce a más bifurcaciones, aunque las cosas no son mucho más diferentes con respecto a
la capacidad humana que cuando Frank Knight escribió en 1921:
"No percibimos el presente como es, ni su totalidad, tampoco inferimos el futuro a
partir del presente con cualquier grado de dependencia, ni conocemos exactamente las
consecuencias de nuestras propias acciones... ni aún nuestras acciones son de la forma
precisa en que las imaginamos y deseamos."
Las misiones de Obstrucción IW contra elementos puramente militares de
seguridad nacional son una cosa. Proteger a todo el reino del estado nacional, incluyendo
a la propia Internet, es otra cosa. Para elaborar lo obvio -como el ataque de "Dam
Busters" de 1943 sobre las represas de Ruhr y la utilización de armamentos de fibra
de carbono contra las estaciones de energía en la Guerra del Golfo- podría haberse
forjado un daño crítico sustancial sin tener como blanco las instalaciones militares.
El crecimiento y los cambios actuales sobre la ISH y los que resultan
de la misma no se deben únicamente a las innovaciones técnicas, sino que son una
función del paso del tiempo y del verdadero volumen. El aumento en el conjunto de datos y
en la interacción genera sobrecarga, pero también multiplica la gama de confusas
implicancias. Como dicen los teóricos del caos: la complejidad engendra complejidad.
Sin embargo, no todo está en declive. En términos estadísticos
amplios, parecería que el número y poder de las sinergias crecerá como una función de
dicha "n" ascendente para equilibrar el mal funcionamiento. La cuestión más
inmediata de riesgo, mientras dicha turbulenta vorágine de inteligencia artificial,
interactividad y virtualidad genera sobrecarga, también es un enorme recurso potencial a
ser manipulado y retenido. Ya se ha reconocido que las personas inescrupulosas puede no
sólo tratar de utilizar un sistema para socavar o atacar en forma directa, o robar, sino
para controlar, ingresar, o aprovecharse enigmáticamente del sistema o subsistemas. Las
redes durmientes de HUMINT ofrecen una cruda analogía. El más profundo imponderable es
que alguien puede alterar imperceptiblemente el sistema -incluyendo Internet- con el paso
del tiempo, ya sea a un nivel jamás no detectado, o aparente sólo después de un tiempo
-o únicamente en un punto y/o tiempo específico para inducir shock y pánico máximos.
No todas las intrusiones pueden ser destructivas -por ejemplo: sistemas de procesamiento
paralelo parásitos o saprofíticos entrelazados por hábiles hackers, o vínculos
directos mente-cuerpo-máquina, o algoritmos especiales. Dispositivos tales como el mouse
de Rosenberg nos acercan a los umbrales que escritores de ciencia ficción como Harlan
Ellison y Fred Saberhagen trataron de resolver durante dos generaciones, y con los que
Claude Shanon y Alan Turing lucharon en una forma más práctica -la emergencia por parte
del diseño, o de manera inadvertida, de una entidad consciente no biológica.
En un nivel más mundano, circular por la ISH se vuelve más y más
rutinario; teniendo en cuenta lo que un analista consideró un "exceso de entrada de
información atrayente," esto crea hábitos, dependencias y reflejos en una vasta
escala que pueden ser explotados por aquellas personas propensas a hacer daño, o con
intenciones criminales, estratégicas o tácticas. Un punto especial a considerarse es que
los hechos en sí pueden producir grandes daños sin ser detectados. (Se ha cuestionado
por qué el Viet Cong dejó solos a los nodos estadounidenses de comando y control en la
Guerra de Vietnam). Más allá de esto reside la duda sobre "si un cierto conjunto de
protocolos utilizados para los datos comerciales y las comunicaciones orales podrá ser
aplicado al sistema de información del campo de batalla."
Mucho existe bajo el sol -no todo. La ISH, como el sistema
interestadual, fue establecida a lo largo de rutas ya utilizadas. Los eventos
"interesantes" en la proto-ISH -los pasos de información del pasado- incluyen:
* La alteración por parte de Otto von Visera del telegrama de Ems para
provocar la furia de los franceses, desatando de esta manera la Guerra Franco-Prusiana.
* La intromisión británica en los mensajes radiales alemanes que
condujo al asunto Zimmermann, una causa fundamental para el ingreso de Estados Unidos en
la Primera Guerra Mundial.
* El pánico en masa generado por Orson Welles en 1938 durante la
transmisión radial "Guerra de los Mundos".
* La excesiva confianza de Alemania, Japón (y de los Aliados) en sus
sistemas de encriptación durante la Segunda Guerra Mundial.
* El cierre de un radar de Oahu por parte de un teniente que confundió
a fuerzas japonesas cercanas a Pearl Harbour con un escuadrón de aviones estadounidenses.
* En la derrota de Channel Dash, la atribución, por parte de los
operadores de radar británicos, del sutil aumento de los emisores alemanes a los cambios
atmosféricos.
Obviamente, cualquier agregado de recursos valuables, como campos
aéreos, estaciones de radar, etc, actúan como un imán para los analistas de objetivos.
Mientras que la destrucción de dichas instalaciones constituye generalmente el primer
instinto de los "guerreros", paradójicamente a veces es mejor dejarlos intactos
para su uso revertido. Más allá de su masa y complejidad, la ISH es un gran sistema,
generador de incertidumbres y anomalías que se tornarán aparentes con el correr del
tiempo, aunque sus efectos precedan su detección. La situación se complica por la gama
de virtuosidades. Al igual que los músicos, algunos recorren la red como Spike Jones, y
otros como Chopin. Centrarse en aspectos concretos como el hardware, el software, y la
arquitectura del sistema es como trasladarse a través de un catálogo de instrumentos
musicales.
A fin de extender la metáfora musical, estamos asustados del nuevo
modo como nuestros ancestros lo estuvieron de Beethoven, Wagner, Frank Sinatra o Elvis
Presley. Las maquinaciones de los hackers han alimentado los temores en los medios, al
igual que la tendencia en los profesionales y analistas de seguridad y militares de buscar
y definir amenazas -lo que deben hacer y los intentos de legislar y regular el tráfico
como un guardavidas en el medio de un huracán. Aparentemente, no hemos tenido suficiente
experiencia con la prohibición como una estratagema. Se sabe que los buenos hackers nunca
son detectados ni atrapados. Esto puede ser verdad ya que no podemos estar seguros de la
confiabilidad de nuestros instrumentos, y observamos que las posibilidades son vastas e
intimidatorias. Entre los problemas más obvios se encuentra la disminución de los
umbrales y de las aperturas para presentar ideas a grandes cantidades de personas -y el
acercamiento de algunos centros de poder al alcance de aquellas personas que carecen del
mismo. Establecer límites claros entre los reinos civil y militar es imposible, aunque
algunos sistemas de detección han ayudado a definir las divergencias.
La sensación de novedad, excitación intelectual y "nitidez"
tecnológica que cubren la ISH, tienden a oscurecer o minimizar aquello que consideramos
un momentum residual paradigmático. Es decir, todo el bagaje del pasado que aún se
utiliza. Como sugiriera Karl Deutsch en "Los Nervios del Gobierno", las elites
en sus cincuenta tienden a orientarse en temas que fueron salientes durante sus años de
formación, 25 o 30 años antes, es decir, los ataques a los ambientes universitarios de
los sesenta, en la retórica política de los ochenta y los noventa. De manera similar,
los guerreros profesionales prefieren luchar contra adversarios eficientes, y las fuerzas
militares y navales buscan formatos concretos, lineales y simétricos, centrándose en el
nivel de las grandes tácticas y estrategias.
Aquí el tema central es la mente militar, cómo se sospecha en los
círculos militares de los paneles encargados de librar guerras, o cómo se los subestima,
desde la contienda logística y económica a la psicológica, así como la resistencia a
institucionalizar la contienda de comando y control o informática. Aún durante las
etapas más problemáticas de la Guerra Fría, hasta en el mundo "negro" se daba
mucha importancia a la concepción soviética de la guerra -enfrentamiento con fases no
marciales- antes y después, y en niveles menores que los aparentes. En todo caso, la ISH
ofrece un medio ambiente adecuado para jugar la clase de "juegos de la mente"
aprobados por el Dr. Goebbels y sus colegas. En todo caso, y a pesar del poder de la
publicidad en la evolución de la cultura estadounidense, la propaganda es un "hecho
ocasional" entre los profesionales militares orientados hacia la guerra. La tendencia
a ignorar la propaganda y la guerra psicológica es especialmente irónica, ya que, en la
revolución Americana, los rebeldes perdieron la mayoría de las batallas, pero ganaron la
lucha para los corazones y las mentes. Una amarga publicidad en periódicos, panfletos y
libros precedió a la Guerra Civil. Después de la guerra, los historiadores de la
Confederación sacaron a la luz la "causa perdida". En la Primera Guerra
Mundial, la exageración de Hollywood, y el corte de los cables transoceánicos alemanes
por parte de los británicos, ayudaron a la opinión pública estadounidense a pasar de la
neutralidad a un entusiasmo pro-aliados que bordeaba la histeria. Aunque los planes de
decepción del Día D están aún en consideración, hemos perdido la amarga guerra de
propaganda de 1939 a 1941, y la forma en que, durante la Segunda Guerra Mundial, las
unidades de altoparlantes y folletos ayudaban a inducir a la rendición a millones de
prisioneros, y la forma en que la imagen de un nuevo orden internacional culminó en una
multitudinaria votación a favor de las fuerzas armadas de las Naciones Unidas para poner
fin a la agresión mundial. La Guerra Fría y Vietnam pueden estar demasiado cerca para
ofrecer una perspectiva del índice de propaganda presente en esa guerra. Un panorama de
la doctrina de las anteriores Fuerzas especiales puede resultar instructivo.
A pesar de la intrincada naturaleza de la ISH, como así también de su
incontrolabilidad e incomprensibilidad, algunas paradojas implícitas han estado visibles
en el área de comando y control, y en otras partes. La historia del comercio y de las
fuerzas armadas está llena de ejemplos de cómo estructuras aparentemente sólidas
demuestran ser endebles en épocas de crisis y guerras. Algunos profesionales militares
son conscientes de estos precedentes, otros no. En las burocracias de toda índole, el
pasado muerto rápidamente entierra sus muertos, mientras el hambre de simplificación es
proverbial. El énfasis en la autoridad jerárquica y en las gestalts masivas de estilo y
doctrina militar -y naval- estadounidense son más obvias en las claramente definidas
pirámides de comando.
De manera similar, términos básicos como "Dominación de la
Información" e "integración" reflejan un impulso de reunir toda esta
difusa turbulencia bajo un control centralizado. No resulta sorprendente, entonces,
considerar una propuesta de reducir la maraña de la IW -"guerra de
información"- a un ítem en la "gama de elementos del poder nacional".
Como sugiriera Dan Kuehl, "la mayor dificultad para enfrentar hoy día el desarrollo
de la IW no es tecnológica sino conceptual." Un punto central en todo esto es la
forma en que las diferencias en estilo, doctrina y lógica entre organismos
"amigos" han sido aumentadas o disminuídas por la revolución cibernética
dentro de las enclaves militares y de inteligencia, y cómo afectan su uso individual o
colectivo de la ISH.
¿Cómo moldearán estas subcorrientes la creciente ansiedad sobre las
amenazas y los riesgos de la ISH? Un siglo y medio atrás, el telégrafo alteró el nexo
de poder y cambió profundamente las relaciones de roles entre los soldados, marinos y
políticos, conduciendo a la creación del corresponsal de guerra. Una generación
después, el teléfono enriqueció esa mezcla, al igual que la radio, el radar y la
computación en etapas posteriores del siglo XX. Un problema crónico en cada una de estas
etapas fue el aumento de información que los comandantes y el personal debían manejar.
¿Hasta qué punto la reciente preocupación sobre las "ciber-milicias" refleja
otro ciclo en lo que Hofstadter denominó "el estilo paranoico de la política
estadounidense? Como señalaran Moore y otros historiadores, los estadounidenses han
vivido con miedo a los cataclismos o a los ataques imprevistos desde la época de la
colonia. Los estudios soviéticos han sugerido que si pudieran trazarse y manipularse los
esquemas oscilatorios de las diversas culturas, obviamente esto sería una ventaja
considerable para todo posible adversario, al igual que la capacidad de utilizar la ISH
como un punto de apoyo para modificar las actitudes y reflejos sin que los individuos
"estudiados" sean conscientes de los efectos. El reciente juego de dominó
económico en los mercados financieros del Lejano Oriente nos recuerda cuán próximas y
mortales serían las consecuencias si se indujera el pánico y se disparara a través de
la ISH.
Dicha incertidumbre nos plantea nuevamente la cuestión de que los
límites absolutos se encuentran o no dentro de nuestra capacidad de saber y abarcar. A
principios de la era cibernética, Ashby sostuvo que un sistema que se ocupa de un cierto
grado de complejidad debe ser, al menos, igualmente complejo. Los teóricos del caos
afirman que la complejidad genera más complejidad técnica. ¿Cuáles son las
implicancias de esto en cuanto a los crecientes roces entre profesionales militares y
teóricos sobre la cuestión de la centralización-descentralización? ¿Hasta qué punto
pueden delegarse las etapas de control y alarma del ciclo de alerta, y a quién? Como
señalara Barton Whaley, la percepción e identificación de la amenaza se ha tornado
mucho más difícil desde el comienzo, en la década del 1800, de la electrificación de
las comunicaciones, mientras que la sorpresa estratégica resulta más común. Dicho
dilema y la conclusión de Whaley de que "el impostor casi siempre tiene éxito a
pesar de la sofisticación de la víctima en el mismo arte" provocó muchas úlceras
y noches de insomnio durante los oscuros días de la Guerra Fría, y puede volver a
hacerlo en el entorno más turbulento de la ISH en expansión. Si lo consideramos como una
extensión al igual que como una analogía de los Sindicatos Internacionales de Correos y
Telecomunicaciones, resulta alentador pensar que ningún jugador importante durante todas
las principales guerras modernas, calientes o frías, intentó irrumpir directamente en
aquellas superestructuras.
Como señalara el economista Joseph Shumpeter, la tendencia a percibir
amenazas -y no solamente por parte de los profesionales militares- no sólo se debe a las
probabilidades reales, sino también a las consecuencias económicas y sociales cuando la
competencia por los recursos se vuelve intensa. Los conflictos de personalidad son
virtualmente universales, y la ansiedad sobre las amenazas y la guerra de información se
refleja en el mundo económico. Teniendo en cuenta el poder de la ISH de diseminar y
amplificar las amenazas, podemos considerar como precedente la forma en que las
democracias occidentales se esforzaron hasta llegar a aterrorizarse a fines de la década
del 30 con las espeluznantes visiones de una guerra aérea. Un año antes de la crisis de
Munich de 1938, un "experto" predijo "un millón de muertos" en
Londres cuando se desatara la siguiente guerra, debido al "uso irrestricto de gas
letal o bacterias". Esto generó "una estampida de poblaciones amenazadas sin
precedentes".
Mientras miramos hacia atrás, también podemos considerar el efecto de
las culturas técnicamente avanzadas que utilizan sus ventajas sin considerar las
consecuencias, como los poderes imperiales europeos que utilizan bombarderos para los
"disidentes" de la policía en la periferia de sus imperios entre las Guerras
Mundiales, y las cargas de excelencia tecnológica contra Estados Unidos en las Guerra de
Corea y Vietnam. En todos esos casos, la preponderancia material en sí misma fue
utilizada para negar sus ventajas físicas. El equilibrio material y cualitativo en el
área de la tecnología se ha estado modificando durante la última generación, en la
forma de tecnologías de uso múltiple y en la exportación de experiencia extranjera.
Desde la década del 50, millones de científicos y técnicos extranjeros han sido
capacitados por las principales misiones militares, industrias y organismos
gubernamentales de las potencial industrializadas. Muchos llevaron estos conocimientos a
su país, y a pesar de los posibles débitos con respecto a la competencia económica y a
las ventajas técnicas militares, se ha visto como un crédito con respecto a la buena
voluntad internacional.
Los temores actuales de militares y civiles se centran en el uso de la
autopista con propósitos deliberadamente nefastos: hurtar dinero, robar secretos
comerciales o de seguridad nacional, desorganizar el comando y control, disparar alertas
estratégicas falsas. El panorama aquí se ve ensombrecido por las dificultades para
percibir las acciones intencionales, y distinguirlas de los desperfectos del sistema,
reconocidos por los analistas en su concepto de incidentes de "seguridad
ciberespacial".
La era cibernética ha abierto las compuertas de los medios de
comunicación generando una marea de patologías, sexuales o de otra índole, que se
tornan más aceptables mediante un software gráfico que cubre de cierta manera lo que a
primera vista suele verse repugnante. Se ha creado una nueva gama de adicciones y
susceptibilidades, junto con diferentes patologías que las presentan como válidas. La
situación está plagada de consecuencias no intencionales, y las mismas pueden ser
sacadas del camino intencionalmente. La circulación de información falsa durante épocas
de disturbios, o durante un proceso electoral, es otro asunto.
Los Nazis utilizaron las tecnologías de comunicación masiva para
resultar elegidos: las teleimpresoras, las películas documentales y los altoparlantes. Al
igual que Mussolini, Hitler utilizó ese nexo en política para desequilibrar a sus
rivales y crear un clima de inseguridad, confusión y miedo.
Con todo esto en vista, no necesitamos ninguna bola de cristal para
prever que las sub-corrientes del gran torrente de la ISH que ahora no podemos ver,
generarán ondas armónicas -o no tan armónicas.
La tendencia de suponer que las personas en cuestión generalmente
actúan en forma racional sugiere que es más probable que la amenaza perjudique a la red
y a las máquinas o el software relacionado que a sus operadores. Si bien la preocupación
por los riesgos de la ISH se ha centrado principalmente en la penetración, manipulación
o destrucción de los elementos electromecánicos de los sub-sistemas, y el software, y no
en las personas que los mantienen o utilizan, el elemento central sigue siendo el mismo:
el ser humano. Seguimos asumiendo que aquellos que se encuentran en la cima tienen
aptitudes especiales de liderazgo e intuición, aunque los psicólogos industriales lo
desmintieron cuando comenzaron a analizar las organizaciones complejas.
Las complejidades sobre la parte humana de la "interfase
hombre-máquina" incluyen una infinidad de aspectos sutiles e inciertos. Si bien los
aspectos normativos y relativamente mecánicos han sido analizados durante el último
siglo por psicólogos, se ha prestado menos atención a otras dimensiones de la
interacción humana.
Al mismo tiempo, que los avances de la informática han hecho que
muchos problemas sobre complejidad, caos, etc., sean más comprensibles, otras tendencias
técnicas han incrementado la complejidad y disminuído la comprensión. Como se sugiriera
anteriormente, los viejos hábitos son difíciles de romper. Desafortunadamente, la
normativa y los hábitos burocráticos con respecto al uso de la ISH sirven para oscurecer
la manera en que una transición de la paz a la crisis o a la guerra afectaría los
sistemas -especialmente la conducta de las personas dentro de los mismos. Todavía no
existen formas de simular esto, a pesar de la creciente confianza en los sistemas de
capacitación virtual para encarar la realidad del combate, y el uso de la ISH para
realizar actividades militares.
El problema de la complicación y el índice de crecimiento de la ISH
es que reduce los ya graves límites con respecto a la capacidad de las personas
razonables y responsables de prever las consecuencias más allá del primer orden de
efecto. La brecha en la percepción entre las mayores jerarquías y fuerzas en combate ha
sido el principal sub-tema del pensamiento militar occidental durante, por lo menos, dos
siglos -pero este no es un dilema únicamente militar. Los inventores tampoco han previsto
el efecto de largo alcance de sus máquinas o dispositivos. Al igual que la artillería a
principios de la era moderna, gran parte de la ISH ha surgido de la cultura comercial
civil en la cúspide de los sistemas formales, pero en conjunción con el establecimiento
militar. Mientras que la institucionalización puede ser necesaria para crear un bastión
contra la intrusión y centrar la investigación y el pensamiento, la virtuosidad en este
nuevo y vital ámbito debe generalizarse en las fuerzas armadas.
La mayor preocupación práctica se centra ahora en la defensa de los
componentes y el software del sistema contra los ataques físicos y cibernéticos, dejando
a la ingeniería de la respuesta y los procedimientos de emergencia fuera del gobierno.
Entre todas estas preocupaciones sobre los riesgos y amenazas, la cuestión de los estados
degradados ha permanecido en segundo lugar.
Como los analistas advirtieron hace dos décadas: "A los
observadores que supervisan los sistemas altamente automatizados en condiciones de gran
densidad... podría resultarles difícil mantener el alto nivel de atención sostenida
requerido para una rápida detección de los cambios de objetivos."
La ISH, al igual que los sistemas precedentes, ha generado libertades,
por un lado, eliminándolas, por otro, en parte a través de la eliminación de la
precaución pública con respecto a la cesión de autoridad a los sistemas complejos.
Desde principios de la década del 1800, la electrificación ha conducido a la creación
de isletas de autocracia, incluso en las democracias, y la confianza en métodos objetivos
para medir la aptitud y capacidad para operar sistemas complejos de comunicación y
transporte.
Un dilema básico de los profesionales militares a través de la
historia moderna es que incluso teniendo el poder aparente de la sorpresa y el control,
nunca podían estar seguros de la manera en que se desencadenarían los acontecimientos.
Dichas incertidumbres condujeron a otras, por ejemplo, ¿cómo se relacionan con la
realidad la Revolución Militar y la ISH, o cómo nos mueven a grados que sólo serán
aparentes al final? ¿Cómo podemos medir esto? ¿Puede la ISH permitir iniciar un
conflicto sin ir a la guerra?
La revolución cibernética todavía no ha solucionado la falta de una
"filosofía, teoría o doctrina de inteligencia coherente" según observó un
analista media generación atrás. Ahora, como antes, las visiones individuales del futuro
están ocluídas por el plueblerismo y la experiencia, puesto que el momentum y la
aformidad de la ISH presentan una infinidad de contingencias, algunas de las cuales son
contradictorias, como las implicancias de la centralización, la privacidad, la libertad
intelectual y la propiedad.
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